EVIDENCIAS DEL CRISTIANISMO (VIII)
CAPITULO VIII La Sublimidad Moral de la Palabra de Dios "Lámpara á mis piés es tu Palabra y lumbrera á mi camino." Salmo CXIX:105 Lo que pretende ser la Biblia y sus enseñanzas morales, ¿están de acuerdo? De todos los problemas este es el más concluyente. Aun la profecía y el milagro dejarían de llevar á nuestro espíritu la satisfacción de que la Biblia es de Dios sin correspondencia entre las verdades morales en ella reveladas y aquellas facultades de nuestro ser á las cuales estas verdades se dirigen. El hombre de ciencia infiere resueltamente que la luz fué destinada para los ojos y los ojos para la luz, porque la luz es agradable para los ojos sanos y dañosa para los enfermos. Fundándonos en principios científicos afirmamos con igual resolución que la Biblia fué destinada como luz para la naturaleza moral del hombre; y en esto consiste la ámplia base de nuestra inducción. Los hombres más libres de la corrupción moral (hombres, como Platón, de pensamiento puro y juicio moral claro), cuando se les pone en contacto con las enseñanzas morales de este libro se deleitan en ellas grandemente; y sólo en cuanto los hombres se corrompen moralmente, y los ojos del LA SUBLIMIDAD MORAL DE LA BIBLIA — PÁGS. 158-159 alma enferman por el vicio y el crimen, es cuando se apartan de la Palabra pura de Dios. Es generalmente indicio de perversidad moral que los hombres sean enemigos de la Biblia; y en general el grado de degradación moral se demuestra por la violencia de su oposición. Hay un hombre que se ha distinguido algunos años como enemigo y detractor de la fe cristiana, sin embargo, se decía que su vida carecía en absoluto de faltas en cuanto á moralidad y que su carácter estaba desprovisto de defectos. Esto parecía extraño, pues su oposición á la religión de la Biblia es peculiarmente extremada y maliciosa. Pero una investigación posterior descubrió el hecho de que su conversación cuando no tenía el freno de los convencionalismos sociales era impura y contaminosa. Yo oí á un caballero de honradez acrisolada decir que, encontrándose con ese hombre en un hotel á causa de una gran nevada, acorralados por los montones de nieve, tan repulsivo era el desenfreno de su lenguaje que prefirió el frío y la nieve de fuera á exponer sus oídos indefensos á tales corrupciones. Es la vieja historia de odiar la luz, no viniendo á ella, para que no sean redargüidas sus obras. Demos á esta prueba moral toda su importancia. Algunos querrían que recibiéramos la verdad fundándonos sencillamente en su autoridad, convenga ó no á nuestras innatas ideas de derecho, equidad y humanidad. Hay algunos que nos dicen que no debemos tener la presunción de juzgar de la verdad y el error, que la voluntad de Dios hace la verdad y el error, y que lo que sería vicio hecho sólo por elección nuestra se convierte en virtud si responde á Su palabra. ¿No hay, pues, leyes eternas de la verdad y el error que descansan, detrás de la voluntad de Dios, en la misma naturaleza de las cosas? ¿Estaba equivocado Kant, el filósofo, cuando dijo que «las dos cosas que le llenaban de estupor son las profundidades del espacio sembradas de estrellas y las profundidades mayores que existen entre la verdad y el error?» ¿Por qué Dios nos dió facultades capaces de juzgar el error y la verdad si El pretendió que nosotros no intentáramos juzgar? Es una de las cosas asombrosas, que así como Dios hizo al hombre capaz de colocarse ante el telescopio y en las balanzas invisibles de la ciencia pesar las estrellas, así ha hecho El la naturaleza moral del hombre capaz de pesarle hasta á El en sus balanzas. Como el hijo reconoce á su padre por cierta semejanza, una mirada, expresión, actitud, gesto, tono de voz, apretón de manos; más aún, hasta en la oscuridad por algo que no se puede describir, así debemos nosotros reconocer á Dios porque El corresponde á nuestro sentimiento íntimo de lo que Dios debe ser, porque él llena con divina exactitud el extraño vacío de nuestro ser espiritual como ninguna otra cosa puede hacerlo. Nosotros no podemos concebir ninguna exhibición de milagros que obligara á la humanidad á una creencia contraria á las enseñanzas de la razón ó los mandatos de la conciencia. El Obispo Clark afirmaba que "si estuviera escrito con letras de fuego en el cielo á media noche: Dios es injusto, Dios es cruel, hay algo dentro de nosotros que lo atribuiría á una ilusión de los sentidos ó