LIBRO DE JOB (VII)


CAPÍTULO 7

Continuaremos nuestras consideraciones sobre Job, donde las dejamos en el capítulo siete. Analizaremos, pues, la perícopa de Job 6: 14-30.

“El atribulado (abatido- heb; enfermo-Schökel) es consolado por su compañero (heb- amigo); Aún aquel que abandona el temor del Omnipotente. Pero mis hermanos me traicionaron como un torrente; Pasan como corrientes impetuosas, que están escondidas por la helada (heb- hielo), Y encubiertas por la nieve; Que al tiempo del calor son deshechas, Y al calentarse, desaparecen de su lugar; Se apartan de la senda de su rumbo, van menguando, y se pierden. Miraron los caminantes de Temán, los caminantes de Sabá (Sebá) esperaron en ellas; pero fueron avergonzados por su esperanza; Porque vinieron hasta ellas, y se hallaron confusos (Lit- quedaron decepcionados). Ahora ciertamente como ellas sois vosotros; Pues habéis visto el tormento, y teméis. Os he dicho yo: ¿Traedme, y pagad por mi vuestra hacienda (heb- sobornad a mi favor); Libradme de la mano del opresor, Y redimidme del poder de los violentos? (heb- poder tiránico). Enseñadme, y yo callaré; Hacedme entender en que he errado. ¡Cuán eficaces (heb- dolorosas) son las palabras rectas! Pero ¿qué reprende la censura vuestra? (Schökel- ¿Qué prueban vuestras pruebas?). ¿Pensáis censurar palabras, Y los discursos de un desesperado, que son como el viento? También os arrojáis sobre el huérfano, y caváis un hoyo para vuestro amigo. Ahora, pues, si queréis, miradme, Y ved si digo mentira delante de vosotros. Volved ahora, y no haya iniquidad; Volved aún a considerar mi justicia en esto (lit- Sigamos, por favor, pero sin maldad; sigamos que está en juego mi inocencia). ¿Hay iniquidad en mi lengua? ¿Acaso no puede mi paladar discernir las cosas inicuas?

Job define su situación como la de un enfermo que padece, estructuralmente, en las tres dimensiones de su ser: cuerpo, alma y espíritu. Se encuentra abatido, atribulado y su tristeza le lleva a considerar la falta de empatía solidaria de sus amigos. El entiende la amistad como aquella dimensión psicoafectiva que permite la comunicación más profunda entre dos seres. Jesús de Nazaret, respecto de la amistad dijo: “Nadie tiene mayor amor (gr- agape) que este, que uno (gr- alguien) ponga su vida por sus amigos”. Job no demanda de sus amigos una amistad tan vinculante y trascendente, pero si una amistad empática. Sus amigos no tienen una visión de la realidad, y de su realidad, como la de él. No les pide tanto, solo se lamenta de que no sean capaces de ponerse en su lugar y darle un apoyo misericordioso; le contesta a Elifaz que cuando se trata de la amistad entre creyentes, aún en el caso de que el amigo abandone el temor de Dios deben de permanecer a su lado, no tanto para juzgarle cuanto para intentar comprenderle y manifestarle todo su afecto. Job les pone un ejemplo paradigmático de como está percibiendo la actitud que sus amigos, por boca de Elifaz: sus hermanos (trasciende el termino amigos), le han traicionado. ¡Qué verdad tan triste en el devenir existencial de un ser humano! A la luz de esta realidad se puede comprender mejor aquella expresión del apóstol Pablo escribiendo a los Gálatas: “De aquí en adelante nadie me cause molestias; porque yo traigo en mi cuerpo las marcas del Señor Jesús”. Solo aquellos que sufren, o han sufrido, pueden entender el dolor existencial agonizante. El recurso terapéutico para el amigo/hermano que padece es aquel que se expresa en Romanos 12:15, “llorad con los que lloran”. ¡Qué grande es el corazón de Dios y que mezquino el de los hombres! El afecto y el amor de los amigos del patriarca se ha congelado. Sus corazones fríos ya no trasmiten empatía, consuelo y esperanza al que está sufriendo integralmente en todo su ser. Job compara la actitud de sus amigos con lo que sucedía en el desierto de Arabia, cuando las caravanas de mercaderes iban desde la ciudad de Temán, en el norte del desierto, a la ciudad de Sabá en el sur, o viceversa; llegaba un momento en que necesitaban agua o la vida de los caminantes podía correr un peligro de muerte. Este desierto estaba atravesado por corrientes impetuosas de aguas que descendían de las montañas. Estas corrientes eran subterráneas y en los meses más fríos del año estaban cubiertas por el hielo y la nieve. Llegado las épocas del calor las corrientes se iban secando poco a poco, de manera que cuando las caravanas llegaban a algún oasis, el pozo estaba seco. El curso de estos arroyos es un ejemplo del devenir existencial de un ser. La amistad si es cubierta por el hielo y la nieve aboca a una situación de sequía que solo deja confusión y tristeza. Cuando el amor se trasforma en congelación afectiva lleva un mensaje agónico al corazón que sediento y fatigado espera, anhelante, el agua de la vida.

Por otro lado, Job no pide nada a sus amigos, su amistad no es interesada. Los ama y espera una contrapartida que no llega. Reconoce que no lo sabe todo y argumenta: “Enseñadme y yo callaré; Hacedme entender en qué he errado”. Job admite que las palabras rectas pueden ser eficaces (heb- dolorosas). Pero se vuelve a sus interlocutores y les dice: “¿Qué reprende la censura vuestra? (Lit- heb= ¿Qué prueban vuestras pruebas?, según la traducción de L. A. Schökel). El texto bíblico añade: “¿Pensáis censurar palabras, y los discursos de un desesperado, que son como el viento?” En definitiva, Job les argumenta: ¿Queréis reducir mi drama a una impresentable y inhumana cuestión semántica? Job supera a Elifaz dialécticamente, y les acusa de aprovecharse de su orfandad y impotencia para auto clarificar, etiopatogénicamente, su estado. Finalmente les dice: “Volved aún a considerar mi justicia en esto” (una mejor traducción de los manuscritos más antiguos reza así: Sigamos, por favor, pero sin maldad; sigamos, que está en juego mi inocencia). En el próximo capítulo veremos como Job continúa argumentando su defensa.

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