CONFESIÓN AURICULAR
Manuel Guerrero LA CONFESIÓN AURICULAR Y SUS CONCOMITANCIAS 1ª parte Naturalmente el sacerdote que oye la confesión de un penitente no es un dios que lee los pensamientos. Debe por tanto el pecador declararle sus pecados; decirlos a la oreja de quien los va a perdonar. Eso es, llanamente, lo que se llama “confesión auricular” (a la oreja) El pecador debe acercarse a una especie de “caseta” (llamada confesionario) y allí decir sus pecados con todas las circunstancias agravantes, sin callar nada por vergonzoso que sea so pena de cometer otro pecado aun mayor llamado sacrilegio. Enseña el dogma católico que si una persona, al confesarse, omite voluntariamente algo que le recuerda la conciencia y aunque exista la duda, todas las confesiones subsiguientes son nulas y sacrílegas. La iglesia impone al ministro la obligación de hacer toda clase de preguntas y de descender a detalles que sonrojarían al más audaz de los libertinos. Esto, de ordinario, lo ignora el penitente que queda con...