JOB (Cap.38)
Dios con atención escuchó a los tres amigos de Job, y al mismo Job, y evaluó sus argumentos, y ahora “desde un torbellino el Señor respondió a Job” (v. 1). “¿Quién es ése que oscurece mis designios con palabras carentes de sentido?” (v. 2). A veces se dicen palabras que Dios no ha dicho, y esto se llama “oscurecer sus designios”, haciendo una interpretación bíblica carente de sentido. Sin lugar a dudas, los amigos de Job, y Job mismo, dijeron muchas palabras que tenían sentido bíblico, pero otras se apartaban del contexto del conflicto. Uno puede ser correcto en su argumento, pero estar fuera de su contexto. Y en otras ocasiones no hay argumento escritural ni tampoco contextual. Si queremos ayudar a otros, hemos de conocer bien las Sagradas Escrituras y al mismo tiempo saber aplicarlas. Si hay una vida consagrada a Dios, entonces Él hará que seamos sabios para utilizar las palabras adecuadas para cada ocasión, las cuales pueden ser exhortativas y al mismo tiempo de consolación; ¡esto es lo que nos enseña la palabra de Dios!
Continúa hablando Dios: “¿Dónde estabas tú cuando yo fundé la tierra? ¡Házmelo saber, si tienes inteligencia!” (v. 4). Y así Dios va dando a Job toda explicación respecto a su grandiosa Creación. ¡Una gran maravilla que muchos creemos y nos gozamos, y en cambio, otros atribuyen al “azar” lo que constituyó una verdadera aberración! ¿Cuáles son los argumentos que exponen los que creen que todo lo creado, e inclusive el hombre, es producto de una serie de etapas evolutivas en la creación? Una aseveración carece de sentido y razón, ya que se atribuye a que de la “nada” surgió la vida en todos los aspectos motivada por la evolución. ¡Mucha fe hay que tener para dar credibilidad a este sin sentido de la realidad! ¿Alguien me puede decir cómo de la inexistencia emanó la vida? ¿Cómo es posible que haya personas que crean tal teoría? ¡Absurdo es poner fe en que toda la Creación, incluyendo al ser humano, apareció evolutivamente sin que hubiese un Creador! Un cristiano, por sencillo que sea, es más sabio que un evolucionista sin pizca alguna de entendimiento o razón. Sería como decir que no hay un diseño inteligente en la mecánica de un simple reloj.
Hay unas palabras del Señor que evocan reflexión: “Mas la luz es quitada a los impíos, y quebrantado el brazo enaltecido” (v. 15). Sin luz hay oscuridad, y el enaltecimiento, en su momento, será quebrado. Una gran enseñanza que conlleva meditación espiritual, y que cada creyente debería examinar minuciosamente. ¿Quiénes son los que “amaron más las tinieblas que la luz”? Según Jesús, son aquellos cuyas “obras son malas” ante Dios (Jn.3:19). “Porque todo aquel que hace lo malo, aborrece la luz y no viene a la luz, para que sus obras no sean reprendidas”, dice Cristo el Señor (Jn.3:20)
Dios expresa su gran poderío, de tal manera, que toda su Creación le obedezca; y al hombre reta: “¿Quién detuvo el mar con puertas, cuando se derramaba saliendo del seno?” (v. 8). “¿Has mandado tú a la mañana en tus días? ¿Has mostrado alba su lugar?” (v. 12). “¿Has entrado tú hasta las fuentes del mar? ¿O has recorrido el abismo?” (v. 16). “¿Dónde está el camino a la habitación de la luz? Y la oscuridad, ¿dónde está su lugar?” (v. 19). “¿Enviarás tú los relámpagos, para que ellos vayan? ¿Y te dirán: henos aquí?” (v. 35). “¿Quién puso la sabiduría en el corazón? ¿O quién dio al espíritu inteligencia?” (v. 36). ¡Imposible! El ser humano sigue siendo un hombre y no debe jugar a ser “un dios”. Esta fue la gran tentación que el diablo puso en el corazón de Adán y Eva, y en la tal cayeron los dos. No obstante, el Segundo Adán, Cristo Jesús, ante la tentación diabólica triunfó, y con ello, a nosotros los creyentes también nos dio triunfo.
Si el hombre muestra capacidad de inteligencia es porque Dios se la dio, y
por ello, no hay motivo de jactancia alguna porque ha sido un “regalo” de Dios.
¿Y qué aprende el creyente? Hay un texto bíblico que debería inducirnos a
pensar: que la sabiduría, si la tienes, no es tuya, sino un regalo de Dios:
“Porque: ¿Quién te distingue? ¿o qué tienes que no hayas recibido? Y si lo
recibiste, ¿por qué te glorias como si no lo hubieras recibido?” (1 Cor.4:7)
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