REFLEXIÓN BÍBLICA

 

Portada Job 42:5 De oídas te había oído; mas ahora mis ojos te ven - papel rasgado
Comentario al libro de Job
por Juan Bta. García Serna
Zaragoza 2026

Capítulo 1

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Santiago, el apóstol, citó a Job, “habéis oído de la paciencia de Job” (Stg. 5:11). Esta referencia bíblica es una clara alusión a que el libro de Job goza de historicidad e inspiración divina. Y también el profeta Ezequiel hizo alusión a Job (14:14) “Si estuviesen en medio de ella estos tres varones, Noé, Daniel y Job, ellos por su justicia librarían únicamente sus propias vidas, dice Jehová el Señor”. ¡Nadie debería dudar de la canonicidad de este libro de Job! Uno lee este libro y no podrá resistirse a cuestiones que afloran e invitan a una reflexión, cuando las circunstancias golpean la vida como viento arrebatador. Dios afirma que Job era “recto y temeroso de Dios” (v.1), y uno se pregunta, si así fue el patriarca Job, ¿por qué Dios permitió a Satanás que Job fuese azotado tan cruelmente que, hasta su familia perdió, y aun su propia salud quebrantó?

Fíjate en que Satanás no actuó por su cuenta sin la autorización de Dios. ¡Esto evidencia que Satanás no tiene el poder absoluto para su maligna acción! Intentar dar una respuesta certera a lo que le sucedió a Job sería un caso perdido para nuestra finita razón, que no alcanzaría a entender los misteriosos designios de Dios, y como dice el salmista: “muy profundos tus pensamientos son” (Sal. 92:5). Veamos algunos ejemplos neotestamentarios que nos llevan a la reflexión, y los tales, al igual que Job, no tienen una contestación, sino solamente confiar en los sabios propósitos de Dios, los cuales siempre son perfectos en justicia y amor, aunque a nuestro parecer el plan de Dios, en ciertas cuestiones, no llegaremos nunca a comprender.

¿Por qué Juan el Bautista, del que Jesús dijo: “no había otro mayor que él” (Mt. 11:11), permitió Dios que su muerte fuese tan cruel? ¿Y qué diremos de Esteban, el discípulo que murió lapidado? ¿Y qué decir de Jesús, a quien el Padre abandonó en la cruz? ¿Y qué diremos de Jacobo, quien por el rey Herodes fue muerto a espada, mientras Pedro, de manera milagrosa, de la cárcel ileso salió habiendo sido liberado por la intervención de Dios?

¿Cómo reaccionó Job ante tanto dolor? “Entonces Job se levantó, rasgó su manto, y rasuró su cabeza, y se postró en tierra y adoró” (v.20). ¡Qué actitud más loable y envidiable la de Job! Y sus palabras en esa situación fueron: “Jehová dio, y Jehová quitó” (v.21), “en todo esto no pecó Job, ni atribuyó despropósito alguno a Dios” (v.22).

¿Cómo pudo Job sobrellevar tal espíritu de resignación ante su aflicción? Ni tú ni yo sabríamos explicar con palabras razonables esta firmeza espiritual de Job. Una cosa es cierta: la experiencia de Job nos enseña que, sea cual sea la circunstancia en la vida de la persona temerosa de Dios, nada la hunde hasta sucumbir ante la cruel aflicción, aunque pueda tambalearse, como así sucedió al patriarca Job.

Job ofrecía sacrificios a Dios, lo hacía por sus hijos, “porque decía Job: Quizás habrán pecado mis hijos, y habrán blasfemado contra Dios” (v.5). ¡Qué padre tan preocupado por su familia fue Job! “Se levantaba de mañana y, conforme al número de sus hijos, ofrecía holocaustos”. Es posible que sus hijos no fueran personas temerosas de Dios, y ello, aún más, llevaba a Job a la intercesión, utilizando sacrificios ante el Todopoderoso Dios.

¡Esta actitud de Job nos da una gran lección: no quería que sus hijos pecaran contra Dios! Y como dijo el sabio Salomón, refiriéndose a los suyos: “Me pusieron a cuidar las viñas; y mi viña, que era mía, no cuidé” (Cnt. 1:6). Es sabio aceptar el consejo salomónico de que la familia es lo primero, lo primordial, en todo lo relacionado con la educación, y en ello priorizando los valores que deben conllevar a nuestros hijos e hijas a que sean “temerosos de Dios”.

¡Oh Señor, no permitas que, afanado en otros quehaceres, por muy relevantes que sean, descuide a los hijos, que son un don de Dios y, con ello, una gran responsabilidad en cuanto a su educación, no sólo en el aspecto secular, sino también a que sean “temerosos de Dios”! “Y estas palabras que yo te mando hoy, estarán sobre tu corazón; y las repetirás a tus hijos, y hablarás de ellas estando en tu casa, y andando por el camino, y al acostarte, y cuando te levantes” (Dt. 6:6 y 7). ¡Qué gran lección es la que demanda y que debería contextualizarse en cada época histórica de la humanidad!

Capítulo 2

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Dios le hace una pregunta a Satanás: “¿De dónde vienes?” Pero Dios, que es Omnisciente, no necesitaba que el diablo se lo dijera, pero quiere oír su respuesta, y el diablo le dijo: “De rodear la tierra y de andar por ella” (v.2); esta es su diabólica estrategia: devorar a quien pueda. Así lo expresó el apóstol Pedro: “Sed sobrios, y velad; porque vuestro adversario el diablo, como león rugiente, anda alrededor buscando a quien devorar” (1 P. 5:8). Y cuando Jehová a él le dijo: “¿No has considerado a mi siervo Job, que no hay otro como él en la tierra, varón perfecto y recto, temeroso de Dios y apartado del mal?” (v.3), y sutilmente Satanás responde que el hombre: “todo lo que el hombre tiene dará por su vida” (v.4), el diablo pensó que Job cedería ante su maligna tentación, como los demás.

Job fue herido por Satanás de una llaga maligna que no le dejaba descansar (vs. 7-8). Y su propia mujer, de la cual no tuvo apoyo, sino que dijo con palabras fatuas: “¿Aún retienes tu integridad? Maldice a Dios, y muérete” (v.9), y la respuesta de Job a su mujer fue: “¿Qué? ¿Recibiremos de Dios el bien, y el mal no lo recibiremos?” (v.10). Una gran lección de Job de que ante la adversidad él no dudó de Dios, ni atribuyó despropósito alguno a Jehová. Entran en escena los amigos de Job, que en principio nada se les puede reprochar, ya que se identificaron con el dolor de su amigo Job, e inclusive “ninguno le hablaba palabra”, al contemplar el gran sufrimiento que estaba padeciendo Job (vs. 11-13). Hay ocasiones en las que el silencio es el mejor consuelo, y no las muchas palabras que ahuyentan la consolación.

¿Qué podemos aprender de este capítulo dos? Que el cristiano, al igual que Job, puede aferrarse a Dios ante cualquier situación; el diablo no suele dar tregua en su maligno empeño de apartar a las personas de la comunión con Dios. Que, al observar la postura de la mujer de Job, digamos que el matrimonio, al ser una unión de dos, debería afrontar cualquier viento de adversidad que los azote; el cristiano, al igual que Job, ante cualquiera que sea su situación, puede aferrarse a Dios, ya que es fácil confiar cuando las cosas van “viento en popa”, sin aflicción.

Que la fe en el patriarca Job era antes, y después, de ser sacudido por las garras del dolor, que, aunque en él estaba la confusión, no por eso dejó de creer en la bondad de Dios. Una observación de madurez espiritual en Job ante el dolor nos lleva a pensar que la fe no evita que haya aflicción, sea ésta física o psíquica, como la sufrida por Job. La verdadera vida espiritual suele brillar en el dolor. La paciencia y fe de Job deberían darnos una gran lección para ser auténticos cristianos ante el dolor.

Una reflexión sobre esta porción bíblica que nos llevará, sin duda, a plantearnos cómo afrontar el dolor y las circunstancias adversas que vienen, y que son inevitables, y sólo la fe las llevará sin que uno caiga en la desesperación y abandono de Dios. Las dudas vendrán y las tales no son pecado, cuando no son arraigadas en una incredulidad de corazón.

Hay muchos misterios en los planes divinos del Señor, y no siempre sabremos el porqué de tal o cual situación; hay ejemplos bíblicos que también tuvieron sus momentos de aflicción y, en los cuales, buscaron una respuesta en Dios, y en algunos casos Dios respondió, pero en otros hubo un silencio que uno debería aceptar sin ninguna vacilación. ¡Uno no puede entrar en todas las profundidades de los sabios designios de Dios! ¿No le pasó esto a Job? No obstante, al final Dios respondió a Job, y entonces Job entendió.

Capítulo 3

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Job exterioriza su dolor físico y psíquico en el sufrimiento, y “abriendo su boca maldijo su día” (vs. 1-3): “Perezca el día en que yo nací”. Y era tal su padecimiento que se preguntó: “¿Por qué no fui escondido como abortivo, como los pequeñitos que nunca vieron la luz?” (v.16). Uno se pregunta: siendo Job un hombre íntegro, “recto, temeroso de Dios” (1:1), ¿por qué se cuestiona el valor de la vida en su aflicción? Uno no entenderá, porque no está en el pellejo de Job, y si así fuera: ¿Qué hubieses dicho tú y yo? ¡Hay una tendencia innata a darle a todo lo que a los demás les pasa una explicación, ejemplarizada ésta en los consejos de los amigos de Job! ¿Hubo en ellos sabia argumentación al culpabilizar a Job?

Job, a pesar de haberlo tenido todo, ya que nada le escaseaba, aun así era un hombre con miedo al temor, y así lo expresó: “Porque el temor que me espantaba me ha venido, y me ha acontecido lo que yo temía” (v.25), y es que los temores forman parte de uno mismo, y nadie huye de esta experiencia, que es sin excepción; ya que la riqueza o pobreza no ahuyenta el temor. Y al igual que Job, también existe en cada persona un túnel de turbación (v.26). ¿Hay alguna lección que de Job podamos aprender ante su situación de dolor y turbación? Sí, que la hay; los sentimientos cada uno los exterioriza según el dictamen de su corazón. ¿Sería mejor expresarlos y no silenciarlos por miedo a una interpretación equivocada? Aunque Dios los comprenderá mejor, especialmente si a Él acudimos, y parafraseando el texto bíblico: cuando “echamos toda nuestra ansiedad sobre Él”, entonces “el cuidado de Dios sobre nosotros, sin lugar a dudas, hemos de obtener” (1 P. 5:7).

Job abrió su sentir de corazón ante sus amigos, sin reparar que sus palabras pudiesen ocasionar reacción. ¿Silenciar o hablar? Esta es la cuestión. Ello dependerá de nuestro carácter extrovertido o introvertido; no obstante, lo aconsejable, así lo aconsejan los que saben, es compartir con los demás aquello que nos aqueja y que está produciendo perturbación, no solo en el aspecto físico y psíquico, sino también en el aspecto de la comunión con Dios.

¿Habrá un sabio consejo si se ignora la real situación, sea cual sea la turbación? No obstante, existe un peligro de no ser aconsejados con sabia argumentación. Job expresa que tuvo “turbación” (v.26). Y ésta le produjo cuestionar a Dios, al no entender la razón. En este capítulo tres de Job, vemos a un hombre turbado, afligido, que con palabras expresa su aflicción, pero, creo yo, sin que cayese en una total desesperación, apartando su vida de los caminos de Dios, que es lo que suele suceder cuando llega a nuestra vida la crítica aflicción de angustia y dolor, y que no entendemos la razón, o quizás sí por habernos apartado de Dios, aunque este no era el caso de Job.

Un pensamiento equivocado que hemos de alejar es creer que el diablo quiere apartarnos de Dios, y así nuestra vida cae en una inutilidad espiritual. Estoy seguro de que Dios sabrá entendernos, sea cual sea nuestra situación. Y conforme a su inmenso amor nos ayudará, de una manera u otra, a “adorar a Dios” (1:20).

Capítulo 4

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Uno de los amigos de Job utiliza la palabra con finalidad de acusar, diciendo: “Si probáremos a hablarte, te será molesto; pero ¿quién podrá detener las palabras?” (v.2). ¿Por qué lanza su dura reprensión a su amigo Job sin una seria reflexión respecto al caso de Job? Utiliza una teología recta, sin duda, pero carente de conmiseración y falta de entendimiento. ¡Utilizar la enseñanza bíblica con finalidad de acusación sería una sinrazón, ya que el enfoque teológico tiene como finalidad la restauración y no la condenación, como fue el caso de los amigos de Job!

El amigo de Job se equivocó y no supo aplicar su doctrina al sufrimiento de Job. ¡Qué fracaso cuando intentamos ayudar a los demás sin saber ciertamente de dónde emana el problema! Así no podremos aplicar la palabra de Dios con toda veracidad y con oración para que las personas encuentren en Cristo Jesús lo que otros no pueden hallar. Job no solo era un hombre “perfecto y recto, temeroso de Dios” (1:1), sino que también ejercía de consejero, y según su amigo, en esta labor fue de gran provecho. ¡Cuán importante es que, en nuestro “temor de Dios”, hagamos como el patriarca Job y demos sabio consejo a los que necesitan ayuda, como hizo Job!

“He aquí, tú enseñabas a muchos, y fortalecías las manos débiles; al que tropezaba enderezaban tus palabras, y esforzabas las rodillas que decaían” (vs. 3-4). ¡Este era Job antes de su dolor y aflicción! Un ministerio loable, sin duda, muy agradable ante Dios, que su amigo utiliza para decirle: “Mas ahora que el mal ha venido sobre ti, te desalientas; y cuando ha llegado hasta ti, te turbas” (v.5). Sin duda, esto sucede cuando el afectado y afligido soy yo, y no aplico lo que mi lengua en otros momentos a otros aplicó.

