FRUTO DEL ESPÍRITU SANTO (I)
Dámaris García de la Piedra AMOR (ἀγάπη, agápē) Para Pablo, la vida cristiana no consiste en la mera observancia de normas, sino en una existencia transformada por el Espíritu Santo. Los frutos del Espíritu no son virtudes adquiridas por disciplina humana, sino manifestaciones visibles de una vida habitada por el Espíritu (Ro. 8:9–11). El contraste lo hace gracias a la acción poderosa del Espíritu mediante la fe, la entre “obras de la carne” y “fruto del Espíritu” indica dos principios de vida opuestos. El creyente no produce el fruto por esfuerzo autónomo, sino que oración y la obediencia (Jn.15:4–5). Gálatas 5:22-23 Dt.6:5; Os. 11:1–4; Jn.13:34–35; Ro. 5:5; 1 Jn.4:7–12. El amor no es solo el primer fruto en la lista, sino el principio que atraviesa toda la vida cristiana. Todo fruto auténtico del Espíritu está impregnado de amor. En Gálatas 5:13–14, Pablo afirma que toda la Ley se cumple en el amor al prójimo. La libertad cristiana no es autoafirmación, sino entrega amorosa. ...