JOB (Cap.5)
Ciertas son las palabras del amigo de Job: “Al necio lo mata la ira” y “al codicioso lo consume la envidia” (v. 2). Pero Job no era necio ni codicioso, así que su amigo con su “flecha a la diana” no acertó. Y es que muchas veces las palabras pueden ser certeras, pero no dan “al blanco” porque no son dirigidas a la persona con el problema en cuestión. Tal fue el caso de Job. Si tratamos sin excepción, sin discernir cada persona en su situación concreta, estaremos equivocándonos.
“Ciertamente yo buscaría a Dios y mi causa a Él encomendaría”, dijo el amigo del patriarca Job (v. 8). Y destaca las “cosas grandes e inescrutables” que Dios hace (v. 9). Y de esta manera se expresó: “Dios envía la lluvia sobre la tierra, y los campos son regados por ella” (v. 10). “Pone a los humildes en altura” (v. 11). “Y frustra los pensamientos de los astutos” (v. 12). “Que prende a los sabios en la astucia de ellos. Y frustra los designios de los perversos” (v. 13). Sin lugar a dudas, hay sana exposición en estos consejos a Job.
“He aquí, bienaventurado es el hombre a quien Dios castiga; por lo tanto, no menosprecies la corrección del Todopoderoso” (v. 17). “Porque el Señor al que ama, disciplina” (Heb.12:6). ¿Y cuál es la finalidad de la disciplina? “Para que participemos de su santidad”, ¡la divina! (Heb.12:10). Ya que no hay santificación que no sea otorgada por la palabra de Dios. Jesús dijo al Padre, en su oración de intercesión: “Santifícalos en tu verdad; tu palabra es verdad” (Jn.17:17). ¡Solo en la verdad de Dios encontrarás la santidad! Y equivocado estarás si la buscas en cualquier otro lugar; ¡seguro que no la hallarás!
Hay unas palabras del amigo de Job que no tendrán desperdicio: Dios es “quien hace la llaga, y Él la vendará”. Y Él es quien “hiere, y sus manos curarán” (v. 18). Ignoramos en qué aspecto Él lo hará; quizás se refiera a la aflicción contextualizada en el padecimiento de Job. Pero Dios también intervendrá sea cual sea la situación en el dolor, sea éste psíquico o físico, o quizás porque en algún momento hemos dejado la comunión con Dios. ¡Acojámonos a las palabras paulinas: “cuando soy débil, entonces soy fuerte”! (2 Cor.12:10).
El amigo de Job concluye con estas palabras de exhortación: “He aquí lo que
hemos inquirido, lo cual es así: óyelo, y conócelo tú para tu provecho”, en la
crítica aflicción de Job (v. 27). Un consejo que, aunque estaba fuera de
contexto del sufrimiento de Job, no deja de ser cierto: en la aflicción hemos
de oír qué dice la divina palabra de Dios, pues es posible que la confianza
esté en uno mismo, y no oigamos la enseñanza de Dios. ¡Amigo/a, no la dejemos a
un lado, sino que con suma atención escuchemos a Dios!
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