La credibilidad de uno se gana también cuando estamos en la aflicción y seguimos fieles a Dios. Su amigo lanza una cruda acusación contra Job: “¿No es tu temor a Dios tu confianza? ¿No es tu esperanza la integridad de tus caminos?” (v.6). Hay una corrección en estas palabras que no corresponde al sufrimiento de Job; estaban ubicadas fuera de contexto. ¡Cuidado con el uso de la palabra de Dios en un contexto distinto para su aplicación! Digamos al Señor que nos ayude para no caer en la precipitación como fue el caso del amigo de Job que, con palabras archisabidas realmente no ayudaron a salir a Job de su crítica situación, sino más bien produjeron un aguijón de sufrimiento en Job.

El amigo de Job argumenta: “¿Será el hombre más justo que Dios? ¿Será el varón más limpio que el que lo hizo?” (v.17). Unas palabras certeras, llenas de significación, pero su amigo olvidó, o no sabía, que esta expresión también era conocida por Job, y que siempre él había actuado de manera consecuente en su vida, y por ello, en su propia experiencia sabía esto respecto a Dios. Una verdad en la que es posible incurrir en el error de cuestionar el designio de Dios. ¡Olvidamos que en Dios hay una perfecta santidad, y lo que permite y hace no debe ser cuestionado! ¿Qué sabemos nosotros de los designios de Dios, y el por qué Él piensa y actúa como fue en el caso de padecimiento de su siervo Job?

¡Ciertamente hay una necesidad de conocer más y mejor las Sagradas Escrituras! Junto con una vida de oración, estaremos en condiciones de aconsejar o asesorar, dejando a un lado la opinión personal. Toda ayuda de índole espiritual o de cualquier otro asunto debe llevar un claro concepto bíblico aplicable a la situación del que está afligido. Sin lugar a dudas, no es fácil ser un portavoz de Dios, un verdadero consejero, sea cual sea la situación de aquellos a quienes queremos llegar con la palabra de Dios. ¡Esforcémonos en ser útiles para el Señor, quien nos llama a ser instrumentos en sus poderosas manos, útiles para Él!

Capítulo 5

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Ciertas son las palabras del amigo de Job: “Es cierto que al necio lo mata la ira, y al codicioso lo consume la envidia” (v.2), pero Job no era necio ni codicioso, así que su amigo con su flecha a la diana no acertó. Y es que muchas veces las palabras pueden ser certeras, pero no dan al blanco porque no son dirigidas a la persona con el problema en cuestión, tal fue en el caso de Job. Si tratamos sin excepción, sin discernir cada persona en su situación concreta, estaremos equivocándonos.

“Ciertamente yo buscaría a Dios, y encomendaría a Él mi causa” (v.8), dijo el amigo del patriarca Job. Y destaca las “cosas grandes e inescrutables” que Dios hace (v.9). Y de esta manera se expresó: “Él da la lluvia sobre la faz de la tierra, y envía las aguas sobre los campos” (v.10). “Que pone a los humildes en altura” (v.11). “Que frustra los pensamientos de los astutos” (v.12). “Que prende a los sabios en la astucia de ellos, y frustra los designios de los perversos” (v.13). Sin lugar a dudas, hay sana exposición en estos consejos a Job.

“He aquí, bienaventurado es el hombre a quien Dios castiga; por tanto, no menosprecies la corrección del Todopoderoso” (v.17). “Porque el Señor al que ama, disciplina” (He. 12:6). ¿Y cuál es la finalidad de la disciplina? “Para que participemos de su santidad”, ¡la divina! (He. 12:10), ya que no hay santificación que no sea otorgada por la palabra de Dios. Jesús dijo al Padre, en su oración de intercesión: “Santifícalos en tu verdad; tu palabra es verdad” (Jn. 17:17). ¡Sólo en la verdad de Dios encontrarás la santidad! Y equivocado estarás si la buscas en cualquier otro lugar, ¡seguro que no la hallarás!

Hay unas palabras del amigo de Job que no tendrán desperdicio: Dios es “quien hace la llaga, y Él la vendará; Él hiere, y sus manos curan” (v.18). Ignoramos en qué aspecto Él lo hará; quizás se refiera a la aflicción contextualizada en el padecimiento de Job. Pero Dios también intervendrá sea cual sea la situación en el dolor, sea éste psíquico o físico, o quizás porque en algún momento hemos dejado la comunión con Dios. ¡Acojámonos a las palabras paulinas: “cuando soy débil, entonces soy fuerte”! (2 Co. 12:10).

El amigo de Job concluye con estas palabras de exhortación: “He aquí lo que hemos inquirido, lo cual es así: Óyelo, y conócelo tú para tu provecho” (v.27), en la crítica aflicción de Job. Un consejo que, aunque estaba fuera de contexto del sufrimiento de Job, no deja de ser cierto: en la aflicción hemos de oír qué dice la divina palabra de Dios, pues es posible que la confianza esté en uno mismo, y no oigamos la enseñanza de Dios. ¡Amigo, amiga, no la dejemos a un lado, sino que con suma atención escuchemos a Dios!

Capítulo 6

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Job dijo: “¡Oh, que pesasen justamente mi queja y mi tormento!” (v.2), señalando que lo que expresó se debía a su sufrimiento, pero ahora indica que sus palabras fueron precipitación (v.3), motivadas por el duro dolor, por el cual no sabía cuál era realmente la razón. Al cristiano no corresponde el saber, con toda precisión, cuáles son los planes de Dios. ¡Qué lección podemos aprender de la humildad de Job, que cuando uno yerra, lo mejor es la rectificación! Un espíritu de arrepentimiento y humildad, el tal siempre será aceptado por Dios.

Job exclama, en su circunstancia de aflicción: “¡Quién me diera que viniese mi petición, y que me otorgase Dios lo que anhelo!” (v.8). La respuesta a la oración es un gran estímulo al creyente que invoca a Dios de todo su corazón, pero no siempre lo que pedimos entra en los sabios planes de Dios. Al igual que la experiencia de Job, el cual sufrió la aflicción, también el cristiano, en cierta medida y en otro contexto, pasará por circunstancias que requieren resignación; siempre, claro, con la mirada de fe de que Dios tiene todo bajo absoluto control, por ello no hay desesperación.

Job considera que posee una gran debilidad ante su situación, y por ello expresa: “¿Cuál es mi fuerza para esperar aún? ¿Y cuál mi fin para que tenga aún paciencia?” (v.11). Y continúa: “¿Es mi fuerza la de las piedras, o es mi carne de bronce?” (v.12). “¿No es así que ni aun a mí mismo me puedo valer, y que todo auxilio me ha faltado?” (v.13).

Y exclama: “Mis hermanos me traicionaron como un torrente” (v.15). La situación de Job era turbulenta, pues todo lo había perdido, y ahora, inclusive, la comprensión de sus amigos. En tales circunstancias, ¿qué podría hacer el patriarca Job, sino desesperarse en su aflicción, en la cual no encontraba un alivio que le condujese a la consolación? Y así puede suceder a quien espera ayuda, y lo que halla, en su lugar, es una auténtica incomprensión.

Job se dirige a sus amigos: “Enseñadme, y yo callaré; hacedme entender en qué he errado”, expresa Job. “¡Cuán eficaces son las palabras rectas! Pero ¿qué reprende la censura vuestra?” (vs. 24-25). Job entiende que nada nuevo aportan las palabras de su amigo, y por ello escucharle no merece la pena. ¡Cuántos consejos se divulgan de personas que sin tacto y amor aconsejan, pensando que sus palabras llevan en sí la correcta corrección, pero que más bien dañan a quienes necesitan ayuda, aunque ello lleve sabia corrección! Pero esto no fue el caso de los amigos de Job.

Aconsejar sabiamente es un talento de Dios, y que no todos tienen por carecer de un conocimiento de la palabra de Dios, que es la única que ilumina para dar consejos que no solamente apelan a la mente, sino que también tocan el corazón. ¡Sé un buen consejero dejándote guiar por Dios, y aparca tus opiniones que no conllevan consolación!

Fin Bloq

Bloque 2 Cap 7-12 Texto Íntegro CorregidoComentario Job · Juan Bautista García Serna

Capítulo 7

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Job evoca su sentir ante Dios, aunque no menciona su nombre, y lo hace bajo la perspectiva de su aflicción: “Mas la noche es larga, y estoy lleno de inquietudes hasta el alba” (v. 4). Las emociones dirigidas a Dios no expresan ninguna acusación, sino solamente desolación. En Job había “inquietudes” que no le dejaban dormir: “¿Cuándo me levantaré?”, ya que su sueño no le dio descanso (v. 4). Está claro que su insomnio se debía a su intenso dolor, algo que es natural cuando las preocupaciones afectan y sacuden con violencia a nuestro sueño, que debería ser reparador. ¿Te preocupan ciertas situaciones? ¡Déjalas en las manos de Dios! Él te dará alivio, sea cual sea tu situación.

“Como la nube se desvanece y se va, así el que desciende al sepulcro no subirá” (v. 9) y “los ojos de los que me ven, no me verán más” (v. 8). ¿Por qué esta reflexión de Job? Incluso Job había deseado, en su desesperación, no haber nacido: “¿Por qué no fui escondido como un abortivo?” (3:16). La vida para Job no tenía, en estos momentos, sentido: “Abomino mi vida”, dijo (v. 16). Culpabilizar a Job por falta de fe no sería racional, pues las pruebas duras nos hacen tambalear a todos. ¿Y quién es tan fuerte que pueda dar lecciones a Job?

Job mantenía su fe, pero no estaba exento de preguntarse el porqué. Una pregunta que puede ser o no contestada, ya que los designios de Dios hay que aceptarlos por fe. “Por tanto, no refrenaré mi boca; hablaré en la angustia de mi espíritu, y me quejaré con la amargura de mi alma” (v. 11). Compartir y no callarse es una buena terapia que traerá, sin duda, aliento a la persona desesperada, y así lo hizo Job ante sus amigos, aunque ellos no fueron las personas adecuadas, ya que decían que lo que a Job le pasaba era en razón de su pecado y no por otra causa.

¡Qué fría es tal teología que no busca la restauración, sino atacar a Job como si él hubiera sido un gran pecador! Alejémonos de tales personas cuyos consejos, de aparente consolación, lo que realmente llevan en sí es una feroz acusación. Así fue el comportamiento de los amigos de Job, cuyos consejos a Job no consolaron. Job reflexiona en lo que respecta al hombre y ve el buen trato que Dios les otorga: “¿Qué es el hombre, para que lo engrandezcas, y para que pongas sobre él tu corazón?” Job, así se expresó (v. 17). El mismo interrogante podría surgir en nosotros cuando vemos al ser humano tal y como es, con sus defectos, pecados y ausente de querer la voluntad de Dios.

Dios es, en verdad, amor, pero también justicia: “y no dará por inocente al culpable” (Nah. 1:3). Por ello, la aseveración enfática de Dios es: “No os engañéis; Dios no puede ser burlado: pues todo lo que el hombre sembrare, eso también segará” (Gál. 6:7). ¡Una advertencia que debemos tener en cuenta! Pues, si Dios lo dice, en ello hemos de creer, ya que no dice nada que en su momento no haya de cumplir: Sí y Amén.

Capítulo 8

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Bildad no enjuicia las palabras de Job con criterio de equidad, sino que las considera un “viento tempestuoso” (v. 2), dando a entender que lo que Job dice no responde a la verdad, y que lo que les pasó a sus hijos fue un castigo de Dios debido a su pecado de iniquidad (v. 4). Y, además, cuestiona la rectitud de Job: “Si fueres limpio y recto”, Dios te ayudará, “y tu morada prosperará” (v. 6). E indica que “al Dios Todopoderoso, de mañana, en ruego, debes buscar” (v. 5). De aquí aprendemos que, por este camino, en lo que respecta a Job, su amigo no le ayudará. ¡Cuán importante es dejar nuestra opinión y tomar lo que Dios en cada momento nos da! Así seremos instrumentos y consoladores, o exhortadores en toda objetividad.

Hay un texto acertado que deseo comentar: “¿Acaso torcerá Dios el derecho, o pervertirá el Todopoderoso la justicia?” (v. 3). ¡Dios no lo hará! No obstante, queda claro que su contexto era acusar a Job, y esto estaba fuera de lugar; como cuando uno usa la Biblia para golpear a los demás, aunque no se actúe con verdad, sino bajo un preconcebido prejuicio aprendido y lanzado al azar. Si quieres ser un buen consejero, escucha, piensa y aplica la palabra de Dios en verdad.

He aquí otro texto que merece reflexión: “Tales son los caminos de todos los que olvidan a Dios; y la esperanza del impío perecerá” (v. 13). Y “su confianza como tela de araña será” (v. 14), es decir, un apoyo de poca fiabilidad, falto de consistencia, y que no resistirá cuando la aflicción llegue sin avisar, y por ello sucumbirá, ya que la Roca de apoyo es Cristo, y en ella has de confiar.

Otro texto sobre el cual quiero hablar: “He aquí, Dios no aborrece al perfecto, ni apoya la mano de los malignos” (v. 20). ¡Esto dijo con verdad! Una gran consolación para los primeros, y desamparo para los segundos. Uno puede pensar, con seguridad, que si las cosas las hace en el temor de Dios, de cierto, el Señor le recompensará, aunque no se le dará todo, pero tiene su aprobación, que es lo principal, y de alguna manera tendrá la presencia de Dios, sean cuales sean las circunstancias por las que haya de pasar. En cambio, el maligno, nada de eso logrará, a no ser que se vuelva a Dios y tenga una conversión, un giro genuino a la rectitud de vida espiritual. Y si no fuera así, no espere obtener de Dios la paz.

