REFLEXIÓN BÍBLICA
Comentario al libro de Job por Juan Bta. García Serna Zaragoza, España, 2026 Capítulo 1La Historicidad del Libro de Job. Santiago, el apóstol, cita a Job, "habéis oído de la paciencia de Job" (Stg.5:11), no como un personaje ficticio o alegórico, sino como un hombre real que vivió, sufrió y permaneció fiel. Ezequiel también lo menciona junto a Noé y Daniel (Ez. 14:14,20), poniéndolo entre los justos históricos que intercedieron por su generación. El libro de Job no es una parábola; es historia sagrada. Job vivió en la tierra de Uz, probablemente al sureste de Israel, en territorio edomita. Era un hombre íntegro, temeroso de Dios y apartado del mal. Su riqueza era considerable, su familia numerosa, su testimonio intachable. Dios mismo da testimonio de él delante de Satanás: "¿No has considerado a mi siervo Job, que no hay otro como él en la tierra, varón perfecto y recto, temeroso de Dios y apartado del mal?" (Job 1:8). La historicidad del libro se confirma por su teología profunda, su poesía hebrea antigua y su encaje en la revelación progresiva. Job conocía el sacrificio, la intercesión por sus hijos, la soberanía de Dios sobre la creación. No tenía la Ley de Moisés aún, pero tenía luz suficiente para adorar al Creador. Su historia nos enseña que la fe no depende de la época, sino del corazón. Satanás aparece como el acusador, pero limitado por la mano de Dios. Nada ocurre sin permiso divino. Las pruebas de Job no fueron casualidad, fueron parte de un propósito celestial que Job no entendía al principio. Dios permitió que todo lo que tenía le fuera quitado, excepto su vida, para mostrar al mundo visible e invisible que hay hombres que aman a Dios por lo que Él es, no por lo que da. Job perdió sus bienes, sus siervos, sus camellos, sus bueyes y, lo más doloroso, a sus diez hijos en un solo día. Su reacción fue de adoración: "Jehová dio, y Jehová quitó; sea el nombre de Jehová bendito" (Job 1:21). Esta es la primera gran lección: la fe verdadera adora en la pérdida. No entendemos siempre, pero seguimos confiando. La historicidad de Job nos alienta porque si Job fue real, su restauración también lo fue. Dios no abandona para siempre. La noche puede ser larga, pero el amanecer llega. Job es figura de Cristo en su sufrimiento inocente y figura de cada creyente en su peregrinación cristiana! — * — |
Comentario al libro de Job por Juan Bta. García Serna Zaragoza, España, 2026 Capítulo 2La segunda prueba de Job. Dios le hace una pregunta a Satanás: "¿De dónde vienes?" Respondiendo Satanás a Jehová, dijo: "De rodear la tierra y de andar por ella" (Job 2:2). Satanás no descansa. Pedro nos advierte que anda como león rugiente buscando a quién devorar (1 P. 5:8). Pero su poder está cercado por Dios. Sin permiso divino, no puede tocar a un hijo de Dios. Dios vuelve a destacar la integridad de Job: "¿No has considerado a mi siervo Job, que no hay otro como él en la tierra?" Y Satanás responde con una acusación cruel: "Piel por piel, todo lo que el hombre tiene dará por su vida. Pero extiende ahora tu mano y toca su hueso y su carne, y verás si no blasfema contra ti en tu misma presencia" (Job 2:4-5). El enemigo cree que la fe de Job es interesada, que solo ama a Dios mientras tenga salud. Dios permite la segunda prueba, pero pone límite: "He aquí, él está en tu mano; mas guarda su vida" (v.6). Entonces Job fue herido con una sarna maligna desde la planta del pie hasta la coronilla de la cabeza. Sentado en ceniza, rascándose con un tiesto, su dolor físico era insoportable. A esto se suma el dolor emocional: su mujer, quebrada por el sufrimiento, le dice: "¿Aún retienes tu integridad? Maldice a Dios, y muérete" (v.9). La respuesta de Job es ejemplar: "¿Qué? ¿Recibiremos de Dios el bien, y el mal no lo recibiremos?" (v.10). No pecó Job con sus labios. No es que Dios haga el mal, sino que en su soberanía permite la aflicción para formar nuestro carácter. Job no entiende, pero no abandona. Luego vienen tres amigos: Elifaz temanita, Bildad suhita y