PSICOLOGÍA - ESTUDIO BÍBLICO
WILLIAM W. ORR
CÓMO VENCER LAS
PREOCUPACIONES
CAPÍTULO I
¡PUEDES SER LIBRE!
¡La preocupación es una tiranía! Esclaviza diariamente a
multitudes de hombres, mujeres e incluso a niños. Son sentenciados cruelmente,
sin misericordia ni pena a una vida de esclavitud. Continuamente les está
robando la herencia de la vida, libertad, y la búsqueda de la felicidad que les
pertenece por derecho. ¡Pero podemos ser libres! Podemos desechar las cadenas
de eta gran desesperación. La preocupación puede verse por lo que realmente es,
un enemigo vulnerable. Podemos vestirnos de la buena armadura de la verdad,
podemos coger en nuestras manos las armas del coraje, y ganar la victoria.
No pienses ni por un momento que Dios tenga el propósito de
que pases el tiempo de tu vida en la prisión de la preocupación demasiado
inquietante. Su plan sabio y bueno es que vivas en paz permanente y gozo
continuo. No lo entiendas mal. La vida en efecto lleva problemas, y los años
traerán pruebas; pero no es para enterrarte en la tierra movediza del
desaliento. ¡Dios quiere que seas libre!
Mira el glorioso reino de la creación de Dios. Piensa en las
palabras del salmista: “Los cielos cuentan la gloria de Dios, y el firmamento
anuncia la obra de sus manos. Un día emite palabra a otro día, y una noche a
otra noche declara sabiduría. No hay lenguaje ni palabras, ni es oída su voz.
Por toda la tierra salió su voz y hasta lo extremo del mundo sus palabras”
(Salmo 19:1-4)
El sol que sale da vida, y sale en magnífico esplendor cada
mañana. Los pájaros cantan. Es maravillosa toda la Creación. Dios es sabio,
justo y bueno. Hizo al hombre a su imagen y a su semejanza. La tierra de los
alrededores está llena de incontables bendiciones en beneficio del hombre. Dios
está presente en Su mundo. Cada día puede contestar al grito del corazón de la
humanidad. No hay límite en Su poder o en Su amor.
Nos equivocamos si intentamos entronizar a la preocupación y al cuidado ansioso. Es el poder del mal que se empeña en aplastar los corazones humanos en un diluvio de ansiedad sin sentido. Es un enemigo personal de Dios quien astutamente entra cautelosamente y planta semillas de duda y temor en los corazones cristianos. Dios tiene una respuesta completa al cuidado ansioso. Es posible vivir felizmente más allá del alcance de la esclavitud de la preocupación. Ésta debería ser nuestra meta. Deberíamos poner nuestra mira constantemente en conocer y seguir la senda que conduce a la paz personal. Nada no tendría que permitirse detenernos. Es verdad, ¡puedes ser libre!
CAPÍTULO II
¿QUÉ ES LA PREOCUPACIÓN?
Esencialmente, la preocupación es temor, particularmente,
temor de lo que pueda suceder. Hay una clase de preocupación que resulta
ridícula, innecesaria, inútil, sin fundamento. Desgraciadamente dicha clase de
preocupación es bastante real y hace el mismo daño que si fuera provocada por
un verdadero motivo.
Hay otra preocupación que puede parecer justificada. Es la
comprensible ansiedad acerca del resultado de los sucesos que sabemos que
tendrán lugar. Sentimos ansiedad porque somos incapaces de prever el futuro.
Nos decimos a nosotros mismos que sucederá lo peor. Muchas veces estamos
completamente equivocados, p ero la preocupación ha dañado ya nuestro espíritu.
Es verdad que una preocupación razonable es perfectamente
lícita. La vida es una cosa seria; y no somos meras mariposas volando de una
flor a otra sin pensar en la realidad. Pero cuando la inquietud se degenera en
una ansiedad irrazonable - cuando nubes de duda y temor cubren el rostro del
Señor y la luz de la razón y del sentido común - la preocupación se convierte
en el monstruo de la perdición.
Puedes preocuparte por otros o por ti mismo. Realmente, la
preocupación es mayor cuando se centra en uno al que tú amas- tu esposa o
marido, tus hijos, tus amigos íntimos. Cuanto más grande se la capacidad de
afecto de una persona, probablemente se preocupará más.
La esfera de la preocupación es tan amplia como la vida
misma. Cubriendo muchas áreas. La salud es tal vez la base de mayor
preocupación. Los negocios y las finanzas ofrecen una gama espléndida de
posibilidades de preocuparte hasta enfermar sin dificultad alguna. El cuidar
una casa y criar unos niños puede fácilmente hacer que uno entre en una vida en
la que nunca sea libre de ansiedad, irritabilidad y depresión.
Poca gente parece estar completamente inmunizada de las ruinas de esta tortura. Cuanto mayor es el avance de la vida, mayor es la posibilidad de inquietud ansiosa. La educación no trae la solución. La salud o la posición sólo multiplica las posibilidades. La inmadurez de la juventud puede abrir las puertas, y ciertamente aumenta grandemente sus causas. Una buena herencia no es una garantía de conseguir la libertad de la ansiedad. Aunque haya un medio ambiente “ideal”, ello no cierra la entrada a este ladrón de paz. Aunque todo esto es desesperadamente verdad, hay solución. Juntos la encontraremos.