Uno debería preguntarse dónde está nuestra prioridad. ¿Estará en saber más de Dios, y sin estorbo alguno, y con disponibilidad seguir las enseñanzas de Dios sin vacilar? ¿O estará más bien en dejar las cosas de la vida espiritual, alejadas, como algo no práctico, a la hora de vivir en una sociedad cargada de engaños e incredulidad? ¡Atendamos a la sabia proclamación que hizo Josué ante los que querían adorar a otros dioses! “Escogeos hoy a quién sirváis; pero yo y mi casa serviremos a Jehová” (Josué 24:15). Y si no, ¿a quién será? “La habitación de los impíos perecerá” (v. 22).

“Al Señor tu Dios adorarás, y a él solo servirás” (Lc. 4:8).

Capítulo 9

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Job se hace una pregunta que requiere reflexión: “¿Cómo se justificará el hombre con Dios?” (v. 2), una inquietud espiritual del patriarca Job, que puede hacerse cada persona consciente de su vacío interior, un alma que anhela ser justificada ante el Altísimo Dios. Tal cuestión es resuelta si miramos con atención a la Palabra de Dios: “Justificados, pues, por la fe, tenemos paz para con Dios” (Rom. 5:1). Y si alguien piensa que sus obras le darán la justificación o salvación ante Dios, está equivocado, ya que el Apóstol Pablo llegó a la conclusión de que el hombre es justificado por la fe, sin las obras de la ley (Rom. 3:28).

Job se plantea otra interrogación: “¿Quién se endureció contra él, y le fue bien?” (v. 4). Un endurecimiento del corazón no acarreará el bien, sino una turbación de espíritu que afecta, sin lugar a dudas, a todo el ser humano, o sea, a toda nuestra personalidad en el querer y hacer. Y si así es, entonces se producirán muchos fracasos que se lamentarán después, y de nuevo será necesario retroceder y volvernos a Dios; esto sucede cuando el hombre actúa por su cuenta, y no le irá bien. En cambio leemos: “Porque Dios es el que en vosotros produce así el querer como el hacer, por su buena voluntad” (Fil. 2:13). Hay una innata tendencia a ser nosotros los que actuamos y dejamos a Dios a un lado.

Job plantea una duda: “Si yo le invocara, y él me respondiere, aún no creeré que haya escuchado mi voz” (v. 16). Un sentir en la situación crítica por la que estaba pasando Job, que podría dudar de que Dios le respondiese a él. La fe se tambalea cuando hay momentos de sufrimiento y no sabemos por qué. Y no era porque le faltase la fe, sino que las circunstancias le llevaban, en cierta medida, a creer que el Dios Altísimo no condescendería a escucharle a él. Y como Jesús dijo al apóstol Pedro: “Lo que yo hago, tú no lo comprendes ahora; mas lo entenderás después” (Jn. 13:7). “He aquí que él pasará delante de mí, y yo no lo veré; pasará, y no lo entenderé” (v. 11). Job está confuso por su padecimiento, y ello obstaculizaba su visión de Dios, y así nos sucede a nosotros, pues todo no es posible saber, pues Dios guarda sus secretos, y esto lo hemos de comprender.

Job sabe que Dios “hace cosas grandes e inescrutables, y maravillas sin número” (v. 10). Al igual que Job, ¿tú lo puedes creer? ¡Creámoslo! A través de la Biblia leemos que sucedieron muchas maravillas que están fuera de la razón humana, y por ello nos cuesta trabajo creer. Hay una ciertísima certeza que asumimos por la fe, al igual con respecto a la creación de Dios, que lo que no vimos lo entendemos por medio de la fe (Heb. 11:3). Jesús hizo muchas señales, y los primeros cristianos de la era apostólica también. Y si hoy hubiese más presencia de Dios, tanto a nivel individual como eclesial, veríamos suceder en la actualidad “cosas grandes e inescrutables y maravillas sin número”.

Uno se pregunta: ¿por qué? Y la respuesta es la que Jesús dijo a sus discípulos: “¿Dónde está vuestra fe?” (Lc. 8:25). Una fe reclamada por Cristo Jesús, que no consiste en ver, sino en creer.

Capítulo 10

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Aquí Job expresa su queja debido a su estado de aflicción, y esto le lleva a decir que “mi alma está hastiada de mi vida” (v. 1). Y Job se dirige a Dios diciendo: “¿Por qué me sacaste de la matriz?” (v. 18). Psicólogos y psiquiatras en nuestros días dirían que la desesperación de Job estaba al límite de sucumbir; para él la vida había dejado de ser una motivación, un ánimo para vivir. Job no solo tenía el dolor físico, sino también el psíquico. ¿Y cuál de ellos sería el peor de digerir?

Ambos constituían su profundo dolor, que le lleva a interiorizar y expresar su sentir. ¿Quién no habla, aunque no tenga razón, cuando su vida está en una auténtica desesperación? Hablar es bueno, y Job no se calló. Esto constituyó una terapia, un desahogo interior, y aún mejor cuando el desahogo él lo hizo elevándolo ante Dios, quien es el que realmente conoce a la perfección cuál es nuestra verdadera situación, y de Él emana la solución.

Una amargura de espíritu como la que tenía Job no hay palabras que puedan describirla, a menos que uno haya pasado por tal situación. Por ello, todo consejo en este caso de Job no sería cosa fácil para mitigar su aflicción, y sus amigos, quizás con buena intención, no acertaron a dar consuelo al patriarca Job. ¡Cuánta sabiduría se necesita para animar un corazón abatido por el inmenso dolor! ¿Dónde están los buenos consejeros cuando uno los necesita para calmar tal turbación, como en el caso de Job?

Faltan cristianos que verdaderamente aman a Dios de tal manera que, con inteligencia especial, puedan llegar al corazón, y no solo a la mente, porque no es suficiente la razón. ¡Señor, ayúdame a tener conmiseración y verdadero amor, sin dejar de ser juicioso, según sea cada concreta situación!

A Job no le faltaba la fe: “Tus manos me hicieron y me formaron” (v. 8). Esto lo dijo aludiendo a su propia creación, que Dios llevó a cabo. “Acuérdate que como a barro me diste forma; y en polvo me has de volver” (v. 9). Esta es una lección ejemplar para el ateísmo, cuyo postulado es que fue el azar, y no la creación de Dios, de donde se originó todo ser, sea hombre o mujer, animal o cualquier otro ser, y que no existió por un proceso evolutivo carente de inteligencia, que ni la ciencia explica cómo fue, sino simplemente teorías que requieren mucha fe.

Job prosigue diciendo: “Yo sé que mi Redentor vive, y al fin se levantará sobre el polvo; y después de deshecha esta mi piel, en mi carne he de ver a Dios” (19:25-27). Así se expresó Job, que aun la aflicción no era motivo suficiente para dejar de creer en que un día, en la resurrección, vería a Dios. Esta esperanza no es ilusoria, sino una constante enseñanza en la Palabra de Dios. Pregunto: ¿Es esta tu fe como la de Job? Y si no lo es, aún tienes tiempo de buscar a Dios y pedirle su perdón.

Esto evidencia la creencia de Job de que, al final, verá a Dios, mientras que el ateo no tiene ninguna esperanza de la resurrección, aunque Jesús habló de ella (Jn. 11:25). Job tiene una observación sobre la omnisciencia de Dios: Dios ve la iniquidad y no tendrá por limpio al que cometió pecado (v. 14). Así que Job reflexiona que, si él pecó y Dios lo observó, no lo tendría por limpio, aunque él no era una persona que pecara con constancia, ya que el mismo Dios consideraba a Job justo y temeroso de Dios. Creo que Job tampoco era perfecto, en la terminología bíblica de perfección, pero sí un hombre recto que temía a Dios.

¡Cuidemos nuestra vida ante la presencia de Dios y también de emitir juicios precipitados de condenación! Observemos que Dios mira desde los cielos y ve cada vida en el aspecto interior. Juzgará ciertamente al no arrepentido y, por consiguiente, no quedará inmune ante Dios.

Capítulo 11

— * —

A las palabras de Job de que su “doctrina es pura, y limpio estoy a tus ojos” (v. 4), Zofar acusa a Job de iniquidad, y por ello el castigo de Dios debe venir, aunque, según él, merecía más, y quisiera que Dios hablase a Job con fines de corrección, ya que, según él, Job desconoce “los secretos de la sabiduría” de Dios (v. 6). ¿Hacia dónde conduce esta actitud crítica hacia el patriarca Job?

En primer lugar, su amigo se equivocaba al juzgar a Job como si fuese un convicto pecador. En segundo lugar, su juicio a Job está carente de amor, pues no se sitúa en el sufrimiento de Job, sino que le acusa sin compasión. En tercer lugar, la manera que tiene su amigo de ver la situación de Job nos avisa de lo importante que es ponernos en la piel de aquel que sufre y necesita comprensión y no una malsana reprensión.

Es curiosa la expresión del amigo de Job, cuando dice que “el hombre vano se hará entendido, cuando un pollino de asno montés nazca hombre” (v. 12), ¡dando a entender que esto nunca ha de suceder! ¿Se refería a la falta de conocimiento de Job? ¡Quizás pueda ser! De ser así, sería un gran insulto, dañino para la capacidad de inteligencia que Job mostró poseer.

Job, al ser un hombre temeroso de Dios, sabía mucho más que aquellos que pretendían saber más que él. Y es que, muchas veces, nuestras palabras ponen al descubierto un parcial o total desconocimiento de los acontecimientos que en los planes de Dios deben suceder. Y sea cual sea la situación en la que uno esté, deja que Dios actúe conforme a su saber, y no le impongamos lo que Él debería hacer; dejemos en sus manos que Él obre y aplique lo que en definitiva es para nuestro bien, aunque de momento no entendamos el porqué, pero sí vendrá un después (Jn. 13:7).

Hay dos textos que quiero comentar también: “Tendrás confianza, porque hay esperanza” (v. 18). ¡Unas loables palabras! Y es que la confianza viene primero y el resultado de la misma es la esperanza, pero si esta falla, también la esperanza. Por ello, la esperanza puede convertirse en un deseo, pero carente de confianza. “Te acostarás, y no habrá quien te espante” (v. 19), por ello “seguro dormirás” (v. 18). Quizás ahuyentamos el sueño reparador cuando hay una conciencia no limpia ante Dios, y ello no permitirá un descanso de buena conciencia ante el Señor.

“Pero los ojos de los malos se consumirán, y no tendrán refugio” (v. 20). ¿Y cuál sería la razón? “No hay paz para los malos, dijo Jehová” (Is. 48:22). Cuidemos nuestra conciencia, pongámosla ante la presencia de Dios, y dejemos que su paz llene nuestro pensamiento y corazón (Fil. 4:7). ¡Creo que la conciencia de uno no puede descansar, a no ser que esté cauterizada! (1 Tim. 4:2).

Capítulo 12

— * —

Job dice a sus compañeros que ellos son el pueblo, y que con ellos morirá la sabiduría (v. 2). Es posible que así suceda en todos los tiempos. Y añade que él, al igual que ellos, también tiene entendimiento (v. 3), así que el saber no es exclusivo de ellos, sino que ellos y Job se caracterizan por ser personas inteligentes.

Una aplicación sería que la sabiduría va más allá de un simple conocimiento, es decir, teórico, y que la tal lleva en sí una forma de comportamiento. Así lo expresa el Apóstol Santiago (Stg. 3:13), el que también dice que la sabiduría que de lo alto desciende tiene unas cualidades fuera de lo corriente, porque son espirituales, que van contra corriente y, por lo tanto, no todos las viven ni las entienden (Stg. 3:17).

“Ciertamente el oído prueba las palabras, y el paladar gusta las viandas” (v. 11). Y una aplicación sería la de un oído atento que distingue las palabras de lo que es espurio y falto de entendimiento, así como las viandas dan su gusto al paladar dejando un agradable saboreo. ¡Cuántas veces nuestra comunicación no produce ningún efecto, quizás, al contrario, produce malestar en el otro!, porque no lleva sabiduría, sino solo palabras que causan descontento a los oídos que escuchan y piensan en ser ayudados en su conflicto interno.

“En los ancianos está la ciencia, y en la larga edad la inteligencia” (v. 12). ¡Qué gran verdad, que tantos desechan y no reflexionan en aprovechar ese conocimiento que la ancianidad acumuló con el paso del tiempo!, especialmente aquellos que la vivieron en la comunión con Dios, y de Él aprendieron. A todos nos ha pasado, y sigue pasando, desaprovechar tal conocimiento. Si aceptáramos su ayuda, realmente, en muchas cosas nos podrían ayudar en el camino recto. La cuestión radica en que pensamos que hay en nosotros sabiduría y que no necesitamos consejos, ni aun cuando estamos en el padecimiento. ¿Y cómo llamaríamos a esto? ¡Diría yo puro ego que no admite consejos!

