JOB (Cap.37)

Eliú prosigue su exaltación de Dios: “Hace cosas que nosotros no entendemos” (v. 5). Y aunque lo que Jesús dijo al apóstol Pedro no contiene el mismo contexto, sí tiene una enseñanza similar: “Lo que estoy haciendo, ahora no puedes comprenderlo, pero lo entenderás cuando llegue el momento” (Jn.13:7). Una aplicación que podríamos aplicar a cualquiera de las situaciones de nuestra vida es que, en el momento de entender el por qué Dios permite o hace esto o aquello, la paciencia nos es necesaria hasta comprenderlo. Y aún habrá cosas que nunca, mientras vivamos en este mundo, entenderemos.

La alusión de Eliú tiene que ver con el control de Dios sobre la naturaleza, la cual no va por libre, sino que está bajo la soberanía absoluta de Dios, y es Él quien con su autoridad divina la sujeta. He aquí unos textos a modo de ejemplo: “Porque a la nieve dice: Desciende a la tierra; también a la llovizna, y a los aguaceros torrenciales” (vs. 6, 9-11). “Del sur viene el torbellino, y el frío de los vientos del norte. Por el soplo de Dios se da el hielo, y las anchas aguas se congelan. Regando también llega a disipar la densa nube, y con su luz esparce la niebla” (vs. 9-11)

Agnósticos y ateos creen que la naturaleza actúa por su cuenta, pero ignoran que no hay nada en ella que Dios no controle con su dirección y fuerza. Si con atención leyesen este capítulo, les haría reflexionar sobre el hecho de que todo el mundo de la naturaleza funciona a las órdenes del Creador, que es Quien puso sus leyes en la naturaleza.

“Él es el Todopoderoso, al cual no alcanzamos, grande en poder” (v. 23). El ser humano de esto debería darse cuenta, y adorar a Dios por su absoluto control y poder sobre los elementos que rigen y evoca la “madre” naturaleza, la cual carece de decisión propia por su inercia ciega. ¡Una gran seguridad que uno debe tener, y esto por la fe, de que Dios actúa tanto en la naturaleza como en la historia de la humanidad como Señor y Rey! ¿Quién se opondrá a Él, y pensará que el hombre es capaz por sí mismo de hacer y deshacer? Obviamente, el hombre solo es una criatura que solo podrá hacer aquello que Dios ha designado para él, y si toma otra actitud que la que Dios le encomendó, entonces será todo un fracaso en su actuación. ¡Si el hombre actúa de otra manera, caerá en la necedad de su ser como persona falible en su quehacer!

Eliú termina con un versículo, antes de que Dios intervenga, y dice: “Por eso los seres humanos lo temen, aunque él no teme a los que sabios se consideran” (v. 24). Uno no es sabio porque así se lo crea, sino aquel que teme al Señor y se aparta del mal; así que “no seas sabio en tu propia opinión” (Prov. 3:7), sino en el criterio de Dios, que es la válida y útil para la propia edificación y enfocada en la ayuda ajena, y sin la cual será una sabiduría que no conduce a la madurez, la cual debe ser de vida espiritual, y no de exclusivo saber.

“Sin embargo, hablamos sabiduría entre los que han alcanzado madurez” (1 Cor.2:6). Si quieres ser de utilidad, usa este tipo de sabiduría que es la que Dios da: “Y si alguno de vosotros tiene falta de sabiduría, pídala a Dios, el cual a todos da abundantemente y sin reproche” (Stg.1:5). ¿Cómo la obtendrá? “Pidiéndola con fe, y sin dudar” (Stg.1:6)


 


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