LIBRO DIGITAL (I)


El Comunismo Bíblico

José Manuel González Campa

Reedición

Juan Bta. García Serna

Zaragoza / España, 2026


Prólogo
¿Existe un comunismo bíblico? ¿Hay en la Sagrada Escritura una concepción comunista de la existencia? Comunitaria sí; pero ¿comunitaria y comunista?

Aunque gramaticalmente parezcan conceptos afines, y de hecho lo son, en la mentalidad del pueblo interviene una muralla china de separación. Y en el protagonismo histórico, también. De muy poco vale decir que el comunismo, como teoría social, aparece en el siglo IV antes de Jesucristo, en obras de filósofos griegos encuadrados en el grupo de los cínicos tales como Antístenes y Diógenes, y en la “República” de Platón más tarde. Tampoco cuentan los grandes teóricos del siglo XIX, quienes proponían reformas sociales inspirándose en ideas comunistas, como hicieron Owen en Gran Bretaña, Saint-Simón en Francia, etc.

Para el ideólogo recalcitrante y para el elemento público poco dado a investigar la etimología de los conceptos, el comunismo tiene un cerebro generador, Carlos Marx; y un brazo ejecutor, Lenin. Por eso asusta tanto el sustantivo “comunismo”. Por eso engendra miedo el adjetivo “comunista”. Porque la mente asocia el fantasma de Carlos Marx mojando la pluma en sus largas barbas húmedas y arremetiendo contra todo lo privado, hasta con el alma que llevamos pegada al cuerpo. Y en los delirios aclaratorios aparecen los espectros de Lenin y de Stalin mandando degollar enemigos políticos en las cárceles de Siberia.

Y no es así. El comunismo, como sistema de organización social que combate la acumulación egoísta y usurera del capital; que propugna la distribución igualitaria de los bienes de consumo; que busca equiparar el bienestar material de los pueblos, de las familias y de los individuos, está presente en la Biblia desde sus primeras páginas. No es preciso recurrir a la experiencia interna de la primera comunidad cristiana de la que habla el libro de los Hechos, como si éste fuera ejemplo único.

El proceder de estos cristianos tuvo precedentes y una especie de estímulo en los profetas del Viejo Testamento, quienes dejaron bien marcada la preocupación social de Jehová por todos los pobres de la tierra.

De este tipo de comunismo bíblico trata el Doctor Campa en las páginas que siguen. Su ideario, apiñado y denso, queda expuesto en cuatro capítulos que tratan del individuo, la familia, la comunidad y la voluntad integradora del Evangelio de Jesucristo.

¡Qué riguroso, qué severo, qué implacable este psiquiatra asturiano! ¡Cómo hurga en nuestras heridas, cómo rebaja nuestro orgullo, cómo pone al descubierto nuestros egoísmos humanos y nuestra pequeñez, casi nuestra miseria cristiana!

¿Hay algo que requiera más atención comunista, es decir, más preocupación social que ese bloque humano en el que incluye la unidad y la cifra, la parte y el todo? Por si acaso nos falla la memoria, golpea nuestra mente con las imposiciones del Evangelio. No deja escape alguno a la conciencia.

Porque ni siquiera podemos mandarlo a sus zapatos. José Manuel González Campa no dice en este libro todo lo que sabe, pero sabe muy bien lo que dice. Posee una preparación científica que le permite ahondar en el interior del hombre, en partes ocultas del ser que los profanos ni siquiera intuimos. A su ciencia de saber humano, añade ciencia de saber divino. ¡Con qué maestría, con qué ortodoxia traza la palabra de verdad y expone la verdad de la Palabra! Es uno de los grandes teólogos laicos del protestantismo europeo.

¿Anda en los pasos de Carlos Gustavo Jung? Que lo decida el lector. También aquel eminente psiquiatra suizo, que corrigió a Freud en una parte importante de su contenido científico, vivió preocupado por la teología.

Ahí están sus libros “Realidad del alma”, “Simbología del espíritu”, “Psicología y religión” y otros.

Lo que pretendo decir, es que Campa no es un intruso del pensamiento. Posee formación humana y espiritual que le capacitan suficientemente, para la tarea que aquí desarrolla. Estoy seguro que este “Comunismo bíblico”, que ha compuesto, salpicará nuestra conciencia como el agua lenta chapotea bajo los árboles adormilados al sol.

Juan Antonio Monroy

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