á obra de algún poder maligno, hostil á Dios. El no puede ser injusto.,, Si la Biblia es la Palabra de Dios, podemos estar seguros que no contiene nada esencialmente opuesto á nuestro sentido moral, pues este sentido moral se nos ha dado para percibir la verdad y reconocer la luz. Este es el argumento de correlación ó adaptación mutua; argumento digno de llenar volúmenes. La naturaleza está llena de necesidades con LA SUBLIMIDAD MORAL DE LA BIBLIA — PÁGS. 160-161 sus correspondientes satisfacciones; de deseos que se realizan ó anhelos que se cumplen. Las alas de los pájaros nos hablan del aire en que pueden volar; las aletas de los peces, del agua que pueden surcar; la cabeza de los huesos, de la cavidad á que se ajusta; la vista es una profecía de la luz, y el oido lo es del sonido. Tan universal es esta correlación que donde quiera que nosotros encontramos un anhelo, una adaptación ó una falta, buscamos con certidumbre inequívoca algo que realice el anhelo, sea capaz de adaptación, supla la falta. Emerson terminaba un largo argumento con un literato escéptico con estas enérgicas palabras: «Señor, yo sostengo que Dios que observa su palabra con los pájaros y los peces en todo su instinto migratorio, también la observará con el hombre». Y Bryant, en sus «Versos á un Ave Acuática», con gran belleza, señala la lección enseñada por esta correspondencia y correlación maravillosas, en estos versos: El que, de zona á zona, Guía tu seguro vuelo, por cielos espaciosos, En el camino largo, que mi alma anda sola, Dirigirá mis pasos. Si el hombre anhela y necesita un Ser infinito, en cuya fuerza, sabiduría, potencia y caridad, puedan encontrar completo refugio y descanso la ignorancia, la debilidad y el afecto humano, sería la única excepción á los hechos universales el que no existiera el objeto que satisficiera esta necesidad consciente. La Biblia declara y exhibe precisamente ese objeto, exactamente adaptado á llenar y satisfacer toda esta necesidad. Es un deber solemne nuestro aplicar á la Palabra de Dios estas pruebas morales y espirituales para inquirir, primero, si verdaderamente es la Palabra de Dios por correlación esencial con nuestros propios instintos morales y necesidades; y segundo, para apreciar más completamente su valor real y belleza. Chamfort, el ingenio parisién, dice: "Yo oí un día á un beato que hablaba contra gente que discute artículos de fe, decir ingénuamente, Señores, un verdadero cristiano no examina nunca lo que se le manda que crea. Ocurre con eso lo que con una píldora amarga, si la masticais no podreis tragarla nunca,. En esta ingeniosidad va envuelta una burla; la palabra satírica es una espada aguda con la cual se tira á fondo á toda genuina fe religiosa. Pero no es así; la Biblia no pide esa fe absurda, ciega, esa aceptación mecánica, no razonada, no pensada. En los montones descubiertos de Nínive se ven solamente fragmentos de aquella gloria pasada, tabletas de piedra rotas, columnas destrozadas, grandeza y magnificencia y esplendor caídos en ruina. ¿Cómo reconoceis á Nínive? Por la historia y el arte habeis formado una idea de Nínive según fué cuando la corona del imperio ceñía su frente, y comparais la concepción con estos restos, aquélla y éstos se corresponden, y ya no teneis duda de que la antigua ciudad está descubierta, lo mismo que si la viérais ahora en toda la soberbia de su supremacía. Algo así quiere Dios que demos prueba de su palabra. Entre sus primeras declaraciones figura esta: "Y crió Dios al hombre á su imagen,. Es evidente que la imagen está desmoronada y el hombre es una ruina. Sin embargo, si comparamos la idea bíblica de la verdadera humanidad con los fragmentos en ruinas del hombre original, encontraremos una relación. Y cuanto más atentamente comparamos la Palabra de Dios con la naturaleza y las necesidades humanas, más evidentemente aparecerá la semejanza entre las expresiones de aquella palabra y los pensamientos más sublimes del alma humana. Esto ha sido observado y decla- LA SUBLIMIDAD MORAL DE LA BIBLIA — PÁGS. 162-163 rado aun por conocidos incrédulos, y ello es un hecho que ninguna filosofía ha explicado todavía y que sobre la base de la filosofía escéptica desafía una explicación satisfactoria. Afortunadamente los enemigos del cristianismo nos proporcionan un punto de partida en sus propias concesiones y confesiones. Tan pocas son las excepciones que es justo decir que es un veredicto universal el