UN ESTUDIO SOBRE PROFECÍA BÍBLICA (I)
Dr. Federico TATFORD
EL PLAN DE DIOS
SOBRE LAS EDADES
Cuando se preguntó recientemente al profesor Stewart cuál
sería, en su opinión, el principal énfasis de la predicación religiosa durante
el próximo decenio, replicó sin titubear: “La Escatología”. Muchos teólogos
estarían de acuerdo con esta opinión, sea cual sea su interpretación personal
del asunto.
Desde la asamblea del Concilio Mundial de Iglesias, celebrado
en Evanston en 1955, la teología protestante ha dedicado creciente atención a
este asunto. Sin embargo, como dice el doctor Carl F. H. Henry: “La esperanza
del futuro tiene tal importancia en la vida actual, que aún allí donde la
revelación cristiana es ignorada las gentes sueñan con una nueva era. El cientismo
occidental y el marxismo comunista han descartado los aspectos sobrenaturales
de esta visión. Apoyándose exclusivamente a las fuerzas de la Naturaleza y de
la Historia, han prometido al hombre moderno un paraíso terrenal de prosperidad
material y seguridad. Esta confianza. Esta confianza en las supuestas fuerzas
inmanentes de la Naturaleza y de la Historia o en la habilidad del hombre para
explotarlas, ha venido a ser el fundamento de la esperanza de esta era en
cuanto a la supervivencia y destino de la humanidad. Hay, pues, muchas razones para
tratar de recobrar y proclamar las enseñanzas de la revelación bíblica respecto
a las últimas cosas”.
Esta ha venido a ser más y más esencial a causa de la incertidumbre respecto al futuro del mundo que está turbando las mentes de los hombres hoy día. La posibilidad de una guerra nuclear, el temor de que se inventen nuevos artefactos termo-nucleares, la constante fricción ente los pueblos del mundo, el forcejeo y tensión de las relaciones internacionales, proporcionan un gran incentivo a mirar más allá del presente. Las utópicas esperanzas a que dio lugar el término de la última guerra han quedado ahogadas a su mismo nacimiento. Si esta vida es el fin de todo, el futuro de la humanidad es ciertamente tenebroso. Pero el hombre siente que debe haber una esperanza. La inspiración para el presente no puede radicar en las glorias del pasado, sino en la esperanza del futuro.
Esta esperanza es para muchos cristianos sencillos la vuelta
de su Señor Salvador, y no es de extrañar, como dice el doctor Clovis G.
Chappel: “Puesto que los primitivos cristianos creyeron en el retorno inmediato
y visible de Jesús, no es de admirar que muchos fervorosos y piadosos hombres y
mujeres hayan mantenido esta fe a través de los siglos. Hay quienes lo creen
gozosamente hoy día”. Esta es, ciertamente, la única respuesta a los anhelos
más profundos; la sola réplica a los cuidados y preocupaciones de esta vida
terrena; la eficaz solución a los problemas demasiado grandes para que el hombre
pueda resolverlos, Cristo es la respuesta final a la necesidad humana.
Hacía ya 9 años desde que Agamenón había atacado y destruido
la ciudad de Troya cuando todavía en Argos el centinela se paseaba por el
terrado de su palacio esperando constantemente la señal de una hoguera distante
que indicaría la vuelta del rey. Parecía no haber fin a la larga y pesada
vigilia. ¿Es que el rey no volvería nunca? Pero una noche, una llama de fuego
se inició en la cresta de una distante colina, la señal tan largo tiempo
esperada de la vuelta del rey.
La fatiga quedó desvanecida, los largos días y noches de
espera fueron olvidados, el soldado gritó en un éxtasis de gozo: “Alegraos,
alegraos, saludad a la prometedora llama que rompiendo las tinieblas de la
noche proclama el gozo esperado”. Realmente, la victoria había sido ganada y el
rey estaba de vuelta. El palacio se llenó de gozosa actividad.
Nosotros también esperamos. La vuelta de nuestro Maestro parece haberse demorado tanto, que a veces nuestros corazones se muestran cansados y nuestra esperanza empieza a desvanecerse; cuando no llega la duda a apoderarse del todo de nuestros corazones. ¿Es que Él no volverá nunca? ¿Ha sido su venida pospuesta hasta el cumplimiento de todos los sucesos predichos, o es su vuelta inminente?
No puede haber duda alguna en cuanto a la certeza de su
segunda venida. Pero muchos no ven claro el lugar de este suceso en los planes
divinos. Por consiguiente, no saben si tienen que esperarlo en el próximo
futuro o tiene que ser demorado indefinidamente. Yo espero que las próximas
páginas del plan divino clarificarán y mostrarán los sucesos del plan divino,
confirmando de este modo la base segura que tenemos de nuestra esperanza cristiana.
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