LA MUJER EN LA BIBLIA (I)

 

La mujer en la revelación de Dios

Introducción

Prólogo por José Manuel González Campa

En el mes de septiembre de 1999 se cumplían cinco años desde que conocí al Señor Jesucristo, es decir, desde que me hice cristiano. Fue entonces cuando llegaron a mis manos estos estudios del doctor D. José Manuel González Campa sobre “La mujer a la luz de la revelación de Dios”. Fue la primera vez que escuché unos estudios sistemáticos sobre un mismo tema.

Hasta entonces solo había escuchado enseñanzas sobre temas aislados que no me ayudaban a comprender ni a fundamentar correctamente mi fe en el Señor. Tal fue la impresión que me causó la forma de enseñar —partiendo de un inicio y llevándome después, paso a paso, por la Revelación de Dios— que, al mes siguiente, comencé ya a transcribir este estudio hasta el capítulo segundo donde se quedó estancado.

En el año 2004 retomé el trabajo y gracias a la paciencia y a las circunstancias que Dios permitió en mi vida pude concluirlo el 22 de febrero de 2005. Le doy las gracias a Dios por la persona del Dr. Campa, que tanto me ha enseñado en todos los aspectos de mi vida y por su testimonio, el de su mujer y el de sus hijos, que ha sido fundamental para seguir adelante en mi caminar cristiano, con todos mis errores, pero bien guiado por sus sabios consejos, siempre fundamentados en la Palabra de Dios.

Ojalá el Señor bendiga a todos los corazones con este estudio sobre “La Mujer en la revelación de Dios” como hizo con mi corazón.

Oviedo, 22 de febrero de 2005
JCMG

Conoce a José Manuel González Campa

José Manuel González Campa es un dedicado estudioso de la Biblia, comprometido con la difusión de enseñanzas cristianas a través de audios y estudios profundos. Su misión es iluminar el camino de la fe con contenido accesible y enriquecedor, ayudando a los creyentes a fortalecer su relación con Dios.

Licenciado en Medicina y Cirugía. Especialista en Psiquiatría Comunitaria. Psicoterapeuta. Conferenciante de temas científicos, paracientíficos y teológicos, a nivel nacional e internacional. Teólogo y escritor evangélico. Autor de varias publicaciones en el campo científico, sociológico y teológico.

Ha desempeñado diversos cargos de la más alta responsabilidad dentro del campo de la asistencia psiquiátrica y de la Salud Mental en su región natal, Asturias, así como en otras partes de España. Es fundador y presidente de Honor de la Asociación para la Defensa de los Enfermos Psíquicos Asturianos (ADESA). Ha sido profesor de Honor de la Universidad de Oviedo y profesor de Psiquiatría de la Escuela de Asistentes Sociales de Gijón.

Pertenece a distintas sociedades científicas y es socio-fundador de Socidrogalcohol. Por su labor social, científica y humana, se inauguró el centro público denominado “Hospital de día Dr. González Campa” con su nombre, a petición de los ciudadanos de la Cuenca del Nalón, en Asturias. También fue nombrado “Hijo adoptivo de Langreo”, por las mismas razones.

Capítulo 1

Lo masculino y lo femenino como expresión de la "Imago Dei"

GÉNESIS 1: 26-31; 2: 13-24

https://www.bible.com/bible/149/GEN.1.26-31
https://www.bible.com/bible/149/GEN.2.13-24

El papel de la mujer en la Biblia es un asunto controvertido que ha creado muchos problemas, injusticias y malos entendidos dentro y fuera del mundo cristiano. A veces ha conducido al concepto de un Dios machista o ha relegado a la mujer a una función secundaria dentro de las iglesias. No pretendo con este libro establecer ningún dogma. Hace veinticinco años que abordé este asunto y, aunque los fundamentos teológicos son los mismos, la experiencia me lleva a matizar algunas cosas con mayor nitidez.

Hago esta aclaración porque creo que la falta de sinceridad es uno de los motivos por los que surgen problemas en las iglesias. Muchos líderes no son capaces de reconocer que se pueden modificar posturas según el conocimiento que Dios nos va dando. Si uno no rectifica cuando debe, no solo se traiciona a sí mismo, sino también al pueblo de Dios. He tratado de estudiar las Escrituras con honestidad, para que cada lector pueda hacer sus propios estudios y conclusiones, sin convertirlo en un dogma cerrado.

Este primer capítulo lleva por título “Lo masculino y lo femenino como expresión de la Imago Dei”. En los tres primeros capítulos de Génesis está recogido todo el contenido que se desarrolla después en la Escritura. Es casi imposible encontrar un tema que no tenga referencia allí. Nos detendremos en Gn 1:26-31 y Gn 2:13-24, porque este tema nos conducirá a entender cómo debe funcionar una iglesia local y cómo y por quiénes deben ejercerse los ministerios y los servicios.