que ningún libro jamás conocido entre los hombres se compare con este. Las alabanzas de la Biblia, arrancadas de labios de incrédulos y publicadas por sus plumas, podían ser confundidas con las palabras de adoración de los santos y aún de los ángeles. Sin embargo, la Palabra de Dios no solicita la opinión favorable de los hombres. Con divina indiferencia se abre paso en el mismo corazón del hombre. Empieza por decirle que su sabiduría es locura, su justicia, trapos de inmundicia; le asalta desde todos los puntos con las más humillantes censuras y sin embargo desafía su admiración. Reville, el abogado del racionalismo francés, dice: "Un día surgió una cuestión en una asamblea sobre el libro que le convendría llevar consigo á un hombre condenado á reclusión perpétua, y de los romanos católicos, protestantes, filósofos y materialistas, partió una sola contestación en que todos coincidían: La Biblia,. Como insinúa con exactitud H. L. Hastings, esta Biblia es "un libro que ha sido refutado, demolido, derrumbado y desacreditado más veces que ningún otro libro de que se tenga noticia. En un dos por tres alguien se levanta de repente y echa por tierra este libro; y es como echar por tierra un sólido cubo geométrico de granito. Es precisamente tan grande de una posición como de otra; y cuando se le ha derribado está en pie, y cuando se le vuelve á derribar sigue en pie lo mismo,. I. Un elemento que entra en la perfección ética de la Biblia es su imparcialidad. Toda humana biografía es más ó menos parcial. "La Vida de Johnson, por Boswell ha sido proclamada modelo de biografías; sin embargo, es más que otra cosa un encomio muy fragante y amplificado, un adorador inclinándose ante su ídolo y oscureciendo las facciones de su ídolo con las nubes de incienso en que le envuelve. Boswell rompe á los pies de Johnson la caja alabastrina de nardo líquido y el libro está impregnado de su esencia. La biografía humana pertenece en gran parte á lo heróico y algunas veces se acerca á lo fabuloso, y no es extraño. Cuando los hombres están dispuestos á trazar estos libros, generalmente es por la profunda admiración hacia el carácter que tienen que retratar. Ellos se acercan á su obra como un artista empieza un retrato ó un busto con una imagen ideal delante de él, y en lo artístico lo natural se pierde á menudo; hay una semejanza, pero es una semejanza transfigurada, es un insincero retrato del natural. Cromwell dijo á Lely, el hijo, que se disponía á pintar su retrato: "Pínteme tal como soy, si suprime usted una cicatriz, una arruga, una peca ó un grano, no le pagaré ni un chelín,. Pero si se retribuyese á los autores de todas las biografías humanas según esta regla no se harían ricos; todos ellos desacreditan la verdad más ó menos suprimiendo los vicios y defectos. Observad la rígida imparcialidad ética en las biografías bíblicas, verdaderamente rígida, pero nunca frígida. Se comprende que no ha habido esfuerzo ni inclinación á representar el sujeto del bosquejo biográfico atendiendo á opiniones preconcebidas ó á prejuicios, sino describiendo con exactitud y verdad la realidad y los hechos. Pero no se nos presenta ningún hombre como perfecto, excepto el único Hombre perfecto, Jesucristo. No LA SUBLIMIDAD MORAL DE LA BIBLIA — PÁGS. 164-165 se expone el aspecto defectuoso del carácter de Caleb ó Josué, Nehemías ó Daniel, pero tampoco se les manifiesta como sin falta alguna, coronados de diadema casi divina. Y, por otro lado, Noé que fué "perfecto en sus generaciones y caminó con Dios„, está puesto de manifiesto durmiendo el sueño de embriaguez, y aunque sus hijos anduvieron hácia atrás y echaron ropa sobre él para cubrir su desnudez, el historiador imparcial no encubre su pecado guardando silencio, mucho menos, disculpándole. Vemos que Moisés llegó al enojo injusto y orgullo impío y no hay ningún encubrimiento á fin de que no menospreciáramos la gloria del rostro de aquel que habló con Dios como un hombre á su amigo. David, el gran rey, el santo salmista, fué hombre según el corazón de Dios. ¡Cómo vacila la pluma del biógrafo no inspirado cuando tiene que describir aquella parte de su historia que relata dos de los más grandes crímenes! Y sin embargo, cuán resueltamente el pincel del Espíritu Santo añade al hermoso retrato aquel rasgo feo y repulsivo que le pertenece, por amor á la verdad. La Galería de Batallas de Versailles no inmortaliza ninguna derrota. Os paseais en aquellos