Libro de Job (II)
Capítulo 2
La segunda prueba de Job
Dios le hace una pregunta a Satanás: “¿De dónde vienes?” Dios, que es omnisciente, no necesitaba que el diablo se lo dijera, pero quiere oír su respuesta. El diablo respondió: “De rodear la tierra y andar por ella” (v. 2). Esa es su estrategia diabólica: devorar a quien pueda. Así lo expresó el apóstol Pedro: “Sed sobrios, y velad; porque vuestro adversario el diablo, como león rugiente, anda alrededor buscando a quien devorar” (1 Ped.5:8).
Cuando Jehová le dijo: “¿No has considerado a mi siervo Job, que no hay otro como él en la tierra, varón perfecto y recto, temeroso de Dios y apartado del mal?” (v. 3), Satanás respondió con sutileza que el hombre “todo lo dará si su vida quiere conservar” (v. 4). Pensó que Job cedería ante su tentación maligna, como los demás.
Job fue herido por Satanás con una enfermedad maligna que no le dejaba descansar (vs. 7-8). Ni siquiera tuvo el apoyo de su mujer, que le dijo con palabras fatuas: “¿Aún retienes tu integridad? Maldice a Dios, y muérete” (v. 9). La respuesta de Job fue firme: “¿Recibiremos de Dios el bien, y el mal no lo recibiremos?” (v. 10). Aquí vemos una gran lección: ante la adversidad, Job no dudó de Dios ni le atribuyó despropósito alguno.
- El cristiano puede aferrarse a Dios en cualquier
situación. Al
igual que Job, el creyente es probado, pero la fe verdadera se mantiene.
El diablo no da tregua en su empeño de apartar a las personas de la
comunión con Dios.
- El matrimonio debe enfrentar unido la adversidad. Al observar la postura de
la mujer de Job, vemos que la unión matrimonial debería sostenerse ante
cualquier viento de adversidad. Es fácil confiar en Dios cuando todo
va “viento en popa”, sin aflicción.
- La fe de Job era anterior y posterior al dolor. Su fe no evitó la
aflicción física y psíquica, pero tampoco se quebró por ella. Aunque hubo
confusión en su alma, no dejó de creer en la bondad de Dios.
- La vida espiritual madura brilla en el dolor. La paciencia y la fe de
Job nos enseñan que la fe no elimina el sufrimiento, pero sostiene al
creyente en medio de él.
- Las dudas no son pecado si no nacen de una incredulidad obstinada. Hay muchos misterios en los planes divinos. Algunos siervos de Dios recibieron respuesta; otros enfrentaron el silencio divino, y ese silencio también hay que aceptarlo sin vacilar. No podemos penetrar todas las profundidades de los sabios designios de Dios
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