CAPÍTULO III
LOS EFECTOS DE LA
PREOCUPACIÓN
Para el cristiano la preocupación no es loable. Y los
resultados de la preocupación son casi innumerables. Si a la preocupación se le da un poco de
apoyo crece hasta hacerse una costumbre que roba casi todo lo que vale la pena.
Las primeras cosas que caen presas de la preocupación pertenecen al reino de la
felicidad, placer y disfrute. Cuando existe una preocupación demasiado ansiosa,
desaparece la capacidad de disfrutar de toda clase de placer. Toda escena es
frecuentemente por el espectro de un mal desconocido que puede pasar. El dulce
néctar de los buenos momentos se vuelve agrio.
La preocupación te roba la tranquilidad mental. Esta
tranquilidad o paz es un verdadero don de Dios, quien ofrece a sus hijos la
serenidad al afrentar los problemas de la vida. Proporciona calma para tiempos
tempestuosos. Hace que la vida valga la pena vivirla. En cambio, la
preocupación entra para ahogar la paz, y en su lugar pone un miedo que roe. La
salud se perjudica. Muchas personas saben que la mente ejerce una influencia
poderosísima sobre el cuerpo. Toda la composición del hombre va compaginada a
una mente normal.
Al permitirse la preocupación y el miedo, todo cuerpo queda deprimido. La buena digestión se estorba, se desarrolla la tensión, los músculos se cansan con facilidad, aumenta la tensión arterial, el cerebro no funciona bien, se reduce la habilidad. De hecho, la eficiencia del cuerpo puede reducirse a prácticamente cero por la preocupación intensa.
Íntimamente relacionado con todo esto, hay el efecto de la
preocupación sobre los logros conseguidos. Casi todo el mundo tiene algo que
hacer en la vida. El marido y padre su trabajo o negocio. La esposa y madre
tiene su hogar y sus hijos, los jóvenes sus estudios y deportes. Si la mente no
está en forma, y si el cuerpo no funciona bien, pueden producirse toda clase de
fracasos, y de dolencias.
Considera también el efecto de la
preocupación en la salud espiritual. El hombre es el único ser creado que posee
la capacidad de conocer y tener comunión con Dios, el Dios del universo por
medio de Su Hijo. Esta capacidad es mucho mayor que la que tiene de tener
comunión con otros seres humanos. Es el poder asombroso de entrar en
compañerismo íntimo con Dios, por Su gracia. Esta capacidad eleva al hombre por
encima de lo ordinario a unas alturas increíbles de gozo. Pero esta comunión
depende de la pureza de la vida interior del hombre. El gran ladrón, que es la
preocupación, puede, en cualquier momento, presentarse y robarle al creyente su
comunión con Dios estropeando su confianza y fe en el Padre perfectamente sabio
y que ama totalmente.
Si a la preocupación le permites que
lo haga, puede robarte todo aquello que hace que la vida valga la pena. ¡Cuán
trágico y cuán innecesario!
CAPÍTULO IV
La preocupación es una característica
natural de los hombres. Hay muchas cosas en la vida que causan una atención
demasiado ansiosa. Vivimos en un mundo complejo donde hay una multitud de
factores interrelacionados que operan todos a la vez. No se necesita una
inteligencia sobrenatural para entender por qué la preocupación sea tan
frecuente, no que se por ello justificable o buena, pero sí que sea tan común.
Por ejemplo, hay el hecho de vivir en
sí. Cada día trae sus problemas. El cabeza de familia se ocupa de proveer las
necesidades de la vida para él y para los demás. Cuando las cosas van mal,
cuando peligra su empleo, o cuando los precios suben, se puede comprender por
qué los padres responsables se preocupan por el futuro.
Los que nos rodean también tienen sus
problemas. Tal vez un vecino tiene un accidente, o un amigo enferma. El
resultado puede ser incapacidad permanente o algo todavía peor. Es fácil pensar
en este acontecimiento como algo que podría sucederle a uno también. La
posibilidad de la enfermedad siempre está presente. Aunque, por una pare,
vivimos en unos cuerpos maravillosos, no obstante, están sujetos siempre a la
posibilidad de dolor o enfermedad. Las enfermedades y otras tragedias pueden
alcanzar nuestras familias.
Hasta las presiones de una vida
corriente producen tensión. Los padres quieren que sus hijos vayan bien en sus
estudios y demás actividades. La mayoría de los padres procuran mejorar sus
empleos y aumentar sus sueldos. A toda familia se le presentan difíciles
problemas. Las situaciones que pone a prueba no respetan a nadie.
Esto no hay que malentenderlo. No
sería justo no ocuparse de estas cosas. La “ocupación” muestra un sincero
interés en alguien o algo. Pero la “preocupación” es un temor demasiado activo
de que las cosas tiene que empeorar. La “ocupación” hace que una persona
afronte las dificultades con calma y con la mente despejada, apta para
encontrar soluciones. La “preocupación” produce deducciones falsas, repentinas,
tristes, en vez de intentar encontrar una solución verdadera.
No obstante, hay un remedio para la preocupación, a pesar del hecho que a veces se trata de una costumbre vieja profundamente arraiga, y es orar y confiar en el cuidado y poder de Dios. “Echa tu carta sobre Dios, y Él te sustentará” (Salmo 55:22)
CAPÍTULO V
Todos los que tratan el problema
concuerdan en que la preocupación es una enfermedad seria y peligrosa que tiene
que tratarse como tal. En la manera de tratarla, hay una gran variedad de
opiniones.
