LA EXTENSIÓN DEL EVANGELIO
J.B.
Una reflexión para los cristianos 'nacidos de nuevo”, ya que
para el que no creyente no le dirá nada este artículo bíblico, pero sí al
hijo/a de Dios que ha experimentado el poder transformador del evangelio. Dios,
en su soberana voluntad puede actuar sin nuestra colaboración, pero él quiere
utilizarnos como sus discípulos para llevar a cabo su plan redentor salvador,
por ello dice: “Venid en pos de mí, y haré que seáis pescadores de hombres”
(Mr.1:17)
CONDICIONES
1. Una dependencia de
Jesucristo: “Yo soy
la vid, vosotros los pámpanos; el que permanece en mí, y yo en él, éste lleva
mucho fruto; porque separados de mí nada podéis hacer” (Jn.15:5) Que, si no hay
dependencia de Jesús, o sea, “separados de mí nada podéis hacer”. Esta comunión
con Cristo Jesús es imprescindible para llevar fruto, y la promesa es “éste
lleva mucho fruto”, o sea, en la dependencia de él. Y sin la tal, lo que
haremos es usar nuestra capacidad humana.
2. Una dependencia del Espíritu Santo: “Mas el Consolador, el Espíritu
Santo, a quien el Padre enviará en mi nombre, él os enseñará todas las cosas, y
os recordará todo lo que yo os he dicho” (Jn.14:26)
Cuando dependemos del Espíritu Santo, Él nos guía a hablar la
verdad: “Pero cuando venga el Espíritu de verdad, él os guiará a toda la
verdad” (Jn.16:13) Es del Espíritu Santo de donde recibimos un poder especial
para extender el Evangelio: “Pero recibiréis poder, cuando haya venido sobre
vosotros el Espíritu Santo” (Hch.1:8) Esta fue la experiencia del apóstol
Pablo: “Y ni palabra ni mi predicación fue con palabras persuasivas de humana sabiduría,
sino con demostración del Espíritu y de
poder” (1Cor.2:4) Y esta experiencia fue la de los primeros cristianos: “Todos
fueron llenos del Espíritu Santo, y hablaban con denuedo la palabra de Dios”
(Hch.4:31)
3. Un testimonio personal: “Porque tuve hambre, y me distéis de comer; tuve sed,
y me distéis de beber; fui forastero, y me recogisteis; estuve desnudo, y me
cubristeis; enfermo, y me visitasteis; en la cárcel, y vinisteis a mí”
((Mt.25:35 al 36) ¿Qué aplicación tiene esta enseñanza de Jesús? “Porque somos
hechura suya, creados en Cristo Jesús para buenas obras, las cuales Dios
preparó de antemano para que anduviésemos en ellas” (Ef.2:10) La conducta hacia
los demás: “A fin de que el hombre de Dios sea perfecto, enteramente preparado
para toda buena obra” (2Tm.3:17) Una presunta fe que no lleve a cabo buenas
obras, no es fe auténtica: “Así también la fe, si no tiene obras, es muerta en
sí misma” (Stg.2:17)
4. Un ejemplo a seguir: Jesús y sus discípulos: “Y les dijo: Id por todo el
mundo y predicad el evangelio a toda criatura” (Mr.16t:15) Y Jesús señala a los
discípulos: “Y me seréis testigos en Jerusalén, en toda Judea, en Samaria, y
hasta lo último de la tierra” (Hch.1:8) Pablo, el apóstol, señala su visión
evangelista: “De manera que, desde Jerusalén, y por los alrededores hasta
Ilírico, todo lo he llenado del evangelio de Cristo” (Rom.15:19). Y así los
demás cristianos: “Porque partiendo de vosotros ha sido divulgada la palabra
del Señor, no sólo en Macedonia y Acaya, sino que también en todo lugar vuestra
fe en Dios se ha extendido, de modo que nosotros no tenemos necesidad de hablar
nada” (1Ts.1:8)
“Jesús iba por todas las ciudades, predicando y anunciando el
evangelio del reino de Dios” (Lc.8:1) ¿Imitaremos este práctico ejemplo de
Jesucristo? La extensión del evangelio no debería ser algo esporádico, sino
habitual en cada cristiano. Quizás uno se avergüenza de hablar del evangelio,
pues si así fuese, entonces tenemos las palabras exhortativas de Jesús: “Porque
el que se avergonzare de mí y de mis palabras de éste se avergonzará el Hijo
del Hombre cuando venga en su gloria, y en la del Padre, y de los santos
ángeles” (Lc.9:26)
Pablo, el apóstol, expresa: “Porque no me avergüenzo del
evangelio” (Rom.1:16) ¿Y yo y tú? Hay una exhortación reflexiva dada por Dios
en el libro del profeta Ezequiel: “Cuando yo dijere al impío: “De cierto
morirás; y tú no le amonestares ni le hablares, para que el impío sea
apercibido de su mal camino a fin de que viva, el impío morirá por su maldad,
pero su sangre demandaré de tu mano” (Ezq.3:18)
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