“Con Dios está la sabiduría y el poder; suyo es el consejo y la inteligencia” (v. 13). ¡Cuán poco aprendemos de esta verdad, y por ello no la buscamos con sinceridad y anhelo! Porque si así fuese, el Apóstol Santiago nos dice: “Y si alguno de vosotros tiene falta de sabiduría, pídala a Dios, el cual da a todos abundantemente y sin reproche, y le será dada” (Stg. 1:5). Un texto bíblico del cual todos hemos de meditar. Pidamos sabiduría con fe, pues si no, no vendrá (Stg. 1:6). Y una aplicación sería: sin tal sabiduría, ¿se podrá vivir en el camino recto? “Mi pueblo fue destruido, porque le faltó conocimiento” (Os. 4:6). Parafraseando las palabras de Job: Dios quita a los pueblos y a los jefes de la tierra el entendimiento, y por ello vagan como por un desierto, sin un rumbo seguro y, además, sin conocimiento (v. 24).

Juan Bautista García Serna · Libro de Job · CaJuan Bautista García Serna • Comentario al Libro de Job

Bloque 13-18 sin 15
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Capítulo 13

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Job dice a sus amigos que, aunque ellos se tienen por sabios, en realidad no han comprendido el misterio del sufrimiento del justo. Les reprocha con dolor que son forjadores de mentira y médicos nulos todos vosotros. No han sabido consolar, sino acusar.

El patriarca, herido en su cuerpo y en su alma, vuelve su rostro a Dios. No quiere ya contender con los hombres, sino con el Altísimo. Dice: He aquí, aunque Él me matare, en Él esperaré; no obstante, defenderé delante de Él mis caminos. Esta es la fe que no se apaga aun en la noche más oscura.

Job pide dos cosas a Dios: que retire de él su mano pesada y que no le espante con su terror. Si Dios hace esto, entonces Job hablará y Dios responderá, o Job preguntará y Dios le hará saber. Es el clamor del hombre que busca audiencia con su Creador.

¿Cuántas son mis iniquidades y pecados? Hazme entender mi transgresión y mi pecado. Job no se declara sin pecado, pero sí afirma que su sufrimiento no es proporcional a sus faltas. Sabe que todo hombre lleva consigo la herencia de Adán, pero pide justicia y no castigo desmedido.

Tú escribes contra mí amarguras, y me haces cargo de los pecados de mi juventud. Aquí vemos al hombre que siente que Dios le ha vuelto la espalda. Sin embargo, en medio de esa queja, hay una súplica escondida, una confianza que no se ha roto del todo.

El hombre, dice Job, es como la flor que sale y es cortada, y huye como la sombra y no permanece. Toda la vanidad de la existencia humana aparece ante sus ojos. Pero aun así, el justo no deja de esperar. Como dice el salmista: ¿Por qué te abates, oh alma mía, y por qué te turbas dentro de mí? Espera en Dios; porque aún he de alabarle, salvación mía y Dios mío. Sal.43:5

Capítulo 14

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En este capítulo Job hace una de las reflexiones más profundas sobre la brevedad de la vida humana. El hombre nacido de mujer, corto de días y hastiado de sinsabores, sale como una flor y es cortado, y huye como la sombra y no permanece. ¡Qué descripción tan exacta de nuestra condición!

Job se pregunta si hay esperanza para el hombre después de la muerte. Si el árbol fuere cortado, aún queda de él esperanza; retoñará aún, y sus renuevos no faltarán. Pero el hombre morirá y será cortado, perecerá el hombre, ¿y dónde estará él? Esta pregunta atraviesa los siglos y solo Cristo la responde plenamente.

Si el hombre muriere, ¿volverá a vivir? Todos los días de mi edad esperaré, hasta que venga mi liberación. Job intuye, como a través de un velo, la resurrección. Llamarás, y yo te responderé; tendrás afecto a la hechura de tus manos. ¡Bendita esperanza la del justo que sabe que su Redentor vive!

El patriarca reconoce que Dios tiene contados sus pasos y que observa todos sus caminos. No hay nada oculto para el Señor. Pero también reconoce que Dios es misericordioso y que, aunque ahora le prueba, no le abandonará para siempre.

¡Oh, quién me diera que me escondieses en el Seol, que me encubrieses hasta apaciguarse tu ira, que me pusieses plazo y de mí te acordaras! Este es el grito del que anhela la misericordia en medio del juicio. Es la misma súplica que Cristo llevó en la cruz por nosotros.

Y así, este capítulo nos lleva a considerar el destino final del hombre. Los justos irán a la vida eterna, a la presencia de Dios, y los impíos al castigo eterno. Porque el Hijo del Hombre vendrá a separar a unos de otros, como el pastor separa las ovejas de los cabritos. E irán éstos al castigo eterno, y los justos a la vida eterna. Mt.25:46

Capítulo 15

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La sabiduría de lo alto

Elifaz, el amigo de Job, habla sobre la sabiduría y la importancia de controlar los pensamientos y las palabras (Job 15:2-3). La sabiduría de lo alto es la que procede de Dios y se muestra en obras (Stg. 1:5; 3:13). Esta sabiduría es fundamental para vivir una vida que agrade a Dios.

La sabiduría de lo alto en la vida diaria. La sabiduría de lo alto se caracteriza por ser mansa y humilde, y se muestra en la forma en que vivimos (Mt. 11:29). Jesús es el ejemplo perfecto de esta sabiduría.

El control de los pensamientos y las palabras.
Nuestros pensamientos y palabras tienen consecuencias, y debemos controlarlos para no condenarnos a nosotros mismos (Job 15:6; Lc.19:22). “Porque de la abundancia del corazón habla la boca” (Lc.6:45). Es importante ser conscientes de lo que pensamos y decimos.

La incredulidad y la soberbia.
La incredulidad y la soberbia llevan a la maldad y al libertinaje (Job 15:25; Sal. 53:1). Es importante reconocer la existencia de Dios y vivir de acuerdo con su voluntad.

La humildad y la obediencia son fundamentales para una vida espiritual saludable.

¿Cuáles lecciones para la vida espiritual?

1. La importancia de la sabiduría de lo alto, que procede de Dios y se manifiesta en obras.

2. La necesidad de controlar los pensamientos y las palabras, ya que tienen poder para edificar o destruir.

3. La incredulidad y la soberbia conducen a la maldad inequívocamente, y apartan el corazón de Dios.

4. La sabiduría de lo alto se ve en el vivir diario: en actitudes mansas, humildes y justas.

5. Nuestros pensamientos y palabras tienen consecuencias, ya que reflejan el estado de nuestro corazón ante Dios.


Capítulo 16

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Job responde a la reprensión de Elifaz con dolor y firmeza. Muchas veces he oído cosas como estas; consoladores molestos sois todos vosotros. Sus amigos, en lugar de vendar sus heridas, echan vinagre sobre ellas. No hay consuelo en sus palabras, solo acusación.

Job afirma: Si vosotros estuvierais en mi lugar, yo también podría hablar como vosotros; podría hilvanar contra vosotros palabras, y sobre vosotros mover mi cabeza. Pero él no haría eso; él consolaría con su boca y la consolación de sus labios mitigaría el dolor.

Dios, dice Job, me ha desmenuzado; me asió por la cerviz y me despedazó, y me puso por blanco suyo. Se siente como blanco de los arqueros de Dios. Sus saetas le rodean, parte sus riñones y no perdona, derrama en tierra su hiel. Es el lenguaje del sufrimiento extremo, del abandono aparente.

Mas ahora mi testigo está en los cielos, y mi testimonio en las alturas. ¡Qué hermosa confesión! Aunque en la tierra todos le condenan, Job sabe que en el cielo hay un testigo fiel, un abogado que defiende su causa. Este es Cristo, nuestro intercesor ante el Padre.

Disputadores son mis amigos; mas ante Dios derramaré mis lágrimas. Job no busca ya la aprobación de los hombres, sino la vindicación divina. Sabe que su causa está en manos de Dios y que Él hará justicia a su tiempo.

¡Oh, si pudiese disputar el hombre con Dios, como con su prójimo! Pero nosotros sabemos que tenemos un Mediador, Jesucristo hombre, que nos reconcilia con Dios. Por Él tenemos entrada al trono de la gracia, y por Él esperamos la gloriosa venida, cuando los muertos en Cristo resucitarán primero, luego nosotros los que vivimos, los que hayamos quedado, seremos arrebatados juntamente con ellos en las nubes para recibir al Señor en el aire, y así siempre estaremos con Él.

Capítulo 17

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Mi aliento se agota, se acortan mis días, y me está preparado el sepulcro. Así comienza este capítulo, con el lamento más profundo del patriarca. Job siente que la muerte le ronda, que sus días se han consumido y que solo le espera la oscuridad del sepulcro.

No hay conmigo sino escarnecedores, en cuya provocación se detienen mis ojos. Sus amigos no le dejan descansar; día y noche le acosan con sus acusaciones. Job se siente solo, rodeado de burladores que no entienden su dolor.

Pon ahora, dame fianza para contigo; ¿quién es el que querrá tocar mi mano? Job pide un fiador ante Dios. En su angustia, clama por alguien que garantice su inocencia. ¡Y ese fiador nos ha sido dado en Cristo Jesús, que se hizo fiador de un mejor pacto!

Mis días fueron cortados, y arrancados están los pensamientos de mi corazón. Job ve todos sus proyectos desvanecidos. Sus hijos muertos, su hacienda perdida, su salud quebrantada. Todo lo que había edificado en esta tierra ha sido derribado en un instante.

Si yo espero, el Seol es mi casa; haré mi cama en las tinieblas. A la corrupción he dicho: Mi padre eres tú; a los gusanos: Mi madre y mi hermana. ¡Qué cuadro tan desolador! Pero aun en esa oscuridad, Job no pierde del todo la esperanza, porque sabe que Dios puede sacarle del polvo.

¿Dónde, pues, estará ahora mi esperanza? Y mi esperanza, ¿quién la verá? Job parece haber tocado fondo. Pero nosotros sabemos, por la revelación completa, que nuestra esperanza no está en esta vida solamente, ni en la salud, ni en los bienes, sino que nuestra esperanza está en Dios, que es fiel y no abandona a los suyos.

Capítulo 18

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Cuando pondréis fin a las palabras, habla Bildad el suhita. Con impaciencia, reprende a Job por su largo hablar. Entended primero, y después hablemos. Bildad cree que Job no quiere entender, que se obstina en su propia justicia.

Ciertamente la luz de los impíos será apagada, y no resplandecerá la centella de su fuego. Bildad describe el destino de los malvados con colores sombríos. La luz se oscurecerá en su tienda, y se apagará sobre él su lámpara. Sus pasos vigorosos serán acortados, y su mismo consejo lo precipitará.

Porque red será echada a sus pies, y sobre malla andará. El impío cae en su propia trampa. Lazo está escondido para él en la tierra, y trampa le aguarda en la senda. De todas partes lo asombrarán temores, y le harán huir desconcertado.

Serán gastadas de hambre sus fuerzas, y a su lado estará apercibida destrucción. Su confianza será arrancada de su tienda, y al rey de los espantos será conducido. Fuego morará en su tienda; azufre será esparcido sobre su morada. Así describe Bildad la suerte del impío, pensando que Job es uno de ellos.

Pero Bildad se equivoca, porque Job no es impío, sino justo probado por Dios. El sufrimiento no siempre es señal de pecado, sino a veces de purificación y de testimonio. Dios permite la prueba para mostrar su gloria y para perfeccionar la fe de sus santos.

El que oye la palabra de Dios y no la guarda, ése es el impío que será apagado. Mas el que cree en el Hijo tiene vida eterna; y el que rehúsa creer en el Hijo no verá la vida, sino que la ira de Dios está sobre él. Y nosotros sabemos que el que cree en Cristo ya ha pasado de muerte a vida, porque de cierto, de cierto os digo: El que oye mi palabra, y cree al que me envió, tiene vida eterna; y no vendrá a condenación, mas ha pasado de muerte a vida. Jn.5:24

— Fin del Bloque 13-18 sin 15 —pítulos 7–12ue 1 Bloque 4 Cap 19-24 Texto Íntegro Corregido 26px
Comentario Job — Juan Bta. García Serna

Capítulo 19

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Unas palabras de Job que no tienen desperdicio, y que van dirigidas a sus amigos: “Respondió entonces Job, y dijo: ¿Hasta cuándo angustiaréis mi alma, y me molestaréis con palabras? (vs. 1 y 2) Ya me habéis afrentado diez veces, y me maltratáis sin que os dé vergüenza (v. 3)”. Job es injuriado por sus amigos como un malhechor empedernido, y sin razón es vituperado, especialmente por aquellos que, presumiblemente, deberían apoyarlo y no afrentarlo.

Job consideraba a sus presuntos amigos “angustiadores de su alma”, cuyas “palabras” le eran “molestas”, y no sabias. ¿Cuál sería tu actitud si fueses Job? ¿Dirías lo que dijo él o mantendrías silencio en tu dolor? Quizás nos pueda ayudar lo que Jesús padeció: que ante sus angustiadores su boca no abrió (Is. 53:7). Un silencio, en ocasiones, sería el medio que un cristiano debería adoptar: “Y siendo acusado por los principales sacerdotes y por los ancianos, nada respondió” (Mt. 27:12).

Job no estaba exento de errar, y él sabe que sobre sí mismo el pecado recaerá (v. 4). Dios perdona y limpia de iniquidad a todo el que está dispuesto de corazón a confesar: “Si confesamos nuestros pecados, él es fiel y justo para perdonar nuestros pecados, y limpiarnos de toda maldad” (1 Jn. 1:9); no obstante, las secuelas del pecado sobre uno recaerán; aunque Dios “sepultará nuestras iniquidades y todos nuestros pecados echará en lo profundo del mar” (Miq. 7:19). Y la pregunta del profeta Miqueas: “¿Qué Dios como tú, que perdona la maldad, y olvida el pecado del remanente de su heredad?” (Miq. 7:18). ¡Qué gran consuelo el saber que nuestros pecados confesados a Dios, olvidados por Él serán!

