LIBRO DE JOB (IV)
CAPÍTULO 4
En el capítulo cinco del libro de Job, siguen las argumentaciones de Elifaz con la intencionalidad de inducir a Job hacia una reflexión más profunda para que comprenda el error de su enfoque en cuanto le está sucediendo. El texto dice así: Ahora, pues, da voces; ¿ha habrá quien te responda? ¿Y a cuál de los santos te volverás? (Lit.= ¿a qué ángel recurrirás? Es cierto que al necio lo mata la ira, Y al codicioso lo consume la envidia (Ex. 20:17). Yo he visto al necio que echaba raíces (Heb.= vi al necio echando raíces. Sal. 14:1). Y en la misma hora maldije su habitación (lit.= Y al momento se secó su dehesa- L. A. Schökel). Sus hijos estarán lejos de la seguridad; en la puerta serán quebrantados (lit. = aplastados), y no habrá quien los libre. Su mies comerán los hambrientos, y la sacaran de entre los espinos, y los sedientos beberán su hacienda. En toda la Biblia se habla de la prosperidad de los impíos; Elifaz ya recoge, en su confrontación dialéctica con su amigo Job, esta realidad; no obstante, no discierne bien entre la plasmación de la misma en su realidad inmanente y en su proyección trascendente. La teoría de la Retribución no se puede implementar como una explicación del devenir existencial de los seres humanos: la Historia es un fiel testigo de que han existido, existen y existirán necios (a la luz del Salmo 14:1 locos según Juan Valdés, en hebreo nābāl) que les ha ido bastante bien en esta vida, gozando de todo tipo de privilegios y, por el contrario, a santos (creyentes) que les ha ido muy mal. El ejemplo de estos vituperios lo tenemos muy bien explicitado en Heb. 11: 4-39; en los versos del 4 al 35 se nos habla de las bendiciones y galardones que tuvieron aquellos/as que mantuvieron una fe en las promesas de Dios, luego en los versos 35bis-39 se nos describe lo que sufrieron otros creyentes: “más otros fueron atormentados, no aceptando el rescate, a fin de obtener mejor resurrección. Otros experimentaron vituperios y azotes, y a más de esto prisiones y cárceles. Fueron apedreados, aserrados, puestos a prueba, muertos a filo de espada; anduvieron de acá para allá cubiertos de pieles de ovejas y de cabras, pobres, angustiados, maltratados; de los cuales el mundo no era digno; errando por los desiertos, por los montes, por las cuevas y por las cavernas de la tierra. Y todos estos, aunque alcanzaron buen testimonio mediante la fe, no recibieron lo prometido”.
A continuación, Elifaz realiza un estudio antropológico en cuanto a la génesis de la angustia, y dice: Porque la aflicción no sale del polvo, ni la molestia (heb.= desdicha) brota de la tierra. Pero como las chispas (heb. literal= los hijos de la llama) se levantan para volar por el aire, así el hombre nace para la aflicción (Lit.= es el hombre quién la aflicción engendra. B de J). Elifaz entiende que su amigo Job está buscando la causa de sus aflicciones. Desde el punto de vista psico-dinámico, Job intenta un sondaje psicoanalítico, en la esfera de su intimidad, a fin de encontrar la razón de sus padecimientos. La etiopatogenia de sus alteraciones somáticas y psico-emocionales no la busca en su intimidad psicosomática, más bien la atribuye a una influencia peristática influencia que atribuye a la Soberana actuación de Dios.
La ontogénesis de la angustia nos lleva al capítulo tres del libro de Génesis. La entrada del pecado en el hombre (desestructuración amartica en la primera pareja (mujer/varón) se explicita de la siguiente manera: “Y vio la mujer que el árbol era bueno para comer, y era agradable a los ojos, y árbol codiciable (heb.= deseado) para alcanzar la sabiduría (LX= saber meditar, reflexionar); y tomó de su fruto, y comió; y dio a su marido, el cual comió así como ella. Entonces fueron abiertos los ojos de ambos, y conocieron (lit= tomaron conciencia de) que estaban desnudos; entonces cosieron hojas de higuera, y se hicieron delantales (heb= ceñirse uno mismo; la traducción de la Biblia inglesa de “Breeches traduce calzones). Y oyeron la voz de YHWH Dios que se paseaba en el huerto, al aire (heb= ruah) del día; y el hombre y su mujer se escondieron de la presencia de YHWH Dios entre los árboles del huerto. Mas YHWH Dios llamó al hombre, y le dijo: ¿Dónde estás tú? Y él respondió: Oí tu voz en el huerto, y tuve miedo (primer miedo en la historia psicopatológica y psicoemocional de los seres humanos), porque estaba desnudo; y me escondí (heb=y temi)”.
El estudio sobre la angustia ha ocupado a las mentes mas preclaras en la historia de la psicología y psiquiatría. La angustia es el núcleo central a partir del cual se elaboran o gestan todos los trastornos mentales. El psicoanálisis es, en mi criterio, la disciplina científica que más nos aporta al respecto. Sigmund Freud y sus discípulos más destacados C. G. Jung, Alfred Adler, y otros/as aportaron mucha luz al conocimiento de la esfera de nuestra intimidad y por consiguiente al esclarecimiento de la génesis de la angustia. Ahora, bien, la angustia genera los diferentes miedos o fobias. Conviene resaltar que la angustia es, siempre, angustia de muerte. No obstante, no han sido los psicólogos los que han aportado los trabajos más profundos sobre el problema de la angustia, sino dos personajes de relieve universal, dos filósofos que han profundizado, como nadie, en la ontogénesis de la misma. Dos hombres que no fueron reconocidos, en su tiempo, como se debía; un nórdico llamado Sören Kierkegaard y un vasco llamado Miguel de Unamuno. El primero en su obra Concepto de la angustia, estudia este trastorno psicoemocional partiendo, fundamentalmente, del relato bíblico en el capítulo tres del libro del Génesis. La profundidad de su estudio, hasta el día de hoy, jamás ha sido superada. Sören Kierkegaard, fue el fundador del Existencialismo, escuela humanístico-filosófica, que trata del devenir de los seres humanos y de su relación con la Trascendencia. Miguel de Unamuno, Rector que fue de la Universidad de Salamanca, admiraba a Sören, seguía sus obras y su pensamiento. Estudió Danés para poder leer a el nórdico en su lengua original. D. Miguel en su obra El sentimiento trágico de la vida, presenta aspectos de la existencia que también trata en La agonía del cristianismo. Su magistral obra no ha sido superada, y en ella deja muy claro que la angustia existencial de los seres humanos no puede ser superada cuando el hombre prescinde de Dios. En su obra proyecta su propia agonía y su conflicto existencial y su vivenciación en la inmanencia y en la trascendencia. Ante esta tragedia existencial, Elifaz recomienda a su amigo Job: Ciertamente yo buscaría (Reina Valera actualizada, traduce “apelaría” y la B de J “recurriría”) a Dios, y encomendaría a él mi causa.
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