Libro de Job (Cap.7)

Job evoca su sentir ante Dios, aunque no menciona su nombre, y lo hace bajo la perspectiva de su aflicción: “Mas la noche es larga, y estoy lleno de inquietudes hasta el alba” (v. 4). Las emociones dirigidas a Dios no expresan ninguna acusación, sino solamente desolación. En Job había inquietudes que no le dejaban dormir: “¿Cuándo me levantaré?”, ya que su sueño no le dio descanso (v. 4). Está claro que su insomnio se debía a su intenso dolor, algo que es natural cuando las preocupaciones afectan y sacuden con violencia nuestro sueño, que debería ser reparador. ¿Te preocupan ciertas situaciones? ¡Déjalas en las manos de Dios! Él te dará alivio, sea cual sea tu situación

“Como la nube se desvanece y se va, así el que desciende al sepulcro no subirá” (v. 9). Y “los ojos de los que me ven, no me verán más” (v. 8). ¿Por qué esta reflexión de Job? Incluso Job había deseado, en su desesperación, no haber nacido: “¿Por qué no fui escondido como un abortivo?” (3:16). La vida para Job no tenía, en estos momentos, sentido: “Abomino mi vida”, dijo (v. 16). Culpabilizar a Job por falta de fe no sería racional, pues las pruebas duras nos hacen tambalear a todos. ¿Y quién es tan fuerte que pueda dar lecciones a Job? Job mantenía su fe, pero no estaba exento de preguntarse el ¿por qué? Una pregunta que puede ser o no contestada, ya que los designios de Dios hay que aceptarlos por fe.

“Por tanto, no refrenaré mi boca; hablaré en la angustia de mi espíritu, y me quejaré con la amargura de mi alma” (v. 11). Compartir y no callarse es una buena terapia que traerá, sin duda, aliento a la persona desesperada, y así lo hizo Job ante sus amigos, aunque ellos no fueron las personas adecuadas, ya que decían que a lo que a Job le pasaba era en razón de su pecado y no por otra causa. ¡Qué fría es tal teología que no busca la restauración, sino atacar a Job como si él hubiera sido un gran pecador! Alejémonos de tales personas cuyos consejos, de aparente consolación, lo que realmente llevan en sí es una feroz acusación. Así fue el comportamiento de los amigos de Job, cuyos consejos a Job no consolaron.

Job reflexiona en lo que respecta al hombre y ve el buen trato que Dios le otorga: “¿Qué es el hombre, para que lo engrandezcas, y para que pongas tu corazón sobre él?” Así se expresó Job (v. 17). El mismo interrogante podría surgir en nosotros cuando vemos al ser humano tal y como es, con sus defectos, pecados y ausente de querer la voluntad de Dios. Dios es, en verdad, amor, pero también justicia: “y no dará por inocente al culpable” (Nah.1:3). Por ello, la aseveración enfática de Dios es: “No os engañéis; Dios no puede ser burlado: pues todo lo que el hombre sembrare, eso también segará” (Gál.6:7). ¡Una advertencia que debemos tener en cuenta! Pues, si Dios lo dice, en ello hemos de creer, ya que no dice nada que en su momento no haya de cumplir: Sí y Amén.

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