ESCATOLOGÍA BÍBLICA (I)

Juan Bta.García Serna 

Recopilo todo un librito de XV capítulos que trata acerca de las señales que se darán antes de la Segunda Venida de Cristo Jesús. Al tratar el tema de escatología, en verdad, hay ciertas profecías a tener en cuenta, pero hemos de ser muy cautos en la interpretación, ya que no entendemos todo desde nuestra perspectiva interpretativa, por ello, es aconsejable tener a mano la variedad de comentarios con diferentes tendencias, y valorar cual se ajusta más al texto bíblico. Hoy estamos en 2026.

EL FIN DEL MUNDO

¿ESTÁ MUY CERCA?

 INTRODUCCIÓN

No cesa de anunciarse que el fin de la era en que vivimos se acaba. Científicos de diferentes categorías nos advierten el peligro del progreso. El hombre ha descubierto las fuerzas que están escondidas en los elementos de la materia, las cuales constituyen el mayor factor en la complicada estructura del universo. De esta manera el mundo ha quedado como un juego en manos de los científicos y los grandes estadistas. El peligro radica en el carácter del hombre; es decir, en su deseo de dominar a cualquier precio. Otros escriben sobre la agonía del gran planeta Tierra, teniendo en cuenta la dificultad para resolver los grandes problemas de la sociedad humana: la superpoblación que se prevé dentro de pocos años y la contaminación del medio ambiente. Un escritor católico pronosticó el fin del mundo aproximadamente en el año 2000, basándose en el cumplimiento de la “Profecía de los Papas”, un documento del siglo XII.

Por esto, la juventud pensadora que mira hacia el futuro pregunta: ¿Quién podrá traer la paz y la armonía al mundo? ¿Hay alguien capaz de instalar una sociedad nueva y mejor? Sí, existe. La Biblia nos da un informe exacto de ello. La Biblia es el libro más vendido, entre los que predicen el futuro. Y con razón. Desde la antigüedad sus profecías se han visto cumplidas sucesivamente en la Historia. Esto evidencia la existencia de un Dios viviente que efectúa su propósito a través del acaecer mundial. Encontramos frecuentemente en la Biblia tales indicaciones. Atendamos, pues, a la voz de la profecía bíblica.

WILLEM KRAAK

Málaga, octubre de 1973   


                                                                                                                                                                                                                                                                   

El sueño profético 

de Nabucodonosor

Veamos, en primer lugar, el libro del gran profeta Daniel, que era un erudito judío y fue deportado con su pueblo a Babilonia. Allí se le nombró miembro del conjunto de sabios que formaban el Consejo del Emperador. (Daniel 2:16-23) Daniel escribió su libro por allá el siglo VI antes de Cristo, cuando Babilonia era el Imperio dominante. El nos informa cómo el Espíritu de Dios se ponía en relación con sui siervo. “Porque no hace nada el Señor, Yavé, sin revelar su designio a sus siervos los profetas”, escribió otro profeta (Amós 3:7) Ahora bien. Mediante un inquietante sueño del rey Nabucodonosor, el profeta Daniel recibió la revelación acerca del curso del gobierno mundial a través de los siglos. Desde entonces hasta el fin catastrófico del mismo. Dios mismo había previsto este fracaso para establecer su propio gobierno en la tierra.

El rey Nabucodonosor vio en su sueño una terrible y gigantesca estatua de un varo. Tenía la cabeza de oro, el pecho y los brazos de plata, vientre y caderas de bronce, piernas de hierro y pies de hierro y barro. El sabio Daniel explicó que estos cuatro mentales representaban cuatro imperios. Babilonia fue el primero, y los imperios siguientes, como la Historia los ha identificado, fueron Medo- Persia, Grecia y Roma. Del cuarto reino se decía: “Será fuerte como el hierro; y como hierro desmenuza y rompe todas las cosas. Y por ser los pies con los dedos de una mezcla de hierro y con barro, habrá últimamente un dominio dividido en parte fuerte y en parte frágil. Luego, una piedra fue cortada, no con manos, e hirió a la estatua en sus pies y los desmenuzó. Entonces la estatua cayó y fue desmenuzada como tamo. Mas la piedra fue hecha un gran monte que llenó la tierra”. Esto significa que al final de los tiempos Dios levantará un Reino mejor que abarcará el mundo entero y no será jamás destruido. Hasta aquí el sentido del sueño. En recompensa a la sabiduría mostrada por Daniel el rey le engrandeció y la constituyó gobernador de la provincia de Babilonia y le hizo jefe supremo de los sabios.

 En busca del Rey

Como cada pueblo escribe su propia historia, este curioso incidente del sueño real fue guardado en el archivo de los sabios, y sus sucesos observaban el curso histórico. Y nosotros haremos bien en seguir observando los signos de los tiempos, porque de esta manera hallaremos la respuesta a la pregunta del futuro. Notemos que, al Imperio Babilónico, que existió desde el año 606 hasta el 538 antes de Cristo, siguió el Imperio Medo-Persia hasta el 330 antes de Cristo, seguido por el imperio de Grecia hasta el año 146 antes de Cristo, y por último se impuso el Imperio de Roma. Unos 150 años después de haberse establecido el dominio de Roma unos sabios en el Oriente fueron asombrados extremadamente por la aparición de una estrella de mayor magnitud que todas aquellas de que se tenía noticia en la ciencia de la astronomía. ¿Qué significaría? ¿La venida del Gobernante Mundial? Una averiguación seria les, llevó a la conclusión de que se hallaban en el tiempo del cuarto Imperio; en cuyo período, según santos proféticos que poseían, aparecería un rey universal israelí. Era un vaticinio que se remontaba a 1200 años antes de Cristo, cuando los hebreos conquistaron el país de Canaán después de su salida de Egipto.

El rey de Moab, que temió la conquista, llamo a un vaticinador para maldecir a su enemigo. El hombre no podía hacerlo; por el contrario, se sentía milagrosamente impulsado a bendecirlo, y predijo: “La veo, pero no ahora; la contemplo, pero no de cerca. Alzase de Jacob una estrella; surge de Israel un cetro. De Jacob sale el dominador” (Números 24:17,19) El resultado fue que una comisión de sabios emprendió el largo viaje a Jerusalén, antigua capital israelí (Evangelio Mateo 2:2) Allí, a su pregunta: “¿Dónde está el Rey de los judíos que ha nacido? Pues en el Oriente vimos su estrella, y hemos venido para adorarle” (Evangelio según Mateo 2:5), recibieron informes exactos. Los escribas, que conocían perfectamente las Escrituras Sagradas dijeron: “En Belén de Judea. Porque un profeta escribió así 600 años atrás: Y tú, Belén, de la tierra de Judá, no eres la más pequeña entre los gobernantes de esta tierra· porque de ti saldrá un jefe que cuidará a mi pueblo Israel” (Evangelio Mateo 2:6)

Los peregrinos siguieron su viaje con alegría hacia Belén, “y al entrar en la casa vieron al niño con María, su madre. Entonces se arrodillaron y adoraron al niño. Luego abrieron sus cajas y le regalaron oro m incienso y mirra” (Evangelio Mateo 2:11) ¡Acertado! Habían encontrado a la Persona en cuestión. Pero ¡note bien! No era todavía el tiempo indicado por la profecía cuando la piedra cortada se convertiría en un gran monte. Tenía que pasar aún muchos siglos. La profecía indicaba primeramente el fin del Imperio Romano, que desapareció en el año 395 de nuestra era, y luego la continuación en forma de varios pueblos hasta los postreros días. Sólo después de esto vendría el reinado universal expresado por el monte que llenaría la tierra entera.


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