Job recuerda la gloria que tuvo, y ahora estaba despojado de ella, y “quitada la corona de su cabeza” (v. 9), y es que la verdadera gloria no debería estar sobre nuestra cabeza, sino sobre Dios, como el salmista David expresa: “Dad a Jehová la gloria debida a su nombre; adorad a Jehová en la hermosura de la santidad” (Sal. 29:2). ¿Dónde buscas tú gloria? ¡Atiende a lo que Jesús dijo, y su enseñanza prioriza (Jn. 12:43)! ¿Por qué buscar lo efímero y pasajero, y no centrarnos en lo verdaderamente eterno? La mirada de Job a su anterior gloria debería ayudarnos a entender que es como la sombra que se esfuma.

Job tuvo una decepción de los que habían sido sus íntimos amigos, a quienes amaba, y que ahora se volvían contra él cuando más los necesitaba (v. 19). Es una pena cuando los supuestos amigos te aborrecen sin causa, o simplemente se alejan dejándote solo con tu pesada carga, y aunque les digas: “¡Oh, vosotros mis amigos, tened compasión de mí!” (v. 21), ¿lo oirán y a tu clamor atenderán? Es posible que sí, aunque no fue el caso de Job que vemos aquí.

¿Dónde estaba la esperanza del patriarca Job? ¡Estaba en Dios, y en el día de su resurrección! “Yo sé que mi Redentor vive, y al fin se levantará sobre el polvo; y después de deshecha esta mi piel, en mi carne he de ver a Dios” (vs. 25 y 26). Pablo, el apóstol, así lo expresó, al igual que Job, al hablar de una vida en gloria después de la resurrección: “Pues tengo por cierto que las aflicciones del tiempo presente no son comparables con la gloria venidera que en nosotros ha de manifestarse”, en la resurrección, o cuando Jesús venga (Rom. 8:18). Y si en ti no hay fe y continúas en incredulidad, entonces escucha lo que dijo Job: “Sabed que hay juicio” (v. 29).

Capítulo 20

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Es de interés considerar lo que dijo el amigo de Job, quien considera el gozo y la alegría del impío como algo fugaz sin consistencia, sino momentánea y circunstancial, así lo expresó: “La alegría de los malos es breve, y el gozo del impío por un momento” (v. 5). Y continúa: “Aunque subiere su altivez hasta el cielo, y su cabeza tocare en las nubes, como su estiércol perecerá para siempre; los que le hubieren visto dirán: ¿Qué hay de él? Como sueño volará, y no será hallado, y se disipará como visión nocturna” (vs. 6-8).

¡Qué ilustración tan gráfica!, que hace a uno pensar: ¿De qué sirve la altivez, si de la alegría y del gozo te privará? “Si el mal se endulzó en su boca, si lo ocultaba debajo de su lengua, su comida se mudará en sus entrañas; veneno de áspides es dentro de él. No verá los arroyos, los ríos, los torrentes de miel y de leche” (vs. 12-14, 16-17). El pecado siempre será un atractivo, pero la amargura después vendrá, porque la impiedad impune no quedará, y el castigo tarde o temprano llegará. Es preciso el arrepentimiento, y entonces tendrás perdón de Dios (1 Jn. 1:9). ¡Acepta esta VERDAD de Dios!

El amigo de Job, después de describir todas las calamidades que al malo le esperan, concluye diciendo: “Esta es la porción que Dios prepara al hombre impío, y la heredad que Dios le señala por su palabra” (v. 29). Y es que la palabra de Dios se cumplirá: “No os engañéis; Dios no puede ser burlado: pues todo lo que el hombre sembrare, eso también segará” (Gál. 6:7). ¿Qué es lo que sembramos? “Porque el que siembra para su carne, de su carne segará corrupción; mas el que siembra para el Espíritu, del Espíritu segará vida eterna” (Gál. 6:8).

Hay una vida breve, y por ello uno tiene que reaccionar: o servir al pecado, que acarreará su consecuencia, o someter a Dios nuestra vida, y en cada momento Él siempre nos ayudará, sean cuales sean las circunstancias por las que hemos de atravesar, aunque algunas de ellas dificultosas. La Biblia es un caudal de sabiduría. ¿Por qué desecharla en aras de la tuya y la mía? ¡Ora al Señor por ayuda cuando estés en dos caminos! Él te guiará por el correcto, si en Él depositas tu fe. “Dios es el que me ciñe de poder, quien hace perfecto mi camino” (Sal. 18:32).

“Encomienda a Jehová tu camino, y confía en él; y él hará” (Sal. 37:5), y no tú lo que debes hacer: “Te haré entender, y te enseñaré el camino en que debes andar” (Sal. 32:8). “Reconócelo en todos tus caminos, y él enderezará tus veredas” (Prov. 3:6). En cambio, “hay camino que al hombre le parece derecho; pero su fin es camino de muerte” (Prov. 14:12). ¡Cada uno de estos textos bíblicos debería hacernos reflexionar en lo que respecta a cuál es nuestro camino, el de mentira, o el de verdad! El uno llevará a la perdición y el otro a la salvación. Ahora has de tomar tu decisión; ¡tú elegirás, algo que nadie puede hacer por ti, ya que es personal!

Capítulo 21

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Job enseña que los malos prosperan; esto es lo que a sus amigos expresó: “¿Por qué viven los impíos, y se envejecen, y aun crecen en riquezas?” (v. 7). Quizás el patriarca Job desconocía lo revelado por Dios: “No te impacientes a causa de los malignos, ni tengas envidia de los que hacen iniquidad, porque como hierba serán pronto cortados, y como la hierba verde se secarán” (Sal. 37:1, 2). “No te entremetas con los malignos, ni tengas envidia de los impíos, porque para el malo no habrá buen fin” (Prov. 24:19 y 20). “No envidies al hombre injusto, ni escojas ninguno de sus caminos, porque Jehová abomina al perverso; mas su comunión íntima es con los justos” (Prov. 3:31 y 32).

¿Por qué envidiar al malo cuando su destino está determinado, y en cambio el temeroso de Dios obtendrá su bendición? Y no solamente aquí y ahora, sino también le espera la gloria en la eterna salvación. Una actitud correcta es de lástima por aquellos que desechan a Dios y por ello no tienen ninguna esperanza; solo se apoyan en sí mismos, y esto les ocasionará su final destino, que no será de salvación, sino de eterna perdición.

¿Qué dicen los impíos a Dios? “Apártate de nosotros, porque no queremos conocimiento de tus caminos. ¿Quién es el Todopoderoso para que le sirvamos? ¿Y de qué nos aprovechará que oremos a él?” (vs. 14 y 15). Una actitud de rebeldía que, sin lugar a dudas, su consecuencia tendrá. Dios siempre estará dispuesto a perdonar, pero si hay insistencia en el pecado, entonces el perdón no se obtendrá: “Jehová es tardo para la ira y grande en poder, y no tendrá por inocente al culpable” (Nah. 1:3).

A los elevados por ellos mismos, “igualmente yacerán ellos en el polvo, y gusanos los cubrirán” (v. 26). ¡A todos nos espera este fin, pero la diferencia está en que unos mueren sin esperanza, mientras que otros están seguros de una vida nueva que después de la muerte física les espera! ¿Cuál es tu seguridad cuando dejes esta tierra y pases a la eternidad? ¡Asegúrate leyendo reflexivamente la Biblia, y ella te enseñará en qué lugar pasarás la eternidad! “E irán éstos al castigo eterno, y los justos a la vida eterna” (Mt. 25:46). ¡Esto es en el más allá! Le señalo un texto bíblico que le haría bien pensar, pues fue lo que Jesús expresó en el Evangelio según Juan (5:24).

Job dice a sus amigos, algo que suele suceder: “Me consoláis en vano, y vuestras respuestas vienen a ser falacia” (v. 34). Creo que hay consoladores que no aciertan en sabiduría a responder, porque ignoran los conflictos internos que el otro pueda tener, sean ciertos o imaginarios, ya que de todo puede haber. Un buen cristiano buscará la dirección de Dios antes de responder. Sin duda, todos necesitamos consoladores que nos ayuden a salir de nuestro revés, pero ¿dónde encontrarlos que sean sinceros y que solo busquen nuestro bien?

Creo que sí los hay, y son aquellos que mantienen mucha cercanía en comunión con Dios. Los amigos de Job solo tenían una teología fría, incapaz de llegar al corazón que en sus carnes Job sufría. ¡Cuánto bien podríamos hacer si nos pusiésemos en el lugar del que padece y fuésemos capaces de no ocultarle lo que creemos que en su situación debería hacerse!

Capítulo 22

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Job es acusado abiertamente de que “por cierto tu malicia es grande, y tus maldades no tienen fin” (v. 5). Y aunque el amigo de Job esgrime sus argumentos para justificar su acusación, los cuales no responden con exactitud al referirse a Job. Una acusación malsana no edifica, sino que empeora la situación por la que estaba pasando el patriarca Job. Así sucede cuando se actúa sin ninguna empatía ni conmiseración hacia el que tiene su dolor.

¿Por qué somos tan propensos a dar a cada situación una solución sin razón? El amigo de Job estaba muy perdido en lo que respecta a tener el don de consolador. Un consejo quiero expresar: si consuelo no puedes dar, entonces no te entrometas en los problemas de los demás, y si lo haces, sin duda, más que ayudar, perjudicarás. ¿Quieres dañar o ayudar?

El amigo de Job cree que éste había perdido la comunión con Dios, y por ello también su paz, así que le dice: “Vuelve ahora en amistad con él, y tendrás paz” (v. 21). Una verdad que no correspondía al caso de Job, pero sí a todos aquellos que en sus vidas han ausentado al Dios del cual proviene la paz. Jesús dijo: “La paz os dejo, mi paz os doy” (Jn. 14:27), y ésta es el resultado de la amistad con Dios, que se trasluce en una auténtica vida de comunión con Dios.

¡Volvámonos a Dios, es Él y no ninguna otra circunstancia la que nos proporciona la paz con Dios! ¿Sientes la paz de Dios en tu interior? Porque estás buscándola en la comunión con Dios. Te aseguro que el ser religioso, donde esté ausente la palabra de Dios, no pienses que tal o cual creencia te llevará a experimentar la verdadera paz con Dios, ya que se consigue de manera exclusiva orando y leyendo las enseñanzas que están reveladas en la Palabra de Dios: “Toma ahora la ley de su boca, y pon sus palabras en tu corazón” (v. 22).

Una enseñanza de gran valor en lo que afecta a la edificación es: “Si te volvieres al Omnipotente, serás edificado; alejarás de tu tienda la aflicción” (v. 23). Y sin duda, aunque ella venga, de seguro que tendrás de Dios la auténtica consolación, porque Dios nunca abandona a los que en Él se apoyan, sea cual sea la situación por la cual estés pasando, y siempre tendrás a tu lado al Señor, quien dijo: “Orarás a él, y él te oirá” (v. 27).

¡Una de las experiencias más gloriosas es que Dios escuchará tu oración, y Él te responderá! Y en aquellos momentos cuando en tu camino haya oscuridad, entonces la luz de Dios “sobre tus caminos resplandecerá” (v. 28). Hay una condición que no debes olvidar: “Él salvará al humilde de ojos” (v. 29); en cambio, a los de ojos altivos, lo dice claramente la Sagrada Escritura, Él rechazará. En cambio, a los humildes de corazón, Dios siempre a su lado los tendrá, y escuchará sus plegarias y en su momento sus oraciones contestadas serán; siempre que cuentes con su perfecta y divina voluntad.

¡Lee con reflexión la palabra de Dios, y verás que así será! Hay muchas de sus bendiciones que nos perdemos. ¿Y cuál será la razón? Porque obviamos la escala de valores espirituales que Él demandó que en nosotros debería haber. ¡Y si así no fuese, entonces no esperemos una paz que nunca llegará, aunque la busquemos en todo lo que el mundo generosamente te ofrecerá y te animará a tomar, pero ello será tu infelicidad! (1 Jn. 2:15-17).

Capítulo 23

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Era tal la amargura del patriarca Job que no podía visualizar con acierto el porqué de su situación; al igual que puede pasarnos a nosotros cuando surge, de alguna forma, la aflicción. Y cuando ese momento llega, ¿qué actitud tomamos? ¿Nos resignamos y aceptamos como algo permitido por Dios, o nos ausentamos de Él dejando a un lado la comunión con Dios?

“¿Quién me diera el saber dónde hallar a Dios?” (v. 3). Éste fue un anhelo que surgió en su corazón, pues no desecha el designio de Dios, sino simplemente quiere hablar y oír a Dios. Creo que es una postura correcta la que tuvo Job, que al no entender su crítica situación quiere exponérsela a Dios, aunque se equivocó al decir cómo hallar a Dios. Hemos de entender que Job no tenía toda la revelación de Dios, que hoy nosotros tenemos de “todo el consejo de Dios” (Hch. 20:27).

Job quería exponer su “causa delante de él” (v. 4). Un gran ejemplo para el cristiano que, ante Dios, debe exponer, abriendo su corazón, y decirle todo lo que hay en él, pues Dios escucha y responde cuando buscamos la comunión con Dios (Heb. 4:16). “Yo sabría lo que él me respondiese, y entendería lo que me dijese” (v. 5). ¡Cuántas veces Dios, por su palabra, nos habla, y en cambio la desoímos porque en nuestro ego el sentimiento no encaja, demasiado enfática y exhortativa apelando a nuestra vida cristiana!