Los médicos a menudo recetan drogas
que aplacan los nervios y de esta forma tranquilizan los espíritus. Con algunos
pacientes estas drogas nunca se dejan de administrar, ya que los problemas
supuestos o reales que produjeron originalmente la ansiedad no se solucionan.
Los psicólogos, que intentan entender
la mente y los psiquiatras, que procuran curarla, emplean una variedad de
métodos para desenterrar y aislar los “bloques” mentales que, según ellos,
causan los problemas. Algunos tienen éxito, otros no.
Hay diferentes religiones que
declaran que el mejor modo de tratar las cosas desagradables es negar que
existen. Su tratamiento consiste en persuadir a la persona afligida que niegue
la realidad de lo que le preocupa y actuar como si tal dificultad no existiese.
Lo triste es que los problemas sí que existen, y aunque uno llegue a despojar
su mente de ellos, ello no cambiará la dificultad misma.
Otros defienden el proceder de afirmar
repetidas veces al día, que no existe problema alguno y que, de hecho, lo
contario es lo cierto. Se trata de una manera de hacerse un auto – lavado del
cerebro. Ha habido un éxito limitado en algunos casos. Pero en la realidad
tanto el preocupado como la causa de su preocupación permanecerá igual.
Otros van tirando como pueden por la
vida. Sienten que la preocupación es parte de la vida y que no se puede hacer
nada para combatirla con éxito; por lo tanto, siguen adelante quejándose de
cosas grandes y pequeñas. Los resultados son depresión de espíritu y vidas
acortadas.
La verdad es que vale la pena
deshacerte de este hábito destructivo que es la preocupación sea como sea.
Sencillamente irte a un lugar tranquilo y razonar contigo mismo en el sentido
que la preocupación en sí no sirve de nada y por lo tanto, lo mejor es que
hagas lo que puedas para quitar los problemas de tu mente e ir tirando como
puedas. Esto puede ayudar, en cierto grado. Pero hay buenas nuevas. Existe una
solución mucho más eficaz a esta amenaza de la preocupación. Hay ayuda
disponible de una Fuente celestial.
Hay una solución espiritual. Y no se
trata de algo que nadie haya experimentado; pues hay miles de personas que, se
si se les pudiera preguntar, podrían dar testimonio del hecho real que Dios
quita la preocupación. Ésta es la finalidad con que se escriben las siguientes
páginas, describir con claridad en enfoque espiritual de este problema de la
preocupación.
CAPÍTULO VI
HAY NECESIDAD DE PREOCUPACIÓN
Tienen necesidad de preocuparse los
que no son salvos. Los que nunca han llegado a conocer el poder redentor
transformador de Dios deben preocuparse mucho. ¡Están en muy mala situación!
Considera la situación del perdido
tal como La Biblia la describe. Todos nosotros nacimos en pecado (Salmo 51:5),
heredando una naturaleza caída que nos viene de nuestros padres. No hay
escapatoria de tal legado. Toda la raza humana (Romanos 5:12) está bajo esta
maldición. Ahora, junta este hecho con la evidencia innegable de que todos los
hombres son pecadores actuales. El pecado es ante todo un estado, seguido de malos
pensamientos, palabras y hechos. El pecado es cualquier cosa que se oponga al
perfecto deseo de Dios. ¿Empiezas a ver cuán difícil es la situación en la que
se encuentra la humanidad?
De hecho, el asunto va más lejos que
esto. La paga del pecado es muerte (Romanos 6:33) La paga del primer pecado fue
la muerte, muerte espiritual, que es la separación de Dios. Esto significa que
en este mismo momento los hombre y mujeres van por todas partes moralmente y
espiritualmente muertos (Juan 3:18) Tienen la vida física temporánea; pero a
menos que el asunto de la muerte espiritual se arregle, la muerte espiritual
concluirá en eterna separación de Dios.
No se trata de que al hombre se le
permite ir viviendo su vida hasta algún juicio futuro, cuando Dios pesará sus
obras malas y buenas y decidirá su destino en consecuencia. El terrible hecho
es que los hombres ya están, ahora mismo, bajo la condenación del Dios justo.
Si no se hace algo, el infierno es el único destino que pueden esperar los incrédulos.
Muchos hombres no se dan cuenta de la
existencia de Satanás. Como supremo enemigo de Dios, intenta mantener al
pecador en un estado de ignorancia mortal (2 Corintios 4:4) y hace que éste
pase por algo el peligro de su situación. Como Satanás hizo con nuestros
primeros padres, así intenta dañar la humanidad de hoy, susurrando la mentira
que Dios es demasiado bueno para castigar a los incrédulos, o que nos hemos
equivocado completamente en nuestra impresión de lo que es Su actitud para con
el pecado y nosotros mismos.
En oposición a las maliciosas
mentiras del diablo, está el testimonio de la Biblia y el Espíritu Santo en el
mundo. Ambos suplican en serio al hombre que se de cuenta de su condición
perdida y que confíe en Cristo para salvación. ¡Ojalá que el mundo de los
perdidos se preocupase por este asunto vital! ¡Ojalá que esta preocupación
diese como resultado días preocupantes y noches sin dormir hasta que se
encontrase la respuesta a esta preocupación!