Zofar naamatita. Al verlo de lejos, no lo reconocieron; lloraron a gritos, rasgaron sus mantos y esparcieron polvo sobre sus cabezas. Se sentaron con él en tierra siete días y siete noches, y ninguno le hablaba palabra, porque veían que su dolor era muy grande (v.12-13). Este silencio inicial fue lo más sabio que hicieron. Aquí aprendemos una lección pastoral profunda. Ante el dolor extremo, no se necesitan sermones inmediatos. Se necesita presencia. Se necesita sentarse en la ceniza con el que sufre. Hay ocasiones en que el silencio es el mejor consuelo, y las muchas palabras ahuyentan la consolación. — * — |
Comentario al libro de Job por Juan Bta. García Serna Zaragoza, España, 2026 Capítulo 3El clamor de Job en la aflicción. Job exterioriza su dolor después de siete días de silencio. No maldice a Dios, pero maldice su día: "Perezca el día en que yo nací, y la noche en que se dijo: Varón es concebido" (Job 3:3). No es un deseo de no haber existido en Cristo, sino la expresión de un alma que siente que el dolor es más grande que sus fuerzas. Job pregunta: "¿Por qué no morí yo en la matriz, o expiré al salir del vientre?" (v.11). Su clamor no es teología sistemática; es lamento humano. La Biblia nos permite lamentarnos. Los Salmos están llenos de lamentos. Lamentarse no es falta de fe; es llevar el dolor ante Dios con honestidad. "¿Por qué se da luz al trabajado, y vida a los de ánimo amargado, que esperan la muerte, y ella no llega?" (v.20-21). Job describe la angustia de quien ve la vida como carga. Su suspiro viene antes que su pan, y sus gemidos son como aguas que se derraman (v.24). Cuando el dolor es profundo, hasta comer se hace difícil. El temor que le espantaba le ha venido. Job confiesa: "Porque el temor que me espantaba me ha venido, y lo que yo temía me ha acontecido" (v.25). Había temido perder a sus hijos, había ofrecido sacrificios por si habían pecado, y ahora su mayor temor se hizo realidad. Aun así, Dios seguía siendo su refugio, aunque no lo sintiera. En este capítulo vemos la humanidad de Job. No es un superhombre. Es un hombre de carne y hueso que sufre. Dios no nos pide que neguemos el dolor, nos pide que lo traigamos a Él. Job no se queja contra Dios con rebeldía, se queja delante de Dios con quebranto. Este capítulo nos enseña que podemos ser sinceros con Dios. Él conoce nuestro corazón. No necesita oraciones perfectas, necesita corazones sinceros. Job no entiende por qué sufre, pero sigue hablando con Dios, aunque sea con preguntas. Y eso, en sí mismo, es fe: seguir hablando con Dios cuando no entendemos. No debemos nunca cuestionar a Dios al no entender la razón. — * — |
Comentario al libro de Job por Juan Bta. García Serna Zaragoza, España, 2026 Capítulo 4La respuesta de Elifaz: teología sin misericordia. Uno de los amigos de Job toma la palabra. Elifaz temanita era probablemente el mayor de los tres, el más respetado. Comienza con aparente suavidad: "Si probáremos a hablarte, te será molesto; pero quién podrá detener las palabras?" (Job 4:2). Reconoce que Job había enseñado a muchos y sostenido las manos débiles. Pero ahora que la prueba le ha tocado a él, dice, te turbas. Elifaz apela a la experiencia y a una visión nocturna: "En imaginaciones de visiones nocturnas, cuando el sueño cayó sobre los hombres, me sobrevino un temblor y un temblor, que estremeció todos mis huesos" (v.13-14). Cuenta que un espíritu pasó delante de él y le dijo: "¿Será el hombre más justo que Dios? ¿Será el varón más limpio que el que lo hizo?" (v.17). Su argumento es: nadie es justo delante de Dios, por tanto, si sufres, es por tu pecado. Este es el error de Elifaz: parte de una verdad general —que todos somos pecadores— para aplicarla como causa específica del sufrimiento de Job. Es verdad que Dios es justo, pero no es verdad que todo sufrimiento sea castigo directo por un pecado oculto. Jesús mismo corrigió esa idea en Juan 9, con el ciego de nacimiento. "He aquí, en sus siervos no confía, y notó necedad en sus ángeles; "¡cuánto más en los que