ADVENIMIENTO DE JESÚS

Samuel Pérez Millos

APOCALIPSIS

(19:11-16)

“Entonces vi el cielo abierto; y he aquí un caballo blanco, y el que lo montaba se llamaba Fiel y Verdadero, y con justicia juzga y pelea” (v.11)

“Y vi el cielo abierto, y he aquí un caballo blanco y el que estaba sentado sobre él llamado Fiel y Verdadero y con justicia juzga y pelea” (Gr.)

El Señor volverá a la tierra en el cumplimiento de las profecías del Antiguo Testamento que lo anuncian (Sal.2; Zac.14:3, 4; Is.9:6; 11:1-12:6; 64:1, 2: Dn.7:13, 14) Igualmente ocurre en el Nuevo Testamento, donde el anuncio profético de la segunda venida del Señor, ocurre extensamente (Mt.10:28;23:39; 24:3-25, 46; Lc.21:25-28; Hch.15:16-18; Ro.11:25-27; 2Ts.2:8; Ap.1:5-7)

No debe confundirse segunda venida con traslado de la Iglesia. La segunda venida, tiene que ver con el hecho real en el cual Jesucristo desciende de los cielos a la tierra para reinar.

Juan observa un caballo blanco en el momento en que el cielo fue abierto. Antes apareció otro caballo blanco, al principio del tiempo de la tribulación (Ap.6:2), sin embargo, son diferentes; el primero corresponde al que cabalgaba el Anticristo, el falso Mesías. En esta ocasión es el caballo sobre el que Juan ve sentado a Jesús, el Cristo de Dios.

El color blanco del caballo, representa, no sólo el aspecto victorioso, si no también la santidad de quien cabalga sobre él. El color blanco está asociado en figuras relacionados con Dios y sus cosas. La presencia de ese caballo y de quien lo monta, llama poderosamente la atención de Juan, quien, al trasladar la visión, utiliza un término griego para llamar la atención del lector y que preste esmerado cuidado al relato. Al jinete se la dan distintos nombres, y ninguno agota toda su esencia. Dos de esos nombres aparecen en el versículo, dados antes para referirse al Señor (Ap.1:5; 3:7, 14)

Fiel. El adjetivo fiel designa a quien es constante en sus afectos, en el cumplimiento de sus obligaciones y no defrauda la confianza depositada en él. Es aquel digno de toda confianza, fidedigno. Es el concepto que el apóstol Pablo desarrolla en la Segunda Epístola a los Corintios cuando se afirma la fidelidad de Dios y la vincula al cumplimiento de todas sus promesas en el Hijo de Dios, en quien todas ellas son en Él sí, y en Él Amén (2Cor.1:18-20)

El segundo nombre es el de Verdadero, se trata de un adjetivo, equivalente a veraz, aquel que siempre dice verdad y es, por tnat6o, digno de todo crédito. El sentido semítico de verdadero va más allá de ser veraz, es aqu8el constante y consecuente en el pleno cumplimiento de su oficio. El título denota que el que cabalga el caballo blanco es verdadero en el sentido de genuino, real. Sólo Dios puede cumplir plenamente el concepto de la palabra.

Quiere decir que Jesús es el único Verdadero absoluto, porque no sólo es poseedor de la verdad, sino que es la Verdad encarnada en Él mismo (Jn.14:6). Verdadero equivale a genuino, auténtico. Es el título que corresponde a Dios frente a los ídolos. Mientras que los ídolos son nada en el mundo (1Cor.8:4), Dios es el único verdadero. Los ídolos no pueden dar vida, pero Dios da vida eterna cuando se le conoce, es decir, cuando se entra en contracto vital con Él por medio de la fe (Jn.17:3). Jesús es el Verdadero.

La verdadera luz de Dios vino con Él cuando se hizo hombre y entró en el mundo de los hombres (Jn.1:9). Él es Verdadero, porque es también el verdadero pan de vida (Jn.6:32). Puede llamarse Verdadero porque es la vida que sustenta el fruto correcto para Dios (Jn.15:1). Jesús no solo es la Vedad, sino que t6ambién es el Verdadero Dios, y la vida eterna (1Jn.5:20)

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