SEÑAL APOCALÍPTICA

Samuel Pérez Millos

LA PRIMERA BESTIA

Apocalipsis

(13:1)

“Y vi subir del mar una bestia que tenía siete cabezas y diez cuernos; y en sus cuernos diez diademas; y sobre sus cabezas, un nombre blasfemo”.

“Y vi del mar una bestia que subía que tenía cuernos diez y cabezas siete y sobre los cuernos de ella diez diademas y sobre las cabezas de ella nombre blasfemo” (Gr.)

El profeta Daniel, siglos antes de Juan, recibió una visión en la que aparecían cuatro bestias que subían del mar: “Y cuatro bestias grandes, diferentes la una de la otra, subían del mar” (Dn.7:3) Estas bestias correspondían, conforme a lo que la misma profecía específica, a cada uno de los cuatro grandes imperios que hubo en el mundo desde los días de Daniel: El imperio Babilónico, el Medo-persa, el Greco-macedónico y el Romano: Estas cuatro grandes bestias son cuatro reyes que se levantaran en la tierra” (Dn.7:17) En aquella misma revelación dada a Daniel se anuncia que del cuarto reino, esto es, del Imperio Romano, se levantaría un personaje de entre los diez reyes, es decir, los que detentan diez áreas de poder dentro del mismo reino, que asumirá el control total del reino.

“Dijo así: La cuarta bestia será un cuarto reino en la tierra, el cual será diferente de todos los otros reinos, y a toda la tierra devorará. trillará y despedazará. Y los diez cuernos significan que, de aquel se levantarán diez reyes; y tras ellos se levantará otro, el cual será diferente de los primeros, y a tres reyes derribará. Y hablará palabras contra el Altísimo, y a los santos del Altísimo quebrantará, y pensará en cambiar los tiempos y la ley; y serán entregados en su mano hasta tiempo, y tiempos, y medio tiempo” (Dn.7:23-25) Quiere decir que la profecía anuncia la aparición en el tiempo final de un verdadero dictador o, usando la figura que correspondería a un imperio, un emperador con poderes absolutos.

Juan dice que esta bestia, subía del mar, un término que, en la Biblia en lenguaje figurado, se refiere a confusión: “los impíos son como el mar en tempestad, que no pueden estarse quieto, y sus aguas arrojan cieno y lodo. No hay paz, dijo mi Dios, para los impíos” (Is.57:20-21) Hay dos aspectos que merecen ser destacados en el texto de la profecía: en primer lugar, la inquietud que rodea a las naciones formadas y gobernadas por los impíos, donde se manifiesta el pecado en toda la dimensión y expresión posible, y donde la contaminación espiritual se expresa como un mar mezclado con cieno y lodo; en segundo lugar, la falta de paz. Debe tenerse en cuenta que el Anticristo comenzará su ascensión en el gobierno del mundo ofreciendo paz y seguridad.

Aquello que las naciones no habían conseguido nunca por buscarlo fuera de Dios. La paz siempre anhelada pero nunca alcanzada es el resultado de procurarla por los propios medios humanos, cuando sólo en Dios puede ser encontrada y fuera de Él no la habrá jamás (Jn.14:27) Cualquier promesa de paz sin Dios, es imposible y es, por tanto, mentirosa. Por el contexto profético general, debe considerarse la figura del mar como las naciones que forman el último imperio profetizado por Daniel (Dn.7:7) A la luz del contexto inmediato y de los contextos dentro del Apocalipsis, se trata de un seudo - Cristo, o del Anticristo (Ap.11:7; 13:8)

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