CIENCIA Y RELIGIÓN (XXIII)

 

Ciencia y Religión

Dr. José Manuel González Campa

Epílogo

Conclusión final - Ciencia y Religión

Es una tarea difícil el escribir, a manera de epílogo, el último capítulo de este libro e intentar sintetizar en el espacio más breve posible lo más importante y sustancial del mismo.

La conclusión general, que es la tesis que sostengo, es que desde mi punto de vista no existe contradicción alguna entre la Ciencia y la Biblia (la religión); en tal caso la confrontación y las contradicciones se dieron y seguirán dando entre científicos y teólogos.

El problema se inicia en el siglo XVI, cuando en el mundo occidental se considera que comenzó el primer periodo científico de la Historia.

Hemos explorado en diversos campos del saber para encontrar las supuestas confrontaciones dialécticas entre la Ciencia y la Biblia. Pero no las hemos encontrado.

Cada época tiene un lenguaje, tanto en el campo científico como en el teológico. Lo que importa no es la forma en la que se expresan científicos y teólogos, si no el fondo que nos puedan dar a conocer sobre sus descubrimientos.

Bertrand Russell, en su obra “Ciencia y Religión” escrita en 1935, afirmaba que cualquier manifestación conceptual y doctrinal del cristianismo podría sobrevivir, en cualquier época, siempre que no entrase en crítica o contradicción con el sistema científico imperante.

La historia ha ido confirmando sus aseveraciones al ir plegándose los cristianos a las afirmaciones de algunos científicos que supuestamente, se creía que poseían el monopolio de la verdad.

Grandes eruditos en el campo de la fe, tales como el nórdico SÖREN KIERKEGAARD, llegan a la siguiente conclusión: “la fe empieza donde la razón termina”.

Son muchos los científicos que han afirmado que el camino para el encuentro del ser humano con el Ser Trascendente, por antonomasia, no lo marca el camino científico, si no el sendero de la fe.

Se reconoce que existen dos demostraciones fiables de la realidad divina: 1. La revelación de la Palabra de Dios trasmitida por los profetas y escritores del Antiguo Testamento: la Torah (el Pentateuco), libros Históricos y Proféticos y los Hagiógrafos o libros Poéticos. 2. La revelación cósmica.

Ambas fuentes nos hablan del Sumo Hacedor de toda la Realidad.

Los estudios científicos entre ciencia y fe, que se han ido estableciendo y deviniendo en los diversos campos del saber, no han sido capaces de desautorizar a la revelación bíblica en cuestiones donde Ciencia y Revelación han investigado profundamente.

La confrontación Bíblico Científica se ha verificado en el campo de la antropología tanto teísta como secular.

Se le ha concedido a los estudios antropológicos evolucionistas la categoría de verdades demostradas sin la mínima duda, lo que concede a la ciencia la categoría de infalible y absoluta.

Esta postura antibíblica ha terminado elaborando una nueva religión: no debe de tomarse como posible verdad revelada la creencia en un Dios Hacedor y Origen de toda La Realidad, sino en el Hombre que con su trabajo sobre la Materia nos va desvelando unas verdades que nos eran ocultas y que ahora nos son manifestadas por el homo sapiens omnisciente.

En el campo del Psicoanálisis, nos encontramos con claras coincidencias entre los descubrimientos del mismo y la clara revelación bíblica al respecto.

El psicoanálisis pone de manifiesto la estructura de la personalidad profunda y holística (superyo, yo e id o inconsciente) y la Biblia confirma esta estructura tectónica de la personalidad.

El Psicoanálisis y la Biblia coinciden en la génesis de la homosexualidad.

Los estudios realizados en el campo antropológico, psicológico, psiquiátrico, sociológico y médico no muestran que se den contradicciones entre la Ciencia y la Biblia.

Lo que si es una realidad, que es necesario destacar, es el hecho de que muchas de las actuaciones taumatúrgicas realizadas por Jesús de Nazaret, a la luz de los nuevos descubrimientos científicos, tienen una posible explicación científica que durante casi dos mil años se ignoraba.

En definitiva, es la revelación bíblica la que nos lleva a cualquier posibilidad de alcanzar un conocimiento y reconocimiento de Dios.

Así en el Salmo 19: 1-4, encontramos como el Universo tiene una preconciencia de Dios, según lo afirmó en su día el gran sabio, teólogo, y antropólogo francés Theilard de Chardin.

Los textos en la versión RV del 60 dicen: “Los cielos cuentan la Gloria de Dios, Y el firmamento anuncia la obra de sus manos. Un día emite palabra a otro día, Y una noche a otra noche declara sabiduría. No hay lenguaje, ni palabras, Ni es oída su voz. Por toda la tierra salió su voz, Y hasta el extremo del mundo sus palabras.”

