JOB (Cap.40)

“¿Es sabiduría contender con el Omnipotente? El que disputa con Dios, responda a esto” (v. 2). Dios quiere que Job entienda esto, y todos deberíamos también entenderlo: que contender con Dios es necedad, y no entendimiento, ya que somos en las manos de Dios como es el barro en las manos del alfarero. ¿Entiendes esto? (Is. 29:16). Hay designios de Dios que no le es dado al hombre conocerlos. “Las cosas secretas pertenecen a Jehová nuestro Dios; mas las reveladas son para nosotros y para nuestros hijos para siempre” (Dt. 29:29). Job esto entendió.

“He aquí que yo soy vil; ¿qué responderé? Mi mano pongo sobre mi boca” (v. 4). ¡Una actitud loable es la que en este momento toma el patriarca Job, cuando se trata de contender con Dios, el Señor! Hay muchos que se dirigen a Dios, el Señor, para cuestionar lo que Él hizo o permitió, como si el ser humano fuese más sabio o bondadoso que Dios. ¡Dejemos que el mensaje de la Biblia penetre en nuestro corazón, y anulemos una equívoca concepción de lo que debe o no debe hacer Dios, el Señor y Creador!

“Desde un torbellino Dios, el Señor, respondió a Job: ¿Invalidarás tú mi juicio? ¿Me condenarás a mí, para justificarte tú?” (v. 8). ¡Una equívoca postura es la que había tomado Job, y Dios le reprocha al patriarca algunas de las intervenciones en las que había hablado Job! Obviamente, el hombre sigue siendo falible ante la infalibilidad de Dios. Si algo no entendemos, dejemos a Dios, el Señor, la explicación, y si no la da, ciertamente, “Él sabe la razón”. Y a nosotros nos toca darle gloria a Dios, aunque no entendamos el porqué de tal o cual situación, como le pasó a Job, que fue en el último momento en el que Dios se dignó darle una respuesta a su crítica situación. Y es posible que a nosotros nunca nos llegue la respuesta de Dios, o sí, pero ello, lo dejamos en las manos de Dios, el Señor.

“¿Tienes tú, Job, un brazo como el de Dios? ¿Y truenas con voz como la suya?” (v. 9). ¡Una gran maravilla que apunta al Dios infinito en poder, frente al finito hombre en sus límites en su quehacer! Amigo/a, fíate de Dios, el Señor, y no te apoyes en el ser humano, pues quién es el hombre para que depositemos ciegamente la confianza en él. Sólo Dios es digno de credibilidad, y así nos muestra la enseñanza bíblica, que no deberíamos ignorar ni obviar.

En los demás versículos de este capítulo, se muestra el gran poder de Dios en toda su creación. Dios controla, dirige y hace conforme a su absoluta soberanía, ¿y quién lo podrá entender o evitar? Si eres cristiano, entonces el conocimiento de la Biblia te ayudará a entender, y si no lo eres, entonces te quedarás sin saber que Dios, el Señor, está ahí mostrando su absoluto poder, aunque tú no lo puedes ver, pero el creyente sí lo ve con los “ojos” de la fe. Una fe que no es “ciega” sino que está fundada en la historicidad de los hombres y mujeres que tuvieron enseñanza directa de Él, y que nos las transmitieron para nuestro bien. ¡Lee asiduamente las Sagradas Escrituras, y ellas producirán en ti la fe! Una fe que no solamente te salva de la eterna perdición, y te lleva a gozar de la eterna presencia de Dios, sino que también aquí y ahora, tendrás una comunión preciosa con Él. Dios a través de Cristo Jesús, que es tu Salvador.

¿Crees en Él como Salvador? ¿O en vez de apoyarte en Jesús estás confiando en lo que no es Él? Permíteme decirte que ninguna institución religiosa te puede salvar, sino solamente la fe en Cristo Jesús te da esta seguridad. Lee con mucha atención las palabras que Jesús pronunció: “De cierto, de cierto os digo: El que oye mi palabra, y cree al que me envió, tiene vida eterna; y no vendrá a condenación, más ha pasado de muerte a vida” (Jn. 5:24). ¡Así es!





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