vastos salones y comprendeis la inscripción sobre el pórtico: "A toutes les gloires de la France,. Los salones de cuadros son tan extensos que si aquellos fuesen colocados en fila ocuparían unas siete millas. Los asuntos de estos cuadros históricos comprenden desde las Cruzadas hasta la última guerra italiana é incluyen los incidentes de la vida de Napoleón I, por David, las escenas de las más recientes batallas argelinas, por Horacio Vernet, y las de Italia y la Crimea, por Yvon. Pero es notable que no se ha representado ninguna derrota. Miremos, ahora, la Palabra de Dios; entremos en el Museo histórico de Dios. Aquí están com- prendidas las edades desde Adám hasta Abrahám, desde Moisés hasta Malaquías, desde Juan el Bautista hasta Juan el Apostol. Pedro fué á la Iglesia del Nuevo Testamento lo que fué Abraham ó Moisés en el tiempo antiguo, y sin embargo aquél, cuya noble confesión fué la roca sobre la cual nuestro Señor edificó su iglesia, fué denunciado como un Satanás, un escándalo á Cristo, porque no entendía lo que es de Dios, sino lo que es de los hombres (1). Si la Biblia hubiese usado de clemencia con alguno, seguramente hubiera sido con el discípulo á quien Jesús amaba, el que recostaba su cabeza en el seno del Señor; y sin embargo, no hay ni aun un velo de gasa dorada para disimular su impaciencia é intolerancia, su envidia, ambición y espíritu vengativo (2). Estos no son hombres ideales, sino hombres reales, sujetos á pasiones como nosotros, como Pablo, el primero entre los apóstoles, y Elías, el primero entre los profetas. No se halla el idealismo griego aquí. II. No se ha probado nunca que este Libro enseñe la inmoralidad, ni en un solo particular. La moralidad y la espiritualidad más exaltadas y positivas estan enseñadas en él. ¿Dónde se pueden encontrar tales exhibiciones de la deformidad y la enormidad del pecado? ¿Dónde esas leyes elevadas del pensamiento, sentimiento, propósito y esfuerzo? Algunos intentan robar á la Palabra de Dios su valor moral insinuando sutilmente que no es original. Se nos dice que la ley del Perdón no es cosa nueva, que el proverbio indio, hace mucho tiempo, la hacía obligatoria hasta á los enemigos y hermosamente comparó el espíritu perdonador á la madera olorosa del sándalo que comunica su Notas: (1) Léase, San Mateo, cap. XVI, vers. 13 á 23. (2) Compárese, San Lucas, cap. IX, vers. 49 y 54. LA SUBLIMIDAD MORAL DE LA BIBLIA — PÁGS. 166-167 fragancia aun al hacha que le divide el corazón. Se nos dice que la "Ley de Oro,: "Todas las cosas que quisiérais que los hombres hiciesen con vosotros, así también haced vosotros con ellos,; es tan antigua como los sabios chinos, y que Confucio, 530 años A. de J. S., la escribió en forma negativa: "No hagais á otros lo que no quisiérais que otros hiciesen á vosotros,. Pero, suponiendo que todo esto sea verdad, y perdiendo de vista el hecho de que la forma negativa de este precepto es más bien una ley de plata que de oro, ¿demuestra algo en contra del cristianismo el que algunos de sus grandes preceptos se han anticipado por Platón ó Pitágoras, por sabios indios ó chinos? El sistema moral de la Biblia debe ser examinado como un sistema, en conjunto. Se pueden encontrar plantas tropicales en un invernadero, pero para hallarlas en su suelo natal, es necesario ir á los trópicos; allí forman parte del sistema vegetal, no son exóticas, sino indígenas, pertenecen á la flora del país. La cuestión no es si se pueden encontrar algunos de los diez mandamientos en los códigos paganos, ó algunos de los preceptos del sermón de la montaña en el libro sagrado de Buda, sino ¿dónde hallamos las leyes más elevadas de la vida y el amor, envueltas en ambiente de compenetración y armonía? He aquí el suelo natal en el cual las plantas celestiales naturalmente crecen, prosperan y florecen. Este sistema divino de moralidad es el que hace que la Biblia se mantenga sola y aparte, sin superior ni rival, Daniel Webster dijo: "Siempre queda lugar para progresar,. Hasta ahora, la Biblia ocupa el punto más avanzado, pero todavía cabrá cualquier sistema de moralidad que sea mejor, y aun si la Biblia es como la cúspide de la pirámide que no deja sitio para otra piedra encima de ella, la opinión universal de la humanidad la arrojaría de su posición si se pudiera encontrar otra supe- rior. "El progreso de la razón humana en el camino de la investigación ética es meramente el de una caballería dando vueltas á