PROFECÍA DE APOCALIPSIS (III)

Samuel Pérez Millos

LA SÉPTIMA TROMPETA

“Y se airaron las naciones, y tu ira ha venido, y el tiempo de juzgar a los muertos, y de dar el galardón a tus siervos los profetas, a los santos, y a los que temen tu nombre, a los pequeños y a los grandes, y de destruir a los que destruyen la tierra” (v.18) “Y las naciones se airaron, y vino la ira de ti y el tiempo de los muertos de ser juzgados y de dar el galardón a los siervos de ti los profetas y a los santos y a los que temen el nombre de ti a los pequeños y a los grandes y de destruir a los que destruyen la tierra” (Gr.)

La reacción de las naciones es sorprendente. A pesar de las manifestaciones inequívocas de la acción judicial de Dios sobre ellas, no sólo siguen en la dureza manifestada por la falta de arrepentimiento, sino que se airaron contra Dios. La ira de las naciones se manifestará en la unidad de sus líderes conta Dios, profetizada ya por el salmista: “Se levantarán los reyes de la tierra, y príncipes consultarán unidos contra Jehová y contra su ungido, diciendo: Rompamos sus ligaduras, y echemos de nosotros sus cuerdas” (Sal.2:2-3)

Las naciones llenas de ira procurarán expulsar a Dios del control del mundo e iniciar una andadura al margen de Él. Los hombres en su locura manifestada en ira clavaron en la cruz al Hijo de Dios, y continúan su rebelión que llegará a la culminación en el tiempo que Juan describe, durante el reinado del Anticristo. Sin embargo, nada podrá cambiar el decreto divino (Sal.2:6). El Crucificado reinará (1Cor.15:25). El trono del Cristo de Dios es firme y definitivamente establecido. Nada podrá hacer fracasar lo que Dios había determinado que sucediese (Hech.4:25). Las naciones consultan unidas para impedir que Dios haga su voluntad, pero, frente a esto Él afirma: “he puesto mi Rey sobre Sion, mi santo monte”.

De la misma manera en el tiempo final, anterior al retorno de Jesucristo, la rebelión de antes será mas notoria en un vano y loco empeño de frustrar el propósito determinado por Dios. Los reyes de la tierra no aceptan tener sobre el mundo un gobierno establecido por quien es Rey de reyes y Señor de señores. Todos los imperios habidos en el mundo tuvieron la misma pretensión de frustrar los propósitos divinos, sin darse cuenta, que la historia humana está puesta al servicio de quien la ha determinado: Dios mismo. 

El Cristo de Dios vencerá toda la organizada oposición de las naciones y, en medio de las alabanzas del cielo, tomará su gran poder y reinará. La respuesta de Dios será Su trono puesto en la tierra en el sentido de gobernar por medio de Jesucristo, su Hijo. Las naciones le son dadas y las regirá como Soberano puesto por Dios mismo. La confederación de naciones será destruida por su venida y nunca más volverá a reunirse como tal contra Dios.

El Anticristo y el falso profeta serán lanzados al lago de fuego (Ap.20:10); los ejércitos que lucharon contra Dios serán destruidos Ap.19:21). Por tanto, los que destruían la tierra, serán destruidos, recibiendo en ello la recompensa a su acción. Nadie debe olvidar que Dios no puede ser burlado y que cuanto el hombre siembre, eso mismo segará (Gál.6:7)

 

 

 

 

 

 

 

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