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CAPÍTULO II - LA FAMILIA - COMPLETO
Por tanto, dejará el hombre a su padre y a su madre, y se unirá a su mujer, y serán una sola carne. Gn.2, 24
LA FAMILIA, INSTITUCIÓN Y ALIENACIÓN
Existe en la Palabra de Dios un texto que es fundamental para la higiene mental, y aun para la biológica, de las familias. El sentido esencial del texto lo hemos descubierto, por vía científica, todos los que tenemos trato o relación con problemas familiares, provengan o no de medios creyentes. El psicoanálisis, con toda su capacidad para profundizar en el estudio de la esfera de la intimidad y en el entorno psico-social que la condiciona, no ha descubierto nada que vaya más allá de ese texto; sin embargo, su mérito consiste en que lo ha puesto de relieve y creo que en cierto sentido debiera de constituir un sentimiento de vergüenza para los cristianos que un hombre, que no era creyente, Sigmund Freud pusiese de manifiesto lo que nosotros teníamos que haber clarificado mucho antes.
Dejará el hombre a su padre y a su madre (Génesis 2:24). Este es el texto. El incumplimiento de esta norma puede suponer la causa principal de las crisis matrimoniales hasta en el 90 por cien de los casos. A Abraham le costó mucho aprender esta lección y, como consecuencia, no es que los planes de Dios se frustrasen, pero sí que se retrasaron los medios de actuación que Dios quería poner en marcha.
Dejar al padre y a la madre no significa abandonarles; no se trata de desvincularse afectivamente de ellos; significa tener conciencia de que, fundamentalmente, mi familia es mi esposa y mis hijos como verdad esencial a devenir en la práctica concreta.
La familia también se ha cuestionado desde otros puntos de vista científicos. La investigación de una enfermedad mental, llamada esquizofrenia (Laing-Cooper, etc.) por parte de los movimientos antipsiquiátricos, ha puesto de manifiesto que la raíz de ese enfermar puede estar en el seno de la familia.
Desde puntos de vista políticos, la familia también se cuestiona. Algunos movimientos político-filosóficos, como el marxismo, inciden en este sentido. El análisis dialéctico de la historia, al estudiar la familia-institución, ha puesto de manifiesto unas verdades que nos parecen incontrovertibles. Muchas veces, los padres proyectan y reproducen sobre los hijos unos condicionamientos propios de los estados, especialmente autoritarios.
Lo que estamos considerando es algo muy serio, pero ¿sabemos que la familia como institución no sólo ha sido cuestionada por los jóvenes, por la ciencia, por los políticos, sino también por la misma Palabra de Dios? Esto es, Jesucristo mismo CUESTIONÓ, radicalmente, esta clase de familias. Los enemigos del hombre -dijo- serán los de su casa. Evidentemente, no era éste el propósito, genuino, de Dios al crear la familia.
Todos los cuestionamientos, críticos, sobre la familia mantienen un punto fundamental de coincidencia, y es éste: la familia tiene una finalidad fundamental: el desarrollo de la personalidad en todas sus dimensiones. Cuando la familia no favorece este desarrollo, debe ser cuestionada.
La primera vez que en el libro del Génesis se menciona a la familia es en relación con los hijos de Jafet; en el capítulo 10:5 leemos: De éstos se poblaron las costas, cada cual según su LENGUA, conforme a sus familias en sus naciones. Como vemos, la primera vez que se menciona a la familia se la menciona en relación a las naciones con el resto de las familias y con el lenguaje que es un medio de comunicación por excelencia.
Mas Jehová Dios llamó al hombre, y le dijo: ¿Dónde estás tú? INDIVIDUO Y FAMILIA A LA LUZ DEL GÉNESIS Gn.3, 9
Hay dos formas de abordar el estudio del concepto de persona en la Biblia. Una es buscar el concepto de persona individual y la otra, el de persona colectiva. Este último concepto es el fundamental y nos presenta a la persona en una perspectiva dinámica, la cual depende de una relación social del uno con el otro.
Pero es necesario ir más allá para poder profundizar en el problema de la familia. Por encima de ese concepto de persona y del concepto de individuo y de individualismo, el concepto fundamental y bíblico de persona es eminentemente COLECTIVO y nace de la propia esencia de lo que Dios es, como persona. El individualismo como doctrina o como filosofía, no constituye la voluntad de Dios para el hombre. Un individuo, según la Escritura, no es igual a una persona; al menos, como diría Jesucristo, en el principio no fue así.