CAPÍTULO VII
Y LA RESPUESTA
Ésta es la respuesta de Dios a la
preocupación que penetras en la vida del no cristiano. Deja que perdone tus
pecados y que haga que los dones de su gracia sean reales y maravillosos en tu
vida.
Hay demasiados errores acerca de lo
que de hecho es un cristiano. Algunos piensan equivocadamente que un cristiano
es simplemente cualquiera que no sea un pagano; cualquiera que intenta hacer lo
que está bien. Nada más lejos de la verdad. Dios nunca ha salvado ningún alma
sobre la base de lo que ha hecho o no ha hecho. Todo el asunto de la salvación
se basa en la gracia de Dios.
¿Qué queremos decir por gracia?
Se pusieron de acuerdo por la gracia
de Dios. En la plenitud de los tiempos, Dios envió al mundo a Su propio y
querido Hijo, el Señor Jesucristo, para quitar el castigo del pecador y para
pagar su culpa. Cristo se dio a Sí mismo en la cruz para ser un Sacrificio
voluntario para los pecados de este mundo. En Su muerte quedó vindicada por
completo la justicia de Dios, y su amor satisfecho. Cuando el pecador acepta y
agradece la muerte de Su Hijo, Dios puede perdonarle, limpiarlo del pecado, y
hacerle Su hijo. Ésta es la gracia (Efesios 2:8,9), o el favor inmerecido, de
Dios.
Este es el mensaje del Evangelio aún
hoy día para aquellos que son pecadores y están en inminente peligro de una
eterna separación de Dios, la llamada a estas inmensurables Buenas Nuevas (Juan
3:16-18) prosigue de siglo en siglo: Cree en lo que Dios ha hecho por ti, abre
tu corazón a Cristo, recíbele en lo más profundo de tu corazón como Salvador, y
te verás libre de la preocupación que es propio que te cause la muerte y tu
futuro eterno.
Cuando aceptar el Don de Dios sincera
y verdaderamente, Dios inmediatamente hace que en tu vida se sucedan una serie
de milagros únicos: Todos tus pecados te son perdonados; naces en la familia de
Dios; se te da vida eterna; se te da la misión de ser embajador de Cristo. Todo
ello sucede en un período de tiempo más corto que el que has empleado para leer
este párrafo.
¿Cómo puedes recibir este gran Don de
Dios? No es difícil. Busca un lugar tranquilo. Eleva tu corazón a Dios.
Confiesa que eres un pecador. Dile a Dios que recibes a Su Hijo como tu
Salvador (Juan 1:12). Y luego, cree en Dios de todo corazón. Él te salvará del
pecado, y del infierno.
CAPÍTILO VIII
LOS CRISTIANOS TAMBIÉN
SE PREOCUPAN
Es una triste verdad el que
cristianos nacidos de nuevo también se preocupen. Sí, muchos de los que
genuinamente han experimentado la redención por la sangre de Cristo también se
preocupan. Algunos cristianos sólo se preocupan por los grandes problemas de
sus vidas. Cuando se encuentran con los así llamados problemas “menores”, se
apoyan confiadamente en el Señor. Sin embargo, cuando se encuentran con
problemas que afectan verdaderamente la estructura de sus existencias, parare
que no estén dispuesto a confiar en la habilidad, poder y sabiduría del Señor
para solucionarlos.
Respecto al asunto de la salvación
eterna, la mayoría de los cristianos disfrutan de una completa libertad ya que
han puesto todas las culpas de una vida pecaminosa pasada, que ya no pueden
eliminar por sí mismos, bajo las promesas de Jesucristo, y por ellas saben que
Él los ha perdonado y limpiado, y que están en su camino hacia el cielo. Sin
embargo, cuando se trata de alguna pequeña dificultad de su vida presente, como
saldar una deuda de dinero que apremia, o de encontrar consuelo cuando un ser
querido tiene un accidente serio, inexplicablemente parecen incapaces de
confiar en el Señor. Se rinden, por lo tanto, a una preocupación hiriente y
cruel.
Los que están preocupados no ayudan a
la casusa de Cristo. Alrededor de cada creyente hay observadores atentos,
amigos, vecinos, compañeros de trabajo, conocidos, que continuamente miran al
cristiano y ven que, cuando las cosas van bien, el cristiano esta feliz,
contento, libre de cuidad, y el testimonio de su vida no causa mucha impresión.
Cualquiera puede estar libre de preocupaciones si tiene salud, dinero en el
banco, un buen trabajo, y una familia satisfecha.
La prueba viene cuando las cosas van
mal, cuando viene la adversidad, cuando hace su apariencia el dolor, cuando se
presentan problemas altos como montañas. Entonces los amigos mundanos viran la
reacción del cristiano a las pruebas de la vida. ¿Dará lugar al desespero el
que profesa tener un Padre celestial? ¿Aturdirán sus desgracias su ecuanimidad?
¿Es real el cristianismo? ¿Es suficiente para los problemas diarios de la vida?
Desgraciadamente, hay cristianos que se preocupan por TODO. Se inquietan, se
irritan y están indebidamente preocupados por casi todo. Desde la mañana hasta
la noche viven en un constante temor de que algo les tiene que pasar. Su confianza
en el amoroso cuidado de Dios parece que no existe. Exteriormente, viven como
si no tuvieran en absoluto a un Padre celestial. ¡Qué tragedia!