Hay palabras de Job que son toda una lección: “Mis pies siguieron sus pisadas; guardé su camino, y no me aparté” (v. 11). ¿Es así en nuestra vida cristiana, en la que sus caminos guardamos y de ellos no nos apartamos? Y si así no lo hiciésemos, ¿qué solución obtendremos cuando nos asalten situaciones que controlar no podemos? ¡Dejemos a un lado nuestra apreciada egocéntrica opinión y resolvamos con Dios a nuestro lado toda conflictiva situación! ¿Y cuál sería la razón?: “Él, pues, acabará lo que ha determinado de mí”, o sea, en Job (v. 14).

¡En la vida de un cristiano no existen las casualidades, sino los sabios designios de Dios! Una gran fortaleza esperanzadora que aún nos acerca más a Dios, sabiendo que todo lo que en nuestra vida suceda está controlado por Dios. ¿Así lo crees? ¡Entonces glorifica a Dios, y espera que Él intervenga, sea cual sea tu situación! Y como dijo el patriarca Job, que fue “turbado” por Dios (v. 16).

No obstante, también hay otras circunstancias de las que, por el hecho de ser cristianos, no estamos exentos. Job, aun sabiendo esto, no entró en un abandono de Dios, sino que se mantuvo firme en su aflicción, y en Dios encomendaba su dolor y crítica situación. ¿Hay alguien que quiera pasar por la situación de Job? ¡Creo que no!

¡No culpabilicemos a Job, como hicieron sus supuestos amigos, que fueron incapaces de otorgar consolación, aunque se consideraban sabios, expertos en los designios de Dios; eran realmente ignorantes en aplicar el método de empatía hacia el sufrimiento de Job! ¡Una aplicación teológica que no conlleve compasión no es teología, sino mala interpretación! La auténtica enseñanza bíblica siempre acarreará bendición cuando se obedece a Dios de todo corazón, y si hay desobediencia a la palabra de Dios, entonces no esperes lo mejor. Una de las cualidades inherentes en Dios es su AMOR, pero éste no está exento de castigo al pecador no arrepentido, así que lo que le espera es el JUSTO juicio de Dios.

Capítulo 24

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Una frase de relevante valor es la que Job expresó al considerar dos atributos de Dios: “Puesto que no son ocultos los tiempos al Todopoderoso” (v. 1). Y según el salmista indica por inspiración: “En tu mano están mis tiempos” (Sal. 31:15). ¡Qué gran consolación! Y también que, junto a la omnisciencia está la omnipotencia, poder absoluto de Dios que llevará a cabo todo control. ¡Así que el hombre es solo un peón en los planes divinos y eternos de Dios! ¿Dónde queda la jactancia del ser humano quien piensa, por su actitud, situarse en el lugar de Dios?

Si el hombre rechaza a Dios, será una persona digna de conmiseración, ya que camina solamente impulsado por su propia opinión, la cual le llevará al camino de frustración. Atiende a las palabras del salmista: “Hay camino que al hombre le parece derecho; pero su fin es camino de muerte”, de perdición, dijo el sabio Salomón, por inspiración (Prov. 16:25). Job hace una descripción de un comportamiento humano explotador: “Quitan los huérfanos del pecho, y de sobre el pobre toman la prenda. Al desnudo hacen andar sin vestido, y quitan las gavillas a los hambrientos” (vs. 9 y 10). Y Job dice: “Desde la ciudad gimen los moribundos, y claman las almas de los heridos de muerte, pero Dios no atiende a su oración” (v. 12).

A Job le parecía que para Dios esta situación le era indiferente, pero realmente no es así, pues Dios a todos atiende: “Entonces clamaron a Jehová en su angustia, y los libró de sus aflicciones” (Sal. 107:6). “He aquí, clama el jornal de los obreros que han cosechado vuestras tierras, el cual por engaño no les ha sido pagado por vosotros, y los clamores de los que habían segado han entrado en los oídos del Señor de los ejércitos” (Stg. 5:4). “Jehová es tardo para la ira y grande en poder, y no tendrá por inocente al culpable” (Nah. 1:3). ¡Ay de los que oprimen al pobre! ¿Podrán salir ilesos sin que Dios les otorgue castigo?

Job habla del adúltero que está aguardando el crepúsculo, y dice: “El ojo del adúltero está aguardando la noche, diciendo: No me verá nadie; y esconde su rostro” (v. 15). Hoy el adulterio entra dentro de la vida normal aunque es una práctica de inmoralidad, pero el hombre no lo ve como tal. ¿Pero qué dice Dios al respecto? “Porque Jehová Dios de Israel ha dicho que él aborrece el repudio” (Mal. 2:16), el cual es maldad. Y en el texto bíblico anterior, señala que no abandonemos a la mujer de nuestra juventud: “Guardaos, pues, en vuestro espíritu, y no seáis desleales para con la mujer de vuestra juventud” (Mal. 2:15). ¡Así de claro lo dice el Señor, no solo en estos versículos, sino en otros textos bíblicos que apunta la Palabra de Dios!

La cuestión es que en los tales no hay ninguna esperanza de volver a la vida junto con el Señor; en cambio, el cristiano nacido de nuevo (conversión) sabe que después de la muerte le espera una gran mansión junto a Dios. ¿Es esta tu esperanza, de perdición o salvación? Serás salvo si crees en Jesucristo con todo tu corazón. Esta es la promesa reiterada que encontramos en la Palabra de Dios: “Estas cosas os he escrito a vosotros que creéis en el nombre del Hijo de Dios, para que sepáis que tenéis vida eterna, y para que creáis en el nombre del Hijo de Dios” (1 Jn. 5:13).

Bloque 4 • Capítulos 19-24 • Texto íntegro lite

BLOQUE 5
Capítulos 25 al 33
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Comentario Job — Juan Bautista García Serna
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Capítulo 25

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El amigo de Job, Bildad el suhita, interviene por última vez y de forma muy breve. Su discurso es corto porque ya no tienen argumentos nuevos contra Job. Se limita a exaltar la grandeza de Dios para humillar más al hombre.

Bildad afirma que el dominio y el temor están con Dios, que Él hace la paz en sus alturas. ¿Cómo puede contarse su ejército? ¿Sobre quién no se levanta su luz? Con ello quiere decir que Dios es infinitamente superior y que el hombre no puede contender con Él.

La pregunta central de Bildad es retórica y contundente: ¿Cómo, pues, se justificará el hombre para con Dios? ¿Y cómo será limpio el que nace de mujer? Bildad tiene razón en que el hombre por sí mismo es impuro, pero olvida que Dios sí provee justificación por gracia.

Para ilustrar la santidad de Dios, dice que ni aun la luna será resplandeciente, ni las estrellas son limpias delante de sus ojos. Si la creación más luminosa palidece ante Dios, cuánto más el hombre.

Concluye con una imagen humillante pero realista sin Cristo: ¿Cuánto menos el hombre, que es un gusano, y el hijo de hombre, también gusano? La palabra gusano nos recuerda nuestra fragilidad, mortalidad y corrupción. Solo en Cristo dejamos de ser gusano también v.6

Capítulo 26

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Job proclama la soberanía absoluta de Dios frente a la débil ayuda que le ofrecen sus amigos. Con ironía les pregunta: ¿En qué ayudaste al que no tiene poder? ¿Cómo has amparado al brazo sin fuerza?

Job reconoce que sus amigos no han dado consejo al que no tiene sabiduría, ni han enseñado sana sabiduría. Lejos de consolar, han abrumado más su alma. Pero Job no se queda en la queja contra ellos, eleva su mirada al Todopoderoso.

Describe el poder de Dios en el mundo invisible: el Seol está descubierto delante de Él, y el Abadón no tiene cobertura. Dios extiende el norte sobre vacío, cuelga la tierra sobre nada. Ata las aguas en sus nubes y no se rompen debajo de ellas.

Habla del poder de Dios sobre el mar y los cielos: Él agita el mar con su poder y con su entendimiento hiere a Rahab. Su Espíritu adornó los cielos, su mano creó la serpiente tortuosa. Todo esto es apenas los bordes de sus caminos.

¡Y cuán leve es el susurro que hemos oído de Él! Pero el trueno de su poder, ¿quién lo puede comprender? Job muestra que lo que conocemos de Dios es solo una pequeña parte. Esta visión de la grandeza divina le da a Job fortaleza espiritual para seguir confiando aunque no entienda su dolor, y esa es también nuestra fortaleza espiritual en la prueba.

Capítulo 27

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Job sabe que toda circunstancia, por adversa que sea, está pesada en la balanza de Dios. Por eso hace un juramento solemne: Vive Dios, que ha quitado mi derecho, y el Omnipotente, que amargó el alma mía, que todo el tiempo que mi alma esté en mí y haya hálito de Dios en mis narices, no hablarán mis labios iniquidad.

Job defiende su integridad sin caer en la auto-justificación pecaminosa. Dice: Mi justicia tengo asida y no la cederé; no me reprochará mi corazón en todos mis días. No es orgullo, es conciencia limpia delante de Dios, como la que debe tener todo creyente.

Luego Job describe el destino del impío, aunque parezca prosperar. El impío amontona plata como polvo y prepara ropas como lodo, pero el justo se vestirá y el inocente repartirá la plata. Su esperanza perecerá, su casa es como polilla que edificó.

La enseñanza es clara: Dios ve el corazón. El rico impío se acuesta y no será recogido, abrirá sus ojos mas ya no estará. Dios le echará sin piedad y huirá de su mano. El aplauso de los hombres no sirve si Dios está en contra.

Job no se alegra del mal del impío, sino que afirma que la justicia divina es inevitable. Para Job, aunque ahora mismo sufra como si fuera culpable, sabe que a la larga Dios reivindicará al justo. Su fe no está en su prosperidad, sino en que todo, absolutamente todo, bajo su control soberano está.

Capítulo 28

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Job se pregunta con profunda sabiduría dónde se hallará la sabiduría y dónde está el lugar de la inteligencia. Para responder, hace un poema incomparable sobre la minería del hombre.

El hombre busca los tesoros ocultos: Ciertamente la plata tiene sus veneros, y el oro lugar donde se refina. El hierro se saca del polvo, y de la piedra se funde el cobre. A las tinieblas ponen término y examinan todo a la perfección. El hombre abre minas lejos de lo habitado, hace pozos en lugares olvidados.

Hay un camino que ninguna ave conoce, ni ojo de buitre vio. Nunca lo pisaron animales fieros, ni león pasó por él. En roca puso su mano el hombre y trastornó de raíz los montes. De los peñascos cortó ríos y sus ojos vieron todo lo preciado. Detuvo los ríos para que no corriesen y lo escondido sacó a la luz. ¡Qué ingenioso es el hombre para buscar riquezas materiales!

Pero con toda esa inteligencia técnica, el hombre no encuentra la sabiduría por sí mismo. No se hallará en la tierra de los vivientes. El abismo dice: No está en mí, y el mar dijo: Ni conmigo. No se dará por oro ni su precio será a peso de plata. No puede ser apreciada con oro de Ofir, ni con ónice precioso, ni con zafiro.

Entonces, ¿de dónde vendrá la sabiduría? Dios entiende el camino de ella y conoce su lugar. Cuando Él dio ley a la lluvia y camino al relámpago de los truenos, entonces la vio Él y la manifestó. Y dijo al hombre: He aquí que el temor del Señor es la sabiduría, y el apartarse del mal, la inteligencia. Esa es la verdadera ciencia: no solo saber mucho, sino saber qué tengo que hacer delante de Dios. Ese es el camino que tengo que hacer.

Capítulo 29

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Job recuerda su felicidad pasada, no por nostalgia carnal, sino para contrastar la obra de Dios antes y ahora. ¡Quién me tornase como en los meses pasados, como en los días en que Dios me guardaba, cuando hacía resplandecer sobre mi cabeza su lámpara!

En aquellos días, Job era respetado y amado. Cuando el Todopoderoso estaba aún conmigo y mis hijos alrededor de mí, cuando lavaba yo mis pasos con manteca y la piedra me derramaba ríos de aceite. Era imagen de prosperidad, familia y unción.

Su influencia social era notable: Cuando yo salía a la puerta a juicio y en la plaza hacía preparar mi asiento, los jóvenes me veían y se escondían, y los ancianos se levantaban y estaban de pie. Los príncipes detenían sus palabras. Mi voz era consejo para todos. Porque yo libraba al pobre que clamaba y al huérfano que carecía de ayudador.

Job era ojos al ciego y pies al cojo. Padre era a los menesterosos y la causa que no entendía, la inquiría. Quebrantaba los colmillos del inicuo y de sus dientes hacía soltar la presa. Su justicia era su vestido, su equidad como manto y diadema.

Pero Job esperaba quebrantamiento: Yo decía, en mi nido moriré y como arena multiplicaré mis días. No esperaba este vuelco tan repentino. Pensaba que moriría en paz, rodeado de honra. Este capítulo nos enseña que la posición social es prestada por Dios y que el respeto verdadero viene por la justicia y la misericordia, no por la fuerza ni por el vandalismo como fue en la antigüedad y como sigue siendo hoy cuando el hombre sin Dios impone su poder.

Capítulo 30

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Job lamenta su desdicha presente en un contraste doloroso con el capítulo anterior. Si antes los ancianos se levantaban ante él, ahora dice: Pero ahora se ríen de mí los más jóvenes que yo, a cuyos padres yo desdeñara poner con los perros de mi ganado.

Describe a esos burladores como gente vil, hijos de necios, que roían el desierto por hambre y eran expulsados de entre las gentes. Y ahora yo soy su canción y les sirvo de refrán. Me abominan, se alejan de mí y aun de mi rostro no detuvieron su saliva.