habitan en casas de barro!" (v.18-19). Elifaz tiene una teología elevada de Dios, pero baja en misericordia. Conoce la santidad, pero olvida la gracia. Su discurso es ortodoxo en frases, pero cruel en aplicación. Elifaz concluye: "Bienaventurado es el hombre a quien Dios castiga; por tanto, no menosprecies la corrección del Todopoderoso" (Job 5:17). Es una verdad bíblica fuera de contexto. Sí, Dios disciplina, pero no todo dolor es disciplina. A veces es prueba, a veces es formación, a veces es para mostrar la gloria de Dios. Necesitamos aprender de este error. No seamos como Elifaz, que con versículos en la mano hiere al quebrantado. La verdad sin amor no restaura. Que Dios nos haga instrumentos en sus poderosas manos! — * — |
Comentario al libro de Job por Juan Bta. García Serna Zaragoza, España, 2026 Capítulo 5Verdad fuera de lugar. Ciertas son las palabras que dijo Elifaz: "Porque la aflicción no sale del polvo, ni la molestia brota de la tierra" (Job 5:6). Es cierto, Dios está detrás de todo, incluso permitiendo la prueba. "Si tú de mañana buscares a Dios, y rogares al Todopoderoso; si fueres limpio y recto, ciertamente luego se despertará por ti" (v.8). En sí mismo, el consejo de buscar a Dios es bueno. El problema es el momento y la motivación. Elifaz dice: "He aquí, bienaventurado es el hombre a quien Dios castiga" (v.17). Y añade promesas: "En seis tribulaciones te librará, y en la séptima no te tocará el mal" (v.19). Todo suena bíblico, pero aplicado a Job, suena a acusación: si no te libra es porque no eres limpio y recto. Esta es la crueldad de una teología sin discernimiento. Los amigos de Job representan una teología de retribución mecánica: si eres bueno, te va bien; si te va mal, es porque eres malo. Es la misma teología que los discípulos tenían ante el ciego de nacimiento: "¿Quién pecó, éste o sus padres?" Jesús respondió: "No es que pecó éste, ni sus padres, sino para que las obras de Dios se manifiesten en él" (Jn.9:3). Elifaz no conoce el prólogo del libro. No sabe que Dios mismo presentó a Job como perfecto y recto. No sabe del diálogo en el cielo. Juzga sin toda la información. ¡Cuántas veces nosotros hacemos lo mismo! Juzgamos el capítulo 2 de la vida de alguien sin conocer el capítulo 1 que solo Dios conoce. La verdad fuera de lugar puede ser mentira en su efecto. Decirle a una madre que llora a su hijo "todo obra para bien" sin llorar con ella, es verdad teológica, pero sin amor. Elifaz habla mucho de Dios, pero no habla con Dios por Job. No intercede, solo acusa. Aprendamos a distinguir entre verdad y oportunidad. Toda verdad es verdad, pero no toda verdad debe decirse en todo momento y de cualquier manera. A veces, el mejor sermón es un abrazo, una lágrima compartida, una oración silenciosa. Escucha con suma atención a Dios. — * — |
Comentario al libro de Job por Juan Bta. García Serna Zaragoza, España, 2026 Capítulo 6La respuesta de Job: queja, humildad y anhelo. Job dijo: "¡Oh, que pesasen justamente mi queja y mi tormento, y se alzasen igualmente en balanza! Porque pesarían ahora más que la arena del mar; por eso mis palabras han sido precipitadas" (Job 6:2-3). Job siente que sus palabras han sido juzgadas con dureza, pero su dolor es más pesado que la arena. Pide ser comprendido, no condenado. "¿Acaso gime el asno montés junto a la hierba? ¿Muge el buey junto a su pasto?" (v.5). Job argumenta que su queja tiene causa. No se queja por capricho. Su queja es proporcional a su tormento. "¿Se comerá lo desabrido sin sal? ¿Habrá gusto en la clara del huevo? Las cosas que mi alma no quería tocar, son ahora mi alimento" (v.6-7). Lo que antes no hubiera querido, ahora es su pan cotidiano: el dolor. Job expresa su anhelo de muerte, no por rebeldía, sino por agotamiento: "¡Quién me diera que se cumpliese mi petición, y que Dios me otorgase lo que anhelo, que agradara a Dios quebrantarme!" (v.8-9). No desea morir por huir de Dios, sino para estar con Dios y dejar de sufrir. Es el cansancio del alma que necesita reposo. Pero en