HECHOS DE LOS APÓSTOLES (Cap.11)
Juan C, Varetto
LOS HECHOS DE LOS APÓSTOLES
1. Hablando ellos al pueblo,
vinieron sobre ellos los sacerdotes con el jefe de la guardia del tempo, y los
saduceos,
2. resentidos de que enseñasen al pueblo, y anunciasen en Jesús la resurrección
de entre los muertos.
3. Y les echaron mano, y los pusieron en la cárcel hasta el día siguiente,
porque era ya tarde.
4. Pero muchos de los que habían oído la palabra, creyeron; y el número de
los varones era como cinco mil.
5. Aconteció al día siguiente, que se reunieron en Jerusalén los
gobernantes, los ancianos y los escribas,
6. y el sumo sacerdote Anás, y Caifás y Juan y Alejandro, y todos los que eran de la familia de los sumos sacerdotes
7 Y haciéndolos presentar en medio, les preguntaron: ¿Con qué potestad, o
en qué nombre, habéis hecho vosotros esto?
8 Entonces Pedro, lleno del Espíritu Santo, les dijo: Príncipes del pueblo,
y ancianos de Israel:
9 Pues que somos hoy demandados acerca del beneficio hecho a un hombre
enfermo, de qué manera éste haya sido sanado,
10 Sea notorio a todos vosotros, y a todo el pueblo de Israel, que en el
nombre de Jesucristo de Nazaret, al que vosotros crucificasteis y Dios lo
resucitó de los muertos, por él este hombre está en vuestra presencia sano.
11 Este es la piedra reprobada por vosotros los edificadores, la cual es
puesta por cabeza del ángulo.
12 Y en ningún otro hay salvación; porque no hay otro nombre debajo del cielo, dado a los hombres, en que podamos ser salvos.
I. LA PERSECUCIÓN.
Cuando Jesús envió a sus doce apóstoles por primera vez, les dijo: “He aquí yo os envío como a ovejas en medio de lobos: sed, pues, prudentes como serpientes, y sencillos como palomas. Y guardaos de los hombres, porque os entregarán a los concilios, y en sus sinagogas os azotarán; y aun ante gobernadores y reyes seréis llevados por causa de mí, para testimonio a ellos y a los gentiles.”
[Mateo 10:16-18 RVR1960]
La historia del cristianismo nos muestra cómo estas palabras tuvieron un
literal cumplimiento. Él no ocultó a sus seguidores las pruebas y sacrificios a
que se verían sometidos. Claramente les hizo saber que seguirle significaba
estar continuamente expuestos a la ira de los que no entraban ni dejaban entrar
a las esferas elevadas de una vida superior.
La aparentemente frágil nave de la iglesia tendría que navegar sobre las aguas de un mar muy tempestuoso, y sería sacudida por violentos huracanes y olas enfurecidas, pero nada la haría zozobrar.
Cuando Pedro estaba pronunciando el discurso motivado por la curación del cojo, empezó la persecución en forma violenta, la cual fue aumentando en ferocidad y repitiéndose sin cesar hasta que la sangre de los mártires corrió como ríos, ya apedreados, ya devorados por las fieras en los anfiteatros romanos, ya quemados vivos en las siniestras hogueras encendidas por los esbirros de Roma Papal en los días sombríos de la inquisición.
PEDRO Y JUAN ANTE EL SANEDRÍN. 4:1-12
Estas persecuciones se han repetido en los tiempos modernos. Rusia, China, y
otros países, han enriquecido la larga lista de mártires; y han oído el claro
testimonio de los mismos, pues también se cumplieron estas palabras del Señor:
“Mas cuando os entreguen, no os preocupéis por cómo o qué hablaréis; porque en
aquella hora os será dado lo que habéis de hablar. Porque no sois vosotros los
que habláis, sino el Espíritu de vuestro Padre que habla en vosotros.”
