VARIEDAD DE POESÍAS

 

ANTOLOGÍA POÉTICA

LA CRUZ Y LOS POETAS

Boletín: "Entre Nosotros", España, 1956
Recopilado por Juan Bta. García Serna, Zaragoza, 2026

A Cristo Crucificado

ATRIBUIDO A SAN JUAN DE LA CRUZ

No me mueve, mi Dios, para quererte,
el cielo que me tienes prometido,
ni me mueve el infierno tan temido
para dejar por eso de ofenderte.
Tú me mueves, Señor; muéveme el verte
clavado en una cruz y escarnecido;
Muéveme ver tu cuerpo tan herido;
Muéveme tus afrentas y tu muerte.
Muéveme, al fin, tu amor y en tal manera
que aunque no hubiera cielo, yo te amara
y aunque no hubiera infierno, te temiera.
No me tienes que dar porque te quiera;
Pues aunque lo que espero no esperara,
lo mismo que te quiero te quisiera.

— — —

A Cristo en la Cruz

G. GONZÁLEZ DE ZAVALA

Clavado está mi Dios en el madero
de una cruz tan injusta como impía,
donde viste expirar tu lozanía
con santa mansedumbre de cordero.
Una lanza afrentosa con su acero
dio más pena al dolor de tu agonía;
abriendo en tu costado una sangría
que redimió de culpa al mundo entero.
Yo quisiera, mi Dios omnipotente,
soportar tus espinas en mi frente,
tus llagas en mi carne lacerada
y tu sangrienta herida en mi costado,
con tal de ser mi espíritu bañado
por la luz celestial de tu mirada.

— — —

A Jesús Crucificado

FRAY ARCÁNGEL DE ALARCÓN (1593)

Pues, a cuanto el mundo alaba
Pone fin la sepultura,
Ni quiero bien que no dura,
Ni temo mal que se acaba.
¡Oh qué amor tan sin medida,
que toda su sangre vierte,
por darnos vida en su muerte,
Él mismo Autor de la vida
Si de venenosos dientes
De satánicas serpientes
Te sintieres lastimado,
Ve a Jesús crucificado,
Que en sus milagrosas fuentes
De sangre serás curado.

— — —

A la muerte de Jesús

LOPE DE VEGA (1565-1635)

Muere la vida, y vivo yo sin vida,
ofendiendo la vida de mi muerte,
sangre divina de las venas vierte,
y mi diamante su dureza olvida.
Está la Majestad de Dios tendida
en una dura cruz, y yo de suerte
que soy de sus dolores el más fuerte
y de su cuerpo la mayor herida.
¡Oh duro corazón de mármol frío!
¿Tiene tu Dios abierto el lado izquierdo
y no te vuelves un copioso río?
Morir por él será divino acuerdo,
más eres tú mi vida, Cristo mío,
y como no la tengo, no la pierdo.

— — —

La primera caída

MANUEL MACHADO

No puede más... Vacila... Los divinos
pies destrozan las piedras y matojos.
Y la sangre corriendo, hasta sus ojos,
borra un momento todos los caminos.
En torno, al verlo vacilar, se aterra
la multitud... Oculta el horizonte
espesa niebla. Se estremece el monte
y gimen las entrañas de la tierra.
Cayó. Todo se abate a su caída...
El cielo, al ver su gloria así rendida
a derrumbarse va sobre la agreste
inmensidad vencida y desolada...
Pero Él clava en la altura su mirada
¡y sostiene la bóveda celeste!

— — —

Las Tinieblas

GUTIÉRREZ DE CETINA (¿1520-1557?)

El claro sol sus rayos oscurece;
en el Templo se rompe el claro velo;
hiere una piedra en otra con gran duelo;
la tierra con angustia se estremece.
Desmaya el día; la tiniebla crece;
de tristeza se cubre el ancho cielo.
Reina en todos piedad y desconsuelo
por su Hacedor inmenso que padece.
Aprende, ¡oh pecador! el sentimiento
debido a esta pasión, pues es causado
tal dolor por tu ciego atrevimiento.
Ablanda con llorar tu pecho helado;
mira en la Cruz al Salvador sangriento
que te ha, con su cruz, libertado.

— — —

“Consumado es”

EMILIO ROMERO

El último estertor de la agonía
Nubla del Redentor la frente pura,
Su cabeza se inclina con dulzura,
La muerte ya su corazón enfría.
¡Con eco de tristísima armonía,
El Consumado es su voz murmura,
Y se rompe de horror la roca dura
y el trueno ruge y se oscurece el día!
Huyen por todas partes los soldados,
de su tumba levántense los muertos,
Y la turba con ojos asombrados
Mira del Hombre-Dios los brazos yertos
Por el rigor sobre la cruz clavados,
Por el amor sobre la cruz abiertos.

— — —

A Cristo Crucificado

CARLOS ARAUJO

Impotente es, Jesús, la lengua humana
para expresar en tono merecido
el triunfo que en la tumba has obtenido,
recobrando tu vida soberana.
La muerte contempló su presa, ufana,
más luego vio su reino subvertido,
porque no fue en sus brazos retenido
Aquel de quien la vida todo emana.
Morir en cruz y sojuzgar la muerte,
que fue reina de todos tan temida,
sólo Tú lo pudiste, oh Cristo fuerte.
Su poder ya al creyente no intimida,
porque seguro está de poseerte,
y sabe que en ti tiene eterna vida.

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