JOB (Cap.42)

Al fin llegamos al último capítulo del libro de Job, y en él hallamos edificante enseñanza de aplicación. Job hace una confesión ante Dios, el Señor: “Yo conozco que todo lo puedes, y que no hay pensamiento que se esconda de ti” (v. 2). En el pensamiento y corazón de Job estaba arraigada su fe en la personalidad de Dios: “todo lo puede”, y que ningún “pensamiento” ante Dios, el Señor, puede “esconderse”. Jesús, al ser Dios, también conocía el pensamiento del corazón: “Y conociendo Jesús los pensamientos de ellos, dijo: ¿Por qué pensáis mal en vuestros corazones?” (Mt. 9:4). Y el salmista expresó: “Jehová conoce que son vanidad los pensamientos de los hombres” (Sal. 94:11). David, el rey y profeta, así se expresó ante el soberano Dios: “Has entendido desde lejos mis pensamientos” (Sal. 139:2)

Si uno tiene esta fe, como la tuvo Job, la tal cambiará el concepto que tengamos de Dios. Y en consecuencia también lo hará nuestro comportamiento. En esta confesión de Job observamos que, en Dios, el Señor, se da la omnipotencia, la omnisciencia y la omnipresencia, tres atributos de Dios que son inherentes a su divina naturaleza. Si uno lee la Biblia con atención, encontrará en tantos textos bíblicos esta solemne afirmación. Y ello debería ayudarnos a experimentar el absoluto control de Dios. Y nuestra oración a Dios debería ser: ¡Señor, ayúdanos a que veamos con los “ojos” de credibilidad que tú eres todo suficiente para resolver cualquier “batalla” que afecta a nuestra vida, sea de carácter interior o exterior que por nosotros mismos no seríamos capaces de cargar con la misma!

Al igual que el patriarca Job, digámosle a Dios: “Yo hablaba lo que no entendía; cosas demasiado maravillosas para mí, que yo no comprendía” (v. 3). ¡Cuántas veces nuestra actitud ante Dios es similar o igual a la que tuvo el patriarca Job! ¿Qué es lo que conocemos de Dios? Y en especial, ¿cuál es nuestra experiencia con Dios? ¡Un conocimiento no es suficiente, se quiere la experimentación!

Una actitud que hizo que Job procediese al arrepentimiento con todo su corazón: “Por tanto me aborrezco, y me arrepiento en polvo y ceniza” (v. 6). A esto, en términos bíblicos, llamaríamos “conversión” (¡cambio de vida!). Uno observa que muchos que se dicen creyentes, realmente no lo son, sino oidores de una u otra religión, los cuales no han pasado por el “nuevo nacimiento” espiritual, que es lo que recalca y enfatiza la enseñanza de la Biblia. Así se lo dijo Jesús al religioso Nicodemo: “De cierto, de cierto te digo, que el que no naciere de nuevo, no puede ver el reino de Dios” (Jn.3:3)

Al igual que Job, cuando uno escucha a Dios, el Señor, no tiene otra actitud, sino el arrepentimiento ante Dios. Job expresa su sinceridad ante Dios, el Señor: “De oídas te había oído, mas ahora mis ojos te ven” (v. 5)

Hay tal desconocimiento de las Sagradas Escrituras que la persona tiene un “conformismo” con algún tipo de religión, sin pensar que la tal no podrá, sólo intelectualmente, llevarle a la auténtica salvación prometida por Dios, el Señor, según enseñanza de la inspirada palabra de Dios.

“Y aconteció que después que habló Jehová estas palabras a Job, la ira de Dios se encendió contra sus tres compañeros, porque no habían hablado lo recto ante el conflicto del siervo de Dios” (v. 7). Y Dios pide de ellos arrepentimiento, y así la intercesión que Job haría por ellos sería respondida por Jehová, el Señor (v. 8). Así los amigos de Job hicieron lo que Dios les mandó, y Jehová, el Señor, aceptó la oración de Job (v. 9). Y quitó Jehová la aflicción de Job, cuando él hubo orado por sus amigos; y aumentó al doble todo lo que había tenido Job (v. 10).

¡Cuán importante es la intercesión, sin tener en cuenta las injustas acusaciones que sus “amigos” hicieron contra el sufriente Job! ¿No fue así como nos enseñó Jesús, el Señor? “Bendecid a los que os maldicen, y orad por los que os calumnian” (Lc.6:28). ¡Esto hizo el patriarca Job! Y todo cristiano sincero de igual manera hará lo que hizo el siervo de Dios, el patriarca Job.

Y vinieron a él todos sus hermanos y todas sus hermanas, y todos los que antes lo habían conocido, y le consolaron de todo el mal que Jehová había traído sobre Job; y comieron con él pan en su casa, y se condolieron de él; y cada uno de ellos le dio una pieza de dinero y un anillo de oro (v. 11). Y bendijo Jehová el postrer estado de Job más que el primero; porque tuvo catorce mil ovejas, y seis mil camellos, y mil yuntas de bueyes, y mil asnas (v. 12). Y tuvo siete hijos y tres hijas (v. 13). Y llamó el nombre de la primera, Jemima, y el nombre de la segunda, Cesia, y el nombre de la tercera, Keren-hapuc (v. 14). Y no había mujeres tan hermosas como las hijas de Job en toda la tierra; y les dio su padre herencia entre sus hermanos (v. 15). Después de esto vivió Job ciento cuarenta años, y vio a sus hijos, y a los hijos de sus hijos, hasta la cuarta generación (v. 16). Y murió Job anciano y saciado de días (v. 17).

 

Comentarios

Entradas populares de este blog

EL MATRIMONIO

ORACIÓN A DIOS (6 -8)

DIOS ES OMNISCIENTE