CONCEPTO DEL REINO DE DIOS

Samuel Pérez Millos

Es necesario tener un concepto bíblico del significado de “reino de Dios o reino de los cielos”, de ahí que se necesaria hacer unas consideraciones amplias sobre este aspecto que condicionará muchas de las interpretaciones que puedan darse a este tema en el estudio del Apocalipsis. Puede definirse como la esfera de gobierno en el que Dios reina como Soberano y es obedecido voluntariamente (Dn.4:34-35). El reino de Dios ha sido desafiado por Satanás en el pasado, conduciendo a los hombres a la desobediencia y rebeldía contra el Creador (Gén.3). Sin embargo, el control de Dios como Soberano que ejerce el control y autoridad suprema sobre el universo, no ha sido afectada por el pecado (Dn.5:21)

Las Escrituras dan testimonio de un gobierno espiritual de Dios en hombres regenerados, definiendo el reino de Dios como algo espiritual en el tiempo presente (Rom.14:17). El reino de Dios no puede considerarse como una esfera de profesión, sino como una esfera de posición. Al reino de Dios o de los cielos se accede por nuevo nacimiento (Jn.3:5). En la actualidad, el reino tiene que ver con un asunto interno y espiritual; está en el interior (Lc.17:20,21); por esta causa es preciso el nuevo nacimiento (Jn.3:3). Por esta causa la justicia del reino no es externa y ceremonial, sino interna, del corazón.

Tal modo de expresar la justicia debía exceder absolutamente de la ritual y aparente, propia de los religiosos de los tiempos de Cristo (Mt.5:20). El reino tiene un aspecto espiritual en la realidad presente. Jesús vino predicando la proximidad del reino (Mr.1:15; Mt.10:7; Lc.10:1, 9, 11). Esta entrada al reino es obstaculizada por el legalismo de las gentes que tratan de sustituir la esfera de comunión, propia del reino, por la de religión, propia de los hombres (Mt.23:13). Los creyentes están ahora en el reino de Dios (Col.1:13), por tanto, la ética del reino ha de cumplirse ahora en quienes, por nuevo nacimiento, están en esa esfera. El futuro escatológico del reino se anuncia en la Escritura. El reino de Dios o reino de los cielos, tendrá expresión futura en el reino del milenio (Ap.20:3, 4, 5, 6).

Las profecías sobre un futuro reinado de Cristo en la tierra, no dejan lugar a dudas (cf. Sal.2:8,9). No se trata de un gobierno espiritual sobre los hombres, sino de un reinado literal sobre ellos. Isaías enfatiza el carácter terrenal del reino escatológico (Is.11) Otras muchas referencias proféticas lo confirman (cf.Is.42:4; Jer.23:3-6; Dn.2:35-45; Zac.14:1-9). Hay muchos pasajes que afirman que Jesús se sentará sobre el trono de David para gobernar la tierra (2Sam.7:16; Sal.89:20-37; Is.11; Jer.33:19-21). Así fue anunciado por el ángel a María (Lc.1:32-33)

Hay referencias sumamente claras sobre el reinado de Cristo en la tierra (Is.2:1-4; 9:6-7; 11:1-10; 16:5; 24:23; 32:1; 40:1-11; 42:1-4; 52:7-15; 55:4; Dn.2:44; 7:27; Miq.4:1-8; 5:2-5; Zac.9:9; 14:16-17). El milenio culminará en la expresión definitiva del reino de los cielos en la tierra nueva y cielos nuevos que Dios creará al final de los tiempos (2Ped.3:10-13)

Juan hace referencia a la voz del cielo que proclama que el reino del mundo vino a ser el reino de Dios. Como se ha considerado ya, Dios siempre ha reinado sobre grupos de personas que le acatan como Señor (Sal.93:1; 97:1; 99:1). Él reina sobre quienes le obedecen voluntariamente y le reconocen como Rey. Siempre tuvo reino en la tierra en ese sentido (Dn.4:3). Los creyentes de la iglesia, hijos de obediencia, están en el reino de Dios (Col.1:13). En el futuro Dios gobernará reinando sobre la tierra, cuyo Rey será Jesucristo. Ese reino está anunciado reiteradamente en la profecía (Is.32:1-7; 33:17, 33; Ezq.21:26-27; Dn.2:35, 44; 7:14, 26, 27; Miq.4:1-5; Zac.14:8, 9; Lc.1:32-33). El reino en el futuro no está sujeto a ángeles, sino a Cristo (Heb.2:5)

Potencialmente el Señor es el rey que reinará, pero espera el tiempo previsto por Dios para poner a sus enemigos bajo sus pies, en absoluta victoria (Sal.110:1; Heb.10:23). El Rey ha sido determinado en la soberanía divina, expresado en un futuro profético mediante un pasado: “Yo he puesto mi Rey sobre Sion mi monte santo” (Sal.2:6). El enunciado en tiempo pasado: “el reino del mundo ha venido a ser el reino de nuestro Señor y de su Cristo”, es un futuro profético usado para determinar una acción futura en el propósito soberano de Dios, que por decisión divina tendrá un cumplimiento cierto. aquí todavía más, al proclamar que llegó el momento para que lo anunciado proféticamente tenga cumplimiento y el reino de Dios se establezca en la tierra.

La soberanía de Dios cuestionado por influencia diabólica en el mundo y afirmada por Dios, se resolverá definitivamente en el hecho trascendental de la instauración del reino de Dios en la tierra, gobernado su Cristo, designado para ser el Rey. El cuestionamiento que se hizo negando la soberanía de Dios, queda definitivamente cancelado, puesto que quien afirma ser el Soberano, viene a establecer su soberanía en el reino terrenal, tomándolo de quien se opuso a su soberanía desde la caída del hombre. Tal acontecimiento será un motivo de exultante gozo en las regiones celestiales con la proclamación jubilosa de que el reino opositor a la soberanía de Dios ha sido disuelto para pasar a la posesión del Soberano que reinará en la tierra, donde se había asentado el reino del mundo. El gobierno será de Dios y de su Cristo en una unidad inseparable (1Cor.15:27)

Este gobierno trasciende al tiempo y se proyecta ya a la eternidad, estableciéndose sobre la nueva creación o recreación de Dios en donde se perpetuará para siempre (2Ped.3:11-13).

La proclamación celestial no distingue sobre el establecimiento del reino del milenio de Cristo y el reino eterno de Dios. Pablo distingue dos períodos, uno entre la resurrección y exaltación, con el regreso a la tierra y el establecimiento del reino del milenio, y otro cuando entregue el reino a Dios el Padre en plena sujeción de todos a Él (1Cor.15:24-28). Aquí Juan escucha la voz desde el cielo que afirma que el Mesías, el Cristo de Dios, reinará “por los siglos de los siglos”.

El reino mesiánico o del milenio introduce el período del reino de Dios en proyección perpetua en mano del Rey de reyes y Señor de señores, designado para ser Rey por Dios mismo y anunciado de esta manera antes de su nacimiento: “Y ahora, concebirás en tu vientre, y darás a luz un hijo, y llamarás su nombre Jesús. Este será grande, y será llamado Hijo del Altísimo; y el Señor Dios le dará el trono de David su padre; y reinará sobre la casa de Jacob para siempre, y su reino no tendrá fin” (Lc.1:31-33); el Hijo de David sobre la casa de Jacob, y reino eterno sobre toda la creación de Dios. 

 

 

 

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