la noria, condenada siempre á recorrer la misma senda,, y no tenemos ningún temor de que algún sistema humano jamás pueda mejorar en un solo particular estas sublimes enseñanzas éticas. Hay una tradición acerca de los descendientes de Seth, la cual dice que moraban en la cumbre de una montaña tan elevada que pudieron oir los himnos de los ejércitos celestiales y unir sus voces con las de ellos. La Biblia es esa montaña; su pico traspasa las nubes llegando hasta las sublimes alturas y atmósferas. Donde la Palabra de Dios termina, el Cielo empieza. Las concepciones de las cosas humanas y divinas que se encuentran aquí sobrepujan en grandeza y magnificencia á todos los ensueños de los siglos y los sabios. III. ¿Dónde adquirió esas concepciones morales de Dios la mera inteligencia humana? En un capítulo anterior el relato bíblico de la creación fué comparado con las absurdidades de las mejores cosmogonías paganas. Considerad el concepto griego de Dios cuando la cultura antigua estaba en su apogeo, y comparadlo con la idea de la naturaleza divina aquí revelada. Júpiter, padre de los dioses y los hombres, el omnipotente, el tronador, fué hijo de Saturno, y había destronado á su padre y devorado á sus hijos cuando nacieron. Su mujer, sin embargo, consiguió salvar á Júpiter, Neptuno y Plutón, y éstos llegaron á ser los dioses respectivos de la tierra, el mar y el infierno. Júpiter reunía su corte en el Olimpo, y la corte del más licencioso de los soberanos franceses no fué tan infame. Los apetitos carnales, los celos, el furor, y las intrigas fueron combinados con la potestad, majestad, sabiduría y caridad en mezclas imposibles. Como Geiger dice con tanto acierto: "Los dioses fueron una aristocracia tur- LA SUBLIMIDAD MORAL DE LA BIBLIA — PÁGS. 168-169 bulenta; uno de ellos más poderoso que los demás pero no todo poderoso,. Juno, la mujer de Júpiter, le hizo dormir durante una batalla de los griegos ante Troya. Se enojó tanto con ella porque había producido una tempestad para poner obstáculos á Hércules, que la colgó de las bóvedas del cielo con una cadena con yunques atados á los pies, y cuando su hijo Vulcano se interpuso, le arrojó de cabeza, yendo á dar en tierra en Semnos, pero se le partió la pierna al caer y desde entonces siempre ha cojeado. Júpiter tenía un fuerte dolor de cabeza y se llamó á Vulcano para que le aliviara del padecimiento, y de un golpe del martillo de éste, saltó á la vista Minerva completamente vestida con sus armaduras. Estos son unos pocos ejemplos de la mitología griega. Considerad por un momento la concepción bíblica de Dios; omnipotente, pero bondadoso; omnisciente, y sin embargo misericordioso, omnipresente, y sin embargo no el Dios del panteismo, inseparable de sus obras, sino el Dios que todo lo rige y gobierna. Considerad Su infinita santidad, "muy limpio de ojos para contemplar el mal„ (1), y sin embargo concibió en Su gracia el plan de la salvación de los pecadores; exaltado á lo sumo del cielo y sin embargo condescendiente con los más débiles y humildes. ¡Donde adquirieron los escritores de la Biblia estas concepciones de un solo Dios, mientras las primeras naciones adoraban ídolos mudos, mientras Egipto se postraba ante el cocodrilo, y Atenas proporcionaba 60.000 mujeres para los ritos licenciosos de Venus, y Roma adoraba al dios sanguinario de la guerra, y el dios disoluto del vino; mientras toda la elevación del persa consistía en volver su rostro al oriente y adorar al sol! Nota: (1) Habacuc, cap. I, vers. 13. IV. La Biblia sola exhibe completamente y con claridad la majestad y la dignidad del hombre, colocando á distancia infinita los tipos inferiores de la humanidad de los animales superiores. Mirad las inversiones de la verdad en la historia. Ved Egipto que en sus días más prósperos adoraba el ternero y el cocodrilo como divinos; el hombre postrándose ante el animal; luego, leed el Génesis y veréis cuán grandes son la diferencia y la distancia que hay entre el tipo más elevado de la vida animal y el tipo más bajo de los séres humanos. Los animales de orden superior sólo son bestias que se mueven sobre la tierra; el hombre fué hecho á imagen y semejanza de Dios, del polvo de la tierra, pero con el alma y espiritu infundidos por la directa inspiración del hálito divino (1). Observad que cuando el hombre había de ser creado, el colmo de la creación, las tres sublimes Personas de la Divinidad celebraron un concilio: "Hagamos al hombre,. Había de ser á la misma imagen de Dios: independiente en cuanto al intelecto, poseyendo las facultades de la razón, la reflexión y la comunicación inteligente. Hobbes dice acertadamente que el hombre difiere de todos los demás animales, "rationale et orationale„, por los dones de la razón y el habla. Unicamente el hombre fué creado á semejanza de Dios, con respecto á la capacidad intelectual. Exalte la moderna ciencia á la creación animal como quiera y haga que el hombre descienda del mono, pero he aquí el punto que ninguna evolución puede unir. La capacidad para el desarrollo en el animal alcanza un límite más allá del cual no puede llegar. Hasta ahora ninguna ciencia ha podido limitar ó medir jamás la capacidad progresiva del hombre. Después de seis mil años el Nota: (1) Génesis, cap. I, vers. 26, 27, 28, y cap. II, vers. 7. LA SUBLIMIDAD MORAL DE LA BIBLIA — PÁGS. 170-171 mono es esencialmente lo mismo. El progreso realizado por los procedimientos más cuidadosos es como las oscilaciones de una péndola dentro de límites muy estrechos; nunca pasa de la extremidad de su arco. El hombre, ¿no es más que lo que era hace mil años? Mirad el niño recién nacido; ningún animal al nacer necesita tanto del auxilio como él; ni aun posee el instinto de su propia conservación si no es aquel que le impele á los pechos de su madre. No tiene conocimiento del uso de la vista ó del oído, de las manos ó los pies. El cachorro recién nacido aventaja al niño recién nacido en inteligencia, sagacidad y poder para conservar la vida. Pero, ¡cuán pronto el niño podrá instruir al perro y manifestar su superioridad! Había en el manicomio particular del Doctor Richards, de Nueva York, un niño que parecía por completo animal irracional y desprovisto de los instintos de conservación propios de un animal normal. Se echaba en el suelo con la lengua fuera de la boca, según las apariencias, absolutamente sin pensamiento y casi sin sensibilidad. Se le llamaba el "niño percebe,. Durante meses intentaron despertar en él una sola señal de vida consciente ó impresionar en su cerebro una idea. Un día la señora de Richards dejó caer su dedal y éste al tocar el suelo hizo un ruido metálico que despertó ó asustó el intelecto imbécil del niño causando un ligero movimiento en él, y lentamente se volvió para "ver un ruido que oyó,, como diría Bottom, y luego su inteligencia retrocedió á las tinieblas de la idiotez, como un caracol que se vuelve á meter en su concha. Pero como el primer debil rayo gríseo por el oriente, aquella pequeña señal indicaba el despertar de la consciencia; era un vislumbre de la aurora. El día siguiente el dedal cayó otra vez y el niño percebe volvió á moverse y miró, esta vez con más pron- titud y atención, y de este modo, poco á poco, las tinieblas se disiparon ante la luz del amanecer, hasta que la lengua ya no le colgaba de la boca sino que empezó á aprender el misterio del habla. Más tarde un zapatero fué llamado para que hiciese un zapato delante del niño y lo ajustase á su pie, y luego decía el Doctor Richards, al colocar la mano primero en el zapato y después en el oficial: "El zapatero hace el zapato,. Y del mismo modo un sastre hace una chaqueta. Después el Doctor Richards deseaba suscitar á un tiempo las facultades mentales y morales, introduciendo en esta inteligencia que despertaba alguna idea de Dios. Pero ¡cómo había de seleccionar un objeto bastante grandioso para comunicarle este concepto! Era una mañana de verano y el sol espléndido enviaba un torrente de luz á través de los cristales. El Doctor condujo al niño al mirador y devotamente señalando el sol, dijo con piadoso respeto: "Dios hizo el sol,, y el niño impresionado igualmente por el tono y el pensamiento, repitió: "Dios hizo el sol,. El Doctor Richards le dejó allí contemplándolo y volvió dos horas más tarde y aquel niño percebe todavía seguía mirando y diciendo con reverencia, como si su alma estuviera completamente dominada por la admiración: "Dios hizo el sol,. Algún tiempo después el Obispo Potter oyó á aquel muchacho, Silvano Wheeler, repetir el Padre nuestro, y con voz ahogada de emoción dijo: "Treinta años he repetido esta oración pero nunca como éste lo hace,. ¿Es el hombre verdaderamente sólo un mono educado? Cuando se descubra que el tipo más noble de la creación sea capaz de desarrollo como éste, entonces habrá bastante tiempo para dudar de que el hombre sea superior al