LIBRO DIGITAL (III)

 CAPÍTULO I - EL INDIVIDUO

Y creó Dios al hombre a su imagen, a imagen de Dios lo creó; varón y hembra los creó. Gn 1,27

LA FRUSTRACIÓN HUMANA

Según el Diccionario, el término frustración tiene estas dos acepciones: No obtener lo que se espera y fallido, vano, infructuoso. Dicho término se deriva del verbo frustrar, que a su vez tiene los siguientes significados: Privar a alguien de lo que esperaba o deseaba y dejar sin efecto un propósito contra la intención de quien quería llevarlo a cabo.

La frustración es un ingrediente, muy importante, de la forma en que el hombre vivencia su propia vida y se vivencia a sí mismo (Rof Carvallo, en El cansancio de la vida). Para estudiar la frustración es necesario tener en cuenta que ésta constituye un fenómeno que se da en el hombre, y éste, como dijera Alexis Carrel, sigue siendo una incógnita. No obstante, hay que preguntarse acerca del ser humano como ya lo hicieran el rey David y el patriarca Job en estos términos: ¿Qué es el hombre?

A la pregunta ¿qué es el hombre? consideramos que, hasta el momento histórico actual, se ha respondido de tres maneras: diciendo que el hombre es imagen y semejanza de Dios: que es simplemente, Adán, o que es una carga para sí mismo.

¿Qué se quiere significar con la aportación teológica desprendida de Génesis 1:26-27? Evidentemente, esta definición implica un rechazo a los conceptos clásicos antropológicos. Será necesario detenernos en el análisis exegético de algunos términos bíblicos. El primero de ellos es el que se refiere al Ser Supremo, a Dios, en hebreo ELOHIM. Este término significa, literalmente, UNO en el que hay VARIOS. Esta es la definición más auténtica, en el sentido bíblico, de ese Ser al que los hombres denominamos Dios. Al ser Dios Uno en el que hay Varios, resulta evidente que Dios es UNA PERSONA COLECTIVA.

Si el hombre se define como imagen y semejanza de Dios, tiene que ser imagen y semejanza de una persona colectiva; y efectivamente, bajo el punto de vista teológico, así es. Adán, en hebreo, es ADAMAH, que significa tomado de la tierra. Según el relato del Génesis, Adán significa el Hombre, que, en principio, supone un nombre colectivo para los diversos individuos que podían constituir la Humanidad (Génesis 1:26-27; Génesis 5:1-2; Eclesiastés 7:29).

En este sentido, la realización del hombre se produciría deveniéndose de forma colectiva, lo que nunca supone, en el sentido de la Revelación cristiana, una realización dentro del marco de un colectivismo autoritario y dictatorial que reprima los derechos inalienables inherentes a la libertad de los individuos.

La ESPERANZA tiene como infraestructura la FE y la fe, según el autor de la epístola a los Hebreos, (11:1), es la certeza de lo que se espera, la convicción de lo que no se ve. En hebreo, el término que se emplea para aludir a la fe es la palabra EMUNAH, que significa certidumbre. La esperanza es vivir el YA, pero TODAVÍA NO del teólogo Oscar Cullman; es la realización vivencial y existencial, aquí y ahora, de la proyección escatológica de la fe.

La historia de la Humanidad es la historia del hombre vivenciándose como un ser frustrado, tanto a nivel individual como colectivo. Cuando en algunos momentos, más optimistas de esta historia, el hombre pensaba que estaba empezando a establecerse el paraíso terrenal -¡tan anhelado!-, la realidad venía siempre a dar al traste con sus aspiraciones.

Además de las consideraciones que sobre el hombre llevamos hechas, queremos seguir apuntando algunas otras. Una de las causas de frustración es la disociación establecida entre el hombre y la naturaleza. El socialismo científico (Marxismo), a través de uno de sus más egregios expositores, Federico Engels (El papel del trabajo en la transformación del mono en hombre), criticó la ideología del cristianismo del siglo XIX.

El Génesis, en sus primeros capítulos, nos pone de manifiesto la relación primitiva o primaria del hombre con la tierra (capítulos 1, 2 y 3), que podríamos sintetizar en los siguientes aspectos: propiedad comunitaria de la tierra; no parcelamiento de dicha propiedad; descanso semanal; el hombre como dueño de los medios de producción; ni explotadores ni explotados, ni dueños ni esclavos.

El trabajo, cuando no es un medio de realización, aliena. El libro de Eclesiastés constituye, en mi criterio, el mejor estudio que se ha realizado sobre la frustración humana.

Todo lo hizo hermoso en su tiempo; y ha puesto eternidad en el corazón de ellos, sin que alcance el hombre a entender la obra que ha hecho Dios desde el principio hasta el fin. Ec. 3, 11 - FRUSTRACIÓN Y OPTIMISMO

El trabajo, cuando no es un medio de realización, aliena. El libro de Eclesiastés constituye, en mi criterio, el mejor estudio que se ha realizado sobre la frustración humana. En él se pone de manifiesto la manera en que el hombre, debajo del cielo (es decir, en la tierra), vivencia su propia experiencia existencial. Este libro expresa el contenido de la tesis de la que el autor parte: Vanidad de vanidades, todo es vanidad. Todo ello es vanidad y aflicción de espíritu.

La frustración humana constituye el ingrediente fundamental del patrimonio espiritual del hombre. La experiencia de la no realización se impone de manera cotidiana y la humanidad se deviene como un mundo que agoniza cada día. Existen multitud de factores que hacen que se profundice más y más esa experiencia agónica; uno de los que más influyen sobre las naciones es la amenaza nuclear. Los hombres están preocupados por la posibilidad de una guerra nuclear y se reúnen, constantemente, para llegar a un posible acuerdo sobre desarme.

Asimismo, la humanidad está amenazada por los peligros terroríficos de una guerra en la que se empleen armas bacteriológicas; tratándose del virus de la Psitacosis, el número de ellos necesario para destruir toda la vida de nuestro planeta cabe en una docena de huevos de gallina; o el de la Brucelosis letal, resistente a cualquier tipo de vacuna.

Las circunstancias en las que el hombre tiene que devenir su existencia histórico-biográfica no favorecen su realización como ser humano, aquí y ahora; antes bien, constituyen elementos perturbadores que interfieren la misma. A todas las anteriormente apuntadas me gustaría añadir, para finalizar, algunas consideraciones que me sugiere el libro de George Orwell 1984.

En estos días he leído diversos comentarios que critican la obra de Orwell, manifestando que se equivocó sensiblemente en sus narraciones proféticas para 1984. No comparto estas opiniones, porque creo que el análisis desapasionado, y libre de prejuicios ideológicos, de la realidad, da al autor del mencionado libro más que sobrada razón; creo que intuyó la realidad de nuestros días con una aguda perspicacia.

Mirar el mundo en el que vivimos con optimismo, dependiente de lo que el esfuerzo humano pueda conseguir para liberar a la humanidad oprimida, supone una visión subjetivista del futuro que la realidad desmiente cada día. Después de miles de años de civilización y de desarrollo de la Ciencia del Bien y del Mal (Génesis 2:16-17 y Génesis 3:4-5), es decir, de los avances técnico-científicos, los hombres son más, pero no mejores.

Existe un futuro, sin embargo, esperanzador. Yo creo en él. Pero dicho futuro no será implantado en este mundo por los hombres, sino por la decisión soberana de Dios.


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