Esta situación no se limita a los
nuevos cristianos. Hay algunos que hace años que viven vidas cristianas pero
que son igualmente culpables de esta falta de. En algún momento a través de su
experiencia cristiana dejaron de aprender a confiar en el cuidad de Dios. En el
transcurso de los años, este hábito se ha establecido tanto que ahora casi no
saben lo que es pasar un día sin estar preocupados.
CAPÍTULO IX
¿POR QUÉ?
Algunos cristianos siguen a sus
compañeros. Se preocupan porque ellos lo hacen. Tienen cierta tendencia a
adoptar hábitos de amigos que están fuera de Cristo. Sin lugar a dudas, la
preocupación es contagiosa. A no ser que los cristianos se sitúen ellos mismos
bajo una estricta disciplina espiritual, se sentirán tan desgraciados como si
no conocieran el cuidad de Dios.
También, además, algunos cristianos
nunca han recapacitado en la consoladora verdad de la atención diaria de Dios
hacia ellos. No se dan cuenta de que en el plan de Dios para Sus hijos hay un
programa perfecto de protección. Lo que les ayudaría sería un estudio cuidadoso
de los pasajes de la Biblia que tratan del poder de proteger que hay en Cristo.
Tampoco es difícil de entender esta verdad. Así como toda la creación de Dios,
Su obra se basa en el tiempo y la eternidad a la vez. Debe quedarnos bien claro
en nuestra mente que, si Dios tuviera que desamparar a aquellos que Él ha salvado,
Su nombre quedaría mucho peor que el nuestro.
De igual modo algunos cristianos no
han considerado suficientemente el carácter de peregrino del camino del
creyente. De hecho, este mundo no es nuestro hogar. “Estamos sólo de paso” como
afirma un himno evangélico. Al igual que Abraham esperamos “la ciudad que tiene
fundamentos, cuyo arquitecto y constructor es Dios”” (Heb.11:10). Por lo tanto,
no debemos esperar que todo sea suave y fácil. Tenemos que anticipar tiempos
difíciles y problemas. Que no son una indicación de que Dios nos olvida o no se
interesa lo suficiente en nosotros. La vida nunca se dijo que sería suave; no
estamos destinados para “pisar sendas llenas de flores”.
Por otro lado, la Biblia enseña con
énfasis que habrá penalidades (Juan 16:33; 2ª Timoteo 3:12) por el camino. De
hecho, tenemos que esperar la tribulación. A través de la tribulación, la
paciencia (Romanos5:3; 12:12) nace y se nutre. Aún más Dios permite que
haya pruebas para fortalecer nuestros caracteres. Al encontrar y al superar los
problemas crecemos en la gracia.
Tampoco debemos quitar importancia a
la oposición que vine de parte de Satanás. Cada cristiano se enfrenta con un
enemigo tremendo. El diablo odia el Nombre que llevamos con un odio diabólico.
Tampoco se detendrá ante nada para hacernos caer bajo tentación o para robarnos
nuestra paz y felicidad celestial. Que nadie menosprecie el poder de Satanás
(1ªPedro 5:8)
Sin embargo, Dios no planea ningún
problema, o ninguna prueba, o ninguna tentación para hacer preocupar a los
cristianos. Todo puede ser vencido y el hijo de Dios puede salir victorioso al
aprender a confiar en su Dios.
CAPÍTULO X
LA PREOCUPACIÓN DAÑA
A LOS CRISTIANOS
Los cristianos deshonran a Dios
cuando se preocupan. Piensa en lo que sienten los padres cuando los hijos, a
los que prodigan amor y afecto, y trabajan a fin de proveer de cualquier
necesidad, desconfían de ellos. ¡Imagínate que un hijo va de arriba abajo con
cara larga y el corazón escogido, y que cuando se le pregunta qué le pasa,
responde que está preocupado acerca de cómo obtener alimento y abrigo! Los
padres sentirían profundamente la falta de confianza del niño en ellos. Del
mismo modo que tiene que ser herido el corazón de nuestro Padre celestial
cuando Sus hijos dejan de confiar en Él para sus necesidades.
La preocupación daña gravemente la
vida del cristiano. Normalmente, un cristiano debería de estar animado y ser
simpático. Y esto no es posible cuando se ciernen nubes de preocupación por
encima de él. La paz del cristiano se va; está receloso y angustiado. En cierto
sentido siente pavor ante el día que ha de venir, por las dificultades que
podrían traer.
Asimismo, se estorban las
oportunidades de testimonio. ¿Cómo puede un cristiano contar a otros del amor y
el cuidado, y de la paz, consuelo, y bendición de la vida cristiana, si no da
ejemplo de estas cualidades? De hecho, el ejemplo de un cristiano preocupado
puede impedir a alguien aceptar a Cristo como su Salvador. No podemos culpar a
una persona no salva si llega a la siguiente conclusión: “Si esto es la vida
cristiana”, no quiere saber nada de ello.
La preocupación disminuirá
gradualmente las oportunidades del cristiano, si no la deja completamente
aparte, de obtener recompensas eternas. La salvación es completamente libre.
Dios actúa en gracia inmaculada y salva al pecador culpable, solamente en la
base del sacrificio de su Hijo. Nadie puede pagar o comprar su salvación. Pero
las recompensas (1ªCor.3:8; Col.3:23,24) son otra cosa, pues se ganan. Serán
dada por todos los fieles servicios llevados a cabo en el nombre del Señor, y
por amor a Él.