La pregunta principal es: ¿qué papel debe ocupar la mujer en ese funcionamiento? Lo primero es plantearnos qué quiere decir que “el hombre ha sido hecho a imagen y semejanza de Dios”, o si lo que realmente se quiere expresar es que el ser humano ha sido hecho a imagen de Dios. Cuando hablamos de forma genérica parece claro, pero al trasladarlo a una iglesia formada por hombres y mujeres, ese “hombre” puede entenderse de forma reduccionista, solo como varón, provocando disarmonía.

Es fundamental entender que la mujer es a imagen y semejanza de Dios, y aunque parece evidente, en la práctica no lo es. Algunas personas usan textos bíblicos para afirmar que solo el varón es imagen de Dios. Si tomamos algunos textos de Pablo, lo primero es preguntarnos si Pablo dice realmente lo que decimos que dice. ¿Un hombre con su conocimiento de las Escrituras podía ignorar que la mujer es imagen de Dios? Por eso en el título hablo de lo masculino y lo femenino, porque son términos más exactos para hablar de la imagen de Dios. Entendido así, evitamos contradicciones.

Haré una breve reseña histórica. Graciano, en su Decreto del siglo XII, fuente muy importante del derecho canónico, citando a San Agustín y San Ambrosio decía que la “mujer no ha sido hecha a imagen y semejanza de Dios”, algo que algunos siguen afirmando hoy. Uno de los argumentos para la sumisión histórica es que fue creada de una costilla de Adán. En los textos bíblicos aparece, pero en el original hebreo no existe la palabra costilla.

La traducción de los Setenta usa el término pleura, que significa costado. Con ello se abarca todo un sistema: nervios, piel, arterias, venas, huesos... Desde el punto de vista científico, esa parte corresponde a las tres hojas blastodérmicas que constituyen un embrión. No es una elección al azar. Si comparamos esto con el Salmo 139, se dice lo mismo: la “varona” fue hecha de esas tres hojas que forman un embrión.

Aquí quiero hacer una aclaración sobre las interpretaciones. Podemos hacer una exégesis correcta de los términos, pero eso no asegura que la interpretación posterior sea válida. Hay personas que no han entendido esto. La interpretación depende de más factores además de una exégesis correcta. San Agustín afirmaba: “...pertenece al orden natural esta superioridad del hombre sobre la mujer. Es cuestión de justicia que la razón más débil se someta a la más fuerte”.

Según el Código Canónico de 1917, actualizado por Pío XII en 1950, la condición de la mujer no era la misma que la del varón, aunque Juan Pablo II en 1983 realizó cambios importantes. Siguen existiendo diferencias eclesiásticas fundamentales. ¿De dónde procede esa argumentación? En teoría, de un análisis de la Escritura. Santo Tomás, repitiendo a Aristóteles, decía que “la mujer necesita al varón no solo para engendrar, sino también para gobernar, ya que el varón es más perfecto por su razón y más fuerte por su valor”.

Aunque parezcan cosas del pasado, hay autores contemporáneos que beben de esas fuentes y afirman que la mujer es espiritualmente superior pero intelectualmente inferior. Por eso es importante aclarar si la mujer es imagen de Dios o no. Hago referencia al catolicismo por su peso dentro del cristianismo nominal y su influencia en otras denominaciones. Para los cristianos debería estar claro que el sacerdocio es universal, pero ¿de qué le sirve a una mujer ser sacerdote si no puede ejercerlo?

Hay iglesias donde se dice que solo el varón puede ejercer el sacerdocio porque Jesús era varón. Pero en Jesús, como en cualquier varón, no solo había una parte masculina. También se ponen como ejemplo los doce apóstoles. Sin embargo, una mala exégesis no justifica una buena hermenéutica. Retomemos la pregunta: ¿En qué sentido es el hombre imagen de Dios y cómo se expresa esa imagen? ¿Solo de forma masculina o también femenina?

Para esclarecerlo debemos volver a Génesis 1 y 2, donde encontramos dos relatos de la creación. Para algunos son contradictorios, para mí son complementarios y aclaratorios: el relato Elohista (Cap. 1) y el Yahvista (Cap. 2). El primero comienza diciendo “Dios en el principio...” y la palabra Dios es Elohím, que habla de Dios como totalidad. El segundo habla de Jehová Elohím, en hebreo Yahvé, de ahí Yahvista. En él leemos: “No es bueno que el hombre esté solo, le haré ayuda idónea para él”.

