EL ANTICRISTO (5ª parte)

Samuel Pérez Millos

“Y adoraron al dragón que había dado autoridad a la bestia, y adoraron a la bestia, diciendo: ¿Quién como la bestia, y quién podrá luchar contra ella?” (v.4)

“Y adoraron al dragón que había dado la autoridad a la bestia, y adoraron a la bestia diciendo: ¿Quién semejante a la bestia y quién puede luchar contra ella?” (Gr.)

La consecuencia final del impacto producido, por la sanidad de la herida mortal, sobre los habitantes de la tierra es que “adoraron al dragón”, que había dado la autoridad a la bestia. La bestia es la manifestación visible de Satanás en la tierra. Las gentes adorarán a la bestia, pero, por medio de ella estarán adorando al dragón. El apóstol Pablo enseña que cuando los gentiles rinden adoración a un dios, realmente están adorando a los demonios que se ocultan tras los ídolos (1Cor.10:20)

El Anticristo será verdaderamente un ídolo en los tiempos finales a quienes los hombres rendirán culto y adorarán, por tanto, como Satanás está en él y lo ha encumbrado a esa posición perversa, quien recibe adoración por medio de él es Satanás mismo. La maldad humana alcanzará límites insospechados, rindiendo culto, ya no a las criaturas antes que al Creador (Ro.1:25), sino al demonio en lugar de Dios. 

El ministerio impío del Anticristo será conducir a los habitantes de la tierra en la adoración a Satanás. Las gentes seguirán la corriente conforme al príncipe del poder de las tinieblas (Ef.2:2), en una flagrante desobediencia y absoluto desafío a Dios. Se observa que las acciones tanto de Satanás como del Anticristo unidas a las de las gentes toman, cada vez más, un sentido de sabiduría terrenal, animal y diabólica (Stg.3:15).

La consecuencia inmediata en la progresión de la impiedad es que quienes adoran al dragón lo hacen también con la bestia. La expresión de adoración al Anticristo se recoge en una forma interrogativa: “¿Quién como la bestia, y quién podrá luchar con ella?”.

Es la manifestación idolátrica utilizando palabras que sólo corresponden a Dios. Esas palabras de alabanza y reconocimiento dirigidas al Anticristo fueron antes dirigidas a Dios por Moisés: “¿Quién como tú, oh Jehová, entre los dioses? ¿Quién como tú, magnifico en santidad, terrible en maravillosas hazañas, hacedor de prodigios?” (Éx.15:11)

Son el uso impío de las palabras de alabanza a Dios en los salmos: “Todos mis huesos dirán: ¿Quién como tú?”  (Sal.35:10); “Tú has hecho grandes cosas; oh Dios, ¿quién como tú?”  (Sal.71:19); “Oh, Jehová, Dios de los ejércitos, ¿quién como tú? Poderoso eres, Jehová” (Sal.89:8)

La mayor blasfemia se combina aquí al adorar a la bestia como si fuese Dios. Una imitación impía que da al Diablo lo que corresponde a Dios. Satanás consigue presentar al Anticristo a los hombres en dos aspectos: a) como una persona inigualable; b) como una persona invencible. La gente pensará que el Anticristo no podrá ser derrotado y, en contraposición, será capaz de vencer sobre todos y destruir a cualquiera de sus enemigos. Sin embargo, el propósito de Dios se establecerá sobre los planes de Satanás y el pensamiento de los hombres, destruyendo totalmente el sistema establecido y colocando Su reino en el mundo a Jesús.

 

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