REFLEXIÓN BÍBLICA
Juan Bta. García Serna
Epístola a los Romanos
(Cap. 1:1)
“Pablo, siervo de Jesucristo, llamado a ser apóstol, apartado
para el evangelio de Dios”.
“Siervo”.
Cuyo significado en el contexto bíblico, correspondía a un
esclavo, y tal persona no podía hacer un uso de su voluntad independiente, sino
la de su amo. Hay aquí una enseñanza de que la voluntad del creyente pertenece
a Cristo, y si esto no estuviese claro, entonces no habrá avance en la madurez
espiritual.
Pablo, el apóstol, expresa lo que entendía y experimentaba en
esta cuestión: “Con Cristo estoy juntamente crucificado, y ya no vivo yo, más
vive Cristo en mí: y lo que ahora vivo en la carne, lo vivo en la fe del Hijo
de Dios, el cual me amó y se entregó a sí mismo por mí” (Gál.2:20) ¡Esto es lo
que significa ser “siervo de Jesucristo”! o sea, “ya no vivo yo, más vive Cristo en mí”.
Así consideró Jesús a los que debían de
seguirle: “Y llamando a la gente y a sus discípulos, les dijo: Si alguno quiere
venir en pos de mí, niéguese a sí mismo, y tome su cruz, y sígame” (Mr.8:34)
Seguir a Jesús es: “niéguese a sí mismo”, o sea, un “yo”
sometido a la voluntad de Jesús. ¿Cómo es esto en la práctica? Jesús lo explicó
de manera inequívoca: “Si alguno me sirve, sígame; y donde yo estuviere, allí
también estará mi servidor” (Jn.12:26) Lo que Jesús dijo respecto a sí mismo
nos deja atónitos: “Porque, ¿cuál es mayor, el que se sienta a la mesa, o el
que sirve? ¿No es el que se sienta a la mesa? Mas yo estoy entre vosotros como
el que sirve” (Lc.22:27)
Cuando servimos, de verdad, a Jesús, entonces hay coherencia responsable en servir a los demás, tal como se nos dice que debemos de hacer: “Porque vosotros, hermanos, a libertad fuisteis llamados; solamente que no uséis la libertad como ocasión para la carne, sino servíos por amor los unos a los otros” (Gál.5:13)
Cuando servimos a los demás, estamos sirviendo al Señor: “Y
todo lo que hagáis, hacedlo de corazón, como para el Señor y no para los
hombres; sabiendo que del Señor recibiréis la recompensa de la herencia, porque
a Cristo el Señor servís” (Col.3:23-24) En su humildad dijo Jesús a sus
discípulos: “Porque ejemplo os he dado, para que como yo os he hecho, vosotros
también hagáis. Si sabéis estas cosas, bienaventurados seréis si las hiciereis”
(Jn.13:15,17)
“Siervo de Jesucristo”.
Pablo afirma que su voluntad, vida, y ministerio, pertenecen
a Jesucristo: “Siervo de Jesucristo”. Aquí la enseñanza es que, dejamos de ser
siervos de nuestro egocentrismo, y también de influencias negativas de llegan a
nosotros, ya que cuando dejamos el “yo”, y excluimos consejos nocivos, entonces
serviremos a Cristo. Cuando servimos a Cristo, es posible que encontremos desacuerdo,
e inclusive por parte de cristianos, ya que el mensaje bíblico toca variedad
temática que gusta algunos y que a otros no les agrada, pero hemos de seguir el
ejemplo apostólico: “Porque no he rehuido anunciaros todo el consejo de Dios”
(Hch.2:27)
“Llamado a ser apóstol”.
Pablo llegó a ser apóstol por llamado divino: “Pablo, apóstol
de Jesucristo por mandato de Dios” (1Tm.1:1) “Pablo, apóstol de Jesucristo por
la voluntad de Dios” (2Tm.1:1) Cualquier llamado al ministerio eclesial debe
ser un llamado de Dios, y todo creyente tiene algún don/es que aportar a la
iglesia: “Cada uno según el don que ha recibido, minístrelo a los otros, como
buenos administradores de la multiforme gracia de Dios” (1Ped.4:10) “Pero a
cada uno le es dada la manifestación del Espíritu para provecho” (1Cor.12:7)
“Apartado para el evangelio de Dios”.
“Apartado” significa “separado para Dios”, algo que Dios hace
con cada uno de los salvos, Dios nos ha separado para Él, y “para el evangelio
de Dios”, o sea, para vivir y servir a Dios conforme al evangelio, ya que es el
“evangelio de Dios”. Aquí no cabe hablar otra cosa que no sea la palabra de
Dios: “Si alguno habla, hable conforme a las palabras de Dios” (1Ped.4:11)
“Procura con diligencia presentarte a Dios aprobado, como obrero que no tiene
de qué avergonzarse, que usa bien la palabra de verdad” (2Tm.2:15)
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