Libro de Job (Cap.8)
Bildad no enjuicia las palabras de Job con criterio de equidad, sino que las considera un “viento de tempestad” (v. 2), dando a entender que lo que Job dice no responde a la verdad. Y que lo que les pasó a sus hijos fue un castigo de Dios debido a su pecado de iniquidad (v. 4). Además, cuestiona la rectitud de Job: “Si fueres limpio y recto”, Dios te ayudará, “y tu morada prosperará” (v. 6). E indica que “al Dios Todopoderoso, de temprano, en ruego, debes buscar” (v. 5). De aquí aprendemos que, por este camino, en lo que respecta a Job, su amigo no le ayudará. ¡Cuán importante es dejar nuestra opinión y tomar lo que Dios en cada momento nos da! Así seremos instrumentos y consoladores, o exhortadores con toda objetividad.
Hay un texto acertado que deseo comentar: “¿Acaso torcerá Dios el derecho o pervertirá el Todopoderoso la justicia?” (v. 3). ¡Dios no lo hará! No obstante, queda claro que su contexto era acusar a Job, y esto estaba fuera de lugar; como cuando uno usa la Biblia para “golpear” a los demás, aunque no se actúe con verdad, sino bajo un preconcebido prejuicio aprendido y lanzado al “azar”. Si quieres ser un buen consejero, escucha, piensa y aplica la palabra de Dios en verdad.
He aquí otro texto que merece reflexión: “Tales son los caminos de todos los que olvidan a Dios; y la esperanza del impío perecerá” (v. 13). Y “su confianza como tela de araña será” (v. 14), es decir, un apoyo de poca fiabilidad, falto de consistencia, y que no resistirá cuando la aflicción llegue sin avisar. Por ello sucumbirá, ya que la Roca de apoyo es Cristo, y en ella has de confiar.
Otro texto sobre el cual quiero hablar: “He aquí, Dios no aborrece al perfecto, ni apoya la mano de los malignos” (v. 20). ¡Esto dijo con verdad! Una gran consolación para los primeros, y desamparo para los segundos. Uno puede pensar, con seguridad, que, si las cosas las hace en el “temor de Dios”, de cierto, el Señor le recompensará. Aunque no se le dará todo, tiene su aprobación, que es lo principal, y de alguna manera tendrá la presencia de Dios, sean cuales sean las circunstancias por las que haya de pasar. En cambio, el “maligno”, nada de eso logrará, a no ser que se vuelva a Dios y tenga una conversión, un giro genuino a la rectitud de vida espiritual. Y si no fuera así, no espere obtener de Dios la paz.
Uno debería preguntarse dónde está nuestra prioridad. ¿Estará en saber más de Dios, y sin estorbo alguno, y con disponibilidad seguir las enseñanzas de Dios sin vacilar? ¿O estará más bien en dejar las cosas de la vida espiritual, alejadas, como algo no práctico, a la hora de vivir en una sociedad cargada de engaños e incredulidad? ¡Atendamos a la sabia proclamación que hizo Josué ante los que querían adorar a otros dioses! “Escogeos hoy a quien sirváis; pero yo y mi casa serviremos a Jehová” (Jos. 24:15). Y si no, ¿a quién será? “Al Señor tu Dios adorarás, y a él solo servirás” (Lc.4:8).
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