EL FUTUR0 ANTICRISTO (II)
Samuel Pérez Millos
2ª parte.
En la descripción de la visión, dice que tenía siete cabezas
y diez cuernos. Es conveniente aquí establecer algunos aspectos generales
que caracterizan al Anticristo, conforme a la enseñanza bíblica. Daniel enseña que
en el final del tiempo habrá un reino procedente del último imperio sobre la
tierra que fue el Imperio Romano, en cuya administración habrá diez reyes (Dn.7:24).
Este versículo establece la
interpretación sobre el último imperio cuya composición no será diez reinos,
sino de un solo reino que tendrá diez reyes, en sentido de personas
que detentan un área de poder en ese reino. A este sistema de gobierno y sus
distintas áreas se las compara con cuernos, que en la Biblia son símbolo de autoridad
y capacidad de gobernar.
El mismo profeta traslada la visión en la que dice: “Mientras
yo contemplaba los cuernos, he aquí que otro cuerno pequeño salía de entre
ellos, y delante de él fueron arrancados tres cuernos de los primeros; y he aquí
que este cuerno tenía ojos como de hombre, y una boca que hablaba grandes cosas”
(Dn.7:8). La identificación del personaje de la profecía de Daniel es la bestia
que Juan dice haber visto subir del mar. Los diez reyes, es decir, el gobierno
total de la manifestación del último imperio sobre el mundo, tiene el mismo
propósito del Anticristo y en un determinado momento entregarán todo el poder,
depositándolo en sus manos (Ap.17:13). El Anticristo se presentará como alguien
admirable, tal como se considerará más adelante (Ap.12:3) y ejercerá el poder
absoluto en el gobierno mundial (Ap.17:13). Se distingue de los demás reyes, a
los que se alude en la profecía, en que se le llama el “octavo rey” (Ap.17:10-11)
Usando una expresión metonímica al tomar rey por reino, siguiendo
el esquema de Juan, los cinco pasados todos ellos relacionados con el pueblo de
Dios fueron el Egipto, el Asirio, el Babilónico, el Medo-persa y el Greco-macedónico.
El actual correspondiente a los tiempos de Juan, era el Romano, por tanto, el octavo
sería el que tenía que venir en el tiempo futuro, que será el reino del
Anticristo.
La Biblia enseña sobre las características de ese gobernante.
Una de ellas será su capacidad de “hablar grandes cosas” (Dn.7:8),
quiere decir que tendrá facilidad de proponer grandezas a los hombres, será
elocuente, brillante y cautivador. Tendrá una personalidad fuerte que lo hará
aparentemente mayor que cualquier otro gobernante (Dn.7:20). Se presentará rodeado
de grandeza personal y de sabiduría (Dn.8:23). Este personaje recibirá un poder
que no procede de él mismo (Dn.8:24). Su actuación causará grandes males,
gobernará arbitrariamente con el estilo propio de un dictador y se dedicará a
la persecución de los santos (Dn.8:24)
Una de las actividades que lo harán destacable es el
establecimiento de un pacto con Israel que quebrantará a la mitad de la última
semana, es decir, tres años y medio después de haberlo establecido (Dn.9:26,
27). Su arrogancia y orgullo personal le encumbrará sobre todos los dioses de
los hombres (Dn.11:36-38), de tal modo llegará su impiedad que se asentará en
el templo de Dios haciéndose adorar como si fuese Dios (2Ts.2:4). El Anticristo
aparecerá en la escena al final de la historia de los gentiles, antes de la
venida de Jesucristo (Dn.8:23)
No aparecerá hasta que comience el “el día del Señor”, por tanto, no se manifestará hasta después del traslado de la Iglesia (2Ts.2:2-4). Este hombre impío está en el propósito y pensamiento de Satanás, sin embargo, no pudo haberlo establecido antes porque, como el apóstol enseña, hay algo “que lo detiene” (2Ts2:6-7). Pablo enseña que el misterio de iniquidad, ya estaba operando cuando él escribía, tratándose del sistema satánico que culminará con la presencia del Anticristo. Alguien está impidiendo, antes y ahora, que ejecute ese programa diabólico. El impedimento está en la esfera espiritual del control diabólico y sus propósitos, por tanto, sólo el poder Dios es capaz de operar como impedimento de lo que Satanás se ha propuesto. Sólo el Espíritu Santo de Dios puede impedir el mal y su ministerio, en ese sentido forma parte de la enseñanza bíblica (Jn.16:7-11; 1 Jn.4:4)
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