Realizando una traducción más literal y una exégesis afinada nos encontramos con la siguiente versión: “Los cielos, narran la Gloria de Dios, Y el firmamento proclama la obra de sus manos. Un día derrama, vierte” (en hebreo el verbo significa “brotar de borbotones”, y tiene el significado de hablar en éxtasis con viva emoción).

La segunda parte del verso 19:3, se traduciría así: “No hay conversación ni discurso de los que no se oiga su voz”(San Agustín).

En el versículo 4 la traducción de San Agustín más literal dice: “Por toda la tierra resuena su eco y por todos los confines del orbe sus palabras”.

Hoy en día algunos científicos y filósofos afirman que el Espíritu engendra la Materia. Siendo el Espíritu el que elabora los diferentes estados de conciencia es comprensible que la misma se manifieste en los diversos estadios del devenir filogenético del material que contiene el Universo, ya sea este animado o inanimado.

También la preconciencia cósmica de la Creación se manifiesta en toda realidad cósmica, especialmente a nivel del planeta Tierra.

Manifestación que fue captada por D. José Zorrilla en una de sus composiciones poéticas más inspiradas, titulada “Señor yo te conozco”. Algunos de los versos de este poema dicen: “Señor yo te conozco, la noche azul, serena, me dice desde lejos tu Dios se esconde allí, pero la noche oscura, la de tinieblas llena me dice más pujante tu Dios se acerca a ti”.

El Salmo 104 es una preciosa composición poética donde se pone de manifiesto la relación del cielo y de la tierra con Dios y la conciencia que del mismo tienen las mismas realidades del Universo: el Cosmos en toda su infinita extensión, los vientos, las aguas, el fuego, las fuentes, los arroyos, los valles.

Toda la naturaleza tiene un lenguaje que expresa el estado de preconciencia que tiene de Dios.

Como antes apuntábamos, el Espíritu genera la Materia y ésta, a su vez, produce la Vida. Según Theilard de Chardin, en su curva de Corpusculización, el primer estadio de la misma, corresponde al denominado “momento de Vitalización”.

Momento en que nace la vida a nivel vegetal: ¿tienen las flores y los lirios del campo una preconciencia de Dios? Creo que sí (Mateo 6: 28-30).

El mismo Jesús de Nazaret en el Sermón del Monte nos enseña que si Dios viste así a la hierba del campo, que hoy es y mañana es echada al horno, ¿no hará mucho más por vosotros, hombres de poca fe?

La preconciencia cósmica alcanza también al mundo animal. En el libro de Job se nos dice: “Pregunta ahora a las bestias, y ellas te enseñarán; a las aves de los cielos, y ellas te mostrarán; o habla a la tierra, y ella te enseñará; los peces del mar te lo declararán también. ¿Qué cosa de todas estas no entiende que la mano de Jehová la hizo? En su mano está el alma de todo viviente, y el hálito de todo el género humano” (Job 12:7-10).

De manera similar, el profeta Isaías dice: “El buey conoce a su dueño, y el asno el pesebre de su señor; Israel no entiende, mi pueblo no tiene conocimiento” (Isaías 1:3).

Es decir, los animales tienen una preconciencia de Dios que Israel, el pueblo escogido, no tiene.

En el Nuevo Testamento, el apóstol Pablo nos habla de esta preconciencia cósmica en Romanos 8:19-22: “Porque el anhelo ardiente de la creación es el aguardar la manifestación de los hijos de Dios. Porque la creación fue sujetada a vanidad, no por su propia voluntad, sino por causa del que la sujetó en esperanza; porque también la creación misma será libertada de la esclavitud de corrupción, a la libertad gloriosa de los hijos de Dios. Porque sabemos que toda la creación gime a una, y a una está con dolores de parto hasta ahora”.

La creación tiene conciencia de su estado de esclavitud y anhela ser liberada. Esta liberación vendrá con la manifestación gloriosa de los hijos de Dios.

La Ciencia y la Biblia no se contradicen. La Ciencia nos habla del cómo, la Biblia nos habla del porqué. La Ciencia nos describe los mecanismos, la Biblia nos revela el propósito.

El ser humano es el único ser que puede trascender su propia realidad inmanente y preguntarse por el sentido último de su existencia.

Este interrogante no puede ser respondido solo por la ciencia. Necesita de la revelación.

Mi deseo final es que este libro haya contribuido a mostrar que no hay que elegir entre Ciencia y Religión, sino que ambas, en sus respectivos ámbitos, nos conducen al conocimiento de la Verdad que nos hace libres.

Dr. José Manuel González Campa

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