Libro de Job (Cap.9)
Job se hace una pregunta que requiere reflexión: “¿Cómo se justificará el hombre ante Dios?” (v. 2). Una inquietud espiritual del patriarca Job, que puede hacerse cada persona consciente de su vacío interior: un alma que anhela ser justificada ante el Altísimo Dios. Tal cuestión se resuelve si miramos con atención a la Palabra de Dios: “Justificados, pues, por la fe, tenemos paz para con Dios” (Rom.5:1). Y si alguien piensa que sus obras le darán la justificación o salvación ante Dios, está equivocado, ya que el apóstol Pablo llegó a la conclusión de que el hombre es justificado por la fe, sin las obras de la ley (Rom.3:28).
Job se plantea otra interrogación: “¿Quién se endureció contra Él, y le fue bien?” (v. 4). Un endurecimiento del corazón no acarreará el bien, sino una turbación de espíritu que afecta, sin lugar a dudas, a todo el ser humano, o sea, a toda nuestra personalidad en el “querer y hacer”. Y si así es, entonces se producirán muchos fracasos que se lamentarán después, y de nuevo será necesario retroceder y volvernos a Dios. Esto sucede cuando el hombre actúa por su cuenta, y no le irá bien. En cambio, leemos: “Porque Dios es el que en vosotros produce así el querer como el hacer” (Fil. 2:13). Hay una innata tendencia a ser nosotros los que actuamos y dejamos a Dios a un lado.
Job plantea una duda: “Si yo le invocara, y Él me respondiere, aún no creeré que haya escuchado mi voz” (v. 16). Un sentir en la situación crítica por la que estaba pasando Job, que podría dudar de que Dios le respondiese a él. La fe se tambalea cuando hay momentos de sufrimiento y no sabemos por qué. Y no era porque le faltase la fe, sino que las circunstancias le llevaban, en cierta medida, a creer que el Dios Altísimo no condescendería y le escuchara a él. Y como Jesús dijo al apóstol Pedro: “Lo que yo hago, tú no lo entiendes ahora; pero lo entenderás después” (Jn.13:7).
“He aquí que Él pasará delante de mí, y yo no lo veré; pasará, y no lo entenderé” (v. 11). Job está confuso por su padecimiento, y ello obstaculizaba su visión de Dios. Y así nos sucede a nosotros, pues todo no es posible saber, pues Dios guarda sus secretos, y esto lo hemos de comprender. Job sabe que Dios “hace cosas grandes e inescrutables, y maravillas sin número” (v. 10). Al igual que Job, ¿tú lo puedes creer? ¡Creámoslo!
A través de la Biblia leemos que sucedieron muchas “maravillas” que están fuera de la razón humana, y por ello nos cuesta trabajo creer. Hay una ciertísima certeza que asumimos por la fe, al igual con respecto a la creación de Dios: que lo que no vimos lo entendemos por medio de la fe (Heb.11:3). Jesús hizo muchas “señales”, y los primeros cristianos de la era apostólica también. Y si hoy hubiese más presencia de Dios, tanto a nivel individual como eclesial, veríamos suceder en la actualidad “cosas grandes e inescrutables y maravillas sin número”.
Uno se pregunta: ¿por qué? Y la respuesta es la que Jesús dijo a sus
discípulos: “¿Dónde está vuestra fe?” (Lc.8:25). Una fe reclamada por Cristo
Jesús, que no consiste en ver, sino en creer.
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