PROFECÍA DE APOCALIPSIS (II)
Sanuel Pérez Millos
LA SÉPTIMA TROMPETA
“Y los veinticuatro ancianos que
estaban sentados delante de Dios en sus tronos, se postraron sobre sus rostros,
y adoraron a Dios” (v.16) “Y los veinticuatro ancianos los delante de Dios que estaban
sentados sobre los tronos de ellos cayeron sobre los rostros de ellos y
adoraron a Dios” (Gr.)
Con una extraordinaria precisión se
hace referencia a los veinticuatro ancianos aparecieron por primera vez en loa
visión celestial descrita al principio de la revelación de las cosas futuras
(Ap.4:10-11). Ya se ha hecho notar que representan a la iglesia glorificada.
Participan de la adoración celestial en otras ocasiones (Ap.5:8-10, 14;
7:11-12; 19:4). Ante la proclamación desde el cielo afirmando que Dios reina,
los ancianos adoran a Dios. La actitud reverente en la adoración se manifiesta
también aquí, al describirlos como postrados, inclinados sobre sus rostros para
adorar.
“Diciendo: Te damos gracias, Señor Dios Todopoderoso, el que eres y que eras y que has de venir, porque has tomado tu gran poder, y has reinado” (v.17) “Damos gracias a ti Señor el Dios el Todopoderoso el que eres y el que eras, porque has tomado el poder de ti el grande y has reinado” (Gr.)
Es una expresión de gratitud porque,
cumpliendo la promesa dada en las profecías, Dios toma el reino del mundo y
establece el suyo. Tres títulos se dan a Dios en la adoración de los veinticuatro
ancianos: Señor, que expresa la condición de Aquel que ejerce el dominio
universal y que es Soberano; Dios, como el Creador y Hacedor de cielos y
tierra; Todopoderoso, el que tiene todo poder en todo, tanto en los
cielos como en la tierra y en todo el universo creado de seres inteligentes,
como de otros tipos de vida y de los que es inanimado; El Eterno,
mediante la expresión El que era y El que es, , literalmente “él era
y él es”, para quien el tiempo no cuenta ni es, es decir, Él que es
atemporal.
La razón o motivo de la adoración es:
“Porque has tomado tu gran poder y has reinado”. En este caso, Dios se
posesiona del reino mediante el ejercicio de su omnipotencia. El poder de Dios
se ha manifestado ya en todos los juicios correspondientes a la tribulación y
finalmente en el posesionarse del reino. La alabanza anticipa la realidad del
reinado de Cristo, con un futuro profético establecido en el pasado. La certeza
absoluta del establecimiento del reino de Dios es tan evidente y cierta, conforme
al propósito de Dios, que se da por hecho lo que aún tendrá lugar, temporalmente
hablando, en el futuro inmediato.
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