animal. No, entre el niño percebe que yace incapacitado en el suelo y el modo más elevado de la vida animal, hay el abismo insondable del infinito. ¡Cómo se LA SUBLIMIDAD MORAL DE LA BIBLIA — PÁGS. 172-173 ensancha este abismo cuando recordamos que se puede llevar la educación y el desarrollo del espíritu y el corazón hasta una extensión ilimitada! Tratad de seguir el intelecto y el corazón, tan tardos para despertar á la vida verdadera, según se suceden año tras año, y más allá de esta pequeña esfera, edad tras edad y ciclo tras ciclo; el niño percebe ha dejado atrás la erudición y la ciencia de las centurias como la alondra que abandona la ramita del arbusto y se remonta hasta las alturas donde las nubes descansan para saludar al sol, ó como el sol del mediodía se aleja de la turbia gloria de la aurora. Se ha ido mucho más allá de Aristóteles y Platón y Bacon; semejante al varón perfecto que deja la charla de la ignorancia infantil, él desprecia los conocimientos de los filósofos; ha alcanzado la ciencia del tos de los filósofos; ha alcanzado la ciencia del querube y el amor del serafín. Si el hombre descendiera de la ostra, ¿cómo iba á resultar este ascenso á mayor altura que la ostra? La imagen de Dios en el hombre consiste también en la semejanza moral; esto es, la facultad de juicio, el discernimiento entre el bien y el mal. El hombre posee una conciencia, y si apreciamos completamente la grandeza de su autoridad y la majestad de sus decisiones, nos sentiremos constreñidos á decir con Dörner, "que la mos constreñidos á decir con Dörner, "que la conciencia posee al hombre,. Asimismo tiene el hombre la imagen de la inmortalidad de Dios. No fué hecho semejante á las bestias que perecen conforme á la ley del mandamiento carnal, sino según la virtud de vida indisoluble. Qué hay de extraño en lo que se nos dice que Dios "formó al hombre y alentó en su nariz soplo de vida, y fué el hombre en alma viviente,, observad, fué, no tuvo un alma viviente,, (1). Es el alma lo que constituye al hombre, Nota: (1) Véase, Génesis, cap. II, vers. 7. y por consiguiente Dios hizo que el hombre se enseñorease de los peces, las aves y las bestias, toda la creación. La Biblia por motivo de su elevado carácter moral y espiritual ha podido resistir con éxito los asaltos de cuatro mil años. Tiene por sí misma demasiado poder y dominio sobre los corazones de los hombres para ser destruída; conseguirlo sería tanto como demoler Gibraltar con escopetas de aire y masilla ó desarraigar con una mano uno de los cedros gigantes del Líbano. La Biblia es demasiado alta para que se logre acometerla con éxito; tan fácil sería arrojar agua hasta la bóveda celeste ó desalojar las estrellas con flechas; ó como decía el Doctor Beckinridge, "más bien se podría colocar el hombro contra la rueda ardiente del sol al mediodía y hacer que retroceda, tornándose á la noche,. El Salmo segundo representa á Dios sentado en su trono, riéndose de la impotencia del furor humano contra El y Su ley. Del mismo modo podemos decir que la Palabra de Dios se ríe de la malicia de sus enemigos y de la impotencia de sus grandes adversarios, porque, como el trono de Dios, descansa sobre fundamentos eternos. Quizás algún lector se sonría de este entusiasmo y piense para sí que es muy extraño, si la Biblia es un libro tan maravilloso, que el antagonista escéptico no lo descubra. Un hombre puede examinar la Biblia solo para buscar algo que objetar. El hombre no convertido ama las objeciones como el reo sentenciado ante el tribunal se alegra al percibir un defecto en el argumento dirigido contra él, aunque no pueda afectar ni en lo más mínimo su culpabilidad ni la conclusión verdadera del testimonio. Un espíritu con predisposición al escepticismo abre la Palabra, si alguna vez lo hace, no para hallar la belleza moral sino para buscar algo en que pueda LA SUBLIMIDAD MORAL DE LA BIBLIA — PÁGS. 174-175 fundar una nueva objeción; y de aquí la mayor parte de los ateos nunca leen la Biblia mas reciben las impresiones de otras personas. Citemos dos ejemplos. "Sacó además el pueblo que estaba en ella, y púsolo debajo de sierras, y de trillos de hierro, y de hachas de hierro, é hízolos pasar por hornos de ladrillos; y lo mismo hizo á todas las ciudades de los hijos de Ammon. Volvióse luego David con todo el pueblo á Jerusalém,, (1) Este pasaje ha sido atacado violentamente como una prueba de la crueldad de David, hombre del agrado de