Job siente que Dios mismo ha desatado su cuerda y lo ha afligido, por eso se desenfrenaron delante de él. Su honra se va como viento y como nube pasó su prosperidad. Y ahora mi alma está derramada en mí, días de aflicción se han apoderado de mí. La noche taladra mis huesos y los dolores que me roen no reposan.

Su enfermedad lo ha desfigurado: Mi piel se ha ennegrecido y se me cae, y mis huesos arden de calor. Su vida social y emocional está destruida: He venido a ser hermano de chacales y compañero de avestruces. Mi arpa se ha tornado en luto y mi flauta en voz de lamentadores.

A pesar de todo este cuadro de miseria, Job no maldice a Dios. En lo profundo de su lamento mantiene una fe que mira más allá de la tumba. Aunque ahora su carne se pudre, él atisba la esperanza de la resurrección, como dirá después con más claridad: Yo sé que mi Redentor vive, y con todo, en mi carne veré a Dios, esperanza que sostuvo a Job y que nos sostiene a nosotros.

Capítulo 31

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Loables son las palabras de Job en este capítulo, que es su defensa final y su juramento de inocencia. No es jactancia, sino un examen sincero de su conciencia delante de Dios. Comienza con la pureza moral: Hice pacto con mis ojos, ¿cómo, pues, había yo de mirar a una virgen?

Job repasa su vida en varias áreas: Si anduve con mentira y mi pie se apresuró a engaño, péseme Dios en balanza de justicia y conocerá mi integridad. Habla de justicia social: Si hubo en mí desvío hacia la mujer de mi prójimo, que muela para otro mi mujer. Si desprecié el derecho de mi siervo y de mi sierva, ¿qué haré cuando Dios se levante?

Habla de caridad: Si estorbé el contento de los pobres, e hice desfallecer los ojos de la viuda, si comí mi bocado solo y no comió de él el huérfano. Desde mi juventud el huérfano creció conmigo como con padre. Si he visto que pereciera alguno sin vestido y al menesteroso sin abrigo, si no me bendijeron sus lomos.

Habla de su relación con las riquezas: Si puse en el oro mi esperanza y dije al oro, mi confianza eres tú, si me alegré de que mis riquezas se multiplicasen. Si he mirado al sol cuando resplandecía, o a la luna cuando iba hermosa, y mi corazón se engañó en secreto y mi boca besó mi mano, esto también sería maldad juzgada.

Habla de su trato con enemigos: Si me alegré en el quebrantamiento del que me aborrecía y me regocijé cuando le halló el mal. No, no entregué al pecado mi lengua pidiendo maldición para su alma. Job termina diciendo: ¡Quién me diera quien me oyese! He aquí mi señal, respóndame el Todopoderoso, y que el adversario escriba su memorial. Que otro lo examine, que Dios mismo testificará por mí 35 He aquí mi deseo de ser oído, y que Dios me responda.

Capítulo 32

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Entonces Eliú se encendió en ira contra Job, porque justificaba su vida más que a Dios, y contra sus tres amigos, porque no hallando qué responder, habían condenado a Job. Eliú es un joven que ha estado escuchando en silencio por respeto a los mayores, pero ya no puede callar.

Eliú declara: Yo soy menor en días y vosotros ancianos, por tanto he tenido miedo y he temido declararos mi opinión. Pero hay un espíritu en el hombre, y la inspiración del Omnipotente los hace que entiendan. No son los muchos días los que dan sabiduría, sino Dios. Por eso dice: Escuchadme y declararé yo también mi sabiduría.

El joven explica su urgencia: He aquí yo he esperado a vuestras razones, he escuchado vuestros argumentos. Yo decía, los días hablarán y la muchedumbre de años declarará sabiduría, pero no hay quien convenza a Job. Ahora, he aquí mi pecho es como vino que no tiene respiradero y se rompe como odres nuevos. Hablaré, pues, y respiraré.

Eliú se propone hablar con imparcialidad. No hará acepción de personas ni usará con nadie títulos lisonjeros, porque no sé hablar lisonjas, de otra manera en breve mi Hacedor me consumiría. Quiere ser fiel a Dios, no agradar a los hombres. Su intervención es necesaria porque los amigos han fallado y Job necesita otra perspectiva.

Este capítulo nos enseña el valor de escuchar antes de hablar y el peligro de hablar solo por edad o por experiencia sin la iluminación de Dios. Eliú representa la voz de la juventud temerosa de Dios que no adula. Nos recuerda que Dios no hace acepción de personas y que nosotros tampoco debemos hacerla en el trato con los demás Stg.2:1

Capítulo 33

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Eliú apunta una verdad muy importante que ni Job ni sus amigos habían considerado con claridad: Dios habla de muchas maneras, aunque el hombre no lo entienda. Por sueño, en visión nocturna, cuando el sueño cae sobre los hombres, entonces revela al oído de los hombres y les señala su consejo.

El propósito de Dios al hablar es apartar al hombre de su obra y quitar del varón la soberbia, para librar su alma del sepulcro y su vida de que perezca a espada. Dios no aflige por capricho, sino para corregir, advertir y salvar. Incluso el dolor físico puede ser un mensajero de Dios: También sobre su cama es castigado con dolor fuerte en todos sus huesos, que le hace que su vida aborrezca el pan.

En ese estado de enfermedad y desesperación, Eliú introduce la figura del mediador: Si tuviese cerca de él algún elocuente mediador muy escogido, que anuncie al hombre su deber, que le diga que Dios tuvo de él misericordia, que lo libró de descender al sepulcro, que halló redención. ¡Qué hermosa figura de Cristo, nuestro Mediador!

Entonces su carne será más tierna que la del niño, volverá a los días de su mocedad. Orará a Dios y Él le amará y verá su faz con júbilo y restaurará al hombre su justicia. Mirará sobre los hombres y dirá: Pequé y pervertí lo recto, y no me ha aprovechado. Dios redimirá su alma para que no pase al sepulcro, y su vida se verá en luz.

Eliú concluye que Dios hace todo esto dos y tres veces con el hombre, para apartar su alma del sepulcro y para iluminarlo con la luz de los vivientes. Es decir, Dios insiste en salvar, no se cansa de llamar. Da oportunidades repetidas para que el hombre se arrepienta y no se pierda, sino que ande en la luz de los vivientes vs.29-30

Fin del Bloque 5 — Capítulos 25-33 — Corrección leve ortográficaraBloque 6 Cap 34-42
Texto Íntegro Final Corregido 26px
Comentario Job — Juan Bta García Serna

Capítulo 34

Eliú, amigo de Job, sigue exponiendo su argumentación con celo por la justicia divina. No ha terminado aún de hablar, porque su corazón arde en defender la santidad de Dios frente a las quejas del patriarca.

«Oídme, sabios, y vosotros, entendidos, escuchadme» v.2. Eliú reclama atención porque no habla por pasión humana, sino con temor de Dios. Pide que se pese su razonamiento como se prueba el oro en el crisol.

Job había dicho: «Mi justicia está por encima de Dios» en el sentido de que se sentía tratado injustamente. Eliú corrige severamente: «Lejos esté de Dios la impiedad, y del Omnipotente la iniquidad» v.10. Dios no puede obrar torcidamente, porque su naturaleza es la misma justicia.

Porque Él pagará al hombre según su obra, y le hará hallar conforme a su camino v.11. No hay acepción de personas para con Dios Rom.2:11. Si el hombre siembra para la carne, de la carne segará corrupción; si siembra para el Espíritu, del Espíritu segará vida eterna Gál.6:8.

Eliú enseña que Dios no necesita quitar la vida al hombre para ser Dios; si Él recogiese su espíritu y su aliento, toda carne perecería juntamente Job 34:14-15. De Él es la vida, el movimiento y el ser Hch.17:28.

¿Gobernará el que aborrece juicio? v.17. Imposible. Si Dios fuese injusto, el universo se desmoronaría. Su trono está fundado sobre justicia y juicio Sal.89:14. Él ve todos los caminos del hombre y observa todos sus pasos v.21.

No hay tinieblas ni sombra de muerte donde se escondan los que obran maldad v.22. Todo está desnudo y abierto ante los ojos de Aquel a quien tenemos que dar cuenta Heb.4:13. Por eso Dios quebranta a los poderosos sin pesquisa y pone a otros en su lugar v.24.

A los afligidos, sin embargo, Él los libra de su aflicción. Abre sus oídos en la opresión v.16. El propósito del dolor no es destruir, sino instruir, como un padre corrige a su hijo amado Prov.3:12.

Job es acusado de hablar sin sabiduría y de añadir rebelión a su pecado v.35-37. Eliú, con dureza pero con verdad, le insta a no contender más, sino a humillarse.

Y concluye este capítulo con un consejo que es todavía hoy medicina para el alma atribulada: «Enséñame tú lo que yo no veo; si hice mal, no lo haré más» v.32. Esta es la oración del quebrantado que agrada a Dios: corazón contrito y humillado no despreciarás tú, oh Dios Sal.51:17.

Capítulo 35

Prosiguió Eliú en su razonamiento, volviéndose ahora a una cuestión profunda: ¿qué provecho saca el hombre de su justicia, y qué aprovecha a Dios?

«Mira a los cielos, y ve, y considera que las nubes son más altas que tú» v.5. La grandeza de la creación nos recuerda nuestra pequeñez. Si pecas, ¿qué le quitas a Dios? Y si tu justicia es mucha, ¿qué le das?

Tu impiedad dañará a un hombre como tú, y tu justicia aprovechará al hijo de hombre v.8. Es decir, el pecado y la justicia del hombre tienen repercusión en su prójimo, pero no hacen a Dios más grande ni más pequeño. Dios es autosuficiente, El-Shaddai.

Muchos claman a causa de la multitud de violencias, pero no dicen: ¿Dónde está Dios mi Hacedor, que da cánticos en la noche? v.9-10. Hay clamor sin oración. Hay queja sin búsqueda de Dios. Y Dios no responde al clamor del orgullo Job 35:12-13.

Eliú denuncia que Job ha abierto su boca vanamente y multiplica palabras sin sabiduría v.16. No basta hablar de Dios; hay que hablar con Dios, en humildad y reverencia.

El hombre, cuando sufre, quiere respuestas inmediatas. Pero Dios es soberano en el tiempo de responder. Él oye al afligido que le busca de madrugada, como está escrito: «Yo amo a los que me aman, y me hallan los que temprano me buscan» Prov.8:17.

La lección es clara: no es que Dios esté sordo; es que muchas veces el hombre pide mal, para gastar en sus deleites Stg.4:3. Dios no oye la vanidad.

Mas el justo, aunque ahora calle Dios, debe esperar. Porque al final, como dijo el salmista, «De mañana oirás mi voz; de mañana me presentaré delante de ti, y esperaré» Sal.5:3, sus oraciones tendrán la respuesta de Dios.

Capítulo 36

Eliú exalta la grandeza de Dios: «He aquí que Dios es grande, y nosotros no le conocemos, ni se puede seguir la huella de sus años» v.26. Aquí comienza uno de los pasajes más sublimes sobre la providencia.

«Espérame un poco, y te enseñaré; porque todavía tengo razones en defensa de Dios» v.2. Eliú no habla por sí mismo; quiere justificar a Dios, vindicar su santidad.

Dios no desampara al justo, sino que con los reyes los pone en trono para siempre v.7. El camino del justo es como la luz de la aurora, que va en aumento hasta que el día es perfecto Prov.4:18.

Pero a los afligidos libra en su aflicción, y en la opresión les abre el oído v.15. La aflicción es escuela. «Bueno me es haber sido humillado, para que aprenda tus estatutos» Sal.119:71. Dios no aflige por gusto Lam.3:33.

Eliú advierte a Job: «Ten cuidado, no te vuelvas a la iniquidad, la cual escogiste a causa de la aflicción» v.21. Es fácil, en el dolor, volverse amargo y culpar a Dios. Ese es el lazo del enemigo.

He aquí que Dios es grande, pero no desestima a nadie; es poderoso en fuerza de sabiduría v.5. Su poder va unido a su entendimiento. No es un poder ciego, sino sabio y misericordioso.

«Él atrae las gotas de las aguas, al transformarse el vapor en lluvia» v.27. ¡Qué descripción tan exacta del ciclo del agua, siglos antes de la ciencia! La lluvia es don de Dios Mt.5:45.

Dios truena maravillosamente con su voz; hace grandes cosas que nosotros no entendemos v.29. El hombre sabio no discute con Dios, sino que tiembla ante Él Jer.5:22.

Por tanto, Job debe aprender a pedir sabiduría. Porque si alguno tiene falta de sabiduría, pídala a Dios, el cual da a todos abundantemente y sin reproche, y le será dada. Pero pida con fe, no dudando nada; porque el que duda es semejante a la onda del mar Stg.1:5-6. Y es precisamente esta fe humilde, pidiéndola con fe, y sin dudar Stg.1:6, la que abre los cielos.

Capítulo 37

Eliú prosigue su exaltación del poder de Dios en la naturaleza. Su corazón se estremece al contemplar la tempestad: «Por eso también se estremece mi corazón, y salta de su lugar» v.1.

«Oíd atentamente el estrépito de su voz, y el sonido que sale de su boca» v.2. El trueno es la voz de Dios Sal.29:3-4. No es casualidad, es gobierno divino.

Debajo de todos los cielos lo dirige, y su luz hasta los fines de la tierra v.3. Dios gobierna el rayo, la nieve y la lluvia. «A la nieve dice: Desciende a la tierra; también a la llovizna, y a los aguaceros torrenciales» v.6.

Así hace retirarse a todo hombre, para que los hombres todos reconozcan su obra v.7. Dios pone sello en la mano de todo hombre. La creación es un libro que habla de su Creador Rom.1:20.