[Mateo 10:19-20 RVR1960]
II. UN SOLO SALVADOR.
Vemos cómo Pedro, lleno del Espíritu Santo habló resueltamente ante el concilio, el mismo ante el cual había comparecido el Salvador y que lo declaró reo de muerte. Con valentía dio un fiel testimonio de Jesucristo, acusándoles de ser ellos los culpables de su crucifixión, con la que no pudieron lograr el vil propósito de apagar la luz por Él entre ellos encendida, pues Dios lo había resucitado de entre los muertos. Fue aquí que Pedro hizo esta declaración de altísima importancia: “Y en ningún otro hay salvación; porque no hay otro nombre debajo del cielo, dado a los hombres, en que podamos ser salvos.”
¡Un solo Salvador: Cristo Jesús! La iglesia papal que pretende haber recibido de Pedro las doctrinas que profesa: ¿qué ha hecho de esta declaración? No le faltarán cánones ni sentencias de sus doctores para contestar que la iglesia oficialmente enseña que Cristo es el único Salvador, pero pronto dirá que debemos llegar a él por medio de la intercesión de sus innumerables mediadores. De modo que su doctrina “oficial” bien pronto es hecha nula en el terreno de la práctica que esa misma iglesia sanciona. Poco significa que allá escondido en un documento eclesiástico, que el pueblo y a veces los mismos curas ignoran, se hable como aquí habló Pedro, si la masa de sus feligreses tiene puesta su confianza en santos y vírgenes que invoca, para ser socorridos “ahora y en la hora de la muerte.”
La salvación no está en María. Oímos una vez en la iglesia de San Ponciano, en La Plata, a un sacerdote de renombre decir con el mayor descaro en un sermón: “Cuando los apóstoles salieron por el mundo a predicar iban anunciando los nombres en los cuales podemos ser salvos: el de Jesús y el de María,” ¡Qué cinismo, y qué ignorancia de las Escrituras en aquella gente aristocrática que lo escuchaban! Ese sacerdote sabía muy bien que los apóstoles en sus sermones no nombraron a María ni una sola vez, pero también sabía que en el selecto auditorio que lo escuchaba no había ni uno solo que supiese algo del Nuevo Testamento como para poder desmentirlo. ¡No! No es la virgen la que murió en la cruz por nuestros pecados y resucitó para nuestra justificación. La obra redentora la hizo Cristo, y únicamente Cristo; y solo a Él debemos acudir en busca de perdón.
Tampoco los santos salvan. Entre los que figuran como tales en el santoral papista, hay quienes lo fueron de verdad, mayormente los que actuaron antes de la implantación del papismo; pero ninguno puede salvar y ni siquiera ayudar a quien los invoca. Eso corresponde solamente al Hijo de Dios, y siguiendo la genuina doctrina apostólica, en su nombre tenemos que creer para ser salvos ahora y en la eternidad.
HECHOS 4:1-12
- Saduceos. Discípulos de Sadoc, famoso rabino judío que floreció en el
tercer siglo antes de Jesucristo. De tendencias materialistas negaban la
vida futura y la existencia de los ángeles.
- Resentidos. Los sacerdotes de aquel entonces, lo mismo que los de
ahora, se creían los únicos autorizados para enseñar, y al ver que gente
del pueblo predicaba se sintieron ofendidos y les echaron mano.
- Era ya tarde. La curación del cojo tuvo lugar a las tres,
postmeridiano; unas tres horas pudieron haber transcurrido mientras
pasaron las cosas mencionadas en el resto del capítulo tercero. Serían, pues,
las seis, hora en que terminaba el día judaico. Era ya tarde para reunir
el concilio.
- Príncipes, ancianos y escribas. El concilio ante el cual comparecen
Pedro y Juan estaba compuesto de setenta y un miembros entre los cuales
había personas pertenecientes al sacerdocio, aquí llamados príncipes;
personas escogidas entre el elemento civil, llamados ancianos; y escribas,
que eran los que hacían copias manuscritas de la ley y se dedicaban al
estudio e interpretación de la misma.
11.Piedra reprobada.
Cita el Salmo 118 que ya el Señor había usado (Marcos 12:10 RVR1960),
hablando contra los fariseos.
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