EL ANTICRISTO (VII)

Samuel Pérez Millos

7ª parte.

“Y abrió su boca en blasfemias contra Dios, para blasfemar de su nombre, de su tabernáculo, de los que moran en el cielo” (v.6)

“Y abrió la boca de él en blasfemias contra Dios para blasfemar el nombre de Él y del tabernáculo de Él, de los en el cielo que habitan” (Gr.)

El discurso impío del Anticristo es contra Dios, enfrentándose a Él y afrentándole. La blasfemia, el hablar mal se pronuncia contra “el nombre” de Dios, para blasfemar el nombre de Él. Un discurso desafiante contra Dios, dejando en evidencia lo que Él es, y despreciando sus perfecciones y atributos, le hará crecer a ojos de los hombres, pero su arrogancia durará tan solo los cuarenta y dos mese que se le han concedido para su actuación.

La maledicencia alcanza luego al tabernáculo de Dios. Esto tiene que ver con el santuario celestial donde Dios se manifiesta en gloria y soberanía. Irrumpirá, en su arrogancia impía, en el santuario terrenal edificado para glorificar a Dios y rendirle culto, para profanarlo, colocándose él en el lugar que corresponde al Señor (2Ts.2:4) Juan vio el santuario celestial abierto y en él el arca del pacto (Ap.11:19) El santuario tiene un contenido simbólico de lugar desde donde Dios envía protección para su pueblo. La blasfemia alcanza también a los santos que están en el cielo. La muerte de muchos de los santos no ha sido suficiente para eliminar a los seguidores de Jesús, porque esa muerte física ha sido la puerta que abrió para ellos un estado definitivo de comunión en la presencia de Dios. Las fuerzas de maldad levantaron contra ellos a los hombres en la tierra y segaron sus vidas físicas, pero la proyección de vida es para los santos a perpetuidad con Dios. Al lugar celestial donde están, en espera de venir a la tierra para reinar con Cristo.

“Y se le permitió hacer guerra con los santos, y vencerlos. También se le dio autoridad sobre toda tribu, pueblo, lengua y nación” (v.7)

“Y fue dado le hacer guerra contra los santos y vencer los y fue dado le autoridad sobre toda tribu y pueblo y lengua y nación” (Gr.)

Al Anticristo se le “permitió hacer guerra contra los santos”. ¿Quiénes son estos santos? La respuesta debe tomarse desde la perspectiva profética dada por Daniel (Dn.7:22) Los santos aquí tienen que ser aquellos que fueron comisionados por Dios para un ministerio temporal y que fueron sellados para ese propósito, los ciento cuarenta y cuatro mil que Dios envió como mensajeros a las naciones (Ap.7:1-8) Jesús habló en cuanto a los días de la gran tribulación (Mt.24:22)  La tribulación será tan grande y la situación se hará de tal forma insoportable que si aquellos días no se vieran acortados por la segunda venida del Hijo del Hombre, no se salvaría nadie.

La visión de Juan pone de manifiesto el ámbito del poder que ejercerá el Anticristo en la tierra. Un sentido de universalidad se generaliza en la expresión: “también se le dio autoridad sobre toda tribu, pueblo, lengua y nación”. El gobierno de la primera bestia alcanzará a toda la tierra. Será un poder totalitario sobre todo el mundo. Nadie habrá tenido jamás un poder semejante. Gobernará sobre todos los grupos sociales, sobre cada uno de los lugares donde haya personas establecidas, sobre quienes estén unido entre si por idiomas propios de cada grupo y sobre todas las naciones establecidas en la tierra. Nada ni nadie escapará al control férreo del dictador del futuro. Satanás le entrega su trono y su dominio y, con él ejercerá poder absoluto sobre todos.

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