Esta expresión no tiene nada que ver con un bastón en el que apoyarse. Es compleja de traducir, pero podríamos decir “le haré al hombre un enfrente”. Ese “enfrente” significa el otro, aquel con el que se establece comunicación y diálogo. La Biblia enseña que el varón es el enfrente de la mujer y la mujer el enfrente del varón. Que esto se verifique en dos momentos del tiempo no anula el proceso primario gestado en la interioridad de Dios.

Cuando Dios dice “hagamos al hombre...” piensa desde su propia interioridad. Elohím es uno en el que hay varios, sin caer en la Trinidad escolástica tradicional. Ese uno en el que hay varios hace al hombre a su imagen. Es un pensamiento de Dios que luego verifica en el tiempo en momentos diferentes, pero no implica superioridad ni sumisión. Cuando crea al hombre —y cuando habla es cuando es más imagen de Dios, porque Dios es el Verbo— el hombre dice: “Esto es ahora hueso de mis huesos y carne de mi carne y será llamada varona porque del varón fue tomada”.

Es el mismo término hebreo para masculino y femenino de la misma realidad: Is para varón e Isa para varona. En ese momento, antes de la entrada del pecado, forman parte de la misma realidad y son creados a imagen de Dios. ¿Cuál es su nombre? Muchos dirán Adán y Eva, pero si leemos con atención, hay un solo nombre para los dos, una sola persona. No es interpretación mía, la propia Escritura lo aclara más adelante.

En Génesis 5:1 dice: “Este es el libro de las generaciones de Adán, el día en que creó (bara: crear algo nuevo y maravilloso) Dios al hombre, a imagen de Dios lo creó, varón y hembra los creó y los bendijo y llamó el nombre de ellos Adán, un solo nombre”. Antes de llamarse Adán y Eva, se llamaban Adán. ¿Qué significa “hagamos al hombre a nuestra imagen”? Hay que partir de Elohím, uno en el que hay varios, una persona colectiva. Dios crea a semejanza de uno en el que hay varios, y por eso crea varón y varona con un solo nombre, Adán: la humanidad.

Esto lo interpreta Génesis 5 y también Eclesiastés 7:29: “He aquí solamente esto he hallado, que Dios hizo al hombre recto pero ellos buscaron muchas perversiones”. Pasamos del singular al plural. Eran ellos, porque eran dos con un solo nombre. De no haber entrado el pecado, hubiesen mantenido ese único nombre que significa tomado de la tierra: una persona colectiva. En el relato Yahvista, Adán está formado por varón y varona, masculino y femenino de la misma realidad a imagen de Dios. Esto fundamenta la igualdad, no la diferencia.

Continúa: “dejará el hombre a su padre y a su madre y se unirá a su mujer y serán una sola carne”. Según los eruditos, no se refiere a que tendrán un hijo, sino a la palabra basar, que significa “el yo en su expresión corporal”, una sola persona creada a imagen de Dios, varón y varona. Por tanto, ambos son imagen de Dios. En el relato Yahvista no hay argumentos para impedir que la mujer haga determinadas cosas. En el Elohista es aún más evidente que varón y hembra son imagen de Dios.

El relato Elohista dice: “Hagamos al hombre a nuestra imagen conforme a nuestra semejanza y señoreen... Creó Dios al hombre a su imagen, a imagen de Dios lo creó, varón y hembra los creó”. La palabra imagen en hebreo puede traducirse por copia, pero también por sombra, de modo que el hombre sería la sombra de Dios en el mundo. La sombra es proyección. Los Setenta lo traducen al griego por representación, retrato, casi duplicado exacto, término que en el Nuevo Testamento se aplica solo a Cristo. Queda claro que ambos, hombre y mujer, son imagen de Dios.

Es fundamental tener esto claro para entender lo que viene después. Esta interpretación es confirmada por Jesús. Hay quien dice que Pablo no lo ve así, pero en mi opinión hemos hecho decir a Pablo lo que nunca dijo. En el Nuevo Testamento estos argumentos siguen siendo columnas doctrinales. En el relato Yahvista, varón y hembra son imagen de Dios y ambos reciben el mismo poder, antes de la entrada del pecado.

Alguien puede pensar que esas circunstancias cambiaron con el pecado. Pero ¿cambió el pensamiento de Dios o fueron las circunstancias del mundo las que cambiaron? ¿Estamos convirtiendo las consecuencias del pecado en ley o en derecho natural para justificar desigualdades? ¿Es eso lo que enseña Jesús, o más bien lo contrario? En el versículo 28 dice: “Y les bendijo y les dijo, fructificad y multiplicaos, llenad la tierra y sojuzgadla...”. El poder y el señorío se dan a ambos, no solo al varón.

Cuando decimos que el hombre fue puesto como cabeza de la creación, ¿pensamos en el ser humano o en el varón? A ese hombre, varón y hembra, sombra o representación de Dios, llamado Adán, se le entregó un poder en igualdad de condiciones. La entrada del pecado trajo consecuencias, pero no podemos justificar que el varón pretenda una hegemonía que no está en la voluntad de Dios, ni que una parte de la humanidad se enseñoree de la otra.

