ESCAT0LOGÍA BÍBLICA (V)
Señales precursoras
Después de estas cosas, el León de Judá, que es Cristo el Señor, va a cumplir la segunda parte de su cargo, que consiste en limpiar la tierra de toda iniquidad, con el propósito de instalar en ella Su Reino de Paz. Así se lee en la Biblia: “El Hijo de Dios ha venido precisamente para deshacer lo que el diablo ha hecho” (1ª Juan 3:8) Lo hará con autoridad. Porque “el Padre le ha dado a su Hijo todo el poder de juzgar, para que todos den al Hijo el mismo honor que dan al Padre” (Juan 5:22). Será un procedimiento doloroso, acerca del cual el Señor Jesús había advertido seriamente. Con el fin de dar una descripción clara de la gran tribulación que caerá sobre la Humanidad, desviada por la incredulidad. Jesucristo, hacia el fin de su ministerio en Palestina, a la pregunta de sus discípulos: “¿Cuál será la señal de la venida, y del fin del mundo?” dio el siguiente informe:
“Tendréis noticias de guerras aquí y allá; y habrá hambres, enfermedades y terremotos en muchos lugares. Todo esto es apenas el comienzo de lo que se va a sufrir”. “En ese tiempo muchos perderán su fe. Aparecerán muchos mentirosos, diciendo que hablan de parte de Dios y engañarán a mucha gente. Aun van a venir engañadores que se harán pasar por cristos; y harán grandes señales y milagros. No les creáis; porque como un relámpago que se ve brillar desde el Este hasta el Oeste, así será cuando el Hijo del Hombre venga”. “Va a haber entonces mucho sufrimiento, como nunca lo ha habido desde el comienzo del mundo, ni lo hará después. Y si Dios no acortara ese tiempo, no se salvaría nadie”. “Tan pronto como pasen aquellos días de sufrimiento, las fuerzas celestiales temblarán; y el sol y la luna se oscurecerán” (Mateo 24) “Entonces se verá en el cielo la señal del Hijo del Hombre que viene en las nubes del cielo con gran poder y gloria”. “Pero en cuanto el día y la hora, nadie lo sabe” (Mateo 24:30)
La gran tribulación
Quizás alguien haga la pregunta: ¿Por qué el Omnipotente no aniquila de una vez toda injusticia e iniquidad en la tierra? Contesta la Biblia: “Por mi vida, dice el Señor Javé, que yo no me gozo en la muerte del impío, sino que se retraiga de su camino y viva. Volveos, volveos de vuestros malos caminos” (Ezq.33:11). Dios sabe ganar, mediante el castigo, a muchos hombres para conducirles al arrepentimiento y la conversión. La revelación lo mostrará. Los individuos que no quieren reconocer a Dios, ellos mismos se quedan fuera de su gracia. Esta separación entre los hombres se efectúa a través de calamidades como las que se describen en el libro de Apocalipsis. Es de notar que se distinguen en la horrible tribulación que se avecina diferentes factores:. El apóstol Pablo bosqueja resumidamente una Humanidad sin Dios. “Como ya no quieren reconocer a Dios, él los ha abandonado a sus pensamientos. Están llenos de toda clase de injusticia. Son envidiosos, asesinos, pendencieros, engañadores” (Rom.1:28-31) En consecuencia es primeramente una serie de desastres, como guerra mundial, hambre, enfermedades contagiosas, causando la muerte de millones de víctimas (Ap.6:1-8) Sigue el castigo por parte de Dios en forme de un gran terremoto que rae también innumerables muertos. Todos los habitantes de la tierra pensaban que el fin del mundo había venido (Ap.6:12-17)
Entre tanto, desde el cielo se nota una inmensa multitud de conversiones de entre todas las naciones, de personas que sintieron su culpabilidad, y que han sido salvados para la eternidad por dar testimonio de su conversión, honrando a Dios y confesando a Jesucristo. San Juan vio: “muchas gentes, de toda nación, raza, idioma y pueblo, que estaban en pie delante del trono y delante del Cordero; eran tantos que nadie podía contarlos, y estaban vestidos de blanco y tenían hojas de palma en las manos. Todas gritaban con voz fuerte, diciendo: La salvación es de nuestro Dios, que está sentado en el trono, y del Cordero” (Ap.7:9-17). Y todos los ángeles adoraron a Dios, diciendo: “¡Amén! La alabanza, la gloria, la sabiduría, la gratitud, el honor, el poder y la fuerza sean de nuestro Dios por todos los siglos, Amén”. Entonces, uno de los ancianos me dijo: “Estos son los que han pasado por la gran aflicción, los cuales han lavado sus ropas y las han blanqueado en la sangre del Cordero”.