La bestia entra en su escondrijo, y reposa en sus moradas v.8. Aun los animales obedecen la voz de su Hacedor. ¿No obedeceremos nosotros, que somos hechos a su imagen?

Por sus misericordias no hemos sido consumidos, porque nunca decayeron sus misericordias Lam.3:22. Del norte viene dorada claridad; en Dios hay una majestad terrible v.22. No podemos alcanzar al Omnipotente; grande en poder, y en juicio y en multitud de justicia no afligirá v.23.

Temanle por tanto los hombres; Él no estima a ninguno que cree en su propio corazón ser sabio v.24. El temor de Jehová es el principio de la sabiduría Prov.9:10.

Este capítulo es una preparación para la aparición misma de Dios. Eliú calla para que hable el Señor. Y nos deja una última exhortación para el alma que busca entendimiento en medio de la prueba: pídala a Dios, el cual a todos da abundantemente y sin reproche, y le será dada Stg.1:5, pídala a Dios cual a todos da sin reproche Stg.1:5.

Capítulo 38

Dios con atención escuchó a los tres amigos de Job y a Eliú, pero ahora es Él mismo quien va a intervenir. «Entonces respondió Jehová a Job desde un torbellino, y dijo» v.1. No desde una brisa suave, sino desde un torbellino, para mostrar su majestad y soberanía.

«¿Quién es ese que oscurece el consejo con palabras sin sabiduría?» v.2. Dios reprende no solo a Job, sino a todo razonamiento humano que pretende juzgarle. Ahora ciñe tus lomos como varón; yo te preguntaré, y tú me contestarás v.3.

¿Dónde estabas tú cuando yo fundaba la tierra? Házmelo saber, si tienes inteligencia v.4. ¿Quién ordenó sus medidas, si lo sabes? ¿O quién extendió sobre ella cordel? v.5. Dios lleva a Job al principio de la creación.

¿Cuándo alababan todas las estrellas del alba, y se regocijaban todos los hijos de Dios? v.7. Antes que el hombre existiera, ya Dios era adorado por sus ángeles. El hombre es tardío en la historia, pero Dios es eterno Sal.90:2.

¿Quién encerró con puertas el mar, cuando se derramaba saliéndose de su seno... y dije: Hasta aquí llegarás, y no pasarás adelante, y ahí parará el orgullo de tus olas? v.8-11. Solo Dios pone límite al mar. Y si pone límite al mar, ¿no pondrá límite a nuestra aflicción? 1Cor.10:13.

¿Has mandado tú a la mañana en tus días? ¿Has mostrado al alba su lugar? v.12. Job no puede hacer amanecer. No puede gobernar ni un día. ¿Cómo gobernará su vida sin Dios?

Dios habla de la nieve, del granizo, del rayo, de las Pléyades y del Orión v.22-31. Todo el cosmos está bajo su mando. «¿Podrás tú atar los lazos de las Pléyades, o desatarás las ligaduras de Orión?» v.31. El hombre ni siquiera puede gobernar las estrellas que ve.

Este discurso humilla la soberbia humana. Job había querido contender con Dios, pero ahora comprende su pequeñez. Como dice el apóstol: «Porque ¿quién te distingue? ¿o qué tienes que no hayas recibido? Y si lo recibiste, ¿por qué te glorías como si no lo hubieras recibido?» 1Cor.4:7.

Capítulo 39

Dios continúa hablando con Job, ahora descendiendo de lo cósmico a lo particular, de las estrellas a los animales, para mostrar que si cuida de ellos, cuánto más cuidará del hombre, que vale más que muchos pajarillos Mt.10:31.

¿Sabes tú el tiempo en que paren las gamuzas? ¿O miraste tú las ciervas cuando están pariendo? v.1. Dios conoce el parto de la cabra montés en lo escondido del peñasco. Nada escapa a su ojo providente.

¿Quién echó libre al asno montés, y quién soltó sus ataduras? v.5. El asno montés representa la libertad indómita que solo Dios gobierna. El hombre quiere domesticar todo, pero hay cosas que solo Dios sujeta.

¿Querrá el búfalo servirte a ti, o quedar en tu pesebre? v.9. El búfalo es fuerza sin doma. Dios pregunta a Job si puede ponerle yugo. Si no puede con un animal, ¿cómo contenderá con el Creador?

Diste tú hermosas alas al pavo real, o alas y plumas al avestruz, el cual desampara en la tierra sus huevos... porque le privó Dios de sabiduría, y no le dio inteligencia v.13-17. Incluso la aparente necedad del avestruz tiene propósito en la sabiduría de Dios.

¿Diste tú al caballo la fuerza? ¿Vestiste tú su cuello de crines ondulantes? ¿Le intimidarás tú como a langosta? El resoplido de su nariz es formidable v.19-20. El caballo de guerra es figura del valor que Dios infunde, no del hombre.

¿Vuela el gavilán por tu sabiduría, y extiende hacia el sur sus alas? ¿Se remonta el águila por tu mandamiento, y pone en alto su nido? v.26-27. El vuelo del águila, que hace su nido en la peña inalcanzable, es sostenido por Dios.

Todo este discurso enseña a Job y nos enseña a nosotros que Dios cuida de lo grande y de lo pequeño. Por tanto, debemos apartarnos del orgullo y de la contienda. Como está escrito: «Desechando, pues, toda malicia, todo engaño, hipocresía, envidias, y todas las detracciones» 1Ped.2:1, y con ello, aléjate de la mentira y de toda vana palabrería que oscurece el consejo divino.

Capítulo 40

¿Es sabiduría contender con el Omnipotente? El que disputa con Dios, responda a esto v.2. Esta pregunta retumba todavía hoy. Contender con Dios no es sabiduría, es necedad Job 40:2.

Entonces respondió Job a Jehová, y dijo: He aquí que yo soy vil; ¿qué te responderé? Mi mano pongo sobre mi boca v.4. Por fin Job se humilla. La visión de Dios produce quebrantamiento Isa.6:5.

¿Invalidarás tú también mi juicio? ¿Me condenarás a mí, para justificarte tú? v.8. Dios muestra que Job, al justificarse a sí mismo, estaba en peligro de condenar la justicia divina. Necesitamos la justicia de Cristo, no la nuestra Fil.3:9.

Dios le dice: Adórnate ahora de majestad y de alteza, y vístete de honra y de hermosura v.10. Si Job puede hacerlo, entonces puede salvarse a sí mismo. Pero no puede. Solo Dios puede vestir al hombre de gloria.

He aquí ahora behemot, el cual hice como a ti; hierba come como buey v.15. Algunos ven aquí al hipopótamo o al elefante, figura de la fuerza creada, grande pero bajo control divino. Sus huesos son como fuertes tubos de bronce v.18.

Él es el principio de los caminos de Dios; el que lo hizo, puede hacer que su espada a él se acerque v.19. Aun la criatura más fuerte depende de su Creador. «Porque en él vivimos, y nos movemos, y somos» Hch.17:28.

Este capítulo nos lleva a la conclusión de que el hombre no puede salvarse ni justificarse por sí mismo. Necesita un Mediador, uno entre mil Job 33:23, que es Cristo Jesús, mediador de un mejor pacto Heb.8:6.

Y la voz de Dios, que humilla para exaltar, nos lleva al Evangelio: «De cierto, de cierto os digo: El que oye mi palabra, y cree al que me envió, tiene vida eterna; y no vendrá a condenación, mas ha pasado de muerte a vida» Jn.5:24. He aquí la esperanza final de Job y nuestra, De cierto, de cierto os digo... Jn.5:24.

Capítulo 41

Dios continúa hablando a Job, indicándole que todo lo creado está bajo su absoluto control, y ahora le presenta al leviatán, criatura temible que simboliza el poder indomable que solo Dios domeña.

¿Sacarás tú al leviatán con anzuelo, o con cuerda que le eches en su lengua? v.1. El hombre pesca peces, pero no al leviatán. Hay poderes que el hombre no puede atar.

¿Pondrás tú soga en sus narices, y horadarás con garfio su quijada? v.2. Lo que el hombre hace con animales pequeños, no puede hacerlo con esta criatura. Dios enseña a Job la diferencia entre lo humano y lo divino.

Nadie hay tan osado que lo despierte; ¿quién, pues, podrá estar delante de mí? v.10. Si nadie puede estar delante del leviatán, ¿quién podrá estar delante de Dios? «¡Horrenda cosa es caer en manos del Dios vivo!» Heb.10:31.

La gloria de su vestido es escudos fuertes, cerrados entre sí estrechamente v.15. Su estornudo enciende lumbre, y sus ojos son como los párpados de la mañana v.18. Descripción poética de un ser formidable, quizá el cocodrilo, quizá una criatura extinta, pero figura del mal y del caos que solo Dios contiene.

Menosprecia toda cosa alta; es rey sobre todos los soberbios v.34. He aquí la clave: el leviatán es rey sobre los soberbios. Representa el espíritu de orgullo que se levanta contra Dios.

Job aprende que Dios no solo creó el mundo, sino que lo gobierna, incluso lo que al hombre le parece ingobernable. «Jehová reina; temblarán los pueblos» Sal.99:1.

Y así, Dios abate toda altivez. Porque la Escritura nos advierte que el orgullo es la raíz de la impiedad, pues «El malvado, por la altivez de su rostro, no busca a Dios; no hay Dios en ninguno de sus pensamientos» Sal.10:4. Esta es la enfermedad que Job debía sanar: dejar su propia justicia para abrazar la de Dios, El malvado, por la altivez de su rostro, no busca a Dios Sal.10:4.

Capítulo 42

Al fin llegamos al último capítulo, el más esperado, donde el siervo humillado es restaurado. Job ha escuchado a Dios y ahora responde con un corazón quebrantado.

Respondió Job a Jehová, y dijo: Yo conozco que todo lo puedes, y que no hay pensamiento que se esconda de ti v.2. Esta es la confesión de la omnisciencia y omnipotencia divina. «¿A dónde me iré de tu Espíritu? ¿Y a dónde huiré de tu presencia?» Sal.139:7.

¿Quién es el que oscurece el consejo sin entendimiento? Por tanto, yo hablaba lo que no entendía; cosas demasiado maravillosas para mí, que yo no comprendía v.3. Job reconoce su ignorancia. La verdadera sabiduría comienza cuando reconocemos que no sabemos.

Oye, te ruego, y hablaré; te preguntaré, y tú me enseñarás. De oídas te había oído; mas ahora mis ojos te ven v.4-5. Hay diferencia entre oír de Dios y ver a Dios. Job pasa de la teología a la experiencia. Como Pablo, que fue arrebatado y vio cosas inefables 2Cor.12:4.

Por tanto me aborrezco, y me arrepiento en polvo y ceniza v.6. No es un arrepentimiento fingido, es profundo. El polvo y la ceniza son señal de humillación total. Dios mira al humilde y contrito de espíritu Isa.66:2.

Y aconteció que después que habló Jehová estas palabras a Job, Jehová dijo a Elifaz temanita: Mi ira se encendió contra ti y tus dos compañeros; porque no habéis hablado de mí lo recto, como mi siervo Job v.7. Dios vindica a Job. Los amigos, aunque con celo, no hablaron rectamente.

Ahora, pues, tomaos siete becerros y siete carneros, e id a mi siervo Job, y ofreced holocausto por vosotros, y mi siervo Job orará por vosotros v.8. ¡Qué gracia! Job, el que sufrió, ahora es intercesor por sus acusadores. Figura de Cristo, que intercede por nosotros Rom.8:34.

Y quitó Jehová la aflicción de Job, cuando él hubo orado por sus amigos; y aumentó al doble todas las cosas que habían sido de Job v.10. La restauración viene después de la intercesión. Cuando oramos por otros, Dios obra en nosotros. «Sobrellevad los unos las cargas de los otros» Gál.6:2.

Y le dieron todos sus hermanos y todas sus hermanas... y le consolaron de todo aquel mal que Jehová había traído sobre él v.11. Dios usa a la familia y a los amigos como bálsamo, después de la tormenta.

Y bendijo Jehová el postrer estado de Job más que el primero; porque tuvo catorce mil ovejas, seis mil camellos, mil yuntas de bueyes y mil asnas v.12. Dios restaura al doble. Él da mucho más abundantemente de lo que pedimos o entendemos Ef.3:20.

Tuvo también siete hijos y tres hijas. Y llamó el nombre de la una, Jemima, el nombre de la otra, Cesia, y el nombre de la tercera, Keren-hapuc v.13-14. Las hijas de Job son nombradas, cosa rara en la época, porque Dios honra a todos por igual. Y les dio su padre herencia entre sus hermanos v.15, figura de la herencia de los santos en luz Col.1:12.

Después de esto vivió Job ciento cuarenta años, y vio a sus hijos, y a los hijos de sus hijos, hasta la cuarta generación. Y murió Job anciano y lleno de días v.16-17. La historia que comenzó en dolor termina en plenitud, como promesa de que los sufrimientos de este tiempo presente no son comparables con la gloria venidera Rom.8:18.

Así termina el libro de Job, no con una explicación, sino con una revelación: Dios mismo es suficiente. Y para nosotros queda la bienaventuranza final: He aquí, tenemos por bienaventurados a los que sufren. Habéis oído de la paciencia de Job, y habéis visto el fin del Señor, que el Señor es muy misericordioso y compasivo Stg.5:11. Y murió Job anciano y saciado de días v.17.

Fin del Bloque 6 — Capítulos 34 al 42 — Soli Deo Glorial con corrección leve— Capítulos 1-6 — Juan Bta. García Serna — Zaragoza 2026

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