Dios dijo: Hagamos al hombre a nuestra imagen, conforme a nuestra semejanza, y añade la Escritura: Y creó Dios al hombre a su imagen, a imagen de Dios lo creó; varón y hembra los creó. Es de notar que la Escritura no dice hombre y mujer, sino varón y hembra. Está claro que en el principio el hombre era una persona colectiva: el varón y la hembra, el masculino y el femenino, el varón y la varona (Génesis 2) eran en el principio el hombre que Dios creó.
Cuando leemos en Génesis: Hagamos al hombre, prácticamente podríamos traducir, sin pecar de infidelidad al texto bíblico, que Dios estaba diciendo: Hagamos a la familia.
¿Con qué finalidad Dios creó al hombre como una persona colectiva? Por una parte, para conseguir la prosecución de la raza, de acuerdo con el tópico, tantas veces repetido, de creced y multiplicaos (Génesis 1). Pero también por algo más trascendente que hoy nos interesa de manera particular, cual es el fin de que la familia sea un medio de comunicación, por excelencia, al servicio de la realización de las personas. Cuando leemos en Génesis: No es bueno que el hombre esté solo, no debemos entender que Dios creó a la mujer como un remedio para paliar una situación de frustración en la que podía haberse encontrado el varón.
La finalidad de la creación de la familia es favorecer, por encima de todo, el proceso de comunicación de los individuos. Cuando en una familia se rompe la comunicación entre el marido y la mujer, entre los hijos y los padres, entre los padres y los hijos, esa familia está enferma.
Esta familia creada así por Dios, no institucionalizada, no jerarquizada de una manera rígida, no llevando a una ultranza reaccionaria lo de que el marido es cabeza de la mujer, es el medio más adecuado para la realización de cualquier ser humano.
Mujer virtuosa, ¿quién la hallará? Porque su estima sobrepasa largamente a la de las piedras preciosas. Pr. 31, 10 MUJER Y FEMINISMO EN LA BIBLIA
Después de la poligamia, ya descrita en el libro de Génesis, si damos un salto exegético y pasamos al libro de Deuteronomio, nos encontramos con el problema del divorcio, prácticamente institucionalizado. Dios lo permitió, pero al principio no fue así, y Dios no se manifiesta de acuerdo con esta situación.
Al final del Antiguo Testamento y después de toda esta panorámica de ensayos que hemos venido considerando, encontramos un precioso mensaje del Profeta Malaquías en el que se vuelve al principio, a lo que Dios instituyó: Mas diréis: ¿Por qué? Porque Jehová ha atestiguado entre ti y la mujer de tu juventud, contra la cual has sido desleal, siendo ella tu compañera, y la mujer de tu pacto (Malaquías 2:14).
Si alguien preguntara en qué sentido tienen que ser uno, habría que responder que, prácticamente, en todo; es decir, que el hombre y la mujer, en este sentido que estamos tratando, son paritarios e iguales. En Mateo 19:4 se dice: ¿Es lícito al hombre repudiar a su mujer por cualquier causa? El, respondiendo, les dijo: ¿No habéis leído que el que los hizo al principio, varón y hembra los hizo?
Si hay alguna referencia para hablar, de la igualdad del hombre y de la mujer en cuanto a relaciones en la esfera de la intimidad, se encuentra en 1ª Corintios 7:4 La mujer no tiene potestad sobre su propio cuerpo, sino el marido; ni tampoco tiene el marido potestad sobre su propio cuerpo, sino la mujer. No os neguéis el uno al otro, a no ser por algún tiempo de mutuo consentimiento, para ocuparos sosegadamente en la oración.
Pero todavía hay más: la igualdad ante la educación de los hijos. ¿Quién tiene que educar a los hijos? Probablemente si hiciésemos encuesta en medios cristianos, la respuesta mayoritaria sería que, fundamentalmente, son los hombres, los padres, los que tienen que educar a los hijos; y que así mismo son los únicos responsables para traer dinero a su casa. No obstante, estos conceptos son ajenos al sentir bíblico.
La mujer virtuosa, de Proverbios 31, no es una señora que realiza la limpieza de su casa y después se siente a hacer ganchillo. La mujer de Proverbios es una mujer que trabaja, que da comida a sus hijos, que trae dinero a su hogar, que tiene negocios, que actúa, que es dinámica.
La familia cristiana tiene que ser algo distinto; para ello es necesario que Dios esté en el centro de nuestra vida como familia.
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