medio de su queja, Job mantiene su integridad: "No he escondido las palabras del Santo" (v.10). Aun en su dolor, no niega la fe. Este es el equilibrio: quejarse sin blasfemar, llorar sin apostatar, preguntar sin rebelarse. Job reprocha a sus amigos: "Mis hermanos me traicionaron como un torrente; pasaron como corrientes impetuosas" (v.15). Esperaba consuelo y recibió juicio. Esperaba agua fresca y recibió torrente seco. "¿Enseñadme, y yo callaré; hacedme entender en qué he errado" (v.24). Job está abierto a la corrección, pero no a la acusación sin fundamento. "¿Por qué habéis pensado de torcer las palabras?" (v.25). Los amigos tuercen sus palabras para que encajen en su teología. Job les dice: "Ahora, pues, si queréis, miradme, y ved si digo mentira delante de vosotros" (v.28). Su conciencia está limpia. Y termina con un ruego que sigue siendo actual: ¡Sé un buen consejero dejándote guiar por Dios, y aparta tus opiniones que no conllevan consolación! — * — |
Comentario al libro de Job por Juan Bta. García Serna Zaragoza, España, 2026 Capítulo 7El clamor nocturno de Job. Job evoca su sentir ante Dios, aunque no menciona su nombre, y lo hace desde la perspectiva de su aflicción: “Mas la noche es larga, y estoy lleno de inquietudes hasta el alba” (v. 4). Sus emociones dirigidas a Dios no expresan acusación, sino desolación. En Job había inquietudes que no le dejaban dormir: “¿Cuándo me levantaré? Porque la noche es larga, y estoy harto de dar vueltas hasta el alba” (v. 4). Está claro que su insomnio se debía a su intenso dolor, algo natural cuando las preocupaciones afectan y sacuden con violencia el sueño que debería ser reparador. ¿Te preocupan ciertas situaciones? Déjalas en las manos de Dios. Él te dará alivio, sea cual sea tu circunstancia. El peso de la vida sin sentido “Como la nube se desvanece y se va, así el que desciende al sepulcro no subirá” (v. 9). “Los ojos de los que me ven, no me verán más” (v. 8) ¿Por qué esta reflexión de Job? Incluso había deseado, en su desesperación, no haber nacido: “¿Por qué no fui escondido como abortivo?” (3:16). Para Job, la vida no tenía sentido en ese momento: “Abomino mi vida”, dijo (v. 16). Culpabilizar a Job por falta de fe no sería racional, pues las pruebas duras nos hacen tambalear a todos. ¿Y quién es tan fuerte como para dar lecciones a Job? Así fue el comportamiento de los amigos de Job, cuyos consejos no lo consolaron, sino que atacaron a Job como si hubiera sido un gran pecador. Alejémonos de quienes, con consejos de aparente consolación, lanzan en realidad una feroz acusación. La grandeza de Dios ante la pequeñez del hombre. Job mantenía su fe, pero no estaba exento de preguntarse el porqué. Es una pregunta que puede ser o no contestada, ya que los designios de Dios hay que aceptarlos por fe. “Por tanto, no refrenaré mi boca; hablaré en la angustia de mi espíritu, y me quejaré con la amargura de mi alma” (v. 11). Compartir y no callarse es una buena terapia que traerá, sin duda, aliento a la persona desesperada. Así lo hizo Job ante sus amigos, aunque ellos no fueron las personas adecuadas, pues decían que lo que le pasaba a Job era por su pecado y no por otra causa. ¡Qué fría es una teología que no busca la restauración! Job reflexiona sobre el buen trato que Dios le otorga: “¿Qué es el hombre, para que lo engrandezcas, y para que pongas tu corazón sobre él?” (v. 17). El mismo interrogante podría surgir en nosotros cuando vemos al ser humano tal y como es: con sus defectos, pecados y ausencia de voluntad para hacer la voluntad de Dios. Dios es amor, pero también es justicia. “No tendrá por inocente al culpable” (Nah. 1:3). Por ello, la advertencia enfática de Dios es: “No os engañéis; Dios no puede ser burlado: pues todo lo que el hombre sembrare, eso también segará” (Gál.6:7). ¡Es una advertencia que debemos tener en cuenta! Si Dios lo dice, en ello hemos de creer, ya que él no dice nada que en su momento no haya de cumplir. Sí y Amén. — * — |
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