¿Cómo puede un cristiano servir al Señor con eficacia si está viviendo en un cenagal de preocupación? El incentivo al trabajo desaparece. La mente se llena de temores. CESA EL CONTACTO CON el Padre celestial. El corazón angustiado se ocupa de pensamientos sobre dificultades amenazadoras y aún sobre destino eterno La preocupación innecesaria además es perjudicial, es una de las herramientas más afiladas del diablo. Mediante esta actitud tan poco natural, se frustra la voluntad de Dios, se estorba su obra, y el hijo de Dios se siente desgraciado. El daño que se ocasiona va más allá de cualquier cálculo. La preocupación, en demasía, no tiene por qué existir en la vida de un creyente.
CAPÍTULO XI
¿QUÉ HACER?
En lo más profundo del corazón de
casi todos los cristianos hay remordimiento por las dudas en las que han caído,
y una resolución, tal vez todavía no cumplida, de parar el inútil, y
degradante, hábito de preocuparse.
¿Cómo podemos empezar a pararlo?
En algunos casos, la preocupación o
la depresión tienen que ver con una dificultad realmente física. Vivimos muy
cerca de nuestros cuerpos, y éstos se descomponen y llevan a cabo funciones
equivocadas. Nuestro elaborado sistema nervioso ocasionalmente se afloja y como
resultado de problemas, se producen períodos de extremo desaliento.
Indudablemente hay períodos de fatiga del cerebro. Un médico puede recetar
tranquilizantes. Si el problema es solamente físico, el médico lo curará. El
tratamiento médico no dará resultado si el problema es esencialmente espiritual,
las pastillas no serán una respuesta a la depresión o preocupación que tenga,
como causa, razones morales o espirituales.
Una necesidad espiritual requiere un
tratamiento espiritual. No es el deseo de Dios que Sus hijos se arrastren por
la vida en un estado de ánimo desalentado y derrotado. Ciertamente hay pode
disponible para convertir la preocupación en confianza y el desaliento en
victoria.
Tal vez el punto de partida sea
precisamente aquí: una determinación por parte del creyente de salir de este
valle de depresión, por la gracia de Dios. Fijando resueltamente la mira en la
cumbre de la montaña de la adoración y la esperanza en las promesas de Dios la
depresión se curará. ¿No es éste el desafío de la vida cristiana? ¿No podemos
clamar al poder de Cristo para que nos eleve fuera de los pantanos del miedo
esclavizante y que nos ayude a escalar las alturas de la alegre confianza y el
gozo?
Hay muchos peldaños en esta
ascensión. El conseguir la libertad en el lugar de la aprensión tal vez no sea
posible ni en un día ni en más. Incluso puede haber algún período de
reincidencia. Pero debemos mirar siempre hacia adelante, y en el tiempo
oportuno, ganaremos. Pero tenemos que empezar con resolución.
Si hace tiempo que estás afligido por
esta enfermedad espiritual, haz los preparativos. Busca un lugar silencioso.
Abre el libro de Dios, La Biblia, y lee algunos pasajes preciosos de animación
y de desafío, tales como Josué 1; Salmo 103:6; Romanos 8. Después arrodíllate
en oración y confiesa sinceramente lo necio, inútil y pecaminoso que es no
confiar en tu Padre celestial. No escondas nada, sácalo todo y ten el valor de
confesar delante del Señor tu propia vergüenza. Recuérdale tu gran deseo de
vivir por encima de este hábito degradante, y pídele con fe que te libre. Haz
esto desde lo más profundo de tu corazón.
Espera confiadamente que Dios responda a tu plegaria. Como una ayuda adicional escribe tu petición y ponla delante del Señor.
CAPÍTULO XII
EL SIGUIENTE PASO
Tómate tiempo para comprobarlo: Es completamente inútil esperar que Dios nos dé una vida de paz, gozo, y de éxito, a menos que seas Su verdadero hijo. Demasiados de los que piensan que son cristianos no han experimentado genuinamente la salvación ni nunca han nacido de nuevo. Un cristiano no es meramente uno que vive una vida un tanto respetable, guardándose de ciertos males. No se es cristiano por tener buenos pensamientos y por hacer buenas obras. Nadie es admitido en la categoría de los redimidos sobre la base de lo que él es por naturaleza o por lo que ha hecho por caridad. La justicia propia-las obras de la carne-no son el camino de salvación según Dios.
Muy sencillamente, un cristiano es
uno por quien Dios ha hecho grandes cosas, sobre la base de haber recibido al
Hijo de Dios como su Salvador. Dios le ha perdonado sus pecados, cada uno de
ellos. Dios le ha traído a Su familia sobre sobre una base completamente justa.
Él, aquí y ahora, posee el incomparable don de vida eterna. En su corazón moran
tanto el Cristo resucitado como el bendito Espíritu Santo. Nada menos que el
total de l asuma de estas cosas constituye a un cristiano.
La base de la salvación ahora y para
siempre es la Obra de Cristo. Los hombres han sido pecadores desde que nuestros
primeros padres desobedecieron a Dios en el hermoso huerto de Edén. Pero Cristo
vino al mundo para vivir y morir. Vino a vivir como una prueba de sus reclamos
de Deidad única y sin mancha. Murió como el sacrificio perfecto, el Cordero de
Dios, quien se dio a sí mismo voluntariamente por los pecados del mundo y
resucitó al tercer día, como había prometido que lo hará.
