LA IRA DE DIOS (I)
R.V.G. TASKER
Ha desempeñado la cátedra del
Nuevo Testamento en la Universidad de Londres. Es editor de la colección
Tyndale de comentarios sobre el Nuevo Testamento, a la cual él mismo ha
contribuido escribiendo los volúmenes sobre Mateo, Juan, 2ª Corintios y
Santiago.
PREFACIO
En este trabajo me he
propuesto presentar algunas de las evidencias bíblicas, tanto del Antiguo
Testamento como del Nuevo Testamento, que revelan a Dios como Dios de ira tanto
como Dios de amor. Es un axioma de la Biblia que no hay incompatibilidad entre
estos dos atributos de la naturaleza divina; y los más teólogos y predicadores
cristianos del pasado, en su mayoría, han procurado ser leales a ambos aspectos
de la revelación de Dios.
En años más recientes, sin
embargo, ha habido un descuido general, y aun negación abierta en algunos
casos, de la doctrina de la ira divina; se he hecho énfasis casi exclusivamente
en el amor de Dios revelado en Jesucristo. Como resultado, se ha perdido de
vista la severidad del cristianismo bíblico, lo que ha llevado a consecuencias
muy vastas y desastrosas en muchas esferas de la vida.
La llamada objeción “moral” a
la doctrina de la ira divina carece de valor, pues, como registro de una
revelación de Dios al hombre, la Biblia tiene que usar el lenguaje de las
emociones humanas al hablar de Dios. Pero, porque Dios es Dios y no hombre, el
amor divino trasciende al amor humano y la ira divina trasciende a la ira
humana. En el amor de Dios no hay ninguna de las volubilidades, vacilaciones y
debilidades del amor humano, y de la misma manera, tales características se
hallan igualmente ausentes de la ira divina.
Pero, así como el amor humano
es deficiente si no contiene cierto elemento de indignación, enfado e ira al
ser contrariado o burlado, así también el enfado y la cólera son elementos
esenciales del amor divino. El amor de Dios va inseparablemente unido a su
santidad y su justicia. Debe, Por consiguiente, manifestar indignación ante el
hecho del pecado y la maldad.
La doctrina de la ira de Dios
salvaguarda la distinción esencial entre el Creador y la criatura, que el
pecado siempre busca minimizar o borrar. Si no nos damos cuenta de esta ira, es
muy dudoso que lleguemos a tener ese temor de Dios que es el principio de la
sabiduría (Proverbios 1:7). Con la conciencia de esta verdad y con el deseo ser
fiel a la revelación bíblica en su totalidad, ofrezco este estudio como una
contribución a la serie de conferencias Tyndale (*)
(*)
Las Conferencia Tyndale son organizadas anualmente en Cambridge por la
“Asociación Tyndale para la investigación bíblica”.
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