ESCATOLOGÍA (III)

Ernesto TRENCHARD

LA SEGUNDA VENIDA DE

JESUCRISTO

Y LAS ÚLTIMAS COSAS

Las indicaciones

de las Epístolas

Hay un número considerable de referencia a la Venida del Señor en las epístolas, casi todas ellas subrayan el aspecto más importante de la Promesa, el efecto moral que ha de tener en la vida del creyente: “El que tiene esta esperanza en él se purifica como Él también es limpio” (1ª Jn.3:3). Por lo que afecta al “Plan Profético” hemos de acudir a 1ª Cor.15:51-57 con 1ª Ts.4:13-5:1, y 2ª Ts.1:7-12, donde hallamos los dos aspectos de la Venida que ya vimos en las enseñanzas del mismo Señor: 1) La promesa del “recogimiento” de la Iglesia, en que los que “duermen” precederán a los que se “cambian” para ir juntos al encuentro del Señor en el aire. 2) La Venida en gloria para el juicio del mundo impío, que no podrá realizarse antes de la manifestación del Anticristo (Ap.1:7; 1ª Ts.5:1-4 con 2ª Ts.2:1-4), atroz remedo del Cristo de Dios, cuya aparición será la culminación del “misterio de la iniquidad”.

El Apocalipsis

Los tres primeros capítulos son de introducción, y las cartas a las siete iglesias indican variadas condiciones del testimonio de la Iglesia hasta la venida de Cristo. Los capítulos 4 y 5 presentan simbólicamente la sublime escena referente al “Cordero de Dios” (es decir, Cristo en la virtud de la consumación de la Obra de expiación), cuando toma el “Libro” de los destinos últimos de las naciones y rompe el primer sello. Desde el capítulo 6 en adelante el rompimiento de los sellos, el sonido de las trompetas y el verter de los vasos reiteran los acontecimientos del tiempo de la consumación, o sea, la última “semana” de Daniel.

Unos paréntesis detallan más el levantamiento y el curso del infame reinado del Anticristo. Como en el Sermón Profético y en 2ª Tesalonicenses, este período de angustia termina con la aparición en gloria de Cristo para la derrota de las naciones enemigas en la batalla del Armagedón. El período de los “mil años” corresponde al reino de paz y de bendición que tantas veces se detalla en las profecías del Antiguo Testamento. Este “MILENIO” ha de entenderse de tres maneras:

Como el cumplimiento de las muchas promesas a Israel por las que había de ser el cetro de un Reino Universal de paz y de bendición en la tierra. 2) Como la última prueba de la raza humana, puesto que habiendo vivido bajo óptica condiciones de gobierno y de prosperidad por mil años, con todo, cuando Satanás será soltado para tentarles de nuevo, volverá a rebelarse una gran parte de los hombres. 3) Como una figura y anticipo de la NUEVA CREACIÓN en el ESTADO ETERNO, que explica el porqué muchas profecías del Antiguo Testamento describe este Reino como eternamente establecido, pues la visión profética pasa a la NUEVA TIERRA y los CIELOS NUEVOS, que habrán de reemplazar la antigua creación, tan profundamente manchada por el pecado.

En el reino del milenio el hombre no dejará de ser el que conocemos y somos, pero el gobierno mesiánico será justo y fuerte, prendiendo la Palabra en muchos corazones. Satanás será “atado”, de modo que “lo bueno” tendrá todas las ventajas. Gracias a los justos juicios de Jehová entre las naciones, éstas podrán convertir las armas de guerra en instrumentos de paz, lo que se indica por la expresiva figura de Isaías 2:4, de cambiar las espadas en rejas y las lanzas en hoces. Se perderá el triste arte de la guerra, consiguiendo lo que ha sido imposible para la O.N.U.

Los cielos nuevos y la nueva tierra serán la consumación de todos los propósitos de Dios en relación con la creación y con los hombres, y en él los redimidos alcanzarán aquella perfección espiritual, moral e intelectual que Cristo les procuró con su muerte y resurrección. Dios morará en medio de los hombres, y al centro de la Nueva Creación se hallará la Iglesia glorificada que se simboliza por la “Ciudad” que Juan vio descender del Cielo (Ap.caps.19-21)

 

 

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