Entonces, la salvación es posible sobre la base del sacrificio de Cristo por nosotros. Cuando creemos esto, y obramos por nuestra fe encomendando nuestras vidas enteramente a Cristo, encontramos el milagro del nuevo nacimiento, el cual sólo Dios realiza. Cristo es el único Camino (Jn.14:6) No es simplemente “un” camino, o un indicador del camino. Él mismo, en persona, es el Camino. No hay otro sendero por los que uno pueda acercase a Dios: no por buenas obras, ni guardándose del mal, ni por el ascetismo.
La pregunta más necesaria y urgente
es: ¿Eres un verdadero cristiano? ¿Ha habido un tiempo definitivo en el que en
verdad has confiado en Jesucristo como tu Salvador? Si tu respuesta es
negativa, o incierta, entonces esto es lo que tienes que hacer: Recibe a Cristo
ahora. Tenlo como el paso más importante de la vida. Ven a Dios sobre una base
escritural (Mt.11:28) Cuando lo hayas hecho, cuenta (Ro.10:9,10) a otros lo que
Él ha hecho para ti.
CAPÍTULO XIII
RASGOS DE SALVACIÓN
Seguramente el cristiano se hará
notar en tu vida. Para los que no están seguros de cuándo fu exactamente que
pusieron su fe en Cristo, este hecho puede servir de prueba. En los que hace
poco recibieron a Cristo, los rasgos de la vida de Cristo no tardarán en
manifestarse. Por ejemplo, el apóstol Pablo dijo que el cristiano es “nueva
criatura, o creación” ((1ª Cor.5:17) Las cosas de la vieja vida irán siendo
menos y menos importantes para él. En su lugar, habrá nuevos intereses, nuevos
apetitos, nuevos móviles, nuevos deseos.
En un principio, tal vez, no se
presenten como una fuerza irresistible, pero con el tiempo aparecerán en su
vida, si verdaderamente es nacido de nuevo. Uno de estos nuevos intereses será
un apetito que tendrá para la Biblia. Mientras que por una parte la Biblia se
había considerado irremediablemente fuera de moda e inaplicable a las
necesidades del mundo de hoy (excepto para los que están a punto de morir),
ahora se presentará como el comentario más al día de las cosas del mundo y de
los problemas personales que jamás se conoció -un libro lleno de sabiduría
extraordinaria.
Juntamente con el amor a la Palabra
de Dios, apare otro rasgo de la salvación genuina (1ª Ped.2:2) Un nuevo interés
en la oración. Los que no son salvos puede que oren en momentos de peligro y
pánico, pero un hijo de Dios quiere vivir (1ªTs.5:17) en una atmósfera de
oración. No orará simplemente antes de acostarse por la noche, sino muchas
veces durante el día. NO sólo pedirá favores a Dios, sino que buscará el
compañerismo con Él, al leer la Palabra y expresará al Señor lo que tiene en su
corazón.
Además, en el corazón cambiado,
entrará poco a poco un sincero amor (Jn.12:335) para otros creyentes. Antes de
ser salvo podía haber considerado como “extraños” o “anticuados” a los
cristianos; pero ahora sentirá un nuevo interés y simpatía para con ellos. Los
cultos de la iglesia también le serán atractivos y los himnos adquirirán una
melodía para el corazón del recién convertido cristiano. Gozará de los sermones
del pastor (si éste efectivamente predica la verdad) y el culto de oración, de
media semana, le gustará.
Pero hay más todavía. Antes, el nuevo
cristiano pensaba en la vida desde el punto de vista de lo que se podría
aprovechar de ella, es decir, lo que la vida podía darle a él; ahora la
considera al revés. Su afán será honrar a su Señor, “darle fruto a Él”
(Gál.5:22,23) Querrá colaborar para adelantar el trabajo de Cristo. Se
interesará por los misioneros de los confines de la tierra (Hch.1:8) La Gran
Comisión del Señor de “ir por el mundo” (Mr.16:15) será un mensaje personal
para él.
CAPÍTULO XIV
¿QUÉ TE PASÓ A TI?
Una liberación real de la
preocupación puede tener un resultado glorioso de meditar en serio sobre los
aspectos de la salvación lejanos. Piensa: “¿Qué hizo Dios para mí cuando confíe
en Cristo?” “¿Eran todas esas transacciones permanentes?”.
Entendemos que Cristo murió por
nuestros pecados. Pero ¿nos acordamos de que todos nuestros pecados están
pagados (Heb.9:12,26,28)), incluso los pecados todavía futuros? Esto incluye
pecados que hacemos después de ser creyentes. Así es que, si nuestros pecados
nos amenazasen en separarnos del amor de Dios, tal separación nunca podría ser (Sal.103:12:
Rom..8:38,39)
La salvación hace entrar en la
familia de Dios. Si somos desobedientes, nuestro Padre celestial puede darnos
una fuerza que nos permita no desobedecer más. Castiga (Heb.12:6) a Sus hijos
como lo hace un padre humano fiel. Es el Padre ideal, y nosotros podemos
confiar en Él con toda seguridad.
