HECHOS DE LOS APÓSTOLES (Cap.9)

 Juan C. Varetto

A LA CURACIÓN DEL COJO

HECHOS 3:1-10

1 Pedro y Juan subían juntos al templo a la hora de oración, la de las nueve;

2 Y vio un hombre que era cojo desde el vientre de su madre, era traído y al cual ponían cada día a la puerta del templo que se llama la Hermosa, para que pidiese limosna de los que entraban en el templo.

3 Y esto, como vio a Pedro y a Juan que iban a entrar en el templo, rogaba que le diesen limosna.

4 Y Pedro, con Juan, fijando los ojos en él, dijo: Mira a nosotros.

5 Entonces él estuvo atento a ellos, esperando recibir de ellos algo.

6 Y Pedro dijo: Ni tengo plata ni oro; más lo que tengo te doy: en el nombre de Jesucristo de Nazaret, levántate y anda.

7 Y tomándole por la mano derecha, lo levantó: y luego fueron afirmados sus pies y tobillos;

8 Y saltando, se puso en pie, y anduvo; y entró con ellos en el templo, andando, y saltando, y alabando a Dios.

9 Y todo el pueblo le vio andar y alabar a Dios.

10 Y conocían que él era el que se sentaba a la limosna a la puerta del templo, la Hermosa: y fueron llenos de asombro y de espanto por lo que le había acontecido.

I   YENDO AL TEMPLO. Vemos aquí a dos hombres que se dirigen juntos al templo, y lo hacen a la hora de la oración, porque, aunque se puede hablar con Dios en todo sitio, hay un lugar donde se hace con más recogimiento y donde el creyente une sus plegarias a las de otros que esperan en Dios. Ellos podían hacerlo en una forma más elevada que la multitud, que lo hacía, en muchos casos, por mera rutina y tradición, pues habían aprendido a adorar a Dios en espíritu y en verdad. Eran buenos compañeros y como el Salmista podían decir: “Yo me alegré con los que me decían: a la casa de Jehová iremos.” (Salmo 122:1.) Juntos van a la casa de oración. Eran compañeros desde los días cuando el Señor los llamó a su lado; había crecido una sólida amistad y se habían estrechado los vínculos de un indisoluble compañerismo. En la última cena Pedro hizo seña a Juan. Juntos corrieron al sepulcro y comprobaron la resurrección del Señor. Eran hombres de diferente temperamento: uno impetuoso y ardiente, el otro suave y moderado. pero bajo la influencia de la gracia estas mismas diferencias hacían que sintiese la necesidad del otro. Era una amistad santificada. Busquemos cultivarla nosotros y usémosla para ir juntos al templo. ¡Cuán equivocados están aquellos que se creen cristianos y no sienten la necesidad de concurrir a la casa de Dios!

POBRES QUE AYUDAN. El templo ese día fue para ellos no de culto sino de servicio, donde pudieron que una moneda cayese en que podía aliviar su indigencia. Pero, en cambio, oyó de los labios de Pedro estas palabras que le habrán resonado muy extrañas: “Ni tengo plata ni oro; más lo que tengo te doy: en el nombre de Jesucristo de Nazaret, levántate y anda.” El oro y la plata pueden ayudar en muchos casos a nuestros semejantes, y conforme a nuestros medios debemos usarlos para el bien de otros. Pero hay beneficios más valiosos que los que pueden proporcionar el dinero. Los creyentes más pobres pueden ser dispensadores de esta clase de bienes. Si a un pecador que tendrá que pasar la eternidad separado de Dios le podemos dar el conocimiento de la salvación mediante la fe en Cristo; si podemos conducir al trabajado y cargado a los pies de Aquel que puede y quiere darle reposo; si al que anda en tinieblas podemos darle la “lámpara de nuestros pies y lumbre de nuestro camino”; si podemos derramar el bálsamo de consuelo en el corazón del triste y abatido, le estamos haciendo un bien más valioso y duradero que cualquier ayuda material que pudiéramos proporcionarle. Aunque seamos pobres, Dios puede usarnos para hacer llegar a los necesitados tanto los bienes materiales como los espirituales. Por eso San Pablo pudo escribir estas palabras: “Como pobres, más enriqueciendo a muchos.” (2 Cor.6:10.)

II. LA FE DE PEDRO. Este milagro nos muestra que Pedro era un hombre de mucha fe. Sus caídas anteriores y reprensiones del Maestro le habían servido de provechosas lecciones y su fe se había acrecentado. Si hubiera fracasado cuando repentinamente dijo al cojo que se levantase y anduviera, no hubiera convertido en el hazmerreír de la multitud allí congregada. Pero la fe era firme en el bendito nombre de aquel a quien invocaba. Habló con serenidad y confianza. Arriesgó todo su prestigio de apóstol porque estaba seguro de que el milagro se efectuaría. Si el pobre inválido no se hubiera levantado, si Pedro hubiera quedado reducido a la talla de un impostor, recogiendo burlas y desprecio, arruinando totalmente la causa a la cual estaba consagrado. Pongámonos en su lugar y nos daremos cuenta de cuánta fe se requería para obrar como él obró. Era algo que se hacía no en un rincón ni entre gente desconocida sino en un lugar público y en presencia de personas que estaban con los ojos abiertos y predispuestos a escudriñarlo todo para poder desacreditar el nombre de Aquel a quien habían crucificado y que ahora reaparecía glorificado en sus discípulos. Solamente los que tienen mucha fe pueden lograr victorias como la que ganaron Pedro y Juan.

HECHOS 3:1-10

 

1. Templo. Hay en el Nuevo Testamento griego dos palabras que traducen templo. Una es naós que indica el santuario donde sólo los sacerdotes entraban. La otra hierón, y que es la que se usa en este versículo, la cual se refiere a la parte exterior del templo, es decir, los patios y pórticos que lo circundaban en los cuales se reunía el pueblo.

Hora de nona. Más o menos las 15 horas. Véase la nota correspondiente a 2:15.

2. La Hermosa. Flavio Josefo, en la Guerra de los Judíos, habla de una puerta del templo de extraordinaria magnificencia y riqueza, la cual también era llamada puerta de Nicanor. Aunque no hay seguridad, muchos piensan que esta es la puerta junto a la cual se hallaba el cojo.

4. Mira a nosotros. Estas palabras fueron dirigidas al cojo y no a Juan. Resulta claro diciéndolo: míranos. Pedro, le habría ordenado mirar a ellos a fin de que estuviese preparado a recibir atentamente la sanidad que le iba a ser dada. También para recibir bendiciones espirituales es menester prestar atención.


8. Andando, saltando y alabando a Dios. Es imposible sofocar los sentimientos de quien ha sido emancipado. Los enfermos sanados por Cristo muchas veces demuestran su gratitud. Se cumplía la profecía que dice: “Entonces el cojo saltará como un ciervo.” Is.35:6.



Comentarios

Entradas populares de este blog

EL MATRIMONIO

ORACIÓN A DIOS (6 -8)

DIOS ES OMNISCIENTE