Los dos testigos
La profecía sugiere que la prolongación del trastorno volcánico produce un cambio en los elementos naturales, lo que causa la muerte de cavarias clases de animales y muchos hombres; y por fin ocasiona una plaga de insectos raros que se extiende sobre la superficie de mundo entero. Estos insectos atacan a los seres humanos con picaduras, lo que causa un sufrimiento insoportable, por lo cual los hombres desearán, aunque la picadura no sea mortífera (ref. Ap.8:5-11, y 9:2-6). Dios, en conmiseración, había hecho milagrosamente una excepción para los israelís creyentes, que esperan a su Mesías, preservándoles de los ataques de los insectos. (Ref. Ap.9:4; 7:1-8). Además, en su inagotable compasión para con su pueblo elegido, Dios coloca en la misma ciudad de Jerusalén a dos testigos, dotados de poderes milagrosos, a fin de influir sobre la población para conducirla a la entrega a Jehová. Con esta intención los dos testigos anuncian la venida de Jesucristo por ser el Mesías de Israel.
Tienen a su disposición los mensajes de los profetas del tiempo antiguo, los cuales indican indiscutiblemente la restauración israelí con la venida de su Rey. En la profecía de Daniel se le llama el Hijo del Hombre que vendrá en las nubes del cielo. Basados en las Escrituras Sagradas, estos dos hombres pueden discutir con los sabios durante tres años y medio. “Si alguien quiere hacerles daño, ellos echan fuego por la boca, que quema por completo a sus enemigos; también tienen poder para hacer sufrir a la tierra con toda clase de plagas, tantas veces como ellos quieran”.. Pero cuando hayan terminado su trabajo, la facción de la oposición los matará. Sus cadáveres quedarán tendidos en las calles de la ciudad. Y por tres días y medio todo el mundo (naturalmente, por la televisión) “verá sus cadáveres y no dejarán que los entierren. Porque esos dos hombres que hablaban de parte de Dios eran un tormento para ellos. Pero después de los tres días y medio Dios los revivió, y como dice el texto de Apocalipsis, se levantarán otra vez, y todos los que los vieron se llenaron de miedo.
“Luego, los dos testigos oyeron una voz fuerte desde el cielo que les decía: subid aquí. “Y subieron al cielo en una nube y sus enemigos los vieron. “En ese momento hubo un gran terremoto, y la décima parte de la ciudad se derrumbó y siete mil personas murieron por el terremoto”.. A pesar del luto por las víctimas, “el resto de la gente, llena de miedo, alabó a Dios, que está en el cielo”. A la llegada de los dos testigos, “en el cielo se oyeron voces fuertes que decía: “Los reinos del mundo han llegado a pertenecer a nuestro Señor y a su Cristo; y él gobernará por todos los siglos” (Ap.11:15-18). Y la comunidad cristiana adoró a Dios, diciendo: “Te damos gracias, Señor, Dios todopoderoso, tú que eres, que eras y que has de venir, porque has tomado tu gran poder y has comenzado a gobernar; y ha llegado el momento en que destruirás a los que destruyen la tierra” (Ap.11:19)
Y por parte de Dios, en respuesta a la favorable gestión de
la población de Jerusalén, se realizó un acto de complacencia en favor del pueblo
elegido, lo que es expresado por mostrarse en el cielo el Arca del Pacto. Sin
embargo, al mismo tiempo “hubo relámpagos, ruidos, truenos, un terremoto y una
fuerte granizada” que indicó que la lucha en la tierra continúa.
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