ESCATOLOGÍA (II)

Ernesto TRENCHARD

LA SEGUNDA VENIDA DE CRISTO

Y LAS ÚLTIMAS COSAS

Las indicaciones del

Antiguo Testamento

Todos los escritos proféticos anuncian una época de gloria para ISRAEL, tras un largo período de disciplina por sus pecados, con la inauguración del Reino del Milenio, que se asocia con la manifestación del Mesías, o, lo que es lo mismo a la luz del Nuevo Testamento, de Dios mismo (Is.2:1-5, 10; 11:1-11). Daniel, estadista de un imperio gentil, además de israelita piadoso, interpreta la visión de la Gran Imagen que señala a grandes rasgos la sucesión de los imperios gentiles desde la toma de Jerusalén por Nabucodonosor hasta la segunda Venida de Cristo (Dn.2:29-45)

Más tarde recibe la notable profecía sobre su pueblo Israel de las “Setenta Semanas” de años, cuyo período comprende desde el edicto de restaurar Jerusalén hasta la muerte del Mesías (69 semanas), quedando una “semana” por cumplir, después del paréntesis de la Iglesia, y que es de “asolamientos” en cuanto a Isael. Esta “semana” se relaciona con la “consumación decretada” de los propósitos de Dios en orden al mundo e Israel (Dn.9:24-27)

Las Profecías del

Señor Jesucristo

Cristo habla de su Venida y de la “consumación” desde dos puntos de vista: 1) En el Monte de los Olivos pronuncia su “Sermón Profético” que recoge las profecías del Antiguo Testamento (con referencia especial a las de Daniel) y manifiesta que él mismo ha de volver en gloria después de la destrucción de Jerusalén y tras un largo período de apostasía, de guerras y rumores de guerras, de cataclismos terrestres y, por último, de señales astronómicas.

Todo parece llegar a una crisis final de tribulación, que no es arriesgado identificar con la última “semana” de Daniel. “Entonces aparecerá la señal del Hijo del Hombre en el Cielo; y entonces se lamentarán todas las tribus de la tierra, u verán al Hijo del Hombre que viene sobre las nubes del cielo, con poder y grande gloria” (Mt.24; Mr. 13; Lc.21:736; Ap.1:7; 2ª Ts.1:9, 10)

2) En el Cenáculo consuela a los suyos con la promesa de su Venida personal: “Y si me fuere4 y os preparare lugar, VENDRÉ OTRA VEZ para recibiros a Mí mismo; para que, donde yo estoy, vosotros también estéis” (Jn.14:1-3). Aquí el Señor está preparando la mente y el corazón de los suyos para su vida y su testimonio una vez que el Maestro haya salido de entre ellos, de modo que representan en esta ocasión a la IGLESIA, a la que se da la precisa promesa de “recogimiento” al Señor para estar siempre con Él.

 

 

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