EL FRUTO DEL ESPÍRITU (7º)
Dámaris García de la Piedra
(licenciada en teología)
MANSEDUMBRE (πραΰτης, prautēs)
Para Pablo, la vida cristiana no se sostiene sobre la agresividad ni sobre la autoafirmación constante, sino sobre un carácter interior moldeado por el Espíritu Santo. La πραΰτης no es debilidad ni pasividad, sino fuerza bajo control, una disposición que permite actuar con respeto, moderación y paciencia, incluso ante la provocación o la injusticia (Ro.8:9–11). El contraste entre “obras de la carne” y “fruto del Espíritu” revela dos principios de vida, por un lado, la carne produce impulsividad, violencia y reactividad y, por otro lado, el Espíritu que genera mansedumbre, que no busca imponer sino guiar con humildad y discernimiento (Gál.5:19–23; Col. 3:12–13)
Texto base: Gálatas 5:22–23
Textos complementarios: Mt. 5:5; 2 Cor.10:1; Ef. 4:2; Col. 3:12–13; 1 Ped. 3:4; Tit.3:2; Fil. 2:3–4.
La mansedumbre aparece en la lista del fruto del Espíritu como un rasgo que sorprende en un mundo donde el poder y la agresividad suelen dominar. La prautēs es una fuerza interior que se traduce en respeto, consideración y dominio propio, por lo que, permite responder sin venganza y actuar con justicia sin arrogancia. En Gálatas, Pablo escribe en un contexto de tensiones doctrinales y personales. La comunidad estaba expuesta a rivalidades y confrontaciones. Frente a esto, la mansedumbre emerge como fruto necesario para preservar la unidad y vivir la libertad cristiana sin ceder a la provocación (Gál.5:15–16). La mansedumbre se relaciona con la obediencia humilde a Dios y con el cuidado del prójimo, siguiendo el ejemplo de Cristo, que combinó autoridad y humildad de manera inseparable.
Antiguo Testamento: La mansedumbre se valora como disposición del corazón que evita la violencia y actúa con humildad y confianza en Dios (Sal. 37:11; Is.42:3). Es la fuerza que no responde con el mal frente al mal y espera la justicia del Señor. Nuevo Testamento: Jesús identifica la mansedumbre como característica de quienes heredarán la tierra (Mt. 5:5). En el NT, prautēs no es debilidad sino dominio propio ejercido desde la confianza en Dios. Pablo y Pedro animan a los creyentes a revestirse de mansedumbre en la vida comunitaria, especialmente en la corrección mutua y el trato con los demás (Ef. 4:2; 1 Pe. 3:4)
Macrina la Joven (330–379) (maestra espiritual de Basilio y Gregorio de Nisa). La mansedumbre es el dominio del alma que, gobernada por la razón iluminada por Dios, no se deja arrastrar por la ira. Catalina de Siena (1347–1380) La mansedumbre nace del conocimiento humilde de uno mismo y del amor fiel a Dios. Tomás de Kempis (1380–1471) El hombre manso prefiere sufrir injusticia antes que perder la paz interior. Emmanuel Buch (1958) La mansedumbre es la actitud de quien vive bajo la autoridad de Cristo y responde con gracia incluso en el conflicto.
Reflexión
¿Por qué Pablo presenta la mansedumbre como fruto del Espíritu y no como una disposición natural o táctica social?
Pablo distingue entre temperamento y virtud espiritual. Algunos pueden parecer naturalmente pacientes o tranquilos, pero la prautēs del Espíritu permite actuar con control y justicia incluso bajo presión, adversidad o provocación. No es un rasgo superficial ni dependiente de la personalidad, sino fruto de la comunión con Cristo (Ro.8:9–11). La mansedumbre refleja la fuerza de Dios en el creyente. Es poder moderado por la gracia, capaz de soportar y perdonar ofensas y actuar con discernimiento.
¿Cómo transforma el Espíritu Santo las relaciones comunitarias a la luz de la mansedumbre?
La mansedumbre produce un clima de unidad y cooperación. En Gálatas, donde la carne tiende a rivalidades y conflictos, la mansedumbre permite corregir con respeto, recibir críticas sin ira y vivir en armonía a pesar de las diferencias (Ef. 4:2–3; Col. 3:12–13). La mansedumbre no es pasiva, sino activa. Se manifiesta interviniendo con suavidad, defendiendo la verdad con humildad y preservando la paz y la justicia en la iglesia.
¿Qué implicaciones prácticas tiene afirmar que la mansedumbre es fruto del Espíritu?
Si la mansedumbre es fruto del Espíritu, no puede reducirse a “no discutir” o “ser dócil”. Implica fuerza moral y espiritual, autocontrol y compromiso con el bien de los demás. En el plano personal, invita a examinar nuestras reacciones: ¿respondo con ira o con prudencia guiada por Dios? ¿Dejo que el Espíritu forme mi carácter frente a la provocación? En el plano comunitario, una iglesia guiada por el Espíritu será reconocible por cómo maneja conflictos, corrige y lidera, demostrando autoridad servicial y respeto mutuo.
Motivos de oración
• Que el Señor nos ayude a revisar nuestras reacciones impulsivas y a trabajar en cultivar la mansedumbre mediante la oración, la reflexión en su Palabra y siempre con la ayuda del Espíritu.
• Que el Señor permita que, en su iglesia, todos los creyentes podamos ser formados en la mansedumbre que Cristo mostró, imitando su firmeza, mansedumbre y humildad.
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