UNA HISTORIA
La mano cicatrizada Guillermo Dixon, el protagonista de este relato, perdió a su joven esposa e hijos, y en su desesperación juró que nunca perdonaría a Dios por esto. Llegó, pues, a tener reputación de ateo y de odiar a la Biblia. Lo que pasamos a relatar pone en evidencia la obra de Dios en un corazón tan rebelde como fue el de Dixon. Estalló un incendio en la casa de una vecina suya, cuyo nieto se vio en inminente peligro de muerte. Sus gritos atrajeron la atención de Dixon, quien vio que no había escape para el niño. Sofocando unas palabras, Dixon trepó por una cañería y llegó hasta donde estaba el chico; tomándolo entonces de su brazo derecho, consiguió bajar a tierra de una manera maravillosa antes que se desmoronase la pared; sin embargo, sufrió terribles quemaduras en una mano que, aunque se curaron, dejaron su cicatriz para toda la vida. La abuela del niño murió del susto, pero el niño, llamado Ricardo, no recibió ningún daño, gracias a la intervención de Dixon. Al mor...