La vida eterna es un don Dios
incomparable y adicional, no en el instante de la muerte, sino en el mismo
momento en el que recibimos al Señor Jesucristo como a nuestro Salvador. Dios
no se está exponiendo a la deshonra por unos hijos que yerran. Ya ha calculado
el coste y sabe muy bien lo que los años venideros traerán. En “aquel que es
poderoso para guardarnos sin caída y presentaros sin mancha delante de su
gloria con gran alegría (Judas24)
Considera también las implicaciones
de la justificación. Cuando Dios nos salva, nos declara justos (Rom.5:16,17).
No solamente somos vistos en Cristo como completamente libres del pecado, sino
que además Dios nos ve como si nunca hubiéramos pecado. Dios, en su gracia,
pone en nuestra cuenta la justicia de Cristo (Fil.3:9) Llevaremos Su justicia,
no la nuestra, para siempre.
Otras realidades espirituales y
gloriosas son nuestras: Somos santificados (Heb.10:10), o reservados para el
honor de Dios. Somos embajadores (2ª Cor.5:20) para Cristo, completamente
autorizados por Él. Estamos en la línea de la recompensa sin precio por el
servicio. Somos poseedores de toda bendición espiritual.
¿Cómo podemos preocuparnos, cuando todas estas cosas son nuestras en Cristo? Esto es lo que realmente cuenta. ¿Por qué dejar que las pequeñeces de los problemas terrenales obscurezcan los picos de las montañas de las verdades de Dios?
CAPÍTULO XV
CUANDO LOS CRISTIANOS PECAN
La entera estructura de la salvación
es completamente una obra de Dios para el hombre, y de ninguna manera una obra
del hombre para Dios. Así es que, como todas las obras de Dios, la salvación
será duradera. Nuestro perdón y nuestra seguridad, están libres de lo incierto
de los esfuerzos humanos. Esto rae una paz mental incomparable.
Pero, también es verdad que incluso
los cristianos pecan, y el pecado es siempre una cosa condenable y ruin. ¿Qué
sucede cuando un cristiano peca? Nada puede separar (Rom.8:38,39) a un creyente
del amor de Dios que es en Cristo Jesús, Señor nuestro. De todas formas, cuando
un cristiano cae en pecado se suceden unas consecuencias sumamente serias. Por
un lado, el cristiano pierde su paz. La paz mental y del corazón es el
resultado de una relación íntima entre el cristiano y su Salvador. Cuando se
peca, o cuando habiendo aparecido el pecado no se juzga ni abandona, la paz
desaparece.
Entonces la felicidad también
desaparece. Dios había pensado hacer de la vida del cristiano una vida de gozo
profundo interior. El gozo lo produce el Espíritu (Gál.5:22) Cuando se peca o
después de aparecer el pecado no se juzga ni abandona, el Espíritu Santo en
lugar de producir fruto en la vida del creyente le redarguye por el pecado. Las
oportunidades para dar testimonio también desaparecen. El hablar a otros del
Salvador de forma entusiasta, está inseparablemente relacionado con la
condición espiritual del creyente. El deseo de dar testimonio a otros parece
irse, si el corazón del cristiano retiene el pecado.
En resumen, un pecado no confesado es
el ladrón del gozo del cristiano y de la paz mental. Aquí está la puerta
abierta a la ansiedad con todos los males que resultan de ella. Pero espera.
Dios ya ha provisto una solución a esta amenaza. Hay una liberación del pecado
y de sus efectos: El lado legal ha sido cubierto por la muerte de Cristo. Murió
por todos nuestros pecados, una vez y por todas. Pero ¿y qué del lado
“familiar”, del hecho de que somos hijos errados en la familia de Dios? Esto
también es increíblemente sencillo. Tenemos que “confesar” (1ªJn.1:9), decirle
al Señor que nos hemos equivocado, tenemos que ponernos a Su lado en lugar de
permanecer en nuestras propias cosas mal hechas. Esta confesión tiene que ser
sincera; nuestro arrepentimiento debe ser genuino. Debemos confesar, decirlo
sinceramente a Él y creer que Él nos limpia. Entonces conoceremos la
restauración de nuestra paz y de nuestro gozo y podremos levantar la cabeza y
volver a testificar.
Empecemos con el Salmo 1. La primera palabra misma es “Bienaventurado” lo que significa “Feliz”. Después se explica cómo alcanzar la felicidad. Luego se deja claro el contraste que existe entre el placer mundanal y las satisfacciones del camino de los justos. El Salmo 23 tiene sólo seis versículos. Pero en toda la literatura humana no se encuentra una combinación más magnífica de 105 palabras. De hecho, el Salmo 23 se clasifica entre los mejores poemas, aun por literarios no cristianos. Se trata del cuidado del Señor por los Suyos. Si creemos que es así, el cristiano no tiene motivo alguno para estar preocupado. El Salmo 27 es un poema maravilloso. El Salmo 34 se escribió en momentos de extrema adversidad para el autor y tiene que ver con necesidades y temores básicos.
El tema del Salmo 46 es el refugio eterno que sólo Dios ofrece. El Salmo 51 es una expresión de profundo arrepentimiento y contrición por haber pecado y fallado. El Salmo 72 señala más allá del sistema actual del mundo a un tiempo venidero cuando el mundo estará lleno de justicia y paz como las aguas cubren el mar. El Salmo 103 exhorta a que se alabe a Dios como conviene; el Salmo 104 hace resaltar Sus obras en el mundo; el Salmo 107 insiste en que se alabe vez tras vez a Dios. El Salmo 119, un punto culminante final, está lleno de alabanza.
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