MUCHAS PRUEBAS INFALIBLES (VI)
MUCHAS PRUEBAS INFALIBLES
La Evidencia del Cristianismo
Por Arturo T. Pierson
Reedición: Juan Bta. García Serna, Zaragoza/ España, 2026
CAPÍTULO VI
La Verdad Científica de la Palabra de Dios
"El principio de tu palabra, es verdad., Salmo CXIX: 160.
Esto es "desde la primera palabra". El entusiasmo del escritor anónimo de este Salmo no conoce límites ordinarios cuando trata de levantar un monumento a la Palabra de Dios, y es como una sólida columna de mármol esculpida en veintidós facetas, cada una con ocho inscripciones. Según la costumbre de los antiguos acrósticos, cada faceta conviene con una letra del alfabeto hebreo y cada una de sus ocho inscripciones empieza por esa letra, como si todos los recursos del lenguaje se agotaran vanamente al procurar describir las maravillas de las Escrituras. Termina esta vigésima sección declarando que a partir de la primera palabra, cada palabra es verdad. Reasumiendo el argumento del último capítulo, consideremos:
III. La Cosmogonía. Cuán grande es el hecho en favor de la Biblia, de que ni un error, ni un tropiezo, ni un absurdo científico se haya encontrado nunca en ella. ¿Pueden resistir esa prueba los libros sagrados de otras religiones? Aplíquese esta piedra de toque al Corán, al Shasta, al Zendavesta, á las enseñanzas de los más sabios y mejores hombres no inspirados. Compárese á Moisés con Zoroastro y Confucio, Séneca y Sócrates, Platón y Pitágoras, Anaxágoras y Aristóteles, cuando las antiguas religiones ó filosofías tocan el tema bíblico de la creación, abundan en verdaderos absurdos. Póngase el primer capítulo del Génesis junto á la idea india del universo, que podríamos trasladar así:
"Hay nueve mundos y millones de ciclos, este mundo fué formado como una llanura triangular con elevadas colinas y montañas y muchas aguas y en varios pisos y la masa total está sostenida sobre cabezas de elefantes con los rabos hacia fuera, y los pies descansando sobre concha de una inmensa tortuga, y la tortuga sobre una gran serpiente enroscada, y cuando estos elefantes se sacuden, esto hace estremecer á la tierra."
Suponed que la Biblia hubiera cometido errores como los de Platón, quien sostuvo que la tierra es un ser inteligente, ó Keplero, que afirmaba que es un animal vivo, ó los antiguos sabios, que enseñaban que la Vía Láctea era una senda por la cual el sol caminaba á pasear y dejaba ver las señales de sus pasos; ó una cinta de sustancia sólida que unía las dos partes del globo, etc. ¿Qué se diría, si se encontraran en el mismo libro de Moisés, ó de otros, nocturnos, según las cuales, los brutos son seres humanos en formas distintas, hay peces en el mar con cabezas de caballos, el fénix fabuloso era un animal real y los aerolitos que caen de tres estrellas, especialmente Júpiter? ¿Quién preservó el antiquísimo libro sagrado de las supersticiones que corrompieron la astronomía, convirtiéndola en astrología y la química en alquimia? ¿Quién enseñó al escritor del Salmo CIV á componer aquel gran poema sobre las maravillas del mundo creado, no introduciendo sin embargo, ni uno de los errores científicos que estaban á la orden del día, hasta el punto que el mismo Humboldt se vió obligado á confesar "que en un poema lírico de espacio limitado encontramos todo el universo, los cielos y la tierra, bosquejados con unas cuantas pinceladas atrevidas"?
IV. La Filosofía Natural. Los descubrimientos modernos en cuanto á la naturaleza de la luz hacen la descripción de Moisés divinamente grande. El no representa á la luz como un libro tan extravagante á través del espacio, como siendo hecho, sino como "haciéndose aparecer", mandándole que resplandeciera.
En Job XXXVIII: 14, leemos acerca del alba que "así los cabos de la tierra, vuélvese como barro impreso de sello, y preséntanse sus cosas como vestidura". En nuestra colonia se usaban sellos cilíndricos. Según rodaban por el barro blando dejaban una huella de belleza artística. Lo que antes carecía de forma, después aparecía en atrevido relieve como escultura, y del mismo modo al girar la tierra y presentar cada parte de su superficie sucesivamente á la luz y al calor solares, lo que antes era sombrío, oscuro, muerto se descubre y muestra belleza, y el baldío pasa de las tinieblas á primorosamente trabajado en atrevido relieve y brillantes colores. Tomado esto como ciencia ó como poesía ¿dónde en cualquier otro libro de igual antigüedad encontramos esto?
¿Y cuán exquisita es la frase "así los cabos de la tierra". La palabra hebrea envuelve la idea de los rayos de luz curvándose, como los dedos de la mano, para asir, y así cuando los extremos de la tierra. El rayo directo del sol cayendo sobre su superficie viene derecho como una flecha; pero cuando la luz solar llegará á tocar las extremidades de la tierra y la envoltura de la atmósfera hasta ponerse en contacto, y si no fuera por esto, vastas porciones fuera de la línea directa de los rayos del sol estarían oscuras, frías y muertas. ¿Quién enseñó á Job, quizá más de 1.500 años antes de Cristo, á emplear términos que Longfellow ó Tennyson hubieran codiciado para describir la refracción?
Job XXXVIII: 7: ¿Cuando cantaban á una las estrellas de la mañana, se ha considerado siempre como expresión de alto vuelo poético. Y cuando en el Salmo LXV: 8: leemos: "Tú haces alegrar las salidas de la mañana y las tardes," la palabra hebrea traducida alegrar, significa científicamente lanzar un sonido trémolo como la voz en las vibraciones, cantar. La ciencia moderna penetra como un rayo descubridor al través de estas expresiones poéticas y la verdad científica que allí se oculta, ó envuelta en ellas. La luz llega á la vista en ondulaciones ó vibraciones, como el sonido llega al oído. Hay un punto en el que las vibraciones son demasiado rápidas ó delicadas para ser percibidas por nuestro sentido del oído, entonces un órgano más delicado, el ojo, toma nota de ellas, las cuales apelan al nervio óptico en lugar de hacerlo al auditivo, y vemos lo que como sonido. ¿No ha de cantar entonces también la luz? El tono más bajo que podemos oír está formado por 16 1/2 vibraciones de aire por segundo, y el más alto, tan agudo y delgado que nada hay entre él y el silencio, está formado por 38.000 vibraciones por segundo. Entre estos se hallan siete octavas; el Do de la clave de Sol teniendo 229 y vibraciones al segundo, y su octava 517 1/2. Esas vibraciones sonoras no cesan en las 38.000, sino que nuestros órganos no son suficientemente agudos más allá de estos límites. Si nuestros oídos fueran bastante delicados podríamos oír hasta las casi infinitas vibraciones de la luz; y así es literalmente verdad que "las estrellas de la mañana cantan" á una. Nosotros citamos este otro pasaje de los Salmos, que no podíamos entender y no nos atrevíamos á traducir como estaba en el venerable inspirado hebreo, hasta que la ciencia se deslizó hacia la percepción de la verdad que había estado allí durante siglos inteligible, esperando la inteligencia que pudiera percibirla. Y ahora, nos atrevemos á leerla tal como es: "Tú haces cantar, esto es, producir sonido por la vibración, las salidas, ó radiaciones de luz, de la mañana y de la tarde". Si nuestros sentidos fueran más delicados, como los de Dios, podríamos oír las notas separadas de cada estrella en particular. Shakespeare escribió inconsciente verdad, cuando cantó:
"Ni aún el más pequeño orbe que ves hace más que cantar, como un ángel, en su movimiento, haciendo siempre coro al querubín eterno. Esa harmonía está en las almas inmortales; pero mientras esta vestidura terrena de corrupción groseramente la encierra, no podemos oírla."
Las estrellas difieren en gloria y poder, y también en el volumen y altura de sus tonos. En la vida futura nuestros sentidos serán indudablemente menos delicados y refinados, que podremos oír no solamente las notas aisladas, sino la infinita armonía creciente de las miríadas de estrellas del cielo, cuando derraman su poderoso efluvio de himnos armoniosos en los oídos de Dios. Entonces podremos comprender la verdad de este himno: "En el oído de la razón todas las estrellas lanzan una voz gloriosa, diciendo siempre en sus cantos según brillan; la mano que nos hizo es divina".
La música de las esferas no es monótona. Las estrellas se acercan unas á otras produciendo una luz que es inaccesible para los mortales; así la música aumenta, más allá de la facultad humana para resistirla. Retroceden, haciendo una luz tan tenue que la música se desvanece pareciéndose tanto al silencio que sólo los espíritus pueden oírla. No es extraño que Dios se recree en sus obras: El se sienta en medio de una orquesta universal que vierte en su oído un torrente incesante de canto deleitoso. Vive en medio de la música que, para nosotros, gloria inefable, para El música.
Job XXVIII, 25: "Al dar peso al viento (atmósfera ó aliento) y poner las aguas por medida. Si hay algo que parece carecer de peso es el aire, el aliento que se eleva según sale de la boca. Aristóteles y aun Bacon no conocieron que el aire fuese cosa pesada. El descubrimiento de la gravedad del aire estaba reservado para Galileo, el gran astrónomo florentino. Y sin embargo Job, treinta siglos lo menos antes que Galileo, declaró que el aire tiene peso hasta á la atmósfera.
Es peligroso pensar en ajustar las palabras de la Biblia á una exposición positiva de hechos científicos, tan maravillosos son algunas de estas relaciones. Pero es seguramente un hecho llamativo que Salomón usara un lenguaje enteramente de acuerdo con descubrimientos como la evaporación de nuestros borrascosos (1).
Algunos han afirmado resueltamente que la teoría de las tormentas, de Redfield, está aquí claramente establecida. Sin atrevernos á tanto, no podemos menos de preguntar quién enseñó á Salomón á emplear términos que tan fácilmente se acomodan á los hechos, que los movimientos de los vientos, que parecen tan inciertos y ajenos á leyes determinadas, están dirigidos por leyes tan positivas como las que rigen el crecimiento de las plantas; y que, por evaporación, las aguas que caen sobre la tierra, se elevan continuamente otra vez, de modo que el mar nunca se desborda.
V. Consideremos la entomología. Si algún departamento de la ciencia puede considerarse completo en sus investigaciones, es la clasifica de insectos tan completamente que ha encontrado 70.000 variedades sólo de escarabajos. Salomón puede considerarse apenas al nivel moderno, y algunos han querido considerarlo como muy grande para ser admitido en los escritos inspirados, por representar á la hormiga "preparando en el verano su comida, y allegando en el tiempo de la siega su mantenimiento" (1). El hombre de ciencia escéptico afirma que siendo la hormiga un insecto carnívoro no podía acaparar su alimento en el verano, que es la naturaleza de ese alimento impediría que fuera almacenado; y que Salomón incurrió en el mismo error de muchos aficionados, confundiendo el capullo blanco de la crisálida de la hormiga con huevos de hormiga, con granos almacenados como provisiones. Pero, ¿qué es de la inspiración de Salomón? Si se equivoca en la ciencia, puede haberse equivocado en otra cosa. No podemos defenderle en el sentido de que la palabra, hormiga, pudiera verterse de otro modo; pues, la palabra no sólo significa hormiga, como dice el sabio Buxtorf una hormiga que se alimenta de semilla.
Sin embargo, cuando estudiamos las hormigas de Palestina, encontramos entre ellas algunas especies que no sólo cosechan, sino que si sus granos se mojan por las continuas lluvias, para evitar que broten, los sacan á la superficie para secarlos al sol. Aún más, hay ciertos tratamientos que demuestran que la hormiga agricultora, no solamente almacena el grano, sino que prepara el terreno para la siembra, planta la semilla, limpia la tierra de cizaña y recoge la cosecha: de modo que todo lo que Salomón dice de las hormigas de Palestina, para dar ejemplo de previsión y economía, está más que justificado por los hechos. ¡He aquí otro de los "errores, en que no incurrió Salomón"! ¿En qué se convierte la inspiración de los hombres de ciencia que le cargaron de errores? ¡No es extraño que haya luchado más ardientemente la ciencia moderna que por el reino de la ley al través de la creación de Dios? Sin embargo, observad el énfasis marcado por la Biblia en este respecto, aún todo aquello que parece más caprichoso ó incierto está sujeto á un orden fijo.
La lluvia obedece á un decreto y el trueno y el relámpago se producen con sujeción á una ley, y el viento no puede traspasar su límite y el viento vuelve según su circuito. Sir Juan Herschel sentía hasta tal punto la armonía entre los fenómenos de la creación física y la Palabra de Dios, que decía: "todos los descubrimientos humanos parecen realizados solamente con propósito de confirmar con mayor fuerza las verdades que proceden de arriba y están contenidas en los escritos sagrados."
VI. La Biblia se muestra de acuerdo con los descubrimientos modernos en la Fisiología, en la Anatomía Comparada y en la Química. La fisiología no tiene comentario más maravilloso sobre la exclamación de David: "Soy obra augusta y maravillosa,. La ciencia de la anatomía no puede encontrar error alguno en el relato de la crucifixión de nuestro Señor; y un médico que vive fué salvado seguramente de la infidelidad por observar la veracidad inconsciente de los evangelistas en su relato de la crucifixión en cuanto á los hechos anatómicos, entonces completamente desconocidos para la ciencia (1)
El versículo sexto del capítulo doce del Eclesiastes es una poética descripción de la muerte. Semejante á la cuerda de plata describe la médula espinal; al cuenco de oro, la cavidad que contiene los sesos; á la cántaro, la sangre; y á la rueda, el corazón! Sin pretender que Salomón predijo inspirado la circulación de la sangre dos mil seiscientos años antes de que Harvey la anunciara, no es digno de notarse que un pasaje que usa corresponde exactamente al hecho, esto es, una rueda elevando á través de un tubo para descargar en otro?
VII. Veamos la Antropología. La Biblia indiscutiblemente enseña la unidad de la raza humana. ¡No se concilia esto con los descubrimientos de la etnología!
Se ha insistido en que debe de haber habido más de un tronco original del cual ha surgido la raza; que las variedades de color y forma, desarrollo cerebral y tipo físico, no se pueden explicar por el clima y género de vida, que al menos el negro corresponde á otra especie. Algunos, no dispuestos á luchar por la unidad de la raza, y sin embargo queriendo ser leales á la Biblia, adoptan un término medio, que la Biblia da la historia de sólo una de las razas, (aquella de la cual vino la redención), olvidando que si toda la raza no es de una sangre la base de la unidad de la raza en el pecado y la redención. Es injusto decir que la Biblia y la antropología la etnología están en pugna. Primero, porque los hechos científicos no están aún bien establecidos. Los hombres que han estudiado con más ahínco estos asuntos no están de acuerdo. Blumenbach insiste en cinco variedades: Caucasica, Mongólica, Etiópica, Malaya y Americana. Cuvier sólo tres grandes divisiones; Prichard afirma la existencia de siete razas; Lucas Burke, sesenta y tres; Regius dos y el Dr. Pickering, once, que cree se puede reducir á una. Camper insiste en el ángulo facial como base de la división. Cuvier adopta como principio las áreas comprimidas del cráneo cara serrados verticalmente en la línea media. Mientras los hombres de ciencia no convengan en los hechos, ¿qué necesidad tenemos nosotros de abandonar que sus teorías están de acuerdo con la doctrina de la Biblia? Cuando un hecho perfectamente comprobado se vea que es irreconciliable con la religión, entonces y sólo entonces puede haber motivo para alarmarse.
Casi toda esta gritería de hostilidad entre la ciencia y la Palabra de Dios está basada en la ignorancia. Algún ateo piensa que ha encontrado algún nuevo hecho y se apresura á anunciarlo. Lo carga en su cañón y dispara, y espera á ver las trincheras de la fe cristiana temblar y vacilar al embate tremendo de su artillería. Pero, he aquí que la fortaleza sigue en pié ni siquiera hay un agujero ó una brecha en la muralla. Y cuando paramos mientes en ello nos encontramos, que es lo que el gran hombre de ciencia arrojó contra los muros, ¿Algún proyectil sólido, enorme, de verdad indiscutible? No, un simple taco de papel de su propia fantástica teoría, que se quemó con su misma pólvora.
Insistimos en decir que se nos enseña un hecho indudable, revelado por estudios científicos durante dos mil años, que no pueda armonizarse con la Palabra de Dios. No sólo no puede presentarse un conflicto entre los hechos y la doctrina bíblica sobre la unidad de la raza, sino que toda la corriente de la investigación, en tanto que aparece clara y positiva, se dirige á la confirmación de esa unidad. En el hombre encontramos, en todo el mundo, las mismas grandes características físicas: el mismo número de dientes, disposición y estructura; el mismo sistema de circulación y circulación, digestión y secreción; los nervios, las venas y las arterias están dispuestos sobre un mismo tipo. El hombre puede, en todas partes, vivir de toda clase de alimento, en cualquier clima; está sujeto á las mismas enfermedades; se desarrolla lentamente y vive el mismo término medio de vida. El Dr. Prichard arguye en favor de la unidad de la raza el hecho partiendo de la fertilidad de la raza demostrado en su prol.. "La naturaleza aborrece los híbridos, y las variedades producidas en el mundo vegetal ó animal por el cruzamiento de especies, no se propagan con rapidez; y de aquí el hecho que, después de seis mil años, la unión de individuos de diferentes variedades sea pródiga en descendencia, lo cual prueba una especie. El argumentar sobre el curso de todas las variedades existentes de la familia humana, atribuyéndolas á causas secundarias y no encuentra entre diferentes tribus ó naciones líneas fijas de distinción.
El hombre y aún los animales, cuando cambian de clima ó modo de vivir, cambian de color, pelo y forma. El Dr. Carpenter presenta como ejemplo, la raza magiar. Su origen sabe que ha pertenecido al tronco asiático. Hace unos mil años vino del norte helado de Asia al sur ardoroso de Europa, y no sólo han cambiado todos sus hábitos de vida, sino su formación del cráneo del piramidal ó mogólico al elíptico ó caucásico; y á pesar de su estatura y rasgos físicos mejorados, queda bastante de la forma tártara para dar una idea de su origen. Lo mismo ocurre con los lapones y los finlandeses, el Dr. Carpenter dice que aunque proceden del mismo tronco que los magiares se han desarrollado diferencias muy notables. Su sangre, sus costumbres, cráneos y la conformación general, estatura y proporción.
En la India, los persas, los griegos, los tártaros, los turcos y los árabes, todos blancos y sin mezcla con los indios, en unas cuantas generaciones se transforman apareciendo con el color oliva como los mismos del clima, casi tan oscuros como el negro; y los portugueses, en trescientos años de residencia en aquel país, se han teñido de negro como los cafres. El Rev. Juan Campbell observaba que en el origen caminaba del cabo sur hacia el Africa ecuatorial, que el pueblo uniformemente aumentaba en color oscuro; y la colonia de los judíos de la costa de Malabar tan ahora tan negros como los naturales de la costa. Si el clima puede producir cambios tan notables en una dirección, ¿quién es tan sabio que pueda decir los cambios que todas las causas combinadas puedan producir en el curso de miles de años? Von Humboldt, después de hacer constar los argumentos en favor de la diversidad del origen, da su opinión de más poderosas razones favorecen la unidad y asegura que no existe motivo alguno de ciencia superficial ó de prejuicio indebido hacia la Biblia.
Hasta la diversidad de lenguas, que en otro tiempo se creía que favorecía la diversidad del origen, presenta un argumento contra la Palabra de Dios. La nueva ciencia de la filología comparada agrupa estas lenguas en familias, y sigue su curso hasta hallar sus semejanzas hasta llegar á una raíz común; y Klaproth ilustra el parentesco universal de las lenguas con los ladrillos con que está construido Bagdad, los cuales llevan estampada la leyenda uniforme de Nabucodonosor, demostrando que son fragmentos de viejas ciudades asirias. Aun las lenguas modernas exhiben los fragmentos de una lengua primitiva, y así, la filología y la fisiología, la psicología y la etnología, todas dan testimonio de la antigua gran concepción de la Biblia, de que todos los hombres procedieron de una sola pareja original.
En cuanto á la antigüedad del hombre, la ciencia no ha presentado un hecho claramente establecido para demostrar que la raza humana existía en la tierra antes que la cronología aceptada de la Biblia fija la creación del hombre. Muchas de las llamadas pruebas son sencillamente conjeturas absurdas, que saltan á conclusiones y á veces el salto es tan grande que se ha llamado á esa ciencia, "la ciencia del saltamonte" ó del kangarú." Pretende presentar los resultados de una investigación original, aunque como dice Park Godwin, "la originalidad suele exceder á la investigación."
Los hechos que parecen argüir una antigüedad mayor de la raza humana son sencillamente misterios que esperan aún su solución. Por ejemplo, han sido encontrados huesos, cortados y pulimentados en depósitos que parecen haber estado sumergidos en algún tiempo, pero el hombre vivió en la tierra, pero tan delicadamente cortados y pulimentados que en opinión de muchos demuestran la destreza humana ayudada por instrumentos de rara perfección. Sir Carlos Lyell, sin embargo, se atrevió á poner entre los castores de los jardines zoológicos de Londres algunos huesos semejantes á los descubiertos y después de dejarlos algún tiempo, fueron cortados y pulimentados por los castores en forma tan semejante á los otros, que no había lugar á duda de que en ambos casos la acción había sido la misma. Así, en cuanto al hombre, predamitada demostró ser un castor, y las herramientas que arguyeron tan alta civilización, los dientes del castor.
VIII. Hasta ahora no hemos tocado el vasto campo de la Arqueología, en el cual algunas de las cosechas más ricas y sazonadas han sido recogidas en confirmación de la Palabra Divina. Presentamos dos ó tres ejemplos de estos hechos que constantemente se están acumulando, que demuestran que "Dios prende á los sabios en la astucia de ellos, (1). Los escépticos han estado confiados en que, en los descubrimientos dados á luz por los geólogos y paleontólogos, la Palabra de Dios se demostraría que era no más que una fábula inofensiva, pero, he aquí, que nos callamos, las mismas piedras claman en confirmación de ella.
Leemos en la historia antigua que el rey de Babilonia, cuando la destrucción de ésta, fué Belsasar; Nabonidus ó Labinoto, ya que no había hecho prisionero ni muerto, sino que escapó; y después de la toma de la ciudad libró una batalla en las afueras de la capital, y fué derrotado, hecho prisionero y, consiguientemente, convertido en sátrapa bajo el conquistador, viviendo con lujuria y muriendo en paz. Y así los hombres de ciencia escépticos se ríen de la credulidad de las almas sencillas que aceptan por guía la Biblia, aunque ésta afirma que Belsasar fué rey cuando Babilonia cayó, y que murió en la noche de su cautiverio. Pero hace unos veinte años fué extraído de los montones que marcan el casi olvidado sitio de la gran ciudad, un gran cilindro con inscripciones muy extrañas, y de éstas se desprende que Belsasar fué hijo de Nabonidus y regente bajo su padre, y ahora la inconsistencia está explicada. Belsasar fué muerto en Babilonia cuando compartía el trono de su padre. Este, Nabonadius, escapó de la ciudad á la caída de su ciudad, surgiendo de las ruinas de pueblos sepultados un nuevo testimonio de la Palabra.
Así también, en cuanto al diluvio. Ladrillos asirios que pertenecen hoy al Museo egipcio británico, fechados en 600 antes de J. C., y que copian un relato anterior al 1.700 (también antes de J. C.) contienen una descripción pagana del patriarca, declaran que éste fué decretado por Dios á causa de la maldad de los hombres, y refiere el hecho de una gran nave construida, pájaros que salen de ella, un altar levantado, etc.
San Lucas llama á Sergio Paulo, procónsul de Chipre (1). El historiador insistía en que su título verdadero debe de haber sido propretor, ni aún una inexactitud podía tolerarse en el relato del evangelista. Pero últimamente se han encontrado monedas antiguas y una inscripción en Chipre, indicando al representante de Roma que gobernaba Chipre precisamente el nombre del procónsul que Lucas atribuye á Sergio Paulo. Cuanto más progresa la investigación moderna, más afianza la Sagrada Escritura; cada nuevo descubrimiento realizado en los relatos grabados ó esculpidos en los monumentos, añade un nuevo testigo al libro bendito de Dios. Volvemos á decir, una vez más, que la Biblia está de tal modo planeada y escrita que, aun cuando no anuncia nunca claramente los hechos científicos, está siempre ciertamente al momento en que la ciencia los define, demuestra, cuando se la interpreta correctamente, que está siempre á la altura de la ciencia de todos los tiempos.
Con un elevado tono de autoridad papal, un escritor escéptico declara que "cada vez que da la ciencia conduce al género humano mucho más lejos de las esperanzas y los temores vanos del cristianismo hacia la doctrina, más noble y eterna. Sobre lo cual el Doctor Stebbins, que se las da de unitario y abogado de tendencias "liberales", se atreve á dar una negativa rotunda, "Afirmo con el mayor convencimiento, después de cuarenta años de estudio de la ciencia, así como de la teología, con ardor de entusiasta, que no hay un solo descubrimiento ó hecho admitido en la ciencia, que, ni remotamente deba causar sospechas del cristianismo revelado de los evangelios."
La Palabra de Dios no puede ser demolida por el ridículo de sus enemigos. Voltaire puede tener muchos discípulos que siguen su método y tratan de caricaturizar la Palabra de Dios, como pudiera un chisgarabís cualquiera de nuestros días desfigurar la forma de alguna estatua clásica de Apolo. Pero así como la estatua permanece en su perfección ideal cuando se quitan las señales injuriosas, del mismo modo la pura y celestial forma de la Palabra sobrevive á todos los intentos hechos para investida de absurdidad blasfema.
Ni pueden la suposición y la presunción científicas trastornar las seguridades de una revelación divina. Lo que se asevera, no es más verdadero porque se diga en voz alta y con gestos, que intentan meter á golpes en el oyente la convicción. Como Mr. Lincoln aseguraba á Mr. Bates que "no por ser cogida la pata de una oveja, deja la pata de ser pata y el rabo de ser rabo", insistimos en que ni aún la sanción de un gran nombre establece necesariamente la verdad y exactitud de una afirmación. Más de un hombre que, pisando firme en el terreno de la investigación y que merece el mayor crédito en cuanto se limita á los simples resultados de la observación y la experiencia, se pierde completamente en el terreno de la filosofía ó la lógica, y trata de sacar consecuencias de sus investigaciones; sus conclusiones pueden ser tan inexactas é insanas como sus experimentos son cuidadosos y exactos. El hecho es que la investigación y la inducción pertenecen á órdenes distintos de cosas, y no tenemos que aceptar siempre las deducciones aunque sean del investigador más concienzudo.
Los hombres de ciencia no son siempre intelectualmente honrados y sinceros. Con prejuicios favorables á determinado credo científico ó sistema religioso, se convierten en bizcos intelectuales; ven sólo lo que necesitan ver y disponen los hechos y números diestramente del lado de la opinión ó de la noción preconcebida. ¿Qué haremos, pues, de la Biblia? Ella se presenta ante el tribunal de la razón pidiendo un juicio imparcial. Puede ser el mejor de los libros sin que por eso sea el libro de Dios; y, seguramente, no puede ser sencillamente el libro del hombre? Hasta sus aparentes contradicciones cuando se las examina detenidamente revelan una ley más profunda de harmonía, como las dos columnas dóricas que se creyó en otro tiempo que eran verticales y paralelas, pero que se ve hoy que se inclinan y convergen hasta el punto de que se encontrarían si se las prolongase hacia un punto encima de la columna.
El testimonio que la Palabra contiene en sí misma, es lo que Chalmers llamaba "la prueba trasportable"; del cristianismo, como, si esta gran ventaja: si está dentro de la Palabra, se le puede encontrar en ella por todo el que investigue con diligencia. Dicen que la concha entona un canto al mar; podeis probarlo fácilmente, aplicad el oido y escuchad, "Habla la Biblia de su propio origen divino; pues, no teneis más que aplicar el oido y oir; apagad otras voces, (los clamores del prejuicio y la soberbia, el del orgullo y el amor obstinado, la rebeldía de corazón), y oiréis la música de los seres celestes.
Y así debemos nosotros "escudriñar las Escrituras" como hizo el noble pueblo de Berea (1), con presteza de espíritu para encontrar su testimonio oculto; y por consiguiente muchos creyeron. Pero debe ser forteza ó castillo, lo esencial y no lo indiferente que nada revela ni descubre. Recordad la famosa alhaja de las bóvedas verdes de Dresde, esto es, el huevo con su clara de plata, su yema de oro y dentro de la yema una piedra preciosa.
Lo mejor es lo más recóndito, siempre, y aquel cuyas manos no tocan más que la cáscara no encuentra los tesoros que permanecen ocultos para la mirada indiferente de la generalidad, como en las cavidades cristalinas.
Fijémonos en la abeja; vedla posarse en la flor y estar allí, introduciendo su trompa en el corazón del capullo, donde los jugos dulces se encuentran en un vaso más hermoso que el alabastro. La investigación honrada, apasionada, estudiosa de las Escrituras, descansando en las florescencias celestes, la penetración paciente, acompañada de oración, que toca el corazón de la palabra de Dios, constituye nuestra gran necesidad. El que liba la miel no necesita otra prueba que que la copa-flor contiene el néctar. El que ha llenado las celdas sagradas de su memoria y el corazón de los tesoros de la verdad divina, y ha encontrado en ello completo satisfacción y delicia, no necesita otra prueba. Exclama: "¡Cuán dulces son á mi paladar tus palabras más que la miel á mi boca." Salmo CXIX: 103.
Comentarios
Publicar un comentario