Dios, que, sin embargo, aprisionó al pueblo de Rabba y les serró en dos partes, ó arrastró por encima de ellos trillos de hierro, ó les hendió con hachas, ó les quemó en hornos de ladrillos. ¡Pues qué! ¿No se refiere esto sólo al trabajo que les mandó hacer? (2) Un periódico ateo de Boston dedicó una de sus columnas á ridiculizar "la historia de las codornices,, (3), y calculando cuántas fanegas de codornices había amontonadas en todo el país, demostraba que cada uno de los 6.000.000 de Israelitas tendría 1.925.762 fanegas de codornices al mes, ó 46.420 fanegas para una comida. Pero la Biblia no dice que estaban amontonadas hasta la altura de dos codos extendiéndose por un territorio cuarenta millas de extremo á extremo, sino, sencillamente da á entender que el viento las trajo del mar y las llevó al alcance de la mano, ó unos tres pies por encima de la tierra, no fuera del alcance como hubieran estado volando á más altura de la cabeza. Si alguno dijera que había visto una bandada de pájaros sobre la torre de Notas: (1) 2. Samuel, cap. XII, vers. 31. (2) Manual de la Biblia, por Angus. (3) Números, cap. XI, vers. 31. una iglesia, hasta un ateo ridiculizaría á cualquiera que supusiera que estaban amontonadas hasta esa altura. V. Hay una verdad que es de más valor que todas las objeciones y contrapesa á todas ellas. La Biblia de algún modo efectúa la revolución moral del carácter. Encontrad cualquier otro libro que haya obrado tales prodigios. Los hombres han estudiado la filosofía natural, astronomía, botánica y geología, han leído novelas é historias y poemas, obras acerca de leyes y medicina y filosofía; ¿quién ha descubierto que estos libros puedan reprimir la deshonestidad, refrenar los apetitos sensuales, inspirar ideales nobles, poner de manifiesto las propensiones pecaminosas, y mover á uno á ser hijo más obediente, mejor marido y padre más cariñoso? Pero, de alguna manera, desde el día que los hombres empiezan á leer sistemáticamente la Biblia, principian á sentir que una nueva fuerza obra en el espíritu y el corazón, impulsándoles sobre todo hacia la justicia. Estimo de más valor un capítulo del Libro de Dios que todos los demás libros juntos para retraer del mal é incitar al bien; y más de veinticinco años vengo observando este Libro según ha tocado á hombres y mujeres en lo íntimo del corazón penetrándoles de la vida divina. He visto á hombres sin cultura secular engrandecerse bajo la influencia educadora de este libro; desarrollándose sus inteligencias bajo la influencia de las concepciones bíblicas de Dios y el hombre, del deber y el destino, que elevan, ennoblecen é inspiran; les he visto adquirir belleza de carácter y conducta, dulzura de temperamento y disposición, transformados, transfigurados. Estos resultados demandan una causa eficiente y suficiente para producir tales efectos; y sólo se puede encontrar esta causa adecuada en el hecho que Dios se halla en la Biblia por medio LA SUBLIMIDAD MORAL DE LA BIBLIA — PÁGS. 176 + ÍNDICE del aliento de Su Espíritu inspirador y transformador. "Este pequeño tomo, dijo el venerable Schliermacher al levantar un Nuevo Testamento griego delante de dos estudiantes ingleses, contiene más información de valor para la humanidad que todos los demás escritos de la antigüedad juntos,,. Este libro es en realidad el fundamento de toda la literatura digna de ser conservada. No menos de 200.000 volúmenes se han escrito para comentar é ilustrar el Libro de los libros. Así es el sol central de una constelación de glorias; y más y más según las edades pasan, los humanos pensamientos más nobles reciben brillo de su resplandor y empiezan á girar en órbitas reverentes alrededor de este centro. Que lo asalten los ateos; que todos blasfemen y lo ridiculicen. Es la palanca de Dios y mueve el mundo. La ciencia lo contempla con su ojo microscópico, pero no se puede comprobar que haya en él un error esencial. El filósofo moral examina su código ético, pero la inspiración de todas las virtudes se halla en él. El alma hambrienta que anhela alimento porque su corazón desfallece encuentra aquí el banquete espléndido de ricos manjares que satisfacen todo deseo. ¡Quien vuelva las espaldas á este Libro Divino hallará la recompensa de su perversidad en el salto fatal á las tinieblas de la incredulidad!
EDICIÓN DIGITAL FIN CAPÍTULO VIII FIN DEL LIBRO - MUCHAS PRUEBAS INFALIBLES |
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