Otro concepto que reducimos es el de Dios. Solemos pensar solo en el Padre, como si fuese la totalidad de Elohím. Hablar de una dimensión maternal de Dios provoca escándalo, pero no debería. Lo primero que enseña la Escritura es que Dios no es un hombre, no es un antropos. Que se hable de Dios como Padre no excluye que tenga dimensión maternal, aunque no la hayamos visto por nuestra formación paternalista. La Biblia está llena de imágenes maternales de Dios y también de hombres con dimensiones maternales.

Si lo masculino es expresión de Dios y lo femenino también, y si Dios tiene dimensión como Padre, ¿por qué no como Madre? En el Salmo 139:13 dice: “Porque tú formaste mis entrañas, tú me hiciste en el vientre de mi madre... No fue encubierto de ti mi cuerpo, bien que en oculto fui formado y entretejido en lo más profundo de la tierra”. No habla del vientre biológico del salmista, sino del nacimiento genérico del hombre. Cuando habla de embrión usa el mismo término que en Génesis para el costado.

En Job 10 dice: “Tus manos me hicieron y me formaron... Acuérdate que como a barro me diste forma”. Y Job va al origen: “¿No me vaciaste como leche?”. Literalmente “¿no me vertiste como leche?”, figura muy profunda en hebreo sobre el engendrar. Sigue: “¿y como queso me cuajaste?”, imagen de la mórula, cuando óvulo y esperma cuajan formando una bolita. “Me vestiste de piel y carne y me tejiste con huesos y nervios”. Está describiendo el desarrollo del embrión.

Continúa Job: “Vida y misericordia me concediste y tu cuidado guardó mi espíritu”. Creo que Job habla como si Dios fuese madre que lo concibe, y esto expresa una dimensión maternal de Dios. Hay dimensiones paternales y maternales en la Biblia y hay que tenerlas en cuenta. En el Nuevo Testamento también aparece esa dimensión maternal, incluso en Cristo. En Colosenses 1:15-16: “Él es la imagen del Dios invisible, el primogénito de toda la creación, porque en Él fueron creadas todas las cosas... todo fue creado por medio de Él y para Él”.

Entendemos que todo fue creado para Él y por medio de Él, pero también todo fue creado en Él. Es una imagen maternal a la luz de la Biblia. ¿Qué clase de poder es ese dominio que Dios da? Parece algo a devenir, a realizarse en el tiempo. Lo vemos en el Salmo 8 y en Hebreos: “Cuando veo tus cielos, obra de tus dedos, la luna y las estrellas que tú formaste, ¿qué es el hombre para que tengas de él memoria y el hijo del hombre para que lo visites? Le has hecho poco menor que los ángeles, lo coronaste de gloria y de honra, le hiciste señorear sobre las obras de tus manos...”.

Todavía no está todo sujeto, hay un devenir en esa voluntad de Dios. La frase “¿Qué es el hombre para que tengas de él memoria?” según los eruditos debería traducirse como “¿qué es el débil hombre?”. Se emplea una palabra que significa débil, caduco, mortal. Cuando Dios crea al hombre, varón y varona, no eran débiles; la debilidad vino por la caída. Cuando el salmista escribe, contempla al hombre después de la caída, pero mantiene esa visión: el hombre, en su expresión masculina y femenina, debe señorear la tierra. Esto se traslada de forma prototípica a Cristo, como interpreta Hebreos.

Recapitulando, añado la visión de Karl Barth sobre Génesis 1:27: “Y creó Dios al hombre a su imagen, a imagen de Dios lo creó, varón y hembra los creó”. Barth decía que veía a la humanidad creada a imagen de Dios como bisexual, y eso es lo que dice la Escritura. El varón y la varona constituyen al hombre. El hombre tiene una dimensión bisexual, que es la proyección de Dios en el mundo. Por tanto, los argumentos que dicen que solo el varón es imagen de Dios carecen de consistencia.

Respecto al Nuevo Testamento, o hay contradicciones, o errores introducidos, o copistas que alteraron textos, o el sentido no es el que interpretamos. Los argumentos teológicos básicos son los de Génesis y por eso este capítulo se titula “Lo masculino y lo femenino como expresión de la Imago Dei”. Si tenemos esto claro, podremos analizar lo que viene después: ¿Qué pasó con ese hombre creado a imagen de Dios? ¿Cómo se desestructuró y cómo cambió la relación hombre-mujer? ¿Ha habido una reestructuración? ¿Cuándo se produjo? ¿Es solo para la vida futura o también tiene sentido para ahora?

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