ESTUDIO BÍBLICO EXPOSITIVO
Juan C. Varetto
VIDA Y ACTIVIDAD DE LA IGLESIA
HECHOS 2:42-47
RVR1960
42 Y perseveraban en la doctrina de los apóstoles, en la comunión unos con
otros, en el partimiento del pan y en las oraciones.
43 Y sobrevino temor a toda persona; y muchas maravillas y señales eran hechas
por los apóstoles.
44 Todos los que habían creído estaban juntos; y tenían en común todas las
cosas;
45 y vendían sus propiedades y sus bienes, y lo repartían a todos según la
necesidad de cada uno.
46 Y perseverando unánimes cada día en el templo, y partiendo el pan en las
casas, comían juntos con alegría y sencillez de corazón,
47 alabando a Dios, y teniendo favor con todo el pueblo. Y el Señor añadía cada
día a la iglesia los que habían de ser salvos.
I Cuatro puntales. Una mesa o una silla está en pie apoyada sobre cuatro puntales. Si falta uno de ellos se cae. Así la iglesia de Jerusalén mantenía su vida religiosa practicando cuatro virtudes que se mencionan en el versículo 42: La doctrina de los apóstoles, la comunión, el partimiento del pan y las oraciones.
En estas cosas perseveraban, término que denota la frecuencia con que se reunían para aquel fin. Convertidos a la fe de Jesucristo, sentían, como todos los que nacen a nueva vida, la necesidad de ser enseñados en todas aquellas verdades que Cristo había impartido a sus primeros seguidores. Por su parte los apóstoles sentían el deber de cumplir con aquella parte de la comisión que mandaba enseñar a que guardasen todas las cosas que él había mandado (Mat. 28:20).
El cristiano tiene que saber las razones que le asisten para creer lo que profesa creer. La fe ciega es incompatible con la vida cristiana. En ciertas religiones todo consiste en la práctica mecánica de ciertos ritos y en la repetición inconsciente de rezos y credos que no comprende.
En el cristianismo hay que reformarse o transformarse por la renovación del entendimiento (Rom.12:2) y poder decir con San Pablo: “Oraré con el espíritu, más oraré también con entendimiento: cantaré con el espíritu, más cantaré también con entendimiento” (1ª Cor.14:15).
Una Biblia abierta y cultos donde ésta es debidamente explicada por aquellos a quienes Dios ha dado espíritu de sabiduría es lo que debemos tener en todas nuestras iglesias, para que cada creyente siendo bien instruido pueda dar razón de la esperanza que le anima y del por qué deposita en Cristo su confianza.
Perseveraban también en la comunión y no tenemos que ver en esta palabra una referencia a la santa cena ni a la comunidad de bienes materiales, cosas que están, si se quiere, incluidas, pero que se mencionan más adelante. Se trata de todos los actos que forman parte del culto cristiano y de aquellos vínculos espirituales que unen a todos los hijos de Dios, mayormente al amor derramado en los corazones “por el Espíritu que nos es dado” y que vincula y llama a estar juntos. Perseveraban igualmente en el partimiento del pan, y aquí, sí, se trata de la ordenanza instituida por el Señor para que en el pan y en el fruto de la vid tuviesen un sagrado y patético recuerdo de su persona y de su sacrificio expiatorio. Era práctica entre los que componían las primeras comunidades cristianas celebrar este acto con mucha frecuencia y hasta parece que lo hacían en cada reunión. Por referencias que se hallan en otros capítulos, y en la historia primitiva de la iglesia, llegó a ser norma celebrarla todos los domingos. Hay en nuestros días y en nuestro medio muchas congregaciones que así lo hacen ahora y sus miembros testifican que para ellos esa costumbre les es de positivas bendiciones. No hay un mandamiento expreso sobre las veces que debe celebrarse, pero que en los tiempos apostólicos e inmediatos se hacía con más frecuencia que lo que generalmente ahora se hace no ofrece ninguna duda. Este partimiento del pan no era la comunión con hostias consagradas ni mucho menos la misa que pretende ser un sacrificio en el cual muere Cristo cada vez que un pseudo sacerdote la celebra. La misa no es un sacrificio y cuando pensamos lo que sobre ella enseñan idolátricamente los teólogos romanistas, bien podemos llamarle un sacrilegio. La cuarta cosa en la que perseveraban era en las oraciones. La iglesia entera oraba y no obedeciendo a un ritual que no existía sino cediendo a los impulsos del Espíritu. “La oración —dijo Crisóstomo— es la respiración del alma.” Y en aquellas asambleas todos respiraban para llenarse del aire santo que viene de la misma presencia de Dios.
II Testimonio vivo. La iglesia continuó dando fiel testimonio de Cristo tanto en el templo como en otros lugares de la ciudad. Sus vínculos con el judaísmo no estaban todavía rotos, y el gran santuario nacional continuaba siendo para ellos el lugar por excelencia para manifestaciones espirituales. Pero la vida de la iglesia no iba a limitarse a ese lugar. Era como un torrente que inunda toda la ciudad y los hogares de aquellos miles de creyentes se convierten en santuarios donde celebran sus ágapes, comidas de amor fraternal, con “alegría y sencillez de corazón”. Pensemos en la impresión que aquel hecho tan nuevo haría en la gente de la ciudad, impresión buena, sin duda, pues el pueblo los miraba con simpatía y respeto. Por eso diariamente iban aumentando en número, siendo añadidos a la iglesia. ¿Quiénes? “Los que habían de ser salvos”, dice nuestra versión y otras, pero algunas más correctas dicen: “Los salvados”. Así dice el texto original y no debe traducirse de otra manera. La iglesia no es una institución salvadora, sino de almas salvadas.
III. ¿PODEMOS ALCANZAR ESTOS MISMOS RESULTADOS? Adolfo Monod, el gran predicador francés, en su célebre sermón titulado La Vocación de la Iglesia, en el que trata del trozo bíblico que comentamos, termina con estas palabras que traducimos: “Queda por saber, mis queridos hermanos, si esta acción a la vez tan enérgica y tan extensa, tenía que ser el privilegio exclusivo de la iglesia primitiva y si la ambición de ejercerla de la misma manera nos está vedada. ¿Por qué lo sería? ¿Por qué esos tres mil pudieron despertar la atención de ciento veinte mil habitantes de Jerusalén, por no decir de dos millones que se agolpaban por causa de la solemne festividad? ¿Por qué nosotros que somos herederos de su doctrina y de su fe estaríamos condenados a pasar desapercibidos en medio de este pueblo incrédulo que nos rodea y nos absorbe? ¿Por qué los cristianos de Jerusalén y del primer siglo recogieron frutos tan abundantes de su trabajo, por su presencia en Jerusalén, esperando los más abundantes que más tarde recogerían en Judea y en todo el mundo, y nosotros cristianos de París y del siglo XIX estamos llamando en un desierto dando estocadas en el vacío, arrojando nuestro evangelio a la faz del mundo sin que ninguno se incline a recogerlo del suelo? Porque nosotros, herederos de su doctrina no lo somos de sus obras; porque siendo imitadores de su fe no lo somos de su amor; porque presentando al mundo el mismo mensaje no le ofrecemos el mismo espectáculo. Hay creyentes entre nosotros, gracias a Dios, los hay sinceros y ejemplares: ¿pero aquella sociedad de creyentes, aquella familia celestial, aquel oasis de amor fraternal en medio del desierto, ¿dónde lo encontrarías entre nosotros aun el ojo más atento, más escrutador?
Debemos golpearnos el pecho, hermanos, antes de acusar a otros. No echemos la culpa a nuestra generación. Por muy apagada que está la fe, por muy materialista que sea la vida, nuestro siglo no está más cerrado que otro a las impresiones de la verdad, de la santidad y del amor.”
HECHOS 2:42-47
43. Toda persona tenía temor. Esto quiere decir que todos estaban bajo
una impresión reverente frente a aquel despertamiento religioso que
presenciaban; todos, incluso los inconversos. Comprendían que lo que estaba sucediendo
era algo extraordinario: era Dios que visitaba otra vez a Israel y lo llamaba
al arrepentimiento.
44. Estaban juntos. No quiere decir que viviesen todos en un mismo lugar,
sino que se reunían ya alrededor del templo, ya en las casas. “El rebaño estaba
junto por temor al lobo. Hay inspiración en la simpatía y ánimo en el estar
juntos. Continúa manteniéndote unido a tus compañeros cristianos y a toda la
iglesia y el alma se llenará de reverencia y serán vistas maravillas” Parker.
45. Vendían las posesiones. Esta es la primera mención que hallamos sobre
la comunidad de bienes. De ello trataremos al comentar lo que sobre el mismo
tema hallamos en el capítulo 4:32-37.
46. Comían juntos. “La comida era frugal y contraria a las combinaciones.
Aprended de esto, hermanos, que la felicidad de la vida acompaña a la
frugalidad más que a las delicias de la mesa bien servida; y la práctica de la
sobriedad nos es una fuente de gozo, mientras que la intemperancia del festín
